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ENVIDIA

Al amanecer, las chicas hicieron un esfuerzo sobrehumano para levantarse de las camas a causa del frío, y más, cuando tuvieron que ir al baño para asearse:

_ Es tan fácil para los varones._ se quejó Betsy._ Ellos se levantan y ya... Están con los cojones como si nada. Pero nosotras, si no le echamos agua a la chocha, nos sale la peste a morralla.

Grettel dejó escapar un potente chillido cuando hizo contacto con el agua helada del balde:

_ Siento que se me han congelado los ovarios._ lloriqueó.

Cuando fueron a desayunar se tropezaron con algunos de los varones, entre ellos Joel. Yolanda se ruborizó, recordando el apasionado sueño que tuviera con él en la noche, y decidió no contárselo ni a él ni a sus amigas. Compartirle a Joel algo tan íntimo le resultaba en extremo bochornoso, y a sus amigas... solo si quería que la atosigaran durante todo un mes. Lo mejor era reservárselo para ella, y en un futuro, de ser posible bien lejano, se lo contaría a su novio y ambos se reirían de ello.

Luego del desayuno se congregaron como ya era costumbre en el ranchón. Esa mañana, no solo Salim y Fabián se les unieron, sino también Brianna. La chica pelirroja no se molestó en disimular el interés que le provocaba Oscar, aunque el muchacho estaba enfocado en observar a Denise, molesta a causa de la riña que sus hermanos varones habían tenido en la noche, motivo por el cual no querían hablarse aún:

_ Me tienen hasta la coronilla._ protestó la chica mientras los miraba a los tres._ Son unos inmaduros.

_ Eso díselo a Diogo._ masculló Dennis mientras escribía sin inmutarse.

_ ¡Se los digo a los tres!_ chilló Denise._ Yo no puedo estar de árbitro en sus problemas.

_ Y nadie te ha pedido que lo seas._ observó Dalton._ Pero realmente ya Diogo me tiene cansado con sus imbecilidades.

El aludido se encogió de brazos:

_ ¿Ahora la culpa es mía? ¿El malo de la película soy yo?

_ ¡Qué frío hace!_ vociferó Víctor intentando apaciguar los ánimos y desviar el rumbo de la discusión.

_ ¿Y van a presentar los mismos bailes del festival en Camagüey?_ se atrevió a preguntar Brianna mientras se humedecía los labios en medio de su arrobamiento con Oscar.

_ Por supuesto,_ sonrió Yolanda, feliz de que la discusión de los cuatrillizos hubiese perdido el protagonismo._ por eso tenemos permiso para ensayar todas las mañanas.

_ A mí me encantó la parte tuya._ la felicitó Brianna._ Fue uno de los mejores números del festival, y también la rueda de casino de ustedes. Por lo menos, le quitaron la corona a Rosemary. No saben cómo me alegró eso. Tan odiosa y siempre creyéndose la que mejor baila y lo hace todo.

Continuaron platicando hasta que la guagua llegó. Fueron a recibir al profesor Diego y este les comunicó que esa noche estaría de guardia y presidiría el ensayo nocturno. Aarón, Wendy, Luis Mario y Joel lo abordaron solicitándole audiencia. Como tenía la mañana libre de clases hasta la tarde, Diego aceptó y se reunió primero con Wendy y Luis Mario.

Joel se despidió de Yolanda y se dirigió a su salón de clases. La chica sintió la sangre hervir cuando vio a Valeria darle alcance al muchacho y ambos entraron juntos y sonrientes al aula. Yolanda intentó contener el enojo, principalmente cuando Nora se le acercó con curiosidad para saber qué tipo de relación existía entre Joel y Valeria:

_ Son amigos. Ella es su mejor amiga._ explicó Yolanda y trató que la voz le sonara agradable e indiferente.

Fue entonces que su mirada chocó con la de Lilí, acompañada de Gina y Yomira. En cuanto Lilí reparó en ella, enmudeció y bajó la vista. Yolanda se vio asaltada por un imperioso deseo de golpearla, pero esta vez no tenía cómo justificar su reacción. Dejó pasar de largo a las tres chicas. Lilí no se volteó ni una sola vez. Gina y Yomira sí, en más de una ocasión, cuchicheándole al oído a su líder, sorprendidas quizás ante el hecho de que hubiesen dejado pasar la oportunidad de provocar a sus eternas rivales. Nora no pudo evitar reírse y señalar:

_ Parece que Lilí finalmente aprendió la lección.

******************

Lilí ordenó crudamente a sus acólitas que se marcharan y la dejaran sola en el escueto local dónde se activaba la campana docente. Luego del incidente el día anterior con Yolanda, no había vuelto a verla, hasta esa mañana. Durante la víspera, y hasta ese entonces, nadie había sabido acerca del enfrentamiento y la derrota recibida. Hablar de ello significaba afirmar que Yolanda había conseguido intimidarla, y su arrogancia le impedía confirmar tales hechos, aunque en el fondo estuviera convencida de que era más que cierto. La manera en que Yolanda la había agredido, la forma en que le había hablado, tan amenazante, sin miedo, sin importarle las consecuencias, como quien no tiene nada que perder... Se había confiado, la había subestimado.

Muy atrás, en el lugar más oculto y sombrío de su memoria, había sepultado los recuerdos de una época en que ella, Yolanda, Nora y Grettel eran las mejores amigas. Habían asistido al mismo círculo infantil y a la misma escuela hasta el cuarto grado. Se turnaban para jugar y hacer pijamadas en sus casas y habían tomado juntas las primeras clases de ballet en la casa de cultura. Fue allí donde Lilí empezó, sin darse cuenta, a generar sentimientos de envidia por Yolanda, no solo a causa del innegable talento que a ella le faltaba y a la otra le sobraba, no solo porque era la favorita y consentida de la profesora, quien le otorgaba todos los roles protagónicos y las mejores partes en las coreografías.

Lilí detestaba que, aún sin proponérselo, Yolanda fuera la líder del cuarteto. Grettel y Nora siempre se subordinaban ante cualquier idea de Yolanda, por absurda y disparatada que sonase, y las de ella, nunca eran tenidas en cuenta.

Lilí odiaba que siempre prefiriesen jugar en la casa de Yolanda, porque Elvira, su mamá, era más cariñosa, y José Armando, su papá, les había preparado en el patio, a la sombra de la mata de mangos, un columpio y una hamaca, a pesar de ser ella la que contaba con, por así decirlo, un modo de vida económicamente superior, con una habitación decorada con el lujo de una princesa, repleta de muñecas y peluches. Pero no, las otras siempre optaban por Yolanda, la idiota mosca muerta.

El culmen fue cuando llegaron las convocatorias para la escuela vocacional de arte. Lilí jamás pensó en el ballet como algo a lo que consagrar su vida. De hecho, había empezado a practicarlo más por el embullo de sus amigas y sobre todo, por el interés de emular con Yolanda e intentar superarla en algo. A veces, las clases le resultaban un auténtico suplicio, principalmente cuando observaba con dolorosa impotencia que su rival prevalecía con creces.

El día de los exámenes de aptitud, a pesar de haber hecho su mejor esfuerzo, no fue suficiente, y mientras observaba a Grettel y a Nora celebrar el triunfo de Yolanda, quien sí fue elegida, ella hizo brotar finalmente toda la envidia y el desprecio que la carcomía por dentro desde hacía mucho, y fue ese día en que la amistad que por años las había unido, por su parte, se disolvió.

Era tanta su amargura y el veneno acumulado, que no se conformó solo con ignorarlas y retirarles el trato. No. Lilí quería lastimarlas, que compartieran toda la miseria interna que ella había digerido durante tanto tiempo. Por ello, no perdía la oportunidad de lanzarles pullas, de ser hiriente y sarcástica, de demostrarles cuán inferior las consideraba, comparadas con su persona.

Lilí no había tenido más amigas luego de la separación. Se volvió tan agria de carácter que solo provocaba el rechazo de otras niñas. Su arrogancia y presunción terminaban apartando a las pocas que intentaban acercarse, o que ella misma trataba de captar, hasta que, finalizando el noveno grado, conoció a Gina y a Yomira, quienes, sin tener criterios o personalidades propias, no tardaron en convertirse en sus fieles y leales sumisas.

Cuando supo que Yolanda no había vencido el pase de nivel y tendría que abandonar los estudios de ballet, no pudo evitar la tóxica felicidad que la invadió, y pronto se dio a la tarea de hacer circular la mentira acerca de que a Yolanda la habían expulsado por no saber bailar. Pero, una vez más Yolanda la derrotó en el festival de la FEEM, y solo hacía veinticuatro horas le había dejado bien claro y en términos muy firmes, que ya no aceptaría provocaciones. Ahora sí la odiaba, con rabia enfermiza. Ahora sí hubiera vendido con gusto su alma, cualquier parte de su cuerpo, con tal de ver a Yolanda destruida, arrastrada por el suelo, convertida en una leprosa social... o con lepra real.

Ansiaba, casi con frenesí, poder encontrar una manera de lastimarla, de hacerla sufrir. Desde el ranchón le llegó una carcajada estridente y reconocible. Colgada de la espalda de Víctor, la figura menuda y grácil de Grettel se divertía chillando como una posesa. Lilí sonrió cuando le llegó, de momento, como un soplo, una idea que catalogó como sencillamente brillante. Una idea espléndida y que estaba casi segura que resultaría si la ponía en práctica.

Una de las grandes virtudes de Yolanda era su amor inconmensurable por sus amigos, no lo ponía en duda a pesar de detestarla tanto. Si cualquiera de sus allegados sufriera algún tipo de percance emocional lo suficientemente doloroso como para desestabilizarlo, podía afirmar que también Yolanda se sentiría lastimada, y por primera vez en veinticuatro horas, Lilí volvió a sonreír con una rara y peligrosa satisfacción:

_ ¿Por qué te ríes como una guanaja?

Se sobresaltó ante la inesperada aparición de su prima Rosemary, pero no disimuló su estado de ánimo:

_ Nada... es que... me siento bien._ lanzó una ávida mirada hacia el popular piquete reunido en el ranchón, enfocándose principalmente en Grettel y su novio Víctor._ De repente me siento espectacularmente bien.

Rosemary la contempló por unos segundos, sin poder alcanzar a descifrar en su prima aquella rarísima actitud, hasta que llegó a la rápida conclusión de que sus asuntos no le importaban en lo más mínimo. Sacudió con un gesto su larga y rubia cabellera suelta y dijo:

_ Como sea... Cada loco con su tema y tú con el tuyo... ¿Has visto a Gema?

Lilí arrugó el entrecejo:

_ No, ni siquiera sabía que ya había venido. Como me dijiste que llevaba tres días enferma del estómago...

_ Bueno, voy a seguir buscándola.

_ ¿No tienes clases ahora?

_ Si, pero la profesora de Marxismo no vino hoy. Y de lo que me alegro. No tengo ganas de soportarle el teque. A veces se emociona demasiado con las clases y da la impresión de que está en medio de una orgía teniendo un orgasmo con Marx, Engels y Lenin.

Lilí soltó una carcajada ante el chiste de la joven, aunque su risa tenía mucho más que ver con los planes que su mente ya estaba fraguando con ávida meticulosidad.

******************

Desde el suelo, acurrucado y abrazándose las rodillas, Oscar observaba a sus amigos reír y retozar. Nunca, en todos sus años de estudiante, había sido un alumno popular, por el contrario, pertenecía al grupo de los invisibles, los típicos escolares marginados, el cumplidor, el estudioso, el nerd obsesionado con la tecnología. Sus problemas de visión y el tener que usar gafas, añadido a su delicada complexión, lo había convertido en blanco fácil para las bromas de sus compañeros. Hasta iniciar el preuniversitario, Oscar nunca había tenido amigos, lo cual cambió de modo radical en octubre del pasado año, cuando, por cuestiones que aún no alcanzaba a comprender, una chica de su aula, transferida de la escuela de ballet, lo eligió para formar parte de una coreografía, sin importarle siquiera el hecho de que hubiese manifestado no saber bailar.

A partir de ese entonces el universo de Oscar había comenzado a expandirse. Su vida, antes confinada solo a los estudios, las computadoras y los video-juegos, ahora se desenvolvía en un círculo de amigos que destacaba casi como un grupo de élite en el ámbito escolar. Había aprendido a bailar, no mucho a su entender, pero teniendo en cuenta que con anterioridad creyó tener dos pies izquierdos, ya se sentía el mejor bailarín del mundo. Había protagonizado una pelea meses atrás, lo cual, aunque no acarreaba méritos o elogios, resultaba relevante, ya que había dado pie a que conociese a quien tenía como su mejor amigo: Luis Mario.

Oscar sentía que ya no era el mismo. Continuaba siendo un alumno intachable, un excelente estudiante con calificaciones envidiables, pero ya no era el niñito débil y abstraído de antes, y todo era gracias a Yolanda y al piquete. ¿Quedarse sin pase un fin de semana y fugarse al río? ¿Escaparse una noche al preuniversitario vecino y regresar tarde en la madrugada? Eran acciones que nunca pensó llevar a cabo, que le escuchaba narrar a otros alumnos, asegurándose que él jamás haría tales cosas. Pero las había hecho, y las había disfrutado.

Al terminar la secundaria había tenido ante sí la opción de estudiar en la vocacional, pero aterrado con la idea de distanciarse tanto de su hogar optó por otra beca que, aunque también distante, era mucho más cercana. Recordaba los días previos al ingreso a la escuela. Nunca quiso becarse, pero si quería estudiar y encausarse en una buena carrera universitaria, debía sacrificar sus miedos. Miedos, sí. Había escuchado tantas historias de horror que envolvían las becas que casi enfermó de los nervios. Estudiar en un IPUEC significaba tres años más de bulling, y esta vez lejos de su casa, soportando además, hambre, incomodidades, privaciones que no le hacían ninguna gracia. La primera noche en la escuela, a la hora del descanso, mientras el resto de los varones del albergue reían, se arrojaban botas como misiles en medio de una batalla y se negaban a dormir, él lloró en silencio, mordiendo la almohada, acompañado de la soledad bajo su mosquitera. Y cuando esa misma noche estalló una pelea, él, aterrado, se ocultó temblando bajo la cama, arrebujado en la manta y deseando marcharse de allí cuanto antes.

Pero esa etapa había quedado atrás. Desde la presentación en el festival, al igual que sus compañeros, recibió un aluvión de felicitaciones por la actuación, él, que siempre pasaba desapercibido, ahora se codeaba con estudiantes de onceno y duodécimo grado, advirtiendo claramente la admiración que provocaba el piquete, que ya no consideraba tanto como tal. Aquel grupo era su familia. Por primera vez en casi dieciséis años, se sentía importante, y no interesaba si tenía un cuerpazo como el de Joel, Luis Mario o cualquiera de los chicos. En el piquete era querido solo por ser él, no tenía que fingir, no tenía que ocultarse, no tenía que consolarse con la única compañía de un PSP o cualquier otro dispositivo electrónico de juegos que ya apenas empleaba.

Y además de todo eso, desde hacía solo unos días, Oscar había descubierto que quizás estaba enamorado. No sabía qué era el amor con exactitud, el de pareja, para ser más preciso, puesto que nunca se había planteado la posibilidad de que alguna chica se fijara en él, tan insignificante, tan escuálido... Pero quizás había sucedido, no estaba seguro.

La noche siguiente al festival, cuando se encontraron con Rosemary en el parque y ella lo insultó saliendo Denise en su defensa, la pasión con la que la única hembra entre los cuatrillizos lo apoyó, despertó sentimientos en él que no había experimentado antes. A partir de ese momento, Denise se convirtió en una fijación, un deseo por alcanzar. El solo verla le provocaba fatiga, transpiración, y no se atrevía a abordarla por miedo al rechazo. Ella era tan linda, tan sensual, tan segura de sí. Y él, a pesar de algunos cambios, seguía siendo... simplemente él.

Había ensayado el momento en que se atrevería a enfrentarla, pararse ante ella y confesarle sus sentimientos, y luego la tomaría entre sus brazos y la besaría hasta dejarla sin respiración, hasta que ella misma confesara que ese beso había estremecido todo su ser. Pero resultaba mucho más fácil imaginarlo que llevarlo a la práctica, y mientras, solo podía contentarse con observarla reír, retozar y actuar de aquella manera tan femenina, tan extrovertida. Cambió de color cuando sus miradas chocaron momentáneamente, y ella, ajena a sus sentimientos, le envió un sonoro beso y prosiguió charlando con las otras chicas. Flavia, al tanto de la escena, y principalmente de Oscar, se sentó a su lado en el suelo:

_ Si no disimulas un poquito creo que todos terminarán por darse cuenta. Y ella también.

Los ojos de Oscar parecieron enormes tras las gafas:

_ ¿Qué? ¿De qué hablas?

Flavia esbozó una sonrisa divertida y miró hacia Denise:

_ Puedes estar tranquilo. Te secreto está a salvo conmigo, a diferencia de si otro se hubiera dado cuenta... Piensa en la reacción de Grettel si se entera que te gusta Denise.

_ ¿Y tú cómo lo notaste?_ se atrevió a preguntar Oscar luego de tragar en seco y convencerse que de nada serviría negarlo.

_ Eres mi pareja de baile, Oscar. Y pésimo a la hora de disimular ¿En serio creíste que nadie se daría cuenta de la manera en que te quedas lelo mirando a Denise últimamente?

_ No pensé que alguien fuera a notarlo._ admitió el muchacho sonrojándose.

_ Oscar, tienes que dejar a un lado ese espíritu de inferioridad. Subestimarte no ayudará que consigas lo que quieres en la vida... o a quien quieras en la vida.

_ ¿Y tú crees que Denise pueda fijarse en mí? ¿Que yo tal vez... le guste?

Flavia suspiró. En serio deseaba darle esperanzas. Oscar no solo era su pareja de baile, sino también un amigo muy especial que, en algún momento había llegado a atraerle. Flavia sentía una rara inclinación a interesarse en hombres muy inteligentes y de constitución física débil. No le importaba cuán feos o atractivos podían ser. Por experiencia sabía, que tras los rostros más hermosos solían ocultarse auténticos monstruos. No iba a mentirle a Oscar, no alimentaría falsas expectativas. Lo miró y le palmeó afectuosamente un hombro:

_ No te hagas ilusiones, Oscar. Aparentemente, Denise está libre. Pero desde hace meses está interesada en alguien. Es un muchacho de onceno. Se llama Igor. Te lo mostraré de lejos en otro momento. Te aconsejo que saques a Denise de tu cabeza. Lo que sea que te hayas imaginado, no va a ocurrir.

_ Claro,_ repuso él con voz sombría y cargada de dolor._ ¿Quién se fijaría en una piltrafa humana como yo?

Flavia no pudo contenerse y lo golpeó en la cabeza. Por suerte, los otros estaban demasiado entretenidos en los nuevos disparates de Erik como para reparar en ellos. Si había algo que Flavia no soportaba, era la autocompasión:

_ ¡No seas imbécil! ¡Y no quiero volver a escucharte hablar así! Eres un muchacho inteligente y con una belleza que hay que saber encontrar. Alguien lo descubrirá, alguien que será para ti y sabrá valorarte por quien eres en realidad, y no por cómo te ves. Quizás, ya esa persona existe y está más cerca de lo que crees. Solo tienes que observar bien y te darás cuenta.

Estuvo a punto de revelarle el profundo interés que Brianna, la estudiante pelirroja de onceno grado parecía mostrar en él, pero eso no ayudaría. Oscar tenía que aprender a luchar por sí mismo, a descubrir el mundo por sí solo, a crecer, tropezar, caer y levantarse, y en las lides del amor, había de todo eso y más. Bien lo sabía ella. En algún momento de su vida, creyó que nunca volvería a atraerle alguien del sexo opuesto. Miró a Dennis, que escribía tranquilamente en un cuaderno y no pudo evitar sonreírse. Por suerte para ella, Oscar estaba tan obnubilado contemplando a Denise, que ni siquiera lo notó.

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