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Capítulo 10

Cuando desperté no sabía dónde estaba, pero se sentía bien, estaba rodeaba por un brazo fuerte y una respiración tranquila acompañaba la mía. Alcé la mirada y vi que estaba dormida en el pecho de Erick. ¿En qué momento me quede dormida? No importa. Sonreí al admirar su rostro tan sereno, se veía tan tranquilo cuando dormía. Acaricie la barba de pocos días que comenzaba a salirle y suspiré. No sé cómo lo hiciste, Erick Reed, pero me enamoraste. Me incliné hacía adelante y dejé un suave beso en la comisura de sus labios.

—Pepe el toro es inocente—murmuró entre sueños.

Tuve que morder mi labio inferior para no comenzar a reír a carcajadas. Erick hablaba dormido. Rápidamente estiré mi mano para tomar mi celular y comenzar a grabarlo. Desbloquee mi celular y mi corazón se detuvo cuando vio la hora, eran las 11 de la mañana. ¿Tanto tiempo nos habíamos quedado dormidos? Ay, madre mía. ¡Mis padres van a matarme! Nunca había estado tanto tiempo fuera de la casa. Comencé a mover a Erick para que se despertara.

—Erick, despierta.

—Cinco minutos más, el horno aún no se calienta.

¿El horno? ¿Qué rayos?

— ¡Erick!

—Estoy despierto, estoy despierto—se estiró de manera perezosa y se talló los ojos.

—Nos quedamos dormidos en la camioneta.

—Eso fue por tu culpa, cariño.

— ¿Mi culpa? —pregunté alzando una ceja.

—Sí, tú te quedaste dormida primero.

—Pudiste llevarme así a mi casa—me crucé de brazos fingiendo estar molesta con él.

Erick apretó mis mejillas ligeramente.

—No pude, te veías demasiado hermosa—se inclinó hacia mí y dejó un suave beso en mis labios—. Buenos días, hermosa.

—Buenos días—sonreí y lo volví a besar varias veces—. Te quiero.

—También te quiero.

Erick volvió a besarme de manera dulce, podría estar besándolo todo el día si pudiera. Pero creo que no podre, porque mis padres van a matarme. Me aparté de Erick.

— ¡Mis padres van a matarme!

—Maldición.

Erick rápidamente bajó de la camioneta para después ayudarme. Ambos subimos a la cabina y en unos pocos minutos ya me estaba dejando afuera de mi casa. Mis padres casi me matan, pero como mi padre tan está enamorado de Erick (de su dinero más bien) se tranquilizó cuando él comenzó a disculparse y decir que no iba a volver a pasar.

Hoy había sido un grandioso día al lado de Erick, pero en algún momento la tormenta llega y cubre la luz del sol. Tenía ganas de un poco de pie de manzana de la abuela, así que había bajado a la cocina a eso de las 12 de la noche. Me asuste cuando vi que las luces de la cocina estaban encendidas, estaba por regresar a mi habitación cuando escuché un sollozo. Me acerque hasta la entrada de la cocina y ahí, sentada frente a la mesa, estaba mi abuelita llorando.

— ¿Abuelita? —me acerque a ella y acaricie su espalda, ella simplemente comenzó a llorar más fuerte—Abuelita, ¿qué pasa?

—Ay, Avery, si tan solo supieras.

—Cuéntame abuelita.

—No—se limpió sus lágrimas con el dorso de su mano—. No quiero preocupar a tu joven y feliz cabecita.

—Abuela, no tengo 10 años, dime que sucede.

Mi abuelita alzó su mirada y se me rompió el corazón al ver sus ojos empañados de lágrimas. Desde la muerte de mi abuelo no la había visto llorar así. Me percate que en una de sus manos sostenía una hoja.

— ¿Qué es eso?

—Son unos estudios que me hice—murmuró.

— ¿Qué es lo que dicen? —pregunte con cierto miedo.

—Yo...—bajó la mirada, como si juntara fuerzas para decirme que le sucedía, cuando alzó la mirada, me estremecí—tengo cáncer.

Esas dos únicas palabras hicieron que mi mundo se callera en pedazos, no pude contenerme y comencé a llorar con fuerza. Mi abuela, la única persona de mi familia que sentía que amaba de verdad me iba a dejar. Estreché a mi abuelita en mis brazos con fuerza y ella hizo lo mismo. No quería perderla, me iba a doler tanto como perder a mi abuelo, aun que perder a mi abuelita significaban muchas cosas más: no volveríamos a venir al lago nunca más, perdería la oportunidad que tenía de escapar de la vida que odiaba, perdería la oportunidad de ser una chica normal aunque sea un momento.

—Pero, hay tratamientos, ¿verdad? —le pregunte entre lágrimas y ella negó con la cabeza.

—Mi doctor dijo que estoy en etapa terminal. La única razón por la que no estoy justo ahora en el hospital, es porque le pedí al doctor que quería morir aquí, en el mismo lugar que tu abuelo. Mañana traerán el equipo médico. Se fuerte, mi niña.

Mi abuelita acarició mi mejilla para limpiar mis lágrimas y yo asentí con la cabeza. Después la ayude a subir a su habitación para que pudiera dormir. Se me había quitado el apetito, así que me regrese a mi habitación y tomé mi celular para mandarle un mensaje a Erick.

Te necesito.

Esperé un par de minutos. Maldición, de seguro se había dormido ya.

¿Qué pasa, nena?

Algo malo.

Llego en 5 minutos.

Me acosté en mi cama, tome mi iPod y pulsé para que las canciones se reprodujeran de manera aleatoria, la primer canción que salió fue when you're gone de Avril Lavigne. No pude soportarlo más, tome una almohada y la abracé mientras sollozaba. ¿Por qué? Por primera en vida todo estaba saliendo bien, yo estaba demasiado feliz y ahora esto. ¿Por qué? Me sobresalté al escuchar que tocaron con suavidad el vidrio de mi ventana. Erick estaba ahí. ¿Qué rayos? Corrí hasta él y abrí la ventana.

— ¿Por qué subiste hasta aquí? Pudiste caer.

—No quería despertar a tus padres—murmuró con la respiración agitada—. Oye, ¿por qué lloras?

Me aparté y él entró en mi habitación, me tomó por lo hombros y me abrazó con demasiada fuerza. Sentir su abrazo, su aroma, su protección, me deshizo en pedazos y volví a llorar. Erick acariciaba mi espalda e intentaba consolarme a pesar de no saber que me pasaba.

—Le detectaron cáncer a mi abuela—logré decir al fin.

— ¿Qué? —Él tomo mi rostro entre sus manos y con sus pulgares intentó limpiar mis lágrimas—Oh, Avery—me volvió a abrazar con fuerza—. Lo siento tanto.

—Por favor, quédate, no quiero estar sola.

—Me quedaré.

Ambos nos acostamos en mi cama. Erick me tomo entre sus brazos y yo merecosté en su pecho y lloré. Lloré y él me consoló hasta quedarme dormida ensus brazos.  ۧ

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