
|UNO|
EL COMIENZO DE UNA HISTORIA
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Ginny, de once años, se encuentra arrodillada en el suelo. Pequeños mechones de su cabello rojizo le provocan cosquillas en el cuello, pero no ríe. Ella llora. Al alcance de su mano un diario en blanco no se moja aunque todo el piso está cubierto con agua.
—Eres débil. —Se burla aquel chico de cabellos negros y uniforme de Hogwarts.
—N-no —murmura entre lágrimas— ¡Harry vendrá! ¡Vendrá y me rescatará!
—¿Crees que el gran Harry Potter vendrá a rescatar a su princesita? —Tom levantó la barbilla de la niña con su dedo índice y acercó su cara para que pudiera ver sus ojos tan rojos como el vino —Pobre e ingenua niña ¡tu príncipe está muerto!
Tom Riddle se esfumó en la nada, mas su voz permanecía, tan fuerte y claro, como si estuviera hablando en su oído: Pobre e ingenua niña, no sabes lo que viene.
El agua ya no era agua, era un líquido viscoso y rojizo que desprendía un hedor asqueroso. Ya no tenía once años, y no se encontraba sola: alrededor de una docena de cuerpos en estado de descomposición la saludaban con una sonrisa rota que lentamente caía mientras soltaban horribles gritos de dolor.
Tom Riddle aun murmura en su oído: No sabes lo que viene.
Las primeras gotas de agua cayeron durante la tarde del día anterior. Mucho antes de anochecer el rugido del viento ya estremecía a los niños pequeños, y durante la madrugada el patio trasero se convirtió en un pequeño lago.
Dentro de una bonita casa, que se ubica en un pintoresco pueblo, una mujer -con la piel salpicada de pecas, largos cabellos comparables con el fuego y enormes ojeras bajo sus ojos marrones- duerme al lado de un joven de cortos cabellos azabaches y una peculiar cicatriz que adorna su frente.
La joven se remueve entre las mantas, una y otra vez. Entre sueños murmura palabras incoherentes. Su rostro se contrae en una mueca de dolor. Muerde y lastima el interior de su mejilla. Por sus mejillas rojizas corre agua salada.
Despierta.
Descalza, salta de la cama y se refugia en el baño. No se detiene a encender la luz, terminando con la cabeza casi hundida en el retrete.
Enjuaga su boca y se lava la cara. Los vellos de su cuerpo se erizan cuando el frió del ambiente choca con su piel. Se mira al espejo, gotas de agua dulce se mezclan con sus lágrimas.
—No es real, Ginny —Habla para sí misma mirando su reflejo, con las manos apoyadas en la fría loza del lavamanos— Solo es otra pesadilla.
Seca su cara antes de arrastrar los pies hacia la cama, donde Harry -su novio- duerme ajeno a cualquier problema.
—¿Porque tu si puedes dormir? —Murmura con rencor antes de deslizarse bajo las mantas.
En menos de un suspiro vuelve a los dulces brazos de Morfeo... hasta que el llanto desesperado de Albus Severus- su pequeño hijo de un año y tres meses- la trae de regreso al mundo real.
¡No! se quejo mentalmente ¡Harry encárgate de tu hijo!
Esperó unos segundos por si despertaba, y luego golpeó su hombro con el codo, pero no tuvo caso. Él acababa de volver de una larga misión del escuadrón de aurores, que lo mantuvo fuera de casa más de una semana. De seguro no despertaría hasta mañana.
Cuando los llantos de Albus despertaron al pequeño James Sirius -su primogénito de dos años- ella casi se larga a llorar también.
Harry roncó. Ginny resistió la tentadora idea de ahogarlo con la almohada.
Se levantó a ver a sus hijos.
El reloj marcaba 5:40 A.M cuando finalmente logró calmarlos y volvió a su dulce, tibia y adorada cama, donde al fin logro descansar... hasta que su novio la despertó, por accidente, solo treinta minutos después mientras se alistaba para un largo día de trabajo entre papeleo del Ministerio.
Contando con cuarenta minutos para almorzar, el jefe del departamento de Aurores, Harry Potter, se apareció a pocos metros de una iglesia en El Valle de Godric, pueblo en que actualmente residía junto a su novia- la hermosa mujer con la que llevaba casi seis años de relación- y sus dos maravillosos hijos.
Caminó, sin prisa, saludando a sus vecinos con una mano, y sosteniendo un pequeño ramo de lirios blancos(1) en la otra. Pasó, sin dedicarle ni una mirada de reojo, a las ruinas de lo que muchos años antes fue la casa de sus padres, y se detuvo en la única casa cuya fachada no estaba cubierta de flores.
Sonrió. Incluso desde fuera se podía escuchar el llanto de James.
—¡Valla pulmones James! —murmuró en voz baja empujando la puerta.
—¡Ginny estoy en casa! —Su novia no respondió, en su lugar el gimoteo del niño se intensifico.
—¿Ginny? —preguntó dejando las flores sobre la mesita de café en la sala, al tiempo que trataba de ubicar la procedencia de los lamentos de su hijo.
Harry entró en la cocina, donde visualizo a su primogénito, con el babero puesto y sentadito en su periquera, llorando a lágrima viva. Lo tomó entre sus brazos. Aquel gesto pareció apaciguarlo, pues su escandaloso llanto se convirtió en pequeños sollozos que estremecían su cuerpito.
—Hola James, ¿Sabes en donde esta mamá? —preguntó levantándolo para poder mirar sus ojos azules, levemente enrojecidos, que había heredado del abuelo Weasley.
Una sonrisa, llena de ternura, se dibujó en sus labios cuando el bebé arrugo la nariz y balbuceo palabras sin sentido. Juntos subieron las escaleras rumbo a la habitación de su segundo hijo, Albus, donde supuso estaría Ginny tratando de cambiar al pequeño demonio.
En segundo piso, sobre el pasillo de paredes mostaza y piso de lustrosa madera, encontró a su pequeño hijo, solo, todavía vestido con el mameluco azul con estrellas florecientes que el niño tanto adoraba. Albus le dio la bienvenida con una estruendosa risa que inundo cada rincón del silencioso pasillo.
Harry frunció el ceño, ahora molesto con la pelirroja por dejar a sus hijos sin supervisión y cerca de la escalera sin protecciones.
—¿Ginny? —Volvió a preguntar, esta vez con un toque de molestia en su voz, tratando de levantar a Albus sin dejar caer a James.
—¡MA! —Babeo el mayor.
—¡A! —Trato de imitar Albus.
Empujó con el pie la puerta del cuarto del niño para poder dejarlos en el corralito y buscar a Ginny. Pero jamás esperaría encontrarla allí
...y mucho menos de esa manera.
La ventana abierta dejaba entrar la claridad de esa bella tarde sobre las jirafas de pintura que se movían por las paredes blancas,como si fueran algo más que representaciones animadas con magia. Una pegajosa canción sonaba en un viejo reproductor sobre la mesa para cambiar pañales.
La cuna blanca de Albus, cubierta con estrellas fugases, se encontraba tirada sobre la alfombra marrón junto a las patas del pequeño sillón blanco. Junto a las patas de este ultimo Ginny Weasley, pálida, con los ojos entre abiertos y con el cabello rojizo sobre su rostro, manchaba de sangre la alfombra.
(1)En el lenguaje de las flores los lirios blancos reflejan la felicidad de la pareja, y muestra sentimientos agradables y cálidos.
24/1/2019
Cambie los separadores y arregle algunas palabras que quedaron juntas... otra vez.
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