
02 ✵ PESADILLA DE NUEVO
CAPÍTULO 02
PESADILLA DE NUEVO
Lyrian había casi olvidado su pesadilla a la mañana siguiente, y no le afectó en absoluto durante el transcurso del día. Fue una jornada como cualquier otra, llena de estudios, ocio, conversaciones con Loki y peleas con Thor. Aprendió un encantamiento nuevo, rasgó su vestido azul de jardinería en unos rosales y se ahogó con el pan durante la cena porque Loki le susurró una broma graciosísima mientras Thor le contaba algo a su padre. Fue un día tan normal que era perfecto.
Esto es, hasta que cerró los ojos y se dejó llevar por el sueño, arropada por las franjas de luz de luna que entraban por las cortinas entreabiertas, con el cabello trenzado para mantener los rizos y las sábanas lavadas que olían a rosas, como el perfume de su madre.
Hacía frío, mucho frío. Se abrazó a sí misma, tiritando, cuando miró hacia abajo no vio su propio cuerpo. Era invisible, pero podía sentir el tacto de sus propias manos contra sus brazos desnudos. La ropa que llevaba, aunque no la distinguiese, debía ser muy ligera, como un vestido de verano de Asgard. ¿Por qué tenía un vestido de verano con tal clima invernal? Miró alrededor, pero todo estaba cubierto como por una niebla gris y blanca en jirones, soplados en remolinos por una brisa también invisible. Avanzó dos pasos con lentitud, intentando encontrar un camino, y su pie golpeó algo pesado que no cedió y la hizo irse de bruces. Recuperó el equilibrio extendiendo los brazos y retrocedió unos centímetros por instinto. Luego se agachó y estiró la mano derecha para reconocer el objeto.
Primero tocó una tela suave y pesada, y deslizó las puntas de los dedos sobre ella hasta llegar a otra superficie. Era metal, frío como el entorno, con grabados finos que podía sentir. Siguió tanteando, y de pronto tocó piel y cabello, aún cálidos. Algo húmedo cubrió sus dedos, y le llegó el punzante aroma de la sangre segundos más tarde, metálico, tanto que casi lo pudo sentir en su lengua. Se le detuvo el corazón y quiso alejarse, pero como estaba agachada cayó hacia atrás y se arrastró a cuatro patas hasta que estuvo a suficiente distancia como para atreverse a levantarse y mirar alrededor.
La niebla se disipaba lentamente, y la figura del hombre tirado en el suelo era distinguible, lo suficiente como para que ella pudiese ver su vestimenta de guerra, pero no le sonaba asgardiana. Era demasiado delicada como para ello. Vestía una capa azul manchada de sangre. Tenía una mueca de dolor pintada en su rostro, un rostro que ella nunca había visto, hermoso como pocos incluso estando desfigurado por el sufrimiento y cubierto de sangre. Se miró la mano derecha, y vio que la misma sangre goteaba de sus dedos, tiñendo todo su antebrazo.
Luego distinguió una figura de pie junto al cuerpo, pero lo único que podía ver era una mano delicada que sujetaba una daga de plata y llevaba un brazalete de oro engarzado en la muñeca. No tenía rostro ni resto del cuerpo, y cuando quiso acercarse todo volvió a cubrirse de niebla y no pudo ver más allá de su nariz.
El corazón le comenzó a latir cada vez más rápido, y la cabeza le dio vueltas. Soltó un sollozo bajo que no tardó nada en transformarse en un llanto descontrolado. Le faltó el aire para respirar y despertó, incorporándose de golpe en la cama. La luna ya no se veía por la ventana.
Lyrian se tocó las mejillas y las encontró bañadas en lágrimas. Su pecho se sentía cerrado, pero trató de obligarse a respirar y poco a poco lo logró. No había gritado esta vez, porque nadie apareció en la puerta. El palacio estaba tan silencioso como siempre.
Se enjugó los ojos con las sábanas y retrocedió hasta sentarse con la espalda contra la cabecera de la cama. Tomó el almohadón que tenía más cerca y lo abrazó contra su pecho, sin atreverse a cerrar los ojos de nuevo. No quería volver a soñar lo mismo. El hombre del sueño era desconocido, sí, pero el pecho le dolía al verlo como si lo hubiese conocido desde siempre. Estaba aterrorizada. Jamás había visto a alguien morir en la vida real, y si era igual que en el sueño no quería estar ahí para presenciarlo. No quería ver morir a nadie, nunca. Toda esa sangre...
¿Dónde estaba Loki? Necesitaba a Loki. No quería molestarlo, y por eso no se levantó de la cama, pero seguía temblando, aferrada a las cobijas como si le diesen protección. Intentó crear luz entre sus dedos como le había enseñado su hermano, pero las chispas duraban sólo unos instantes. Estaba demasiado nerviosa como para hacer magia.
Un haz de luz dorada pasó bajo su puerta y luego se abrió una rendija. El esbelto cuerpo de Loki pasó sin hacer ruido, su rostro iluminado de forma extraña por la brillante mariposa de luz que aleteaba entre sus dedos. El alivio la cubrió como una lluvia caliente, y todos sus músculos se relajaron. Su hermano no dijo palabra, pero se acercó hasta la cama y se sentó a su lado, metiéndose bajo las sábanas y rodeándole los hombros con un brazo. Sentados lado a lado, Loki dejó que la mariposa volase en libertad alrededor de la alcoba dejando un rastro de polvo dorado a su paso. Lyrian apoyó la cabeza en su hombro y se animó a cerrar los ojos. Se dijo a sí misma que no iba a dormirse, pero entre el perfume a pinos de Loki y su cuerpo cálido a su lado, se sintió segura y a salvo. Escuchó que Loki murmuraba algo y besaba su frente, y una oleada de calma pasó a través de ella. No habría más pesadillas esa noche.
Cuando despertó en la mañana, con los pájaros cantando a través de la ventana, no encontró a Loki a su lado, pero en una esquina de la habitación aún se veían rastros de polvo de oro suspendidos en el aire. Lyrian sonrió y se levantó cuando las criadas llamaron a la puerta para ayudarla con el vestido y el peinado. Una vez en la mesa del desayuno, a través del ruidoso masticar de Thor y las conversaciones entre sus padres, Lyrian encontró los ojos de su hermano y musitó un "Gracias". El príncipe esbozó una ligera sonrisa e inclinó la cabeza aceptando el agradecimiento, antes de volver su atención a la conversación de sus padres. Lyrian hizo lo mismo, no porque le interesara, sino porque cualquier cosa era mejor que mirar cómo Thor masticaba su comida.
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