[18]
—¿Tienes miedo?—preguntó Will, tragando saliva. Estaba sentado al pie de la cama de Charles Beckendorf, quien empacaba las pocas cosas que tenía.
—¿De irme?—el chico negó, sonriendo ampliamente—. Honestamente añoro mucho el poder decirle adiós a este lugar, quiero que sea mañana para poder irme.
El rubio bajó la mirada.
—Voy a extrañarte—declaró—. ¿Puedo hacerte una petición egoísta?
—Podrías pedirme el mundo y sabes que te lo daría. ¿Qué necesitas?
Orbes celestes se encontraron con marrones y de pronto Charles se sintió dispuesto a hacer cualquier cosa para que Will fuese feliz.
—Sé que tan pronto te marches querrás dejar todo esto atrás. El campamento, orfanato, las cabañas, las actividades, probablemente a Silena también. Pero... pero no a mí, ¿está bien? Sé que querrás olvidarte por completo de que jamás pisaste este asqueroso lugar de mierda, pero ¿podrías no olvidarte de mí? No creo que podría soportarlo.
El mayor sonrió, mordiéndose el interior de la mejilla.
—Will: jamás te olvidaría. Ni aunque mi vida dependiese de eso. Eres tan importante para mí como el oxígeno. Y si, puede que olvide el campamento pero ¿a ti? Will, no creo que nadie jamás sea capaz de olvidarte, eres demasiado bueno como para desaparecer en el olvido.
El rubio sonrió, abrazando a su amigo e intentando aguantar las lágrimas.
—¿Juras que no irás a olvidarme?—preguntó con la voz hecha un hilo.
—Lo juro—respondió Charles sin vacilar, posicionando sus brazos en la espalda de Will y envolviendolo en un último abrazo—. Lo prometo.
Esa noche mientras Will salía de la cabaña de Hefesto y se dirigía hacia la de Apolo, con los brazos a los lados y la cabeza fija en el suelo se preguntó si Charles tenía razón, si él realmente era inolvidable.
Se preguntó si Nico también era inolvidable.
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¡Resulta que sigo viva! :D
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