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06

—¡Es la oportunidad perfecta! —Exclamó Seokmin dando vueltas alrededor de la silla que ocupaba Jisoo. —Ahora puedes hacerte su amigo y ganarte su confianza.

—¿Ves una nariz rota como una oportunidad? —Preguntó Jihoon de manera brusca, él se había mantenido sin decir palabra alguna todo el rato. Parecía analizar la situación en la que se encontraban.

Seokmin se quedó en silencio sintiéndose regañado por el mayor.

—Jihoon tiene razón, esto es algo serio. Nos podríamos enfrentar a una demanda —expresó Jisoo.

—O quizá no —explicó el prefecto —. Jeonghan le rompió el brazo a ese mismo chico el ciclo pasado y aún así no hubo ningún escándalo. Es como si todos ocultaran algo.

—Ese chiquillo solo trae problemas. Deberías dejar todo esto ya —advirtió el profesor de ojos rasgados, después suspiró pesado y simplemente salió de la oficina de Seokmin.

—Vamos, no puedes negarte una vez más —insistió, pero Jisoo estaba bastante seguro de que sí podía hacerlo.

—Me estás pidiendo engañarlo —dijo —. Jeonghan es un chico problema, pero no merece que le hagan algo así.

Seokmin resolló con frustración. Técnicamente no era un engaño si consideraban el hecho de que a Jisoo parecía agradarle el chico. Era claro que Jeonghan no confiaría nunca en él, y con Jihoon fuera de discusión, su última esperanza de hacer hablar al rubio era el nuevo profesor, claro que si.

—¿Por favor? —Suplicó exactamente de igual forma en la que lo había hecho esa misma mañana.

Jisoo lo miró de mala gana, ¿cómo iba  decirle que no a ese hombre que hacia cara de perrito en agonía por el que sentía tanto aprecio? Sin embargo, si iba a ayudarlo, quería saber todas sus razones.

—¿Por qué te intriga tanto Yoon Jeonghan?

Seokmin sonrió ladino, sabiendo que estaba convenciendo a Jisoo. Tomó lugar a su lado y le echó un último vistazo a la puerta de su oficina, asegurándose de que Jihoon la hubiera cerrado a su salida.

—El ciclo pasado, cuando le rompió el brazo a ese chico, no hubo una sola queja de nadie. No expulsaron a Jeonghan, ni siquiera le dieron una advertencia. Y el chico simplemente se mantuvo con la boca cerrada, sus papás tampoco abogaron por él o trataron de demandar a la escuela —explicó —. En cualquier caso, tampoco he descubierto por qué Jeonghan reaccionó tan mal como para dañar a alguien, ya te dije que su amigo, Jeon Wonwoo, suele ser un buscapleitos, pero en ese entonces ni siquiera eran amigos. Mis sospechas recaen en una situación de acoso escolar, pero realmente no puedo comprobarlo.

Jisoo se lo pensó un momento antes de contestarle al ansioso prefecto. Cuando despejó sus pensamientos habló. —¿Y por qué no le dejas el trabajo de investigación a la escuela?, no sé, ¿por qué no simplemente se lo dejas a la consejera escolar o algo así?

—La escuela ni siquiera está interesada y probablemente no me dejarían indagar si supieran todo lo que cuestiono. Sin decir que su hermano, Seungcheol, parece más preocupado por Jeonghan y por la escuela que sus propios padres. ¿Sabías que jamás se han aparecido por aquí desde que él está aquí? Con su hermano todo era diferente, cada semana pasaban a cerciorarse de que todo fuera bien. —Terminó de decir. —Y ni siquiera tenemos consejera escolar.

—¿Qué es a lo que quieres llegar, entonces? —Preguntó el americano. —Dímelo de una vez.

—Creo que si Jeonghan nos habla un poco de su familia entenderemos un par de cosas.

Jeonghan también tuvo que regresar solo a su casa. Había pensado en llamar a su hermano para que lo recogiera, pero después del alboroto que había causado prefería no darle más problemas al mayor. Como de los errores se aprende, esta vez no se perdió ni una sola vez al tratar de seguir el camino, aunque fue un sendero largo llegó sin algún tipo de cansancio visible.

Llegó pasadas las cuatro de la tarde. Uno de los mayordomos se adelantó a él y le abrió la puerta antes de que pudiera siquiera tocar el timbre del lugar. Jeonghan agradeció inclinando la cabeza levemente y se encontró con la voz de su madre saliendo de uno de los salones, intuyó que se trataba de una de sus habituales reuniones con su club de lectura y prefirió no interferir, nunca lo hacía, de cualquier modo.

Después de que el chico de la nariz rota y su séquito huyeran realmente no pasó mucho, uno de los prefectos los había visto y les aseguró tendrían un castigo, sin embargo el asunto llegó hasta ahí, pues les permitió irse poco después. Había tres prefectos en toda la escuela, y de todos ellos el único que le agradaba era Seokmin, porque a pesar de que no confiaba en él, parecía ser el único genuinamente preocupado por los estudiantes.

Cruzó uno de los silencioso pasillos con la intención de tomar una bolsa de guisantes del congelador, su mano aún dolía y sus nudillos se habían inflamado al doble de su tamaño normal.

Pasó por la oficina de su padre y se sorprendió de que esta se encontrara abierta. El hombre parecía centrado en la conversación que mantenía a través del teléfono fijo que se encontraba sobre su pulcro escritorio.

—Ya veo. Ya me ocuparé de eso después —dijo con voz dura antes de colgar.

Jeonghan creyó que esa vez al menos notaría su presencia, pero después de aquella llamada el hombre solamente se dirigió a la puerta para cerrarla en la cara del rubio, sin siquiera una mirada de advertencia; sin nada a lo que Jeonghan no estuviera ya acostumbrado. Aguantó las ganas de patear la entrada de madera y retuvo las gotitas que amenazaban con escaparse de sus ojos.

Terminó por ir a su habitación, con el latente dolor de su puño y una cefalea insoportable.

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