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30

No encuentro a Chan.

Joshua se levantó con brusquedad de la silla del restaurante, dejando a Seungcheol completamente confundio.

—¿Cómo que no lo encuentras? —cuestionó con prisa, ignorando al menor. —¿Dónde estás?

Fuera de la guardería. Me dijeron que cuando se dieron cuenta ya era muy tarde y no estaba —dijo con la voz entrecortada.

—Lo buscaremos juntos. ¿Ya avisaste a la policía? Mantén la calma, aparecerá pronto —aseguró a su amigo.

Joshua miró a Seungcheol rápidamente. El chico ladeó la cabeza.

—¿Todo está bien?

No podía decirle que Seokmin trataba de encontrar a Chan, ¿o quizá si? Joshua no estaba seguro, su amigo le había comentado que Seungcheol no había tomado muy bien la última conversación que tuvieron.

—Si, pero lo lamento mucho, tendré que retirarme ahora —se disculpó mientras dejaba un par de billetes sobre la cuenta —. Me gustaría que continuáramos esta conversación después.

—Creo que así está bien —murmuró el menor mientras desviaba la mirada —. Ya no necesito la ayuda de nadie, puedo proteger a mi hermano yo solo.

A pesar de haberlo escuchado, Joshua no terminó de asimilar aquella petición. No podía abandonarlos ahora que Seokmin no podría continuar a su lado.

Cuando encontró a Seokmin, lloraba desconsolado. Tuvo que asegurarle que pronto encontrarían a su sobrino, ignorando la inseguridad de las propias palabras. Avisaron a la policía y la investigación comenzó de inmediato.

Por la noche Joshua le ofreció un lugar cálido en su departamento para descansar, pero Seokmin se negó insistiendo que ni siquiera podría pegar un ojo en toda la noche.

Así fue como Joshua regresó a su piso en soledad, con el ritmo cardiaco acelerado y un nudo en la garganta.

Cuando abrió la puerta definitivamente no esperaba encontrarse con un llanto que parecía incontrolable. Jeonghan, sentado sobre el suelo, mantenía a Dino escondido en su pecho y no hizo ningún movimiento ni siquiera cuando el mayor se acercó a ellos.

Sabía que debía enojarse, reprender al menor por lo que había hecho, sin embargo era incapaz de pensar en eso con la imagen que se retrataba frente a él.

—¿Por qué te lo llevaste? —El castaño tomó lugar junto a Jeoghan y sostuvo a Chan entre sus brazos, ignorando las quejas silenciosas del chico, tratando de calmar los sollozos del diminuto bebé. —Ya no puedo dejar pasar lo que haces, Hannie.

Jeonghan flaqueó. No quería contestar nada, aún así se obligó a responder a la voz demandante de Joshua.

—Ryujin... ella me dejó recogerlo antes de que su turno terminara. Le dije que me habían dado permiso —murmuró tratando de que su voz no se cortara a mitad de la oración —. Yo los escuché. Al prefecto y a ti. Jamás volveré a ver a Dino porque se mudarán.

—¿Qué fue lo que escuchaste? —indagó con preocupación. Jeoghan formó un puchero y de pronto también le hizo compañía al llanto de Chan. —No, no hagas eso. No llores —pidió Joshua —. No tienes porqué llorar.

Sin embargo el menor parecía no escuchar las palabras de Joshua. —Perdón. Lo siento tanto. El profesor Jihoon tiene razón, solamente traigo problemas para todos.

—No, él jamás ha tenido razón, y nunca la tendrá.

—Es la verdad. Mi hermano parece solamente meterse en problemas gracias a mi —debatió ligeramente —. Y en casa todos me odian, ¡pero no es mi culpa haber nacido!

Joshua acarició el cabello de Chan cuando este comenzó a cerrar los ojos, completamente abatido por el cansancio después del llanto. El rubio mantuvo el silencio por unos momentos cuando sus cristalizados ojos encontraron al mayor.

—Nadie te odia —aseguró entonces el castaño, guiando su palma hasta la mejilla de Jeonghan y sintiendo calidez cuando el menor se inclinó hacia el toque —. Tu hermano te ama, tus amigos también lo hacen; y yo... —la oración de quedó ahí, flotó en el aire, inconclusa, y Joshua no se atrevió a decir algo más.

El rubio sorbió su nariz y mantuvo la vista fija en el piso después de que la mano de Joshua abandonara su rostro. Las luces del seguían apagadas y, aunque sabía que Joshua era incapaz de distinguir por completo su cara sonrojada, trató de esconderse.

—Mi padre me odia —murmuró entonces. Cuando el adulto no respondió decidió continuar hablando. —Aunque ni siquiera es mi padre...

—¿A qué te refieres con eso? —indagó Joshua.

—Seungcheol solía llevarme y recogerme de la escuela, pero antes de que yo naciera en realidad nuestra familia tenía un chofer. Mi hermano me contó la verdad hace un par de años, porque yo no entendía cómo era posible que me ignoraran mis propios padres —abrazó sus rodillas y suspiró con pesadez —. Mamá tuvo una aventura con nuestro chofer, era alguien extranjero, por eso mis ojos son... diferentes —explicó —. Cuando mi "padre" se enteró, el chofer desapreció repentinamente. Después decidió que no necesitaban uno nuevo. Nací yo, y a pesar de todo, siguieron fingiendo que era el hijo de ambos solamente para mantener la reputación de la familia. Mi acta de nacimiento oficial tiene el apellido Choi, pero mi padre solamente permite que me llamen así frente a personas sobre las que necesita aparentar. Por eso conservo el apellido Yoon en esta escuela.

Joshua mordió su labio, de pronto quedándose sin palabras. Sabía que la situación en el hogar de Jeonghan no era exacta amena ni sana después de lo que Seokmin le había revelado, pero jamás imagino que las raíces surgieran desde algo así.

Chan, entre sus brazos, había comenzando a balbucear palabras sin sentido después de caer en un profundo sueño.

—Lamento mucho que tengas que haber pasado por todo eso —dijo Joshua —. Pero debes saber que siempre habrá otras personas para ti, también me tendrás a mí para lo que necesites; sin mencionar que tu hermano realmente se esfuerza por sacarte de ahí.

Las comisuras de la boca de Jeonghan se alzaron ligeramente, pero aquel diminuto rastro de una sonrisa desapareció más pronto de lo que había llegado.

—Sabía que alguien ayudaba a Seungcheol, pero no imaginé que se tratara del prefecto Seokmin —admitió, refiriéndose a la conversación que escuchó.

Jeonghan no se resistió cuando sintió la mano del mayor aferrada a su antebrazo, ayudándolo a levantarse del piso, al menos ya no continuaría entumiéndose.

Joshua soltó al rubio, aún cargando a Chan en su brazo libre, y cerró la ventana por la que Jeonghan había entrado. Ah, ese chico. Lo que hacía parecía cada vez más peligroso; pero en ese momento tan delicado el castaño prefirió no reprocharle aquello.

Encendió por fin las luces del apartamento y dejó que Jeonghan, acurrucado entre una manta en el sofá, sostuviera al bebé una vez más. Envío un texto rápido a Seokmin, y el hombre le aseguró que llegaría por Chan cuanto antes. Ya no había motivos para esconder a Jeonghan cuando Seokmin parecía haberlo sabido todo ese tiempo.

—Él simplemente no puede decir que no cuando alguien necesita ayuda —expresó Joshua —. No estoy seguro de nada aún, pero infiero que el profesor Jihoon tuvo algo que ver con su repentina necesidad de irse.

Jeoghan arrugó su nariz ante la mención del hombre. —Se reunió con mi padre en la sala de maestros.

Joshua asintió, tratando de unir los cabos un poco. Jihoon jamás le había inspirado confianza.

La puerta sonó antes de que el mayor pudiera decir una palabra más. No se sorprendió de encontrar a Seokmin del otro lado.

—¡Channie! —entró al departamento corriendo y prácticamente arrebató al bebé, quien despertó de inmediato, de los brazos del rubio.

Jeonghan mordió su labio, apenado de sus propias acciones, y se encogió entre los cojines al sentir la pesada mirada del prefecto sobre él.

—Lo siento —murmuró el menor.

Seokmin suspiró y lo miró con enojo, aunque demasiado cansado como para debatirle algo al chico.

—Llévalo a su casa —pidió, desviando la mirada hasta su amigo.

Joshua asintió sin dudarlo y tiró de la mano de Jeonghan, entrelazado sus dedos con delicadeza, hasta que ambos salieron del departamento. —Yo arreglaré todo esto, ¿está bien? —Cuando llegaron al auto el castaño fue quien abrió la puerta para Jeonghan. —Y jamás vuelvas a hacer algo así.

desde el primer capítulo de este fic ya tenía planeado q jeonghan se robara a dino en algún punto. no hay contexto

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