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28 ¡!

Hong Joshua no era particularmente bueno en eso denominado como autocontrol. Y tener a Jeonghan, tan dulce y pequeño, encima de él, no le estaba ayudando a pensar particularmente de manera racional.

Las clavículas del chico quedaban completamente a su merced en aquella posición; y con cada respiración del mayor, Jeonghan soltaba ligeros suspiros.

El timbre del celular de Jeonghan, desde la sala del apartamento, sonó de pronto, rompiendo toda aquella atmósfera que se había formado. Joshua no tardó en alejar sus manos del menor y Jeonghan hizo un puchero.

El rubio corrió hasta el dispositivo solamente para encontrar una llamada perdida de su hermano, y un par de mensajes después de no haber contestado.

Cheol :
¡Ya es tu cumpleaños!
Espero haber sido el primero en felicitarte.
12:02 am

Cheol :
Por la mañana puedes decirme cuando quieras que pase a recogerte de casa de Seungkwan.
12:03 am

Cheol :
Te daré tu regalo en cuanto te vea.
Te amo
12:04 am

Jeonghan sonrió inevitablemente. Seungcheol a veces era demasiado bueno con él, quizá últimamente no lo protegía tanto por estar él mismo ocupado tratando de encontrar la manera de sacarlos del embrollo en el que Jeonghan nació.

—Era mi hermano —dijo apenas regresó a la habitación. Joshua miraba hacia el exterior a través de la ventana cerrada, parado tan recto que Jeonghan hizo una mueca de sólo imaginar mantener esa posición un día entero —. Me deseó feliz cumpleaños.

Joshua miró su reloj una vez más. Encontrando que la media noche había pasado y oficialmente era 4 de octubre.

—¿Qué quieres de regalo? —indagó entonces el mayor con una sonrisa ladina mientras observaba al rubio acercarse a pasos cortos.

Jeonghan señaló sus labios abultados. Ah, cómo amaba ese gesto tan adorable. Joshua tomó su cintura y lo pegó a él antes de que apresara su labio inferior.

El menor estrujó la camisa de Joshua entre sus puños, tratando de atraer al contrario más cerca de su cuerpo, tan fuerte que algunos botones se terminaron abriendo.

Joshua, sin racionalizar, terminó empujando a Jeonghan hasta el suave colchón; encontrándose ahora él en una posición dominante y más que comprometedora.

Cuando estuvo a punto de incorporarse nuevamente, Jeonghan lo detuvo.

—Quédate —pidió con la respiración agitada.

Joshua sonrió, mordiendo ligeramente la blanquecina piel del cuello contrario, perdiéndose en las vibraciones de la suave risa de Jeonghan.

Alzó su rostro y acunó una de las mejillas del menor.

—¿Te hago cosquillas?

Jeonghan asintió aún riendo.

—¿Qué tal ahora? —cuestionó, rozando esta vez sus caninos sobre la resbaladiza piel de sus clavículas.

Ah. —La voz de Jeonghan se quebró a mitad del gemido y sintió su rostro enrojecer. No dudó ni un segundo en llevar sus palmas hasta su cara.

Joshua sonrió con cariño ante la inocente reacción y descubrió el rostro del menor. —Está bien —aseguró tiernamente —. Eres muy lindo.

Jeonghan sintió su estómago dar un vuelco ante la vergüenza. Jamás en su vida había llegado tan lejos, pero definitivamente había algo en la vista tan intima de su profesor que lo incitaba a seguir.

Se abalanzó sobre la boca de Joshua una vez más, inclinándose hacia arriba, mordiendo los labios ajenos con fuerza. Terminó por desabotonar lo que quedaba de la camisa del mayor, porque si Joshua podía tocarlo, ¿por qué él no podría hacer lo mismo?

Las manos de Joshua también se deslizaron hasta la cintura del menor, justo donde terminaba el final de la camiseta que llevaba, alzándola hasta descubrir su vientre plano.

Dejó un casto beso sobre su ombligo y sintió a Jeonghan suspirar debajo de él. ¿Estaba siendo alguna clase de enfermo o algo así? Joshua deseaba creer que no, pero no estaba seguro de poderse seguir engañándose a sí mismo por mucho más tiempo.

El rubio mantenía su antebrazo sobre su rostro, cubriendo su sonrojo. Joshua vaciló por un momento.

—¿Quieres que paremos?—preguntó, pero no obtuvo una respuesta inmediata. —Hannie, dímelo —pidió mientras regresaba a acariciar su mejilla.

Jeonghan tragó en seco antes de mostrar su rostro de nuevo. Desvió su mirada hasta el pecho desnudó de Joshua y, con toda la valentía que reunió, le terminó de quitar la camisa.

Sintió su corazón acelerado retumbar contra sus odios al escuchar la suave risa del mayor. Joshua era precioso.

Jeonghan también sacó su propia camiseta y flaqueó un poco cuando su cabeza volvió a tocar las sábanas debajo de él.

—No, quiero seguir —aseguró.

El castaño asintió levemente. Continuó un recorrido con sus dedos hasta la cadera de Jeonghan y se detuvo por un segundo, observado las expresiones del menor.

Continuó su camino hasta los bordes del pantalón que llevaba y tanteó en los botones sobre la cremallera. A pesar de eso, fue Jeonghan el que terminó desabrochando su propia prenda y aventándola hasta el borde de la cama.

El rubio miró a su profesor una vez más antes de también asaltar en contra de sus pantalones, dejándolos caer a un lado de los suyos. Joshua suspiró cuando sintió el tenue toque de las cálidas manos del menor sobre sus cuerpo, explorándolo con curiosidad.

Joshua le regalo un beso en la frente antes de hacerse con una pequeña botellita escondida dentro del cajón de la mesita de noche junto a la cama.

—Esto podría ser un poco extraño —advirtió acariciando los mechones rubios —. Si quieres que me detenga, bastará con que lo pidas.

Joshua miró en los orbes azules de Jeonghan antes de dedicarle una media sonrisa tratando de transmitirle serenidad.

Terminó de desvestir al rubio y se deleitó con la respiración agitada del menor. Lubricó sus dedos. Después tanteó con cuidado el anillo de músculos del menor y lo sintió tensarse ante la intromisión.

Besó sus labios para distraerlo y Jeonghan gimió cuando introdujo un dedo más.

Ah, Jeonghan era tan bonito que incluso teniendo su lasciva imagen debajo de él, Joshua era obligado a enternecerse  y buscar protegerlo al sólo mirarlo.

Trató de comenzar suave, abriendo sus dedos y buscando expandir la entrada. Jeonghan respiraba cada vez más pesando y aquello era un deleite para el mayor.

Cuando introdujo el tercer falange fue el mismo Jeonghan quién comenzó un vaivén desesperado con sus caderas, sorprendido de su propia iniciativa, buscado que el castaño se adentrara más en su cuerpo.

Joshua salió de él y se burló con cariño del puchero del rubio. Rebuscó una vez más en su cajón y sacó un empaque pequeño y negro.

—Dame sólo un segundo —pidió mientras terminaba de sacarse su ropa y colocaba el condón en su falo. Divisó de  soslayo a Jeonghan morder su labio inferior con la vista de su erección golpeando contra su abdomen y sintió su sangre abandonar su cabeza ante la imagen —. Ya lo sabes, Hannie, si quieres parar...

—Si —logró articular entrecortado, ansioso —. Lo diré.

Joshua vertió un poco más de la aceitosa sustancia antes de situarse entre las piernas contrarias y adentrar la punta en Jeonghan. El chico soltó un gemido lastimero. El castaño apresó ambas manos del menor sobre su cabeza, haciendo presión en la cama, con una sola de sus palmas. La otra de sus manos vagó libremente por el delgado cuerpo contrario.

Joshua gimió de satisfacción cuando su pelvis por fin chocó contra el cuerpo del menor. Resistió el impulso de comenzar a embestir y suspiró cuando sintió las pálidas piernas de Jeonghan enredarse en su espalda.

Comenzó un vaivén lento cuando la respiración del menor se reguló ligeramente.

—¿Duele?

Jeonghan negó a pesar de las lágrimas en sus mejillas. Joshua se acercó a limpiar su rostro con besos.

Joshua... —llamó el menor con desespero. —Shua...

El castaño se quedó inmóvil por un segundo. —¿Quieres que pare?

—Más rápido.

Aquello fue lo único que necesitó Joshua para comenzar a dar estocada más profundas y largas.

Soltó las manos de Jeonghan y apresó a sus muslos. El rubio, en cambio, desplazó sus palmas hasta la espalda de Joshua y rasguñó la suave piel, queriendo escuchar más de los gemidos roncos del contrario.

Ah. —Jeonghan gimió tan fuerte que incluso creyó que los vecinos de su profesor lo escucharían, pero contener aquel grito resultó una tarea imposible cuando Joshua atinó con sus estocada en un punto dulce que ni él mismo conocía.

No supo en qué momento, pero Joshua había comenzado también a darle suaves caricias en su miembro, estimulándolo a un punto en el que Jeonghan no era capaz de articular palabra alguna y un hilillo de saliva escapa de su boca. Terminó entre su abdomen y el de Joshua, y su aliento se escapó como un suspiro cuando el castaño, después de penetrarlo un par de veces más, terminó calentando su interior de una forma agradable.

El mayor gimió y abandonó el interior de Jeonghan después de unos segundos más. Se deshizo del condón usado en el baño y regresó con papel para limpiar al menor.

—Eso fue —comenzó el rubio mientras Joshua pasaba el algodón con delicadeza sobre su vientre —raro.

—¿Raro? —cuestionó burlesco el adulto, dirigiéndose de nuevo hacia el baño para deshacerse de la basura.

El rubio sintió su estómago burbujear cuando su mirada encontró la espalda rasgada y roja del mayor. No sabía ni el momento en el que se había comportado así.

—Me gustó —excusó entonces, desviando la mirada en cuanto Joshua regresó a la cama y lo atrajo hasta sus brazos.

—Será mejor que descanses —dijo, y besó los labios hinchados de Jeonghan una última vez.

Seungcheol salió de la casa a la una de la mañana, evitando que sus padres lo interrogaran. Jeonghan, nuevamente, le había asegurado que pasaría la noche con sus amigos. No es que Seungcheol tuviera algo en contra de los amigos de Jeonghan, para nada; ellos realmente le agradaban. Pero el mayor creía que recientemente su hermano pasaba demasiado tiempo alejado de casa, y de él.

Afianzó los papeles que su mano sostenía y caminó hasta su auto. Después condujo por media hora y se detuvo frente a una pequeña pero acogedora casita blanca.

—Hola —saludó después de que Seokmin le abriera la puerta.

Al ver a la persona frente a él, Seokmin vaciló por un segundo. Entrecerró un poco la puerta y dejó a la vista solamente su rostro, después miró a los costados, como si temiera que alguien los encontrara y, cuando se aseguró de que no había nadie cerca, arrastró al menor dentro de la casa.

—Hola, Seungcheol.

El menor ladeó la cabeza ante la actitud confusa del hombre.

—¿Está todo bien?

Seokmin se sentó en el sofá, a un lado de donde Chan, con su pulgar en la boca, llevaba durmiendo desde que  terminó su caricatura favorita hace un par de horas.

—No estoy seguro de poder seguir ayudándote —admitió con pena mientras desviaba la mirada hasta su pequeño sobrino.

Seungcheol no soltó los papeles que cargaba, se sentó en el sillón a un lado de Seokmin y mantuvo su vista en el piso de madera.

—¿Por qué? —indagó, su voz sonando más molesta de lo que hubiera deseado.

Seokmin guardó un largo silencio, meditando la pregunta. ¿Debería contarle al chico lo que hace poco había descubierto?

Jihoon había tenido razón. Jeonghan solamente traía problemas que no necesitaba. Así que, ¿realmente valía la pena arriesgar su propio trabajo y estabilidad por ayudar a Jeonghan y Seungcheol?

—Lo lamento.

No, quizá no lo valía.

¿Y ahora que se supone que haría?

Seungcheol estaba tan enojado con Seokmin como lo estaba con él mismo. Quizá no había sido buena idea confiar a ciegas en alguien que parecía querer ayudar.

Esperó hasta que el tercer timbre sonara en su celular antes de que escuchara una voz, ronca y cansada, contestar desde el otro lado de la línea.

—¿Eh? —balbuceó Seungkwan en cuanto atendió.

Seungcheol suspiró. —Perdón por llamar tan tarde, Seungkwan —se disculpó y pateó una roca imaginaria con su zapato —. ¿Crees que puedas despertar a mi hermano y  pasarle la llamada? Es algo urgente —pidió.

—¿Jeonghannie?

—Si, por favor.

La línea se quedó en silencio por tanto tiempo que Seungcheol incluso consideró que la llamada se había cortado, sin embargo la dulce voz del menor despejó sus dudas.

Quizá era la noche que no tenía a Seungkwan en sus cinco sentidos; por lo que, aunque regularmente siempre trataba de proteger a su amigo, terminó delatándolo sin poder evitarlo.

—Jeonghan no está conmigo.

Wonwoo aseguró que tampoco había estado con Jeonghan cuando Seungcheol lo llamó, lo mismo dijo Minghao. ¿Su hermano tenía más amigos? ¿A quién debía llamar ahora?, ¿qué se supone que debía hacer?

Pedir ayuda a Seokmin estaba más que descartado. ¿Podría pedir ayuda a Joshua? Jamás le había terminado de dar buena espina, pero el prefecto solía repetirle la mucha confianza que podía tenerle a aquel profesor de inglés.

O quizá solamente se estaba alterando demasiado. Jeonghan había convivido con muchos chicos de su edad últimamente, ¿cuál era la posibilidad de que no hubiera escapado con alguno que Seungcheol no conocía?

Suspiró y obligó a sus manos a dejar de temblar. Sería una larga noche.

por poco no terminaba el capítulo de hoy, evidentemente no soy buena escribiendo cosas explicitas (Ծ Ծ)

x, ¿tienen bias en svt?
el mío es seungkwan ' '

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