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29

—¿En verdad comenzaste a salir con el profesor Hong solamente para pasar su materia? —La ola de rumores había comenzado una vez más aquel lunes; pero a Jeonghan no podía importarle menos. —Eres patético.

Era incluso irritante tener que admitir que la historia tendía a ser cíclica. Pero Jeonghan sabía que esta ocasión no estaba cometiendo el error de la última vez.

—¿Acaso eres sordo? —la chica insistió en reprochar al rubio, sin embargo otra presencia en los pasillos la hizo callar por completo.

Jeonghan ni siquiera se molestó en mirar al profesor Jihoon caminando hacia ellos con su semblante estoico.
La chica salió corriendo tan rápido que podría haberse burlado de su cobardía, se trataba de la misma chiquilla hermana del chico del brazo roto.

Jihoon se había encargado de tener una plática con su séquito de amigos después de enterarse (por fuentes desconocidas) que habían comenzado a molestar al rubio una vez más, y ellos no habían vuelto a aparecer por la escuela después de aquello.

Sin embargo, lo que a Jeonghan le pareció una trampa del profesor para encararlo, terminó siendo sólo una conjetura fallida.

Jihoon siguió recto su camino hasta llegar a la sala de maestros, pero se sorprendió cuando encontró el obscuro semblante de su padre unos pasos detrás del profesor de piano. Sintió su sangre abandonar su cabeza. ¿Qué se supone que hacía ese hombre en su escuela? Jamás había puesto un pie ahí desde que Seungcheol se había graduado.

—¿Ese no era tu papá? —escuchó entonces a Minghao murmurar a su lado.

Volteó ligeramente sobre sus talones, encontrando a Minghao junto a sus dos novios. ¿En realidad ambos eran sus novios? Soonyoung solía decir que sí, pero sinceramente Jeonghan no confiaba mucho en él desde que casi los descubría a Joshua y él en una situación un tanto comprometedora.

Jeonghan vaciló. Terminó asintiendo mientras buscaba la manera de salir de ahí.

—¿Y por qué no te saludó? —cuestionó Soonyoung sin pizca de sutileza. Minghao le dio un codazo en las costillas y el chico terminó soltando un quejido pesado.

—Quizá solamente no lo vio —murmuró Junhui.

Jihoon se apresuró a cerrar la puerta de la sala de profesores ante la mirada intrigada de los chicos a lo lejos. Jeonghan alcanzó a ver los fríos ojos del hombre que se hacía llamar su padre y tragó en seco.

Hmm... quizá deberíamos irnos, mejor —terminó diciendo Minghao al notar la mirada vacía de Jeonghan —. Nos vemos después de clases, supongo.

—¡No, esperen! —pidió de pronto Jeonghan y los tres lo observaron atentos. Aclaró su garganta antes de mirar al otro rubio. —Soonyoung, ¿podemos hablar?

Quizá la sutil sonrisa que se asomaba en Minghao sólo había sido imaginación de Jeonghan cuando Soonyoung asintió en silencio.

Ambos rubios llegaron hasta el jardín de la escuela y se mantuvieron en una esquina, apartados de cualquier mirada curiosa de los demás estudiantes. Se quedaron bajo un árbol y Jeonghan sintió alivio cuando el sol dejó de pegar en su rostro.

—Es raro que tú quieras hablar conmigo. ¿Me pedirás salir contigo? —Soonyoung no dejó contestar a Jeonghan antes de volver a abrir su boca. —Porque si es así, tengo que negarme. Con dos novios es suficiente.

Jeonghan rodó los ojos. No entendía cómo Minghao podía rodearse de dos géminis y continuar cuerdo.

—No es eso. Eso sobre lo del otro día.

Soonyoung lo miró y ladeó la cabeza, repentinamente confundido. Aunque sus palabras realmente no parecieron concordar con sus acciones.

—¿Lo de que irías a la casa del profesor Jisoo?

Jeonghan asintió. —No le dijiste a nadie lo que escuchaste, ¿cierto?

—¡Lo sabía! —Minghao salió de pronto de detrás del tronco del árbol. ¿Cuándo se había metido ahí? —Al principio realmente pensaba que Seungkwan estaba siendo paranoico con sus suposiciones raras. ¡Pero después de lo que Soonyoung me dijo que escuchó, comencé a dudar realmente de aquel hombre!

—¿Qué? ¡Prometiste que no lo contarías! —reprochó Jeonghan hacia el otro rubio, sintiendo su corazón latir con tanta fuerza que dolía.

—No lo prometí.

Minghao se interpuso entre ambos entonces. Miró a Soonyoung seriamente. Esa mirada no era extraña, Minghao solía ser una persona sumamente seria cuando lo conoció, pero la manera en la que lo observaba ahora era un tanto indescifrable.

—¿El profesor Hong te está obligando a algo, Jeonghan? —cuestionó el menor.

Soonyoung se alejó un paso y quedó detrás de Minghao, inseguro de si debía o no continuar en aquel lugar mientras trataban un tema así. Cuando pensó en alejarse más, la mano del chino lo detuvo, entrelazando sus dedos mientras mantenía la mirada en el de ojos claros.

Jeonghan junto sus cejas de inmediato. —Claro que no —respondió —. No está haciendo nada malo conmigo.

—¿En verdad estás saliendo con él? Eso es lo que dicen en los pasillos. —El silencio del mayor respondió por sí mismo y Minghao se enojó de pronto. —Eso es ilegal, Jeonghan. Ilegal, ¿quieres que te lo deletree? Acabará en la cárcel si...

—No. Porque nadie se va a enterar, ¿entiendes? —interrumpió Jeonghan a su amigo.

El teléfono dentro del bolsillo de Soonyoung hizo un ruido extraño de pronto. El chico lo sacó y los tres miraron el aviso en la pantalla. La llamada en altavoz se cortó cuando la batería terminó de descargarse.

—Oh... —murmuró Soonyoung antes de salir corriendo de ahí.

—¿Qué? —el rubio miró a Minghao de manera acusatoria. —¿Alguien más estaba escuchando?

El chino suspiró. —Deberías hablar con Seungkwan. Después de todo, él tenía razón.

—¿Qué pasa?

—"¿Qué pasa?" —arremedó Seungkwan al rubio cuando este lo encontró dentro de los baños. —Pasa que te voy a matar.

—Yo debería decir eso. ¿Cómo te atreves a espiarme a través de Soonyoung? —atacó molesto.

—Minghao me dijo lo que Soonyoung escuchó; que de nuevo veías al profesor Jisoo en dónde vive. Me dijiste que solamente sería una vez.

—¿Y por qué te haces el sorprendido ahora? De cualquier manera ya lo sabías.

—Tu hermano te estuvo buscando todo el fin de semana, ¡tienes que dejar de hacer eso! No puedes seguir escapando a los brazos de tu profesor cada que se te dé la gana. ¿Por qué lo sigues buscando a él si ya tienes a Seungcheol? ¿Por qué lo haces si me tienes a mi, a todos tus amigos?

—¡Puedo hacer lo que yo quiera, Seungkwan!

—¿Acaso no recuerdas lo que pasó la última vez que te gustó un profesor? Porque es eso, ¿verdad? —indagó el menor con una mueca de enfado y elevando cada vez más su tono de voz. —¡Decían que eras la mascota del profesor!

—¡No me importa lo que ellos decían o no! Siempre he estado acostumbrado a que me traten así.

—Si hubieras estado tan acostumbrado como dices no habrías pensado en defenderte. ¡Pero le rompiste el brazo a alguien! Te pudieron haber expulsado.

—¡Pero no lo hicieron! —se defendió el rubio. —Y ese chico se lo merecía, de cualquier modo. —Terminó diciendo mientras su voz disminuía. Seungkwan trató de tomar su hombro, pero el chico se alejó un paso. —Deja de preocuparte por mi, soy mayor que tú. Sé lo que hago.

—Sólo estoy tratando de protegerte, Hannie. —Los ojos del menor se cristalizaron un poco.

El mayor mordió su labio. Aún así no dejó de lado su postura. —Deberías preocuparte de tus propios asuntos.

El rubio salió furioso de los baños. Vernon lo miró desde la entrada del lugar, realmente parecía alguna clase de guardaespaldas para su amigo o algo así.

—Jeonghan... creo que debería decirte algo —habló entonces.

El rubio observó a Vernon por un segundo; no era que no le agradara, pero hablar con el chico y hacerse su amigo parecía una tarea complicada cuando Vernon se la pasaba perdido en la cara de Seungkwan la mitad del tiempo. Recordó las advertencias de Wonwoo y, por una vez, decidió creerle a su amigo.

—Ahora no —dijo antes de perderse en los pasillos.

—Voy a renunciar.

Jeonghan dejó de caminar abruptamente. Aquella voz era la del prefecto Seokmin, estaba seguro. El rubio se asomó por la puerta entreabierta del aula que pasaba y se sorprendió de encontrar también a Joshua ahí.

—¿Qué? —preguntó Joshua incrédulo.

—Lo que escuchaste. —Seokmin tamborileó sus dedos sobre la superficie de madera de la mesa. —Jihoon tenía razón, Jeonghan solamente trae problemas que no podremos manejar.

—¿Ahora hablas con él? —infirió Joshua con la voz medianamente alzada. —¿Desde cuándo las palabras de alguien te impiden ayudar a tus alumnos?

—Desde que mi carrera y seguridad comenzaron a pender de un hilo —cortó abruptamente el prefecto y Jeonghan dio un paso hacia atrás por instinto.

—¿De qué estás hablando?

El prefecto suspiró pesado, nervioso. —Después de renunciar me iré de aquí. Me mudaré lejos —concluyó, y aquello sonó como que quizá no lo verían de nuevo.

La mente de Jeonghan de inmediato trajo el recuerdo de Dino balbuceando su nombre. Prácticamente amaba a ese bebé y ahora Seokmin pensaba llevárselo para siempre. Era demasiado egoísta, pero Jeonghan no quería imaginarse sin Chan. No quiso escuchar una palabra más de la conversación y salió de la escuela de inmediato, quería tener a Dino en sus brazos por última vez.

—No lo entiendo —mencionó Joshua una vez más, derrotado. Se dejó caer sobre el borde del escritorio y sobó sus cienes.

—Digo que deberías hacer lo mismo que yo. No estoy mintiendo. —Seokmin mordió su mejilla interna.

—No puedo dejarlo aquí. ¿También dejarás a su hermano seguir investigando por su cuenta?

—Escucha, yo también me encariñé un poco con ambos, pero no puedo seguir —admitió —. Entre Seungcheol y Jeonghan... entre ambos y Chan, elegiré a mi sobrino siempre.

Joshua asintió levemente, como si realmente estuviera escuchando a su amigo. —Yo sí quiero ayudarlos a ambos.

—Ya —exigió el menor —. Deja esto, de verdad. Jihoon ya te lo advirtió y ahora lo estoy haciendo yo. No te acerques a Jeonghan.

—¡No puedo hacer eso! Es mi alumno y por tanto...

—¿Crees que soy tan tonto, acaso? —cortó Seokmin. —¿Crees que no he visto cómo lo miras? Es un niño, por dios —bramó el prefecto completamente alterado. La cara de Joshua era indescifrable, cuando Seokmin habló una vez más, su voz flaqueó: —Sólo... sólo no quiero que te metas en problemas. ¿Está bien?

adelantaron mi semana de exámenes y no pude escribir nada la semana pasada ):

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