Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

17._Suerte


Mary abrió los ojos con dificultad esa mañana. El cansancio la hizo caer rendida en aquella cama amplia, en la que no había otro calor que el suyo. Era extraño despertar sola después de hacerlo, por tanto tiempo, junto a alguien. Las grises cortinas, la rasguardaban del sol de la mañana, que iluminaba esa morada en que llevaba una semana durmiendo. Eso era todo lo que hacia en ese remolque: dormir. Quizá por eso se esmero tanto en hacer lucir bien ese rincón. Sabanas verde musgo, mantas grises y cojines verde hierba. Siempre estaban esos colores entorno a su dormitorio. La hacian pensar en rocas y vegetación; en un bosque humedo. Colgó unas luces de navidad blancas, también un par decoraciones en madera. Con eso era suficiente para sentirse a gusto en ese sitio destinado al descanso.   

Durante el día siempre estaba ocupada. Entrenando con Liquir o en su propio acto. A veces con Dende o inventando algo que hacer. Siempre ocupada para acallar sus pensamientos y anhelos. Podía parecer que su abrupta ruptura con Black no la había afectado, pero era mentira. Lo extrañaba. 

Black la miraba, a ratos, a lo lejos. Se había acostumbrado a esa mujer. A su aroma al despertar, a su voz llenando esa estancia, a esas esporádicas y estramboticas ocurrencias. A que no lo miraba con odio. Por supuesto Black disfrutaba de imponer su presencia y de que se apartaran de su camino, con esas miradas de respeto temeroso y, por sobretodo, de callada sumisión. Que admitieran él, era superior, pero eso generaba también un odio putrefacto. En su juventud disfrutaba de eso también. De que lo odiaran, mas no tuvieran el valor de enfrentarlo. De cuestionarlo o detenerlo. En la actualidad, eso no era tan diferente. Se había vuelto un poco más cauto y por ende discreto, aunque no dejaba de regocijarse en esos aspectos tan propios de su especie y de quien era él realmente.

Odio siempre había en los ojos de quienes lo conocían. Odio en sus propias pupilas, pero en los de ella no. Mary no lo miraba con odio y eso, a esas alturas de su vida, después de tantas palizas de la misma, le era confortante. Sin duda había mujeres mucho mejores que Mary, pero ella le era especial en ese momento. En el presente. A su manera, podríamos decir que la quería y por eso le guardaba condescendencias y respetaba un límite algo vaporoso. Pero durante esos días, en más de una ocasión estuvo tentado a ir por ella simplemente. Claro que sabia que eso terminaría por cortar los débiles hilos que los unían, por lo que ideo algo un poco más elaborado.

Cuando Mary dejaba el pequeño remolque vio a Black ir hacia ella, con su mochila en la mano. Lo esperó descansando su espalda en la puerta y cruzando los brazos, mientras le daba a sus ojos el temple de una espada que estaba siendo afilada.

-Tus cosas- le dijo él al lanzarle la mochila a los pies como quien arroja una ofrenda a regañadientes.

Se quedaron viendo un instante, mientras el sol penetraba la niebla de la mañana.

-Gracias- le dijo ella y se inclino un poco para tomar la mochila- ¿Cómo estas?

-Bien- contestó secamente- Se ve cómodo- observo Black, después de mirar el pequeño remolque.

Mary quedo algo desconcertada al verlo ir a ella de esa forma tan dócil. Por eso no sabia que decirle. Creyo que sólo había ido a tirarle sus cosas, pero no. Quería algo más.

-¿Te piensas quedar aquí?- pregunto Black repentinamente.

-No tengo otra opción, por ahora- respondió Mary mirándolo a los ojos.

-Puedes volver cuando quieras- le dijo Black.

-Terminamos ¿Lo olvidaste?

-No terminamos. Hiciste un berrinche y te fuiste- le señalo Black.

-El que hizo un berrinche fuiste tú.

-No hemos terminado- reiteró bruscamente y apretando los puños.

-Bueno, tal vez no, pero estamos en un receso- le aclaro Mary.

Black chasqueo la lengua con disgusto y Mary se medio sonrió.

-Hay algo que me gustaría pedirte. Eres buena en eso y necesito tu ayuda- le dijo como si le costara pronunciar cada palabra.

Esa misma mañana Kalika preparaba el desayuno, mientras Bills se vestía, cuando alguien toco a la puerta. Al ir a abrir, la mujer, se encontró con el señor Dai, que la saludo amablemente, para después preguntarle por el mago. Al oir su nombre, Bills se apresuro en ir a atender al dueño del circo, quien le pidió hablar un momento. No podía negarse. Sin duda se trataba de algo grave si el señor Dai, se había tomado la molestia de ir hasta su hogar.

El mago cerró la puerta tras de si y aprovechando esto, Kalika se aproximo para escuchar. Según oyó el señor Dai, estaba preocupado respecto al interés que Bills estaba mostrando en Mary. Él le explicó que aquello era sólo porque la muchacha le era útil como asistente.

-Kalika y yo, por naturaleza, no somos buenos nadadores. Ella nunca podría contener la respiración, el tiempo suficiente para efectuar el acto- terminó por decir Bills- Y he estado pensando en cambiar el show.

-Entiendo. Siendo de esa forma, creo que sólo me resta pedirle que no haga nada que se pueda mal interpretar- le advirtió el señor Dai- Fue suficiente con el incidente de la playa- agrego.

-Aquello fue  un mal entendido- señalo Bills, con una sonrisa algo hipócrita.

-Estoy seguro de que asi es. De todas formas es difícil contener los instintos. Ese estimulo primitivo que puede dominar el juicio- le dijo el señor Dai con un tono de voz y mirada que lograron molestar al mago-Buen dia, señor Bills.

Kalika se aparto rápido de la puerta y se quedo pensando en la explicación que le dio Bills al dueño. Cierto era que ellos no eran muy amigos del agua. Podían nadar, pero difícilmente llegarían a una competencia. En cuanto a bucear a pulmón, su desempeño caía en lo pobre y patético. Pero Bills mintió. Esa no era la real razón por la que buscaba a esa chica. Ella se había dado cuenta de las intenciones que él tenía en verdad.

En los días posteriores, Black se concentro en su propio espectáculo con una motivación muy peculiar. La vida en el circo le era molesta, pero ganaba bien y ganaría mejor si lograba su objetivo. En cuanto a Mary la vigilaba desde lejos. La muchacha hablaba con todos, pero tenía especial simpatía por Dende, sin embargo, tampoco pasaba mucho tiempo con él. Liquir le era sólo un compañero de trabajo y rehuia de Bills, quien cada tanto intentaba un acercamiento con la muchacha.

Kalika también se concentró en su espectáculo. Por eso una tarde, fue a ver a Dende para que le revisara la mano, pero el joven namekiano no estaba y en su lugar encontró a Mary, quien jugaba con unos niños de la misma especie del doctor. La muchacha llevaba un vestido de color bermellón, que al estar encluquillas le arrastraba un poco y por un momento pensó en pararse de tras de ella,
pisarle el vestido y hacerla levantarse. Pero al notar lo que hacia se puso a observar.

-Hare desaparecer esta moneda en mi mano-les dijo Mary a los niños, enseñando la moneda en su palma, la que luego la cerro y puso hacia abajo- ¿No me creen? No pierdan de vista mi mano.

Mary tomó un lápiz que tenia uno de los niños y comenzó a subirlo desde el dorso de su mano, al costado de su rostro, mientras contaba de uno a tres. Pero antes de llegar a tres, el lápiz desapareció de la mano de la muchacha.

-Oh vaya. Creo que me equivoque. Lo intentare otra vez- dijo Mary y esta vez, antes de llegar a tres el lápiz volvió para el renovado asombro de los pequeños namekianos.

-Buen truco-le dijo Kalika-¿Bills te enseño eso?-le preguntó la felina, parada detrás de ella.

Mary se puso de pie y le dijo a los niños que salieran.

-¿Te lo enseño a ti?-le preguntó la muchacha de forma incisiva- Kalika, tu actitud me esta cansando. Mi paciencia se esta agotando y te advierto una cosa, yo no soy de guerras frías. Yo ataco a matar. Deja de joderme la vida o voy a ir por eso a lo que tanto te aferras.

-Serias una mujerzuela para todo el mundo.

Mary rio.

-Pero no para ti. Saluda a Bills de mi parte, mi querida lanzadora de cuchillos sin afilar-le dijo la muchacha y paso junto a ella con una prepotencia que Kalika, le desconocían.

Ese mismo dia, pero en la tarde, Mary fue a sentarse entre unas rocas en la playa. Jugaba con una manzana, lanzandola al aire y atrapandola con la mano izquierda, como si estuviera practicando. Eso hasta que la manzana no volvió a caer haciendo que mirara arriba.

-Hola, Mary-le dijo Bills antes de darle una mordida a la manzana.

-¿Qué quieres?-le preguntó la muchacha, mirando su fruta en manos del mago, que se limpio el jugo que le escurrió de la boca con el antebrazo.

-El señor Dai me pidió que la ultima noche, en esta ciudad, presente el truco de la sirena y para eso te necesito a tí-le dijo y le dio otra mordida a la manzana, mientras Mary se ponía de pie.

-Lo siento. Yo estoy trabajando en una nueva rutina y además el señor Liquir prepara otro truco. Pero mi principal razón para negarme es que tú eres yeta. Cada vez que estoy contigo algo malo me sucede.

-¿De que estas hablando?

-En la fiesta por poco me asaltan, después termine en un calabozo, Black y yo nos...Distanciamos por lo que paso en la playa y no me quiero arriesgar a que otra cosa me pase por culpa tuya.

-¡Eso es ridículo! ¡Yo no atraigo la mala suerte!- le grito tan cerca, que la obligo a dar un paso atrás, enterrandose un cristal en el pie. Aquello la hizo caer sentada en la arena.

-¡Atraes la mala suerte!-le grito Mary-¡Y te comiste mi manzana!

-¡Deja de decir que atraigo la mala suerte! ¡Fue culpa tuya por andar descalza!

-Me duele- murmuro la chica al quitarse el cristal.

-Vas a necesitar que te revisen esa herida- comentó Bills,
encluquillandose junto a ella, para verle el pie más de cerca.

-No es nada.

-Tienes la manía de quitarle relevancia a las cosas y eso no es un cumplido-le dijo el mago, mirándola a los ojos un momento- No lejos hay un amigo mio que puede revisarte.

-Pero puedo ir con Dende...¡Bajame!

-Quédate quieta y te contare una historia que te puede interesar. Claro que a cambio tendras que asistirme en ese truco.

-¡No quiero!

-Esa obstinación tuya te traerá bastantes problemas-le dijo Bills y la cargo hasta dejar la playa, para después hacerla seguirlo por la vereda.

En la pista, Black estiraba el látigo entre sus manos. Entorno a él, los leones y tigres.

-Estoy listo- exclamó con esa sonrisa torcida que dio un escalofrío a Kalika, que lo miraba desde detrás de las galerias.   

 

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro