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16

—¿Cheol? —Jeonghan tocó la puerta un par de veces más. —¿Seungcheol?

Se dió por vencido momentos después. Su hermano había salido de casa y no le había dicho nada. ¿Se debería sentir traicionado?, Seungcheol sabía que odiaba quedarse solo.

—Ven aquí, Jeonghan.

El rubio bajó la cabeza por inercia al escuchar aquella mandataria voz. Pocas veces su padre le dirigía la palabra y, cuando lo hacía, no terminaba en nada bueno.

Siguió al antipático hombre escaleras abajo hasta su despacho. Echó una rápida mirada al lugar y se obligó a permanecer firme a pesar del aura intimidante.

—¿Has estado husmeando mi oficina? —preguntó seco y directo.

Jeonghan palideció y retrocedió un paso sin notarlo. Claro que no lo había hecho, pero la imagen de su hermano registrando uno a uno los cajones de aquel escritorio caoba permanecía grabada en su mente.

En toda su vida aquel hombre jamás le había puesto un dedo encima, pero Jeonghan jamás había dudado de que, si no tratara de mantener su imagen, su padre no se contendría con él.

—¿Qué?, claro que no —aseguró.

—Eres un sucio ladronzuelo —el hombre exhaló de pronto furioso —. ¡Deja de mentir!

La figura de cristal de un cisne, aquella que Jeonghan recordaba como un regalo de su madre a su padre hace tres navidades, se destrozó a centímetros de su cara y dejó la pared ligeramente despintada, el menor se cubrió con sus brazos por instinto cuando el hombre se acercó un paso más.

—¡Juro que no he tocado nada! ¡No estoy mintiendo!

—¡Eres despreciable! —Jeonghan no pudo mantener su respiración constante. El hombre lo odiaba. —No eres más que un estorbo para esta familia —escupió.

—De verdad no he hecho nada —debatió nuevamente con el valor del que hace segundos carecía —; que seas tan incompetente como para perder tus propias cosas no es asunto mío.

El rubio no contuvo un grito cuando sintió el aire cortarse frente a su cara. Su padre detuvo su palma abierta antes de que golpeara su mejilla.

—Lo único que has hecho es nacer. —Espetó. —Desaparece de mi vista.

Jeonghan no lo pensó antes de salir corriendo de ahí. Subió las escaleras lo más rápido que pudo, con un par de resbalones de por medio, y se encerró en su propia habitación. Lo habría hecho en el cuarto de su hermano buscando protección, pero últimamente Seungcheol se encargaba de cerrar su puerta con seguro, como si escondiera algo. Y lo hacía, Jeonghan no dudaba de aquello.

Estaba furioso. Su vida era una basura. ¿Por que nadie lo quería?, ¿era tan difícil amarlo que nadie se atrevía a hacerlo?

Aventó todas las cosas de su escritorio al suelo, incluyendo fotografías viejas enmarcadas de las que se rompieron los vidrios al caer, cuadernos de su escuela e incluso los lápices de colores que había olvidado devolver a Minghao. Se arrepintió al instante cuando la hoja de transacciones que había tomado sin que Seuncheol lo notara se balanceó con suavidad hasta el suelo. Respiró hondo y acercó la mano.

—¡Mierda! —su dedo de inmediato se manchó del rojo de su sangre después de haber tratado de alzar los pedazos de vidrio.

No le importó nada de pronto. Hizo la hoja añicos y pisoteó con ira las cosas regadas. Ni siquiera se dio cuenta de que un par de lágrimas habían comenzado a resbalarse sobre sus mejillas.

Se hizo un ovillo en una de las esquinas de su habitación y permaneció ahí por minutos, quizá horas, el tiempo era el menor de los problemas del rubio.

Cuando levantó la vista ya era de noche.

¿Por qué no estás aquí?
8:45 pm

Preguntó a su hermano por un mensaje de texto que no tardó mucho en ser respondido.

Cheol :
Lo siento. ¡Volveré por la mañana! Asegúrate de cenar.
8:51 pm

La sensación de traición lo inundó de nuevo. Su hermano sabía lo mal recibido que era en esa casa  y aún así se atrevía a abandonarlo.

Salió de su habitación y corrió hasta el recibidor de la casa. Ninguno de los empleados se atrevió a detenerlo de salir sin un abrigo en plena tormenta.

—Dime —respondió Joshua en cuanto descolgó la llamada.

Primero que nada, buenas noches  —Saludó Lee Seokmin al otro lado de la línea.

El americano alzó sus cejas. Era el siguiente cliente al que tocaba ser atendido en la fila de la cafetería.

—Dos americanos, por favor —pidió a la cajera, tapando el micrófono de su teléfono para que el coreano no escuchara. Se aseguró de pagarle antes de sentarse cerca a esperar su pedido.

Segundo, ¿podemos posponer el plan? —Preguntó Seokmin de pronto sonando inquieto.

—¿Por qué?, ¿pasó algo?

Su amigo se lo pensó un momento antes de darle una respuesta poco planeada.

No... —Respondió inseguro. —Más bien, ¡sí! Chan tiene... ummm... gastritis.

Joshua se acercó a la mesa donde sus dos cafés aguardaban después de que llamaron su nombre con su orden, ligeramente sorprendido por la rapidez del servicio.

—¿Lo llevarás al doctor?

¿Eh? ¿A quién?

Jisoo chasqueó. Seokmin jamás había sido un buen mentiroso.

—A nadie. Está bien, pospongámoslo; pero tú invitas la próxima vez.

¡Genial! Luego hablamos —exclamó antes de colgar.

Joshua suspiró con fuerza cuando un par de gotas comenzaron a caer sobre la acera. Podía ver como poco a poco los ventanales de la plaza comercial se empañaban. Por suerte había previsto el mal clima del día y llevaba consigo un paraguas.

Tomó un portavasos de asas, depositó los cafés ahí y lo sostuvo con una de sus manos. Después salió del local y mantuvo la sombrilla abierta hasta llegar a su auto. El camino fue corto y frío.

Su departamento estaba en la planta baja de manera conveniente para él, pues el edificio no contaba con un ascensor y de esa manera evitaba subir cientos de escalones.

Abrió la puerta principal con ayuda de su llave y entró sin encender la luz. La ventana de su sala estaba abierta y un par de gotas habían empapado parte del piso. Joshua se reprendió mentalmente por haber olvidado cerrar la ventana antes de salir.

Dejó el portavasos sobre la barra de la cocina y regresó lo más rápido que pudo a la sala para cerrar la ventana. Pero, ¿qué era ese bulto acurrucado sobre su sillón? Con cuidado encendió la luz, creyéndose un loco por haber comenzado a ver fantasmas. Pero de un fantasma a un ladrón, definitivamente prefería el fantasma. De cualquier modo, Joshua no era una persona temerosa.

Jeonghan abrió los ojos a la par que la luz golpeó su rostro con suavidad, soltó un agudo estornudo debido a que aún se encontraba mojado por el hecho de haber corrido bajo la incesante lluvia.

—Robarme el número celular, irrumpir en propiedad privada, ¿qué sigue, Jeonghan?

—La ventana estaba abierta —aseguró somnoliento.

—Hubiera agradecido que la cerraras después de entrar —Joshua trató de aligerar el ambiente y se acercó al menor que parecía un cervatillo asustado —. Debes de dejar de hacer cosas cómo esta, ¿de acuerdo?

Jeonghan lo miró fijamente por momentos antes de soltarse a llorar. Jamás se había considerado una persona sentimental, pero los últimos días habían ido de mal en peor para él.

—Perdón —se lamentó entre lágrimas.

Joshua se sentó a su lado sobre el sillón, inseguro de si estaría bien consolarlo. Dio un par de palmadas en la espalda del menor, pero no esperó que este se abalanzaran contra él. Los pálidos brazos de Jeonghan se aferraron a Joshua como si su vida dependiera de ello, empapando la camisa del mayor en el proceso.

Quizá la confianza que había tomado Jeonghan con él tendría que comenzar a preocuparlo, pero sencillamente le era imposible pensar de manera racional cuando estaba junto al menor.

—Hannie... dime qué está pasando —pidió cuando el rubio se calmó un poco, no notó el momento en el que su mano viajó por voluntad propia para acariciar su mejilla.

Jeonghan se alejó del hombre, abrazó sus rodillas y metió la cabeza entre estas después de negar con pena. No podía ir por ahí diciéndole a todos sus problemas, porque los demás tenían sus propios conflictos de los que preocuparse; y Jeonghan ya sabía que siempre era una carga para los demás.

—Jeonghan, déjame hablar contigo —insistió, y Jeonghan creyó que estaba bromeando porque realmente nadie quería hablar con él —. Tendré que llamar a tus padres —advirtió, aunque desconociera el número —, o a tu hermano.

—¡No! —exclamó asustado.

Joshua alzó una ceja cuando Jeonghan salió de su escondite. —¿Me dirás que está pasando?

El menor mordisqueó su labio con duda. Jisoo sostuvo entre sus dedos su mentón evitando que Jeonghan siguiera lastimándose.

Jeonghan titubeó antes de hablar. No se apartó del agarre del mayor mientras lo hacía.

—Discutí con mi papá. —Los ojos azules de Jeonghan eran tan preciosos que Joshua tuvo que desviar la mirada para concentrarse en lo que Yoon decía. —Y me culpó por algo que no hice —explicó sin atreverse a decir nada más.

Joshua entendió de inmediato que se trataba de una verdad a medias, pero lo dejó pasar para evitar que el menor se sintiera peor. No alcanzo a decir nada porque Jeonghan volvió a hablar.

—¿Puedo quedarme aquí? —Se acercó tanto a Joshua que sus respiraciones se entremezclaron. El mayor apretó levemente la barbilla de Jeonghan ante la proximidad y este no pudo evitar sentir las mejillas y su cuello enrojecer. —Solo esta vez. Solo esta noche.

No. No estaba bien. Joshua sabía lo malinterpretada que podía ser la situación en la que se encontraba, lo poco ético de su parte que resultaba aquello. Aún así no se atrevió a negar.

—Quédate —manifestó con un suspiro —. Pero date un ducha antes, te va a dar una pulmonía si sigues empapado.

Jeonghan se separó eufórico y, después de que Joshua le indicara que utilizará el baño de su habitación, se encerró en dicha pieza.

Su celular timbró con el contacto de Boo brillando intermitente en su pantalla y se lo pensó antes de contestar.

—¿Si?

¡Jeonghan! ¡¿Dónde rayos estás?! —vociferó apenas escuchó la voz del rubio. —Seungcheol me marcó cinco veces y no le contesté ni una sola de las llamadas, pero Minghao me dijo que te está buscando. También llamó a casa de Wonwoo —habló atropelladamente.

Jeonghan no se sintió culpable por la preocupación de su hermano. Él fue quien lo había dejado solo en primer lugar.

—¿Podrías cubrirme? Por favor —pidió abriendo los grifos de agua.

¡Claro que no! —Jeonghan palideció por un momento. Nadie podía saber que estaba en casa de su profesor de inglés.

—¿Por qué no? —chilló con angustia cuando metió la mano al chorro de agua y se terminó por quemar.

Porque ni siquiera sé si estás bien —reclamó Seungkwan.

—Estoy bien —aseguró —. Te diré dónde estoy, pero debes prometerme no decirle a nadie ni sobrereaccionar.

Con la seguridad de que el agua cayendo fuera suficiente para esconder su voz, encendió el altavoz y dejó el dispositivo sobre el lavabo mientras se desvestía.

Si es algo malo le dire a tu hermano...

—Estoy con Joshua. En su apartamento.

¿Con el profesor Jisoo? —susurró Seungkwan incrédulo, temeroso de que alguien en su familia lo escuchara. —¿Por qué sabes dónde vive? Yoon Jeonghan te voy a matar.

Jeonghan soltó una leve risa al pensar en la cara que estaría poniendo su amigo.

—No sé que es lo que estás pensado, pero te juro que no es lo que parece —afirmó —. ¿Cuándo te he mentido?

¿Quieres que te haga un listado?

Jeonghan puso los ojos en blanco. Quizá a veces decía una que otra mentira blanca.

—Seungkwan...

Está bien, haz lo que quieras —espetó, su voz regresando al volumen normal, quizá incluso un poco más alto —. Pero que no sea nada de lo que te arrepientas. —Cuando Jeonghan creyó que el menor colgaría volvió a hablar. —Le diré a Seuncheol que pasarás la noche conmigo, pero espero una explicación mañana en la escuela. Es la última vez que hago esto.

El rubio terminó de bañarse más rápido de lo que esperó y salió sin pena a la habitación.

Joshua le había dejado una muda de ropa en sobre la cama, se trataba de una camiseta blanca y unos pantalones de algodón que no le quedaban tan grandes como habría imaginado. Jeonghan aspiró el aroma de la ropa limpia y se dejó caer sobre la amplia cama. Quizá el cansancio hacía que le pareciera el colchón más suave que había sentido en su vida. Sin poder evitarlo se dejó inundar por el olor del mayor impregnado en la habitación.

—¿Jeonghan?, ¿terminaste? —preguntó el hombre después de leves toques en la puerta cerrada.

El mencionado asintió como si el otro lo pudiera ver a través de las paredes. —Sí, ahora salgo.

Los pasos de Joshua resonaron por el pasillo y Jeonghan no tardó nada en seguirlo hasta la cocina, donde lo aguardaba una sencilla cena. El estómago del menor rugió al ver la comida y Jeonghan se sintió enrojecer por segunda vez.

Después de un rato más el menor no podía disimular sus pequeños bostezos.

—Ven —Joshua llevó a Jeonghan sujetado de la muñeca hasta la habitación. Le destendió la cama y el rubio no tardó nada en acurrucarse entre las sábanas.

Antes de que se alejara el mayor, Yoon sujetó su saco evitando que se separara. —¿Puedes quedarte?

Era la primera vez que Jeonghan se atrevía a tutear a Joshua. El mayor sintió un revuelco en su interior, Jeonghan se veía tan vulnerable y pequeño que deseó guardarlo en un frasco de cristal para que nada lo tocara ni le hiciera daño.

No respondió verbalmente. Se recostó a un lado del menor y acarició sus cabellos hasta que se quedó dormido.

Actualización porque cambié la portada y porque es un día tan bonito como ustedes

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