Capítulo 9
Toda mi ropa estaba cubriendo mi cama y parte del suelo. Hoy era mi cita con Erick. Había salido con él demasiadas veces, pero sentía que esto era algo más formal, quería que él me viera bonita. Repasé todo mi guarda ropa, mínimo, como unas seis veces. Me probé toda mi ropa como tres veces e intente hacer miles de combinaciones, pero ninguna me gusta lo suficiente.
—Avery, hice pie de manaza—voltee a ver a la puerta y ahí estaba mi abuela—. Dios de mi vida, ¿acaso un tornado paso por tu habitación?
—Lo siento, abuelita—comencé a recoger mi ropa del suelo—. Hoy tengo una cita con Erick y... no tengo nada que ponerme.
—Muñequita, tienes demasiada ropa.
Dejé lo que estaba haciendo y voltee a verla, sintiéndome apenada.
—No tengo un vestido.
Continué con lo que estaba haciendo. Si mi madre veía mi habitación iba a matarme.
—Tal vez yo tengo algo que te sirva.
Mi abuela salió de mi habitación y yo seguí guardando mi ropa. Para cuando había terminado de guardar todo, ella llegó y se sentó en mi cama. Traía una caja blanca y la miré con curiosidad, palmeo mi cama para que fuera a sentarme con ella. Ella acariciaba la caja con suavidad mientras yo me sentaba a su lado.
—Esto es algo muy preciado para mí, Avery—con solemnidad quito la tapa de la caja y saco un hermoso vestido—. Es el vestido que use en la primera cita con tu abuelo.
Miré el vestido y después voltee a ver a mi abuela con los ojos llorosos.
—Abuelita, yo...
—Shhh. Quiero que lo uses—me entrego el vestido—. Anda, ve a medírtelo.
Tomé el vestido con suma delicadeza, era un vestido demasiado sencillo, hecho a mano al parecer, pero para mí era mil veces más hermoso que cualquier vestido de diseñador. Entre en el baño y me medí el vestido. Me sentía demasiado hermosa con el vestido puesto. Era perfecto. Salí del baño con lentitud y mi abuelita volteo a verme.
—Oh, Avery—se llevó las manos al corazón y vi sus ojos ponerse llorosos—. Te ves tan hermosa.
—No tanto—dijo mi hermana, quien se encontraba recargada en la puerta de mi habitación.
— ¿Qué quieres Katherine?
—Tranquila—levanto sus manos como en rendición—. Solo quiero ayudarte.
La miré con desconfianza y ella tomo la silla que estaba frente a mi buró. Sobre este coloco su bolsa de maquillaje.
— ¿Qué? —Preguntó ella y yo seguía viéndola con desconfianza—Sé que es importante para ti, ¿sí? Quiero ayudarte.
— ¿Qué quieres a cambio?
—Solo quiero ayudar.
Aquello me dejo totalmente sorprendida y desarmada. No dije nada más y me senté. Ella sin tardar comenzó a trabajar primero en mi cabello. Mi abuela, mi hermana y yo comenzamos a hablar y a bromear. Mi abuela nos contaba anécdotas que nunca antes nos había dicho y nos hacía reír. Así que... ¿así es como se siente tener una familia de verdad?
Cariño, tú cambiaste mi vida.
Tu luz invadió mi vida y ya no veo la oscuridad.
Mi hermana abrió su estuche de maquillaje e hice una mueca. La verdad es que nunca me ha gustado maquillarme demasiado.
—Kat...
—Ya lo sé—tomo un brocha un polvo—. Va a ser casi natural, no te preocupes.
Casi me quería echar a correr cuando comenzó a aplicarme maquillaje en la cara. Después de lo que me pareció una eternidad, al fin, estaba lista. Mi hermana me presto unas balerinas suyas que combinaran con el vestido.
Camine hacia el espejo de cuerpo completo y admiré mi imagen con lentitud. Mi mirada me recorrió de abajo para arriba. Por primera vez, frente al espejo, vi a la chica que siempre quise ser. Una chica hermosa, radiante, feliz, sencilla, pero sobretodo feliz.
—Estas preciosa, Avery.
Mi abuela se puso detrás de mí y acarició mis hombros con suavidad. Mi hermana miró mi reflejo en su rostro y asintió con una sonrisa de satisfacción.
—He hecho un gran trabajo.
—Gracias.
Le di un gran abrazo a mi hermana y tuve que contener las lágrimas. Nunca en mi vida me imagine que esto sería posible, habíamos tenido un momento de hermanas y nos habíamos divertido.
— ¡Avery! —Gritó Oliver, desde la planta baja— Llego tu novio.
— ¡No es mi novio!
Tome mi guitarra y antes de salir, me giré para volver a darles las gracias a mi abuelita y a mi hermana. Bajé las escaleras y ahí vi a Erick arreglándose las mangas de su camisa. Él al parecer escuchó mis pasos, porque cuando baje del último escalón, él volteo a verme.
—Avery—susurro mi nombre, mientras me veía de arriba hacia abajo—. Estas... bellísima.
—Gracias—murmure mientras sentía mis mejillas sonrojarse.
Erick me ofreció su mano y yo la tomé, él se inclinó y dejó un suave beso en el dorso de mi mano. Sin decir más, ambos salimos de la casa y ahí afuera, estaba su Chevy. Él me ayudó a subir y rápidamente rodeo la camioneta, para entrar en el lado del piloto. Condujo por la orilla del lago, hasta que se detuvo en cierto punto. Él se bajó y a mí me hizo esperar en la cabina. Miré mi guitarra y acaricie las cuerdas. Antes de empezar las vacaciones había empezado a trabajar en una canción, pero me quede bloqueada... hasta que Erick llegó a mi vida. Cuando lo conocí, las letras para la canción comenzaron a fluir, al igual que la música. Anoche, antes de irme a dormir, había terminado la canción. Creo que era el momento.
—Listo—dijo Erick al abrir mi puerta.
Me ayudó a bajar y me llevó a la parte trasera de la camioneta. Una enorme sonrisa se dibujó en mis labios, al ver lo que había hecho. Había hecho un picnic para nosotros en su camioneta. Me ayudó a subir a la caja y después él subió. Había toda una variedad de comida acomodada en el mantel, también había demasiados postres. Cielos, entre mi abuela y Erick, creo que voy a terminar con sobrepeso.
Nunca había sabido lo que era estar enamorada, hasta ahora. Erick me ha enseñado demasiadas cosas, no solo me enseño la belleza, que yo sabía, que estaba oculta en la simplicidad. Me enseñó sobre constelaciones, sobre cómo debía ser la familia, me enseñó que debo luchar por mis sueños. Él me ha dado tanto, siento que yo le he dado muy poco, pero hoy es momento de darle lo último que le he escondido, esa parte que nadie ha escuchado.
Estaba comiendo una pequeña tarta de fresa, Erick me tenía abraza y mi espalda reposaba en su pecho. Ambos observábamos el atardecer de Georgia. Cuando me termine la tarta, me chupe los dedos y suspiré.
— ¿Te gusto? —preguntó Erick.
—Todo me ha encantado. Vas a ser un gran chef.
Él acerco sus labios a mi mejilla y dejó un pequeño beso. Sentí que las mariposas estaban revoloteando en mi estómago. Este era el momento, debía hacerlo o tal vez nunca más me atrevería.
— ¿Erick?
— ¿Mmh?
—Yo... he escrito una canción... para ti.
— ¿Para mí?
Asentí con la cabeza y estiré mi mano para tomar la guitarra, la acomodé y rápidamente revise que estuviera afinada. Cerré los ojos y comencé a tocar aquella melodía que yo había creado, esa melodía que me había salido del corazón, solo para Erick. Comencé a cantar poniendo toda mi alma en ello. Le desnude el corazón a Erick, dejé que él me viera por completo. No más máscaras, no más muros. Esta era Avery Holden, una chica ordinaria, que solo quería seguir sus sueños y ser feliz, una chica que había conocido a un chico que le enseño lo hermoso de la vida. Esta soy yo.
Sentí que las lágrimas resbalaban por mis mejillas cuando termine de cantar. Erick me acomodó de manera que estuviera sentada en su regazo. Con delicadeza, él limpió mis lágrimas y dejó pequeños besos en mi mentón.
—Nunca antes me habían escrito una canción.
— ¿Te... te gustó?
—Me encantó. Avery, eres increíble.
Le miré a los ojos y me quedé atrapada ahí por un largo tiempo. Aprecie sus ojos azules, siempre tan claros como su alma, ¿cómo es que nunca lo había visto? Probablemente, mi propia mascara no me había dejado verlo. Llevé mi mano a su mejilla y la acaricie con suavidad. Me incliné hacía él y rose su nariz con la mía.
—Te quiero, Erick.
—Te quiero, Avery. Se mía. Se mi novia, por favor.
Sentí que mi corazón se detuvo por un momento. Ser novia de Erick. La verdad, era algo que me gustaría demasiado, pero... mi padre. Él iba a arruinar todo lo hermoso que Erick y yo podríamos tener. Él iba a convertir todo esto en un negocio.
—Erick, mi papá.
—Por favor—cerró los ojos y junto su frente con la mía—, no pienses en él, solo piensa en lo que tú quieres. Avery Holden, ¿qué es lo que quieres?
—Pues a ti, te quiero solo a ti.
—Solo di las palabras mágicas—susurró sobre mis labios.
—Si quiero ser tuya, Erick Reed. Quiero ser tu novia.
Él unió sus labios con los míos en un beso, que me hizo estremecer. Sentí la electricidad que me recorría de arriba abajo. No dudé en abrazarlo por el cuello y acercarlo más a mí. Mis dedos se pusieron a jugar y a acariciar su cabello, mientras sus manos acariciaban mis brazos, mi espalda y mi cintura. La intensidad del beso fue disminuyendo y se alejó de mí dando pequeños besitos en mis labios y al final, dejó un beso en la punta de mi nariz.
— ¿Escuchas eso?
—Tú siempre escuchas cosas raras—dije entre risas.
—No, escucha—ambos guardamos silencio, mire a mí alrededor, sin darme cuenta la noche ya había caído—. Los grillos están cantando para nosotros—Él se bajó la camioneta, hizo una reverencia graciosa y me ofreció su mano—. Vamos, mi hermosa dama, concédame este baile.
—Y luego dices que la rara soy yo.
—Ven aquí, Avery Holden.
—Bien.
Puse los ojos en blanco y me acerque para tomar su mano, él me ayudó a bajar con facilidad de su camioneta. Al estar ya abajo, coloco ambas manos en mis caderas y yo rodee su cuello con mis brazos, juntos comenzamos a movernos al ritmo de la música que los grillos y otras criaturas de la noche hacían para nosotros. Nuestras miradas se encontraron en la noche. Amaba esa forma que él tenía de mirarme, me hacía sentir especial, me hacía sentir que todo podía ser posible. Con nuestras miradas sentía que podíamos tener una conexión más allá, sentía como si nuestras almas se conectaran en ese momento y sabíamos que nos pertenecíamos el uno al otro. Yo encontraba la paz en él, él era mi felicidad, él me hacía fuerte, él me hacía mejor persona. Cuando mi mundo se derrumbaba en pedazos, sabía que si solo lo miraba a los ojos, todo iba a estar bien porque él iba a estar a mi lado.
Me acerqué más a él para abrazarlo y recargue mi cabeza en su pecho; escuchaba los latidos firmes de su corazón y eso me hacía sentir amada. El suave aroma de su colonia me lleno los pulmones, sentí como dejaba un beso en mi cabeza para después recargar ahí su mejilla. ¿A caso podía haber algo más perfecto? Cuando llegué a este lugar nunca me imaginé que iba a encontrarme con un chico así y que ese chico cambiaría mi vida de tal manera.
—Baby please have mercy on me, take it easy on my heart, even though you don't mean to hurt me, you keep tearing me apart, would you please have mercy, mercy on my heart.
Me estremecí en los brazos de Erick, cuando el canto en voz baja Mercy de Shawn Méndez. Al recordar la letra completa de aquella canción, mi corazón tembló.
—No voy a lastimarte.
—Lo sé, pero gracias por tener piedad de mi corazón.
Se alejó un poco de mi para verme a los ojos, acarició mi mejilla con su pulgar y dejó un suave beso en mis labios. Sus dulces besos me hacían estremecer, me hacían desear más, me hacían querer estar siempre a su lado.
Ambos volvimos a subir en la parte trasera de la Chevy, nos recostamos sobre el mantel y nos pusimos a ver las estrellas. Erick me estrechó entre sus brazos, mi cabeza reposaba en su pecho, mientras él acariciaba mi espalda con delicadeza. Él me hablaba sobre las estrellas, las constelaciones, los mitos que había detrás de algunas de ellas y sin darme cuenta, caí dormida en sus brazos.
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