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Capítulo 4

El ruido ensordecedor del despertador logró levantarme por la mañana. ¿Por qué rayos tenía el despertador a las nueve de la mañana en vacaciones? Oh, tenía una cita con Erick ¿Cómo fue que se me ocurrió decirle que si a una cita a estas horas de la mañana? ¡Levantarse temprano en vacaciones es pecado! Creo que es un pecado capital, ¿no? Tal vez venía en la Biblia.

Patee las sabanas y me levante, me pasé una mano por la cara intentando despertar por completo. Hice mi rutina normal: un baño y lavarme los dientes. Estaba haciendo un calor terrible así que me puse unos shorts de mezclilla y una blusa celeste de tirantes, me puse mis converse y me hice una coleta.

Salí de mi habitación para ir a la sala a esperar a Erick. Casi me caigo de los últimos cinco escalones cuando veo que él está sentado en la sala. Él volteo a verme y su sonrisa se ensanchó.

—Buenos días, dormilona.

¿Dormilona? Estaba por discutir eso, cuando me puse a pensar. Sí, la verdad es que me encanta dormir y justo ahora quiero matarlo por hacerlo levantarme tan temprano. ¿Cómo es que él se veía fresco como una lechuga?

— ¿Qué horas son?

Erick bajo la mirada para ver el reloj que tenía en su muñeca.

—Faltan quince minutos para las nueve.

Sentí como mi quijada casi se caía al suelo, pero tuve que obligarme a cerrar la boca antes de que él me viera.

— ¿A qué horas te despertaste?

—A las seis de la mañana.

¿Seis de la mañana y se veía tan... bien? No lo podía creer. ¿Qué rayos le pasaba a este tipo?

— ¿Por qué? —pregunte arrugando la nariz y viéndolo como si fuera alguna clase de bicho raro. Bueno, la verdad es que para mí, él es un bicho raro. ¿Quién en su sano juicio se levanta a las seis de la mañana en vacaciones?

—Bueno, ¿has oído el dicho: "Al que madruga, Dios lo ayuda"?

—Sí.

—Bueno, yo creo eso. —No hice nada más que poner los ojos en blanco. —Bueno, es momento de irnos.

— ¿Qué? ¿No me dejaras desayunar?

—No.

¿Qué? ¿Él nunca ha escuchado que: "El desayuno es la comida más importante del día"? Yo creía fielmente a eso. Además, lo hacía por su bien, cuando no como soy como Hulk.

—Desayunaremos fuera y deberías llevar un cambio.

Estaba por regresar por las escaleras, pero me detuve.

— ¿Puedo llevar mi guitarra?

—Claro.

Regresé a mi habitación y tome una pequeña mochila y guarde un cambio de ropa, tome mi guitarra y me la colgué en el hombro. Bajé de dos en dos los escalones pero me detuve en seco al ver a mis padres hablar con Erick. Analice con cuidado la escena. Erick sonreí como siempre, con suma amabilidad, mi madre estaba asombrada, pero fue la expresión de mi padre la que me revolvió el estómago. Claramente podía ver en sus ojos el signo de dólares, sonreía como nunca y palmeaba el hombro de Erick como "camarería". No, mi padre no era así de amable con todos los chicos, solo con aquellos que podían incrementar su fortuna. Pasé por un lado de Erick sin mirarlo.

—Vámonos—gruñí.

—Nos vemos luego señor y señora Holden.

—Un placer conocerte, Erick. —Dijo mi madre.

Puse los ojos en blanco y gruñí. Tal vez mi abuela se equivocó con Erick y él era como todos los chicos, tal vez peor. Tal vez él estaba feliz de juntar nuestras fortunas y en lugar de ser simples millonarios terminar siendo billonarios. Azoté la puerta al salir. Del mundo del cual quería escapar siempre lograba alcanzarme.

Me dirigí a la camioneta de Erick, antes de poder abrir yo la puerta, él la abrió por mí, me regalo una dulce sonrisa y una mirada cálida y no se inmutó ante mi molestia. Subí a la camioneta y después de que él cerró mi puerta, rodeo la Chevy y se subió del lado del piloto. Arranco su camioneta y no dijimos nada por un tiempo. Curiosamente, aquel silencio no era para nada incomodo, me sirvió para relajarme aunque fuera solo un poco. Fruncí el ceño al ver que nos dirigíamos a su casa.

—Creí que la pasaríamos en el lago.

—Nuestro medio de transporte esta en mi casa.

— ¿No iremos en tu camioneta?

Alcé una ceja mientras lo veía. Creí que habíamos quedado en que solo saldríamos en camioneta. Detuvo la Chevy frente a la casa, bajo y después me ayudó a bajar a mí también.

— ¿Sabes montar?

En el momento en que el menciono la palabra "montar" regrese a todas esas fastidiosas clases de equitación. Me encantaban los caballos, montarlos y correr en ellos se sentía como libertar, si cerraba los ojos a veces sentía como si volara. Lo que odiaba de aquellas clases es que lo tenía que hacer con gracia y perfección. Rodee los ojos de manera mental al recordar las palabras de madame Gottschok.

—Sí, se montar.

—Perfecto.

Tome mi bolsa y mi guitarra, me colgué este último en el hombro y ambos entramos a la casa de los Reed. Salude con amabilidad a sus padres y hermanos. La señora Margaret le dio a Erick una cesta con comida. Después de despedirnos de todos salimos por la puerta que llevaba al patio. Aquella casa era definitivamente enorme.

—Sígueme.

Camine a un lado de Erick siguiéndolo a través del enorme jardín que tenía. Llegamos a unas caballerizas, entramos y era sorprendente ver toda la cantidad de caballos que tenían y todos eran sumamente hermosos. Me acerque a uno y no pude evitar acariciar su largo hocico.

—Elige el que más te guste, menos el café con una franja blanca en el hocico, es mío. —Miré al caballo que había dicho. —Se llama Joey.

Reí y voltee a verlo.

— ¿Joey? ¿Cómo el de la película?

—Sí, me encanta esa película.

Camino hasta quedar a un lado mío mientras se metía las manos en los bolsillos del pantalón. Me di media vuelta y me puse a ver el resto de los caballos en el granero, mis ojos se toparon con un hermoso caballo negro, era tan negro que podía jurar que ante los rayos del sol tendría destellos azules, sus patas eran blancas, me enamoré totalmente de aquel caballo.

— ¿Puedo montar ese?

—Claro.

Erick se puso a ensillar los caballos, me sorprendí que a pesar de que tuvieran una casa tan enorme, no veía que alrededor hubiera algún mayordomo, sirvienta o cualquier tipo de empleado doméstico, ni siquiera en las caballerizas. Cuando terminó de ensillar los caballos, ató a su silla de montar la canasta, amarré mi mochila a la silla y con un ágil movimiento subí al caballo. Al voltear a ver a Erick, él también ya había subido a su caballo.

— ¿Estas lista?

—Lista.

Sonrió ampliamente y me guiñó el ojo. Erick hizo que su caballo comenzará a caminar con suavidad y yo hice lo mismo. Salimos de la casa y llegamos al lago y nos detuvimos.

— ¿Te gusta la velocidad?

Le sonreí de manera retadora.

—Me encanta la velocidad.

—Bien, entonces intenta seguirme el paso.

Antes de que pudiera reaccionar, Erick hizo que su caballo comenzara a correr a toda velocidad rodeando el lago. Reí y negué con la cabeza, hice que mi caballo comenzara a correr detrás del suyo. No tarde mucho en alcanzarlo. Pasamos frente a la casa de mi abuela pero nuestros caballos siguieron corriendo. Logramos dejar el lago y nuestras casas atrás, demasiado atrás. Ambos nos internamos en el bosque que rodeaba las casas, la verdad es que me puse algo nerviosa porque no conocía el lugar, nunca me había internado en el bosque. Erick y yo disminuimos la velocidad de nuestros caballos a un suave trote.

— ¿Aquí es donde tengo que suplicar por mi vida?

Erick me volteo a ver después de reírse.

—No, aun no, podrían escucharte y no quiero que nadie te escuche gritar.

Negué con la cabeza al mismo tiempo que le sonreía. Avanzamos un poco más y logre escuchar como agua corriendo. Entre más nos acercábamos escuchaba a la perfección, era el ruido de una cascada. Los arboles comenzaron a dispersarse revelando un hermoso lugar. Detuvimos los caballos a la orilla del bosque, bajamos y los atamos a un árbol. Dejé que Erick preparaba todo mientras yo miraba el lugar. Era como sacado de un sueño. Una pequeña cascada caía en un lago pequeño pero lo suficientemente amplio para nadar. No sentí en que momento Erick llego a mi lado y di un pequeño brinco cuando me hablo.

— ¿Te gusta?

—Es... hermoso. Nunca había visto este lugar en mi vida.

—Me alegro. William y yo lo descubrimos hace un año y medio, cuando dábamos un paseo a caballo.

—Definitivamente es muy hermoso.

No podía apartar mi vista de aquel lugar, ni siquiera quería parpadear, tenía miedo de que si lo hacía aquel lugar podría desaparecer y no quería que lo hiciera. Aquel momento se sentía perfecto, incluso por un momento la compañía de Erick no me molesto, me pareció agradable, pero un gruñido lo arruino todo.

—Bien, creo que mueres de hambre. —Sentí que mis mejillas se pusieron demasiado rojas. —Ya está todo listo, vamos a desayunar.

La verdad es que por un momento me sentí como una chica normal y no sépor qué también sentí que él era un chico normal. No había fortunas por las quepreocuparme, etiquetas, elegancia, perfección. Solo un chico y una chicadisfrutando de un desayuno tranquilo. Entonces en ese momento pensé que... talvez... había juzgado mal a Erick. 

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