18
Jeonghan pasó a la casa de Seungkwan por la tarde, después de clases. Había faltado a la escuela y Joshua se había ofrecido a cuidarlo por la mañana. Debido al tiempo que pasó bajo el frío y la lluvia la noche pasada, había amanecido con una fiebre que preocupó al mayor pero que para su fortuna se controló rápidamente.
Tocó el timbre con impaciencia por la mitad de un minuto.
—Oh, hola —saludó una de las hermanas de Seungkwan apenas la puerta fue abierta. El chico sonrió y entró a la casa en cuanto ella le ofreció pasar —. Jeonghan, ¿cierto?, ¿vendrá también tu hermano? —Jeonghan no recordaba el nombre de ninguna de las hermanas de su amigo pero sabía que ella, la mayor, estaba embelesada por su hermano; se la pasaba preguntándole por él desde esa única vez que Seungcheol lo recogió en su auto.
—No lo sé —admitió —. Quizá.
Seungkwan apareció de pronto, tomando a Jeonghan de la mano y arrastrándolo sin delicadeza hasta su habitación.
—Explícate —ordenó aventándolo sin tacto a la cama. Se aseguró de que nadie estuviera espiando los pasillos de su hogar y al comprobarlo cerró la puerta con seguro.
—Préstame tu cargador —pidió en cambio. Joshua y él no compartían el mismo modelo de celular y se había quedado sin batería desde la mañana.
Seungkwan, que seguía enfadado, sacó de su cajón el cargador y se lo aventó a la cara a su amigo.
—¡Auch! —se quejó cuando sus reflejos no fueron capaces de detener el impacto.
Seungkwan se sintió culpable de inmediato pero fingió que no lo hacía porque su orgullo seguía siendo más grande. Jeonghan conectó su celular a la corriente mientras sobaba su frente enrojecida.
—Ya. Habla —demandó el menor.
El rubio se dejó caer sobre la cama, que no le parecía tan cómoda como la de Joshua, y permaneció con los brazos estirados sobre su cabeza observando el techo de la habitación.
—Quizá mi hermano tuvo la culpa —empezó —, lo vi hurgando en la oficina de papá el otro día. —Seungkwan permaneció en silencio, dispuesto a escuchar un relato que ciertamente no entendía. —Ayer papá me acusó de haberle robado algo. ¡Pero es mentira! —discutió, aunque en el fondo supiera que no era del todo inocente.
—¿Entonces huiste a la casa de tu profesor de inglés a lloriquear?
Jeonghan se incorporó, quedando sentado, y se encogió de hombros, sin siquiera molestarse por el tono de su amigo. —Parecía una buena idea en su momento.
—¿Por qué tu hermano no hizo algo?
—Seungcheol no estaba en casa, y realmente me sentía desesperado.
—Pudiste haber venido aquí —Seungkwan suavizó su tono voz y se sentó del lado derecho de su amigo.
Jeonghan titubeó. Ninguno de sus amigos estaba enterado de la magnitud de los problemas que había en su casa, y de alguna manera al rubio le apenaba el hecho de pensar que lo descubrieran.
—Gracias por no decirle a mi hermano —agregó para no tener que responder la última declaración.
Seungkwan soltó el aire que retenía con fuerza. —Sólo... no lo hagas otra vez.
—¿Después me pasas los apuntes del día?
—¡Es verdad! ¿Por que no fuiste a la escuela?, ¿por qué el profesor Jisoo tampoco fue? ¿Me debería comenzar a preocupar? —indagó el menor alterado.
—Amanecí con fiebre esta mañana —admitió —. Joshua me tuvo que cuidar —sus mejillas enrojecieron y comenzó a jugar con sus manos de manera nerviosa.
Seungkwan trató de ignorar el gesto. Minghao no podía tener razón, realmente no estaba exagerando con la preocupación que le causaba su amigo.
Al ver lo denso que se había vuelto el ambiente apostó por cambiar el tema para aligerar un poco la incomodidad que era palpable.
—Wonwoo casi mata a Hansol hoy —dijo, y el rubio olvidó su vergüenza ante la declaración.
—¿Qué?
Seungkwan rascó su cuello antes de darle el contexto de la situación. Mientras explicaba todo hacía movimientos expresivos con las manos sin poder evitarlo.
—Realmente no fue su intención, pero me di cuenta muy tarde y ahora el que está enojado conmigo es él —concluyó.
—Wonwoo y tú siempre están peleando, ¿estás seguro de que son mejores amigos?
—Últimamente no lo sé.
Una hora más tarde, con su teléfono cargado a medias, Jeonghan marcó a su hermano para que lo recogiera.
—¿Qué tal estuvo la escuela hoy? —preguntó cuando ambos entraron al auto.
Jeonghan sonrió. —Excelente.
Jeonghan tarareó con suavidad aquella melodía que no dejaban de repetir en los comerciales de la televisión. Su hermano, que estaba sobre la cama, sonrió ligeramente al escuchar la voz pues hacía un buen tiempo que el menor no se animaba a cantar o entonar nada.
Ambos se encontraban en la habitación del mayor, simplemente haciéndose compañía mutua.
—¿Para qué estudias tanto? —cuestionó de pronto el de ojos claros pasando la atención antes dirigida a su celular hacia Seungcheol.
—Me gusta —dijo, pero lo volvió a pensar —. Si estudio lo suficiente podremos salir de aquí antes —dijo Seungcheol cerrando el libro que leía.
Jeonghan supo que hablaba de esa casa.
—¿Sabes? Eres el mejor hermano que he tenido —aseguró lanzándose sobre el cuerpo del mayor sobre la cama.
Seungcheol río a la par del menor y logró escabullirse para quedar a su lado y no ser aplastado, olvidándose del libro que antes sostenía.
—Soy el único hermano que has tenido —objetó.
—Da igual —el menor apresó el brazo ajeno y se recostó sobre este.
—Te tengo que decir algo —mencionó Seungcheol tan serio que Jeonghan sintió un escalofrío.
—Dime —pidió.
Pero el teléfono del menor sonó tan fuerte que hizo a Seungcheol dar un brinco pequeño. Jeonghan se burló y no dudó en contestar la llamada, salió del cuarto y olvidó el asunto.
Seuncheol no lo detuvo. Quizá no era el momento para tocar el tema.
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