Keds
"Malcolm tiene un gran sentido de la moda, al menos eso creo yo.
Lo que más me gustan son sus Keds negras porque las usa con sus pantalones beige y parece un skater, aunque sé que se moriría de miedo si alguna vez se subiese a un skate real. También me gustan mucho sus camisas a cuadros, con ellas se ve como Eddie Vedder de pelo corto.
Y, vaya, es mucho más fácil dar cumplidos anónimamente y por escrito.
Supongo que sé mucho sobre Malcolm, ojalá que ustedes no lo consideren algo demasiado aterrador. No es que lo ande acosando por ahí, pero mi mente no puede pensar en otra cosa que no sea él, y es que, si no paso todo el día junto a él, paso todo el día pensando en él, como en aquella fiesta a la que Malcolm iba a ir pero no pudo, no recuerdo por qué. En toda la noche no paré de pensar en como desearía verlo y contarle todo lo loco que estaba pasando. Al final pensé tanto en Malcolm que ni siquiera recuerdo lo que pasó en esa fiesta.
Últimamente no recuerdo nada, excepto cosas sobre Malcolm. Si yo fuese inteligente como él, de verdad me molestaría mucho esto de enamorarse y ponerse idiota y pensar sólamente en esa estúpida persona con la que estás obsesionado sin razón alguna, pero yo ya era idiota de antes.
Tantas cosas que sé sobre Malcolm, tantas más que me gustaría saber, y él no sabe ni quién soy, no le importo un carajo. Sé que no es su culpa, que yo sólo soy una basura adolescente, pero apuesto a que, aunque sea tan obvio, ni siquiera podrá adivinar quién le está escribiendo esto.
Aún así, eso no me detiene de quererlo. Yo no lo admiro, bueno, sí lo admiro, pero más que eso lo quiero como igual. Los únicos momentos en los que en verdad he sido feliz no son cuando me he reído de él, sino cuando he hecho travesuras o hemos dicho chistes y me he reído con él.
Es tonto y cursi otra vez, lo sé.
Odio como Malcolm ablanda mi corazón, y no sé por qué sigo escribiendo. Supongo que necesito liberar mis emociones o algo así, lo único que quiero hacer en este momento es estar con Malcolm, abrazarlo, peinar su cabello con mis manos a la vez que observo sus ojos celestes, besarlo.
Mierda, estaba hablando de sus Keds.
-Teenage Dirtbag"
Malcolm terminó de leer el nuevo papelito que había llegado a la 'sala de prensa', nervioso. Vamos, no podía tratarse sobre él, no era posible que él fuese el único Malcolm de ojos celestes con Keds puestas en la escuela, ¿cierto? Cierto, nadie jamás pensaría en besarlo aparte de Jeanette, obvio.
Su amigo miraba cómo leía, ansioso por saber su reacción.
—Otra más... ¿Quién te manda estas cosas?—decidió romper la duda de una vez por todas—
Habitualmente las bromas entre amigos no duraban más de un día escolar entero.
—Me la... entregó... Stacy... de nuestra clase—le respondió de inmediato—. Anónimamente—aclaró—.
Wilkerson pensó. Por un segundo creyó tener una respuesta, pero no, Stevie lo golpeó con ese "anónimamente". Si ella se los entregaba en persona, anónimamente, seguro no eran de ella, ¿cierto? Sería muy absurdo de parte de Stevie el siquiera mencionarlo sin darse una pequeña palmada en la cara.
¿Acaso lo estaba... retando de alguna manera? Diciendo entre su rabia internalizada y autoinsultos que no podría ser capaz de adivinar quién le estaba mandando estas cartas, no. En primera se dio cuenta de que esos estúpidos papelitos le acababan de golpear el orgullo, y eso golpeó su orgullo aún más fuerte; en segunda, ¿si quiera estaba seguro de que eran para él, otra vez? Aunque no fuese un nombre muy común, de más que debía haber otro Malcolm en la escuela, y qué uno de esos Malcolms casualmente estuviese a cargo de la revista escolar ese semestre era una simple coincidencia.
Examinó el papel con sus dedos, era típica escritura adolescente, mierda, una carta sin siquiera fecha ni un saludo adecuado, ¿y qué clase de despedida era esa? No había estructura alguna, y de algún modo le fascinaba, era una escritora o escritor de papelitos de amor sin preocupaciones ni pudor, ¿cómo lo hacía? No, mejor no saberlo, lo de las Menti Mentas por una chica fue una completa estupidez de su parte.
—¿Quieres decir que ella te las pasa de parte de alguien más?—quiso aclarar de nuevo—.
—Así... es.
Kenarban lo miró con, más que preocupación por su visible paranoia, intriga, y mucha, mucha risa interna. Jamás había visto a Malcolm así. Sí, lo había visto enamorado, lo había visto preocuparse por chicas en específico y hasta lo había visto lidiar con chicas a las que les gustaba él, y sin mucho interés, honestamente, por lo que jamás lo había visto estar ansioso con saber más sobre ese ser que lo amaba, saber quién era quien decía tales cosas sobre su persona. Quizás lo capturaron (sin gustarle necesariamente) esas palabras en específico, o el formato, o el hecho de que no sabía si era un chico o una chica, el anonimato, o el aún más aterrador hecho que surgía del anterior, de que 'Teenage Dirtbag' podía ser cualquier persona en la escuela, un bromista pesado con mucha dedicación y tiempo libre, o incluso un acosador que Malcolm ni siquiera conocía y sabía tantas cosas sobre él porque lo espiaba con interés. Dios, cada que lo pensaba, el asunto se ponía más raro.
Pero no iba a preguntarle a Stacy, era demasiado divertido ver a Malcolm así como para arruinar la sorpresa.
Estaba leyendo entre líneas, analizando cada detalle, cada pista, y todo lo llevaba a posibilidades que no hacían ningún sentido. No le quedaba nada más que resaltarle lo obvio.
—Maldición, ¿leíste el penúltimo párrafo? ¿Ese de la descripción?
Por primera vez le demostró el asombro que le hacía sentir el texto, por primera vez expresó algo con respecto al texto que no era disgusto explícito. Bueno, quizás aún era disgusto, aunque finalmente se podía suponer que era cualquier otra cosa. De todas formas era divertido para Stevie ver como Malcolm reaccionaba como si las cartas efectivamente fuesen para él. Y en efecto, Malcolm lo había asumido de manera parcial, si eran, lo sabía, si no, suerte para el otro Malcolm.
—Sí... Cielos—fue lo único que se limitó a decir. De veras quería seguir discutiendo el tema, pero no sabía qué decir con respecto a temas amorosos ajenos más que 'cielos' y cosas tremendamente objetivas—. Es explícito.
Para su suerte, Malcolm hablaba lo suficiente como para que el receptor se quedase callado.
—¡Sí! Mierda...
O no esta vez.
Ridículo o no, 'congelado' era su metafórico adjetivo.
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