Capítulo 1
Las vacaciones de verano son lo más increíble, pero no lo son cuando tienes que pasarlas en la vieja casa de tu abuela, en Georgia. Había un pequeño lago frente a la casa, pero no sería suficiente distracción para estas interminables vacaciones. Aun que tomar un respiro de la rutina no estaba mal, pero prefería tomar ese respiro lejos de mi familia, también.
Miraba por la ventanilla de la camioneta, Colors de Halsey se reproducía en mi iPod y con mis dedos, tamborileaba en mi rodilla al ritmo de la canción. Mi padre iba manejando mientras mi madre venía hablando con él. Mi hermana Katherine, de 16 años, iba leyendo una revista de moda; no pude evitar poner los ojos en blanco, siempre tan obsesionada por estar al día con respecto a su vestimenta. Oliver, mi hermano menor de 9 años, iba sentado en medio de nosotras y jugaba con su PlayStation; era lo único que lo podría mantener quieto por largas horas. No es nada divertido ser la hermana mayor, menos cuando tú tienes que cuidarlos todo el tiempo, sería más divertido si tuviera conejillos de indias.
Papá detuvo la camioneta al llegar a la casa del lago, estaba igual que siempre, solo que algo más vieja. Mi vista fue a parar al lago, era demasiado hermoso. Mamá nos ordenó bajar a todos del auto y que la ayudáramos con las maletas. Apague el iPod y lo guarde en el bolsillo trasero de mis jeans. Fui la primera en bajar, necesitaba sacar de la cajuela mi objeto más preciado, antes de que los demás dejaran encima sus cosas.
Abrí la cajuela y tome mi guitarra. Mi abuelo la había hecho para mí, hace 10 años atrás, cuando él aún vivía. Sentí mi corazón encogerse. Esos si eran tiempos buenos, cuando el lago era divertido. Perderlo me dolió demasiado, aun dolía. Los recuerdos comenzaron a agolparse en mi mente, así que simplemente sacudí la cabeza para apartarlos.
Me colgué la guitarra, para tener mis manos libres y tomar mis maletas. Camine hacia la casa y ahí en el lumbral de la puerta vi a mi abuela. Ella al verme me regalo una enorme sonrisa. ¿Cómo ella podía seguir viviendo aquí sola? De seguro ella tenía miles de recuerdos en este lugar con mi abuelo. Si yo extrañaba a mi abuelo, me imagino que ella lo extrañaba el doble, fue su marido, el amor de su vida. La estreche entre mis brazos con algo de fuerza, pero a la vez teniendo cuidado de no lastimarla. Aspire su perfume de lilas y sonreí. Siempre olía igual.
—Oh, Avery—murmuro mi abuelita—adoro tus abrazos, siempre tan cálidos y sinceros—se apartó un poco de mi para verme a los ojos y acaricio mi mejilla—nunca cambies, por favor.
Su voz era una súplica, de seguro era la misma que le hizo a mi madre antes de casarse con mi padre.
—También me gustan tus abrazos abuelita.
—Oh, veo que aun tienes la guitarra que te dio tu abuelo—miró mi guitarra con nostalgia—aún recuerdo cuando tú y él se sentaban debajo de aquel viejo roble y enseñaba a tocarla. —Sus ojos se pusieron y yo sentí que los míos también. Ella rápidamente se limpió una lágrima que resbaló por su mejilla—Bien, ¿Qué estamos esperando? Entren, entren. Acabo de hornear unos pastelillos de chocolate.
Mi estómago rugió ante la mención de los pastelillos. Mi abuela siempre ha sido una excelente repostera. Por desgracia, mi madre no me dejó tomar ningún pastelillo, no sin antes acomodar nuestras maletas.
Me encantaba la habitación que me había tocado, tenía una excelente vista hacia el lago. Mi mirada se paseó por el lugar y me di cuenta de algo que no había visto antes. Del otro lado del lago había una casa nueva. Era enorme, blanca, además tenía una piscina. Vi que de aquella casa salieron dos chicos y un niño. El más grande ellos tomo una cuerda y se balanceo para terminar cayendo en el lago. Vecinos, esta era la primera vez que mi abuela tenía vecinos tan... cercanos. Mi puerta se abrió de golpe, cosa que me hizo sobre saltarme.
—Mamá dice que bajes para comer.
Voltee a ver a mi hermana y me cruce de brazos, ella se limaba las uñas de manera despreocupada.
—Katherine, ¿cuántas veces te he dicho que toques antes de entrar?
Ella puso los ojos en blanco y salió de la habitación.
—Dice que si no bajas, te quitara tu guitarra.
Suspiré dándome por vencida. Vi que todas mis cosas estuvieran en orden y salí de mi habitación. Al llegar a la cocina vi que ya todos estaban ahí. Mi abuela estaba con una enorme sonrisa, le encantaba ver a su familia reunida. Me senté a un lado de mi abuela, mientras ella contaba una vergonzosa anécdota sobre mi hermana y yo.
—También recuerdo esos días en los que Katy y Avery fingían ser estrellas de rock y se subían a la mesa para bailar y cantar.
—Pues Avery no ha madurado mucho porque aun sueña con ser estrella de rock.
Se burló Kat y fruncí el ceño.
—Te voy a enterrar este tenedor mientras duermes.
Amenacé a mi hermana. Odiaba que se metiera en mis cosas, yo no quería ser una estrella de rock, solo quería tocar mi música, escribir mis propias canciones y ya está.
—Niñas, no peleen.
Nos regañó mamá y Kat me sacó la lengua. Puse los ojos en blanco. ¿Quién es la inmadura?
—Abuela, ¿quiénes son los nuevos vecinos?
Pregunte solo para cambiar el tema. Mi abuela sonrió y yo tome mi vaso para darle un sorbo a la limonada.
—Son los Reed. Se mudaron hace poco y vinieron a saludarme. Tienen tres hijos, curiosamente de las mismas edades de ustedes. —Mi abuela sonreía en gran manera y yo alcé una ceja. —Los dos mayores serían perfectos para ti y tu hermana.
Me tuve que contener de no escupir la limonada mientras mi hermana chillaba de emoción.
—Avery, no olvides los modales de la mesa.
Me reprendió mi madre, me trague la limonada y termine de comer lo que tenía en mi plato. Estaba lista para los pastelillos de chocolate de mi abuela.
— ¿Qué estamos esperando? Vayamos a visitar a los nuevos vecinos.
—No sin antes arreglar tu habitación.
Le recordó mi padre y Katherine sonrió de manera victoriosa.
—Ya lo hice.
Simplemente no tenía ganas de visitar a esos chicos. De seguro serían como todos los chicos ricos a los cuales conocía. Egoístas, egocéntricos, solo importándoles el dinero, ser hermosos y famosos. Ver a Oliver jugar con el brócoli en su plato era más divertido. Tome uno de los pastelillos y los mordí. Era demasiado suave y muy delicioso.
—Entonces recoge tu plato y que Avery te acompañe, también lleven a Oliver y por favor, no hagan nada imprudente.
— ¿Qué? —casi se me atoraba el celestial postre en la garganta—No, por favor.
—Tienen que ir—dijo mi padre—sabes lo imprudentes que pueden ser Katherine y Oliver.
Suspiré con fastidio, lo único que quería hacer era estar en mi habitación, tocando mi guitarra y comiendo el postre de la abuela. Me levante de la mesa y recogí mi plato. Mis pies se arrastraban por el suelo, mientras los de Kat parecían volar de la emoción. Tenía demasiados pretendientes en casa, ¿por qué quería uno más? Estaba por salir pero Katherine se fue a cambiar por quinta vez en el día. Miré hacía el techo, rogando al cielo que ella bajará convertida en conejillo de indias. Lo único que yo hice fue recogerme el cabello en una coleta, estaba haciendo demasiado calor y la caminata nos haría sudar.
— ¡Katherine si no bajas ahora, no vamos a ir!
Grite exasperada, mientras Oliver brincaba a mí alrededor sintiéndose desesperado por salir.
—Ush, ya voy.
Estaba por volver a gritarle a mi hermana cuando la vi bajar por las escaleras. Iba con una blusa blanca y una falda rosa, además de sus botas rosa con enormes tacones. Puse los ojos en blanco, no pienso cargarla de regreso a casa, por más que chille. Nos despedimos de mamá, papá y abuela, para después salir.
La verdad es que no me emocionaba la idea de estos vecinos nuevos. Lafamilia Reed.
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