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_"disfrαz"_

🗡️

Siempre he pensado que mis ojos son capaces de ver mucho mejor bajo la luz de la luna, pero en una ciudad como esta la luna no puede brillar tanto. Demasiada contaminación lumínica, incluso a las cinco de la mañana. Me imagino que la gran mayoría en mi lugar estaría intranquila; cuesta mucho hallar aunque sea solo una calle mínimamente transitada a estas horas, pero para mí, en estos momentos casi resulta un alivio. Estoy harta de ver a gente, de sentir que todos me señalan con el dedo, refugiándose en esa falsa moralidad que aseguran defender. Eso es lo que más me cuesta tragar delante de ellos. No lo soporto.

A pesar de la comodidad de estos zapatos, mis pies aquejan destrozados, y es normal. Mi cabeza se ha llenado de tantos pensamientos a la vez que ni me he dado cuenta del tiempo que he caminado. Prácticamente no me he percatado del dolor que sufrían mis pies hasta que he pisado la hierba y me he hallado aquí, a kilómetros de casa. En lo alto de esta colina apartada sopla el viento de otro modo y a pesar de que las luces de la ciudad persisten en protagonizar esta noche, en este pequeño rincón escondido, gobernado de naturaleza, la luna retoma su glorioso papel.

ㅡ ¿Sabes que pensaba que me ibas a dejar aquí abandonada? ㅡ Apunta mi amiga despreocupadamente tumbada en el césped, con los ojos fijados en el firmamento.

ㅡ No soy tan grosera, ¿no? ㅡ Respondo echándome sobre la hierba, haciéndome un sitio a su lado. ㅡ A demás no quiero estar en mi cuarto. Más bien no quiero estar en ninguna parte.

ㅡ ¿Mhmm? ¡¿Ni siquiera con él?! ㅡ Exclama con su habitual tono jocoso, levantando las cejas con esa sonrisa que nada bueno trae. ㅡ Seguro que es mejor compañero que yo. No jodas.

La verdad, ni siquiera he pensado en que podría haber ido a verle. No sé ni dónde puede estar ahora mismo, aunque por las horas que son, supongo que estará durmiendo. Tal vez trabajando. No lo sé, de todos modos tampoco quisiera molestarle. ㅡ No quiero aburrirle con mis problemas.

ㅡ Pues no se los cuentes. ㅡ Dice simplemente. ㅡ No hace falta hablar para que te echen un buen polvo.

Me tengo que reír ante su brusquedad, lo que provoca que ella también se ría. Parecemos un par de niñas pequeñas, pero no lo somos. A veces pienso que me gustaría regresar a aquella época porque recuerdo que éramos felices. También recuerdo que la gente no preguntaba tanto, en el sentido que nos dejaban más libertad. Recuerdo que solía ponerme los pantalones de mi hermano, cogía su sombrero vaquero y perseguía a mí amiga por el jardín de mi tío. ¡Yo era el vaquero! Me pintaba un bigote grueso y era el cowboy de nuestra ficción. Mis padres y el resto de la gente decía que nos veíamos graciosas, festejaban nuestro juego. ¿Y ahora? Ahora me señalan con el dedo porque me pongo esos pantalones anchos y dejo de maquillarme cuando no voy a trabajar.

ㅡ Oye, no es porque quiera meterme en tus asuntos... ㅡ Dice sacando su mechero del bolsillo para encender el cigarro. ㅡ La estupidez es una epidemia que se camufla en todas partes. Por lejos que te vayas no dejarás de encontrar gente como So-hye.

ㅡ Hwasa, soy consciente de eso... ㅡ Respondo pesadamente con los ojos cerrados, aspirando el humo de su cigarrillo que arrastra la brisa.
ㅡ No te creas que estoy así porque esa niñita haya intentado ridiculizarme haciendo gala de su estupidez.

ㅡ ¿No? ㅡ Repite extrañada con los ojos abiertos.

ㅡ Claro que no. Ser lesbiana no es un insulto aunque ella lo use como tal, y no me molesta que los demás compañeros lo crean. Casi lo prefiero si les vale de excusa para dejarme en paz.

ㅡ ¿Entonces por qué has aceptado el traslado? ¿Por qué huyes de ellos? ㅡ Apremia esta vez con exigencia, mirándome a los ojos con mucha seriedad.

Es lo que hago, ¿verdad? Estoy huyendo de aquí. Es inútil que trate de esconderme a mí misma ese hecho vergonzoso. No hay otra forma de llamarlo. Y pensar que hace unos meses estaba bien...

(...)

ㅡ ¿Lo estabas? ㅡ pregunta él a mi espalda, haciendo que me detenga antes de abrir la puerta de su dormitorio. Me mira desde su altura, con los ojos brillantes a causa del alcohol que sé que ha tomado antes de llegar.

ㅡ Jeonghan, no quiero hablar más de eso. ¿Entiendes? ㅡ Anhelo que comprenda mi situación en este momento, pues después de hablar con mi amiga, no creo que pueda explicarlo de nuevo esta noche. Es suficiente por hoy.

Él se limita a asentir, alzando la cabeza con un halo de impaciencia en su rostro. Admito que a pesar de todo, soy incapaz de no distraerme con sus encantos; no es un hombre grande, con mucho volumen. Para nada es lo que se conocería como el símbolo de la virilidad que tanto se contempla y admira en este mundo, pero es el más hermoso y fuerte que conozco.

Sus besos profundos y húmedos hacen que me olvide de todo cuanto hasta ahora me ha atormentado, llegando a quitarme la capacidad de soñar. El tacto de sus brazos sobre mi piel es como el agua de un manantial, me envuelve, me sumerge, me calienta intensamente, tanto que no puedo evitar cogerme a su cuello y abrigar su cintura con mis piernas. Su torso atlético, delgado y perfecto se clava en mi entrepierna, y me contagia su impaciencia al mirarme. No importa nada lo que pueda pasar entre los dos, cada vez que vengo hasta él salgo de aquí siendo yo, y esta noche es todo lo que quiero.

Me encuentro en su cama, desnuda sobre las sábanas, rodeada de su aroma embriagador y vuelvo a sentir el calor. Es un ardor fuerte, vehemente y amargo que se acumula en la parte baja de mi espalda. Poco a poco crece, aumenta su tamaño a medida que él avanza por mi piel, trazando una línea delicada con su lengua. Me siento tan excitada que mi culo se levanta sin más, anhelando que pronto se decida a romperlo con su fuerza.

Sus besos continúan subiendo por mi nuca, le oigo respirar sonoramente y albergo ansias de que muerda mi cuello como suele hacerlo, como un lobo feroz que devora la carne de su presa.

Entonces intuyo un roce sutil, el tacto tímido y dócil de sus largos dedos, palpando con cuidado mis labios vaginales. Mis piernas se abren al instante, impacientes por no retrasar sus intenciones, pero él se lo toma con calma. Se empeña en jugar conmigo, acariciando mi hendidura con una suavidad que me mata por su lentitud.

Estoy desesperada en su poder, mirándole con súplica, jadeando en su boca mientras él usa sus dientes para atender a mis labios y la línea de mi mandíbula. Pronto empiezo a notar sacudidas de placer en mi sexo. Son sus dedos penetrando en mi interior, cada vez más y más rápido.

El tacto de su miembro sobre mis nalgas, duro, palpitante, la fuerza con la que me sostiene y me folla se expresa en sus jadeos alterados. Los dos estamos igual, nos perdemos en la tormenta que ahoga nuestra razón, hechos de leña el fuego nos consume hasta que solo respiramos por la boca.

Soy incapaz de ejecutar un solo movimiento, pero no me importa en absoluto. Se ve tan guapo, tan enérgico y elegante mirándome así, con sus largos cabellos lacios que tanto me gusta acariciar. Son oscuros y caudalosos como los de un semental que no ha sido domesticado. De hecho, él es así; un mustang al que es imposible enjaular. Cuando le conocí, hace algunos meses atrás, no estaba lista para él, para saber quién era.

En mi vida no hallaba nada que estuviera mal, pues pensaba que las cosas tal como las conocía eran como tenían que ser. Recuerdo que estaba orgullosa de cómo me veían algunos de ellos, me refiero a mis compañeros de trabajo. Recuerdo que durante las horas de alterne me acogían en su círculo y ensalzaban mi, ¿actitud? Decían que era diferente a las otras chicas, que era fácil hablar conmigo porque no era "complicada", porque no me preocupaba tanto mi aspecto como mi trabajo y era como uno más. ¿Uno más?! Y yo lo veía normal, es más me sentía importante, me sentía única, diferente...

Jeonghan apareció inesperadamente. Estaba al fondo del local, sobre la tarima, sujetando el micrófono con la mano derecha. De todos los hombres que podían haber en un espacio tan enclaustrado como aquel, de todos ellos ninguno logró aquel hechizo sobre mí. Vestía un ancho abrigo de piel, tan lánguido y recto que ocultaba su figura. Sus cabellos sueltos brillaban por su longitud, y sus labios se movían de tal modo que insinuaban un beso corto en el micro. Tan dulce era el sonido con el que dibujaba aquellas palabras, y fue más ácido todavía el genio con el que me sorprendió. Tan confuso resultaba su género que incluso algunos hombres eran incapaces de apartar la mirada, prendados de su encanto. Salvo aquellas pocas gentes que lo conocían, la mayoría de los presentes se preguntaba si bajo sus ropas habrían senos o pectorales, un pene o una vulva. Lo que era innegable para mí entonces fue, su incontestable belleza.

Más allá de su apariencia de ángel, es la magnitud y fuerza de su espíritu. El valor de estar orgulloso de lo que es y no esconder la cabeza ante lo que el mundo a menudo enseña.

ㅡ No tienes que dejar el trabajo si no quieres. ㅡ Espeta con una sencillez que yo no podría imitar.

ㅡ Ya sé que piensas que soy cobarde por hacerlo.

ㅡ ¿No es así? Ya, es verdad. Hace tiempo que no consulto el diccionario.

ㅡ Estoy cansada ¿vale? ㅡ Respondo agachando la cabeza en la almohada sin poder mirarle. ㅡ No me apetece levantarme todas las mañanas para que todo siga igual.

ㅡ Entonces les das la satisfacción de pisotearte.

ㅡ ¡Me da igual que lo hagan conmigo!ㅡ Exclamo sacando la cabeza.ㅡ ¿Sabes? Estoy acostumbrada, me importa una mierda lo que digan a mis espaldas o lo que escriban en mi coche.

ㅡ ¿El coche? ㅡ Pregunta y me muerdo la lengua pensando en lo imbécil que soy. No sé cómo puedo cagarla tanto de este modo.

ㅡ Mira, no importa. ㅡ Insisto levantándome de su cama, rezando porque esté lo bastante cansado como para ignorar su tozudez, al menos por esta vez.

ㅡ Wheein, dímelo. ¡Eh! ㅡ Me detiene cogiendo mi muñeca, impidiendo que pueda vestirme. ㅡ Es por lo del otro día, ¿no? ㅡ Sus ojos buscan los míos hasta que me acorrala y no puedo esconderme. No puedo corregirlo, ya lo sé. Me siento incapaz de detenerlo cuando lo tengo encima y siento que oprime mi corazón en un puño, hiere, duele, no soporto que le hagan daño. Jeonghan es fuerte, ha pasado por más cosas antes, y nada de lo que ocurrió aquel día fue remotamente trascendental para él. Solo una humillación más de las que está acostumbrado. Eso fue lo que dijo.

ㅡ Wheein, mírame.ㅡ Pide sin más esperas y anhelo que no se refiera a mi elección una vez más. No me importa que se trate de mí, pero sé que no podría aguantar esas risas todos los días si sé que van a caer sobre él. ㅡ El mundo gira a nuestro alrededor. Puede joder y hacer lo que quiera, sin tenerte en cuenta ni preocuparse de cómo te sientes. ¿Por qué no has de hacer tú lo mismo?







ΣMPVSΛ

Σmρυsα es una criatura infernal, monstruosa, que comúnmente se asocia a la diosa Hécate, la divinidad de la magia negra y la parte oscura de la feminidad, en su mayor potencial.

De hecho, en ciertos mitos se presenta a Empusa como su hija, una criatura tenebrosa con pies hechos de bronce, que se alimenta de sangre y de carne humana. Al ser capaz de transformarse, adopta el aspecto de una mujer joven y hermosa para cazar a sus víctimas.

Podría decirse que es un monstruo, a la par que otros muchos, nacido de la incomprensión o de la interpretación errónea de los antiguos griegos hacia las mujeres, hacia su naturaleza y hacia sus deseos.

¿Puedes notar en qué punto se asocia lo comúnmente comprendido como femenino a un estigma social?

Por ejemplo cuando te elevan por encima de las otras chicas porque te gusta el fútbol y no pintarte las uñas. O cuando en una fiesta de carnaval, dos hermanos se disfrazan de sus personajes preferidos; la niña de soldado romano, y el niño de princesa encantada. ¿Por qué ha de ser él, el que acapare la atención y tenga que aguantar miradas de desaprobación?

Si me maquillo poco parece que no me encuentro bien. Si voy llamativa parezco una puta. ¿Hasta qué punto has de cambiar para adaptarte a un estándar y ser aceptad@?

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