
CHISMES
Algo no iba bien esa mañana. Dalton tenía la sensación de que estaba siendo observado todo el tiempo. Comenzó casi al despertar, cuando Fabián se levantó como cada día, minutos antes de que uno de los profesores de guardia entrara a dar el de pie, para ir a dar su carrera por la plaza escolar. Varios estudiantes que dormían en las literas de la fila del frente habían empezado a reírse a carcajadas bajo los mosquiteros y a hacer voces raras, amaneradas.
Lo tomó como algo sin importancia. Fabián siempre le reprochaba el estar pendiente a cada gesto, a cada palabra, a cada insinuación, como en espera de un posible ataque. Pero al ir a cepillarse los dientes al baño, notó las escurridizas miradas de burla y alcanzó a escuchar algún que otro comentario fuera de lugar, con alusiones homoeróticas de lo más vulgares que le hicieron palidecer y le removieron las entrañas. Estas se incrementaron cuando Fabián entró a ducharse. Alguien que no pudo identificar alcanzó a decir que era necesario salir del baño antes de que las plumas empezaran a mojarse. Pero Fabián entró tranquilamente a la ducha y sin mirar a nadie abrió el grifo y se entregó a las caricias del agua fría, tan helada como su actitud.
Cuando ambos se dirigían al comedor para el desayuno, Dalton advirtió que varias muchachas los miraban directamente y comentaban y reían entre ellas. Incluso, pudo escuchar a una de ellas diciéndoles a sus amigas mientras señalaba con discreción mal habida:
_ ¡Miren, miren! ¡Ahí va la parejita del albergue seis!
Dalton se sintió como atrapado en un mal sueño, pero tan real, que le erizaba la piel y le sobrecogía el corazón. Era como si su mayor miedo se materializara con la forma de voces humanas y cientos de miradas y dedos acusadores, que le acechaban por todas partes, conspirando contra su persona. Miró a Fabián, caminando a su lado mientras leía el nuevo libro que había pedido prestado en la biblioteca escolar ¿Cómo podía no darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor? ¿O sí lo sabía y optaba por no prestar atención ni inmutarse al respecto?
Dalton ya no tenía deseos de desayunar. Había perdido por completo el apetito. Incluso, tuvo la sensación de que la auxiliar de cocina que servía la leche y entregaba los trocitos de pan lo había mirado y juzgado sin necesidad de palabras. Al salir del comedor, su hermana y Diogo corrieron a su encuentro:
_ ¿Podemos hablar un momento, por favor?_ pidió Denise evitando hacer contacto visual con Fabián.
_ ¿Es necesario? ¿Tan temprano?_ gruñó Dalton.
_ No seas así, dale, ve con tus hermanos. Yo te espero en el dormitorio._ le requirió Fabián suavemente mientras colocaba el libro cerrado bajo una axila y tomaba el vaso de leche de Dalton y el trozo de pan.
Los tres jóvenes se apartaron, ubicándose en la zona trasera del comedor, cerca de la entrada a la cocina:
_ ¿Qué pasa ahora? ¿Y Dennis? ¿Por qué no está aquí con ustedes?
_ Prefirió no venir._ contestó Diogo con el semblante endurecido._ Dijo que no tenía nada importante que decirte.
_ Vaya, eso es algo difícil de creer, ya que su alteza perfectísima y sapientísima siempre tiene algo que decir cuando a los demás se refiere.
_ Dalton..._ cortó Denise mientras se acariciaba la frente con la yema de los dedos._ Diogo y yo quisimos venir a verte porque... porque... porque estamos muy preocupados por ti.
_ ¿Y a qué se debe tanta preocupación? Que yo sepa no estoy enfermo.
Denise y Diogo intercambiaron miradas cómplices y preocupadas, y Dalton se vio asaltado por una rara sensación de incomodidad. Casi sabía la razón por la que estaban allí, por la que estaban sosteniendo aquella plática que le estaba provocando escalofríos:
_ ¿No has escuchado los comentarios?_ preguntó Denise con un hilo de voz.
_ ¿Qué comentarios?_ Dalton hizo un intento porque no le temblaran las palabras, y por permanecer frío y cortante.
_ Comentarios, Dalton... Chismes sobre ti y sobre... sobre Fabián._ intervino Diogo con exasperación._ Regresamos ayer de la casa y todo estaba bien aquí, y nada más que salió el sol...
Denise lo tomó por un brazo, indicándole que se controlara. Diogo había comenzado a sulfurarse de una manera gradual, hasta casi estar vociferando. Dalton apretó las sienes. Lo sabía. No por gusto las miradas, los murmullos, las risitas. Su más grande temor se había hecho realidad. La gente ya sabía, o por lo menos, lo sospechaba. Y una sospecha era mucho peor que la certeza. Ahora, la pregunta era: ¿Cómo había sucedido? Sacudió la cabeza e hizo gala de su habitual sangre fría:
_ Si son chismes no veo porqué tiene que preocuparme.
Diogo no se pudo contener:
_ ¿No te das cuenta, Dalton? ¿No ves el problema que se ha creado?..._ señaló hacia el dormitorio seis._ Hace unos minutos casi le parto la cara a un comemierda que estaba diciendo que tú y Fabián son marido y mujer. Y Denise escuchó a unas muchachitas riéndose y afirmando que ustedes dos son... son...
_ ¿Terminarás de decir la palabrita?_ se atrevió a preguntar Dalton._ Es más, de todo esto solo me interesa saber una cosa... ¿Ustedes creen esos chismes?
Diogo negó firmemente con la cabeza. Denise, no con tanta seguridad:
_ Entonces no hay de qué preocuparse. En cuanto a los comentarios de la gente, no les hagan caso. Ya se cansarán.
_ ¿No te molesta que digan cosas así?_ se sorprendió Denise.
Diogo se acercó a Dalton y lo tomó por los hombros:
_ Estuvimos hablando, Dalton...
_ ¿De mí? ¿A mis espaldas?
_ No lo veas así. Lo hicimos porque nos preocupa lo que está pasando. Y los tres coincidimos en que lo mejor sería que tú y Fabián se distanciaran...
_ No digas eso porque no es verdad._ interrumpió Denise mirando a Diogo con reproche._ Dennis no estuvo de acuerdo con esa idea...
_ ¿En serio?_ Dalton no pudo evitar que la pregunta se le escapara.
_ ¡Eso no importa!_ berreó Diogo._ Ahora lo más prudente sería que tú y Fabián se distanciaran un poco. Por lo menos, hasta que se acaben los chismorreos.
Dalton tardó unos segundos en decir, mientras fruncía el ceño:
_ Según ustedes si Fabián y yo dejamos de ser amigos...
_ Nadie ha dicho que dejen de ser amigos._ rectificó Denise._ Es solo que se tomen un descanso de andar juntos, que cada uno vaya por su lado.
_ ¿Y después qué? ¿Están seguros que eso acabaría con los rumores? Porque yo no lo creo así.
Se alejó un poco, pero Denise avanzó hacia él, con voz y semblante de súplica:
_ Dalton, no te imaginas lo feo que es saber que la gente habla mal de ti en la escuela. Eso me parte el corazón, porque no entiendo cómo empezó esto. Ayer por la noche todo estaba bien, y hoy..._ las palabras se le estrangularon e hizo un esfuerzo por no romper a llorar._ Fabián y tú están en boca de todos...
_ Si al menos cada uno tuviera novia._ señaló Diogo con insistencia._ pero es que solo andan uno con el otro todo el jodido tiempo. Y la cantidad de muchachitas que andan detrás de ustedes, pero no le dicen que sí a ninguna. Él dice que tiene novia en Camagüey, pero la verdad yo lo dudo, sobre todo después de lo que escuché decir de él...
Denise lo golpeó en la espalda mientras le lanzaba una mirada asesina, pero Dalton, con todos los sentidos agudizados, reaccionó con rapidez:
_ ¿Qué fue lo que escuchaste?
_ Algo acerca de porqué se fue de los Camilitos. No es porque fuera diabético, como nos dijo. Fue por otro motivo. Dicen que a Fabián lo botaron por ser...
Diogo no concluyó la frase. Sus manos se aferraron nuevamente a los hombros de su hermano, casi con desesperación:
_ ¡Por favor, Dalton! No tengo nada en contra de Fabián, y si es lo que dicen no me importa... Pero tú eres mi hermano y no quiero que estés en boca de todos... ¡Por favor, aléjate de Fabián! ¡En este momento no te conviene seguir siendo su amigo! ¡Piénsalo!
Mientras regresaba al dormitorio, Dalton tenía la sensación de que ya no era él. Había dejado de existir para quedar reducido a una sombra oscura y desanimada que avanzaba arrastrando los pies. Ni siquiera se percató del grupo de estudiantes sentados en las primeras literas cuchicheando y que enmudecieron en cuanto lo vieron aparecer. Pasó junto a los chicos del piquete y estos le siguieron la vista, pero sin atreverse a decirle nada.
Fabián estaba sentado al borde de la cama, leyendo tranquilamente, y al sentirlo llegar levantó los ojos y sonrió, pero bastó ver la expresión de desánimo para que la sonrisa se esfumara:
_ ¿Pasa algo malo?
Dalton solo tuvo tiempo de hacerle un gesto de espera, ya que justo en ese momento anunciaron la inspección diaria del dormitorio. Una vez concluida la revisión, por parte de dos alumnas de onceno grado que, además de señalar telarañas en las ventanas se detuvieron para observar a los dos jóvenes con descaro y reírse de ellos prácticamente en sus caras, los muchachos comenzaron a salir del dormitorio:
_ ¿Dalton, qué sucedió?
_ ¿No viste a esas dos estúpidas como se quedaron mirándonos y se rieron?
Fabián hizo una mueca de indiferencia a la vez que alzaba los hombros. Aquel gesto exasperó todavía más a Dalton. Siempre creyó que nadie le superaba en cuanto a mantener la calma. Pero Fabián le ganaba con creces, y en ocasiones, tanta parsimonia por parte del joven llegaba a estresarle. Inmediatamente lo puso al tanto de la conversación sostenida con sus hermanos y sobre los chismes que, al parecer, circulaban por toda la escuela. También le contó cómo de alguna forma se habían filtrado las causas de porqué había abandonado los Camilitos.
Fabián no mostró ninguna reacción, aunque aquel anuncio le estremeció interiormente. Solo había tres personas que sabían la verdad. Dos de ellas estaban descartadas. Joel y Yolanda habían prometido solemnemente guardar el secreto y confiaba en ellos. En cambio, la tercera tenía razones, además de una versión distorsionada, incompleta y maliciosa de la verdad, y estaba casi seguro de que ella se había encargado de divulgarlo: Itzel. No podía creer que la muchacha hubiera abierto la boca y vomitado todo de manera tan malintencionada. Él no le había contado a Dalton sobre la plática sostenida la noche anterior con Itzel para que no entrara en pánico, pero por lo visto, de nada habían servido sus precauciones. El infierno se había desatado:
_ ¿No piensas decir nada?
Fabián no se inmutó ante la pregunta que sonó más como un ataque:
_ ¿Sobre qué? ¿Sobre algo que sabíamos acabaría sucediendo?
_ Tu sangre fría a veces me irrita sobremanera.
_ ¿Y qué propones tú? ¿Qué me estrese? ¿Qué pierda la cabeza, los nervios, la tranquilidad? Lo siento Dalton, pero no voy a permitir que nadie me enloquezca. La llave de mi paz interior no se la entrego a nadie.
Dalton sintió deseos de golpearlo, pero se contuvo y giró la cabeza hacia un lado:
_ Mis hermanos me propusieron algo para contrarrestar lo que está sucediendo.
Aguardó a que Fabián le preguntara o que mostrara algún signo de interés, pero el joven ni se movió. Dalton exhaló un suspiro y continuó:
_ Ellos creen que deberíamos distanciarnos un poco.
_ ¿Tú también piensas igual? ¿Quieres eso?
_ ¡Por supuesto que no! ¿Cómo se te ocurre?
Callaron cuando el joven que estaba de cuartelero ese día pasó junto a ellos, rumbo al área de baños, y les lanzó una mirada de desaprobación y desdén:
_ ¿Te das cuenta?_ señaló Dalton por lo bajo._ ¿Viste cómo nos miran? Tal parece que fuéramos leprosos o yo qué sé.
_ Dalton... ¿Crees que tengo tiempo para fijarme en la forma en que la gente me mira? ¡Por favor!
_ A veces me gustaría entender en qué clase de mundo vives.
_ En un mundo donde me importa muy poco lo que digan, piensen u opinen los demás acerca de mi persona. He aprendido esa lección, Dalton, y me encantaría que tú acabaras de asimilarla.
Dalton entornó los ojos. De seguir prestándole atención a Fabián, terminarían peleando, y no era momento para una pelea. Debían permanecer juntos, ahora más que nunca, aunque con la propuesta que traía, no estaba seguro de cómo sería posible:
_ He estado pensando en que quizás sería prudente y aconsejable que tú y yo...
_ ¿Qué tú y yo qué...?
Dalton trató de ignorar la hostilidad de la pregunta. Estaba seguro que lo que vendría a continuación sería mucho peor:
_ Creo que voy a intentarlo con Katia. Y tú... tal vez sería bueno que buscaras a alguna de esas muchachitas que tanto te persiguen. Por lo menos para guardar las apariencias y hasta que los chismes se aplaquen. Candidatas no te van a faltar, estoy seguro.
Intentó que aquella última frase sonara jocosa, pero al no percibir ni el asomo de una sonrisa en el rostro de Fabián, su semblante fue apagándose poco a poco. Un minuto o dos, fue ese el tiempo que estuvieron en silencio, hasta que Dalton se atrevió a preguntar con mucho tacto en la voz:
_ Fabián... ¿Oíste lo que te...?
_ Si, Dalton. Escuché perfectamente lo que me acabas de decir.
_ ¿Y...?
_ Nada. Solo me sorprende lo que puede lograr una jaba de dulces caseros.
Dalton hizo una mueca mientras negaba con la cabeza:
_ Eso no es gracioso, Fabián.
_ No es mi intención hacer un chiste. Pero si te soy sincero estoy tratando de controlarme y continúo preguntándome cómo has tenido el valor de proponerme semejante idea.
_ Entiende que es lo más práctico que podemos hacer en este momento.
Intentó acariciarle el rostro, pero Fabián le retuvo la mano en el acto:
_ ¿Práctico?_ repitió el joven con voz airada._ Con el perdón tuyo y de tus inteligentísimos hermanos, ninguna de las dos propuestas que acabas de hacerme instigado por ellos, tiene nada de práctica. Me resultan patéticas, vergonzosas y muy convenientes para ellos y humillantes para ti y para mí.
_ Por favor Fabián, no vayas a ponerte difícil y exigente ahora.
_ ¿Estás escuchándote?... ¡Dalton! ¡He soportado pacientemente tus ataques de histeria y tus constantes paranoias! ¡He comprendido tus deseos de no decir la verdad, obligándome a vivir una mentira! ¿Y soy yo el difícil y el exigente? En serio ¿Quién te crees que eres, Dalton? Me pediste que esperara por ti hasta el final del curso ¿Y me sales con esta mierda ahora?
_ No te pongas así._ le rogó Dalton sintiéndose cada vez más pequeño e insignificante. Empezaba a lamentar haberse dejado convencer por sus hermanos y sus propios temores.
_ ¿Te digo algo? No importa cuánto esperes para salir del maldito closet donde te has encerrado bajo siete candados. La gente seguirá pensando igual que ahora al final de este curso, y del otro que viene y el otro más arriba. Lo único que logras es posponer un problema que no quieres afrontar, y al que tarde o temprano tendrás que darle la cara.
_ ¿Qué tiene que ver eso con lo que estábamos hablando?
_ ¡Tiene todo que ver, Dalton!_ bramó Fabián dando un puñetazo al colchón. Resopló y apretó las sienes mientras trataba de calmarse._ Pero si esto es lo que quieres, adelante. No pienso detenerte. Si esto te va a dar tranquilidad y felicidad, hazlo. Busca a Katia y úsala. Y si Katia no te es suficiente ve detrás de todas las muchachas que puedas seducir y que caigan en tus brazos. Construye para ti una reputación falsa e hipócrita de macho conquistador, y a lo mejor consigas callar las voces que te gritan una verdad que no quieres acabar de escuchar ni aceptar. Puedes hacerlo, no te preocupes por mí. Pero ten en cuenta que lo harás solo, porque no pienso formar parte de este circo mediocre que pretendes montar.
Tomó la camisa de trabajo colgada de un tubo de la litera y fue colocándosela sobre la marcha. Giró sobre sí mismo para mirar a Dalton y agregó:
_ Y creo que va siendo hora que regreses a tu antigua cama con tus hermanos y tus amigotes del piquete. Al final, es como ellos dicen: mi amistad no te conviene.
_ Fabián..._ gimió Dalton, pero su voz fue tan lastimera y apagada, que el joven que se alejaba no lo escuchó.
Dalton quiso deshacer el nudo que se le había formado en la garganta, y al mismo tiempo quería contener las lágrimas que pujaban por fluir. Tenía la sensación de que, junto con Fabián, la mitad de su corazón desgarrado se había ido corriendo.
¿Por qué todo tenía que ser tan complicado? ¿Por qué simplemente no podía ser feliz con la persona que amaba? Tenía dieciséis años, estaba pletórico de vida y deseos de gozar su juventud como un muchacho común y corriente... ¿Por qué tenía que frenarse y sentirse culpable ante los demás por pensar diferente, por amar de manera diferente? ¡No! ¡Él amaba de la misma manera en que cualquier otra persona podía hacerlo! ¡Era su objeto de deseo lo que provocaba un descalabro como aquel!
El muchacho cuartelero volvió a pasar y Dalton alcanzó a escucharle mascullar entre dientes: maricones. Su rostro se endureció, y reprimiendo el impulso de ir tras él y molerlo a golpes, tiró de la sábana que cubría la colchoneta de la litera donde dormía y comenzó a doblarla con movimientos violentos. Recogió su toalla y cuanta pertenencia suya encontró. Lo guardó todo en su maleta y se dirigió a la cama vacía sobre la de su hermano Dennis, pero en medio del pasillo se detuvo y giró la cabeza para mirar una vez más el sitio que había ocupado. Esta vez, sintió como que dejaba el resto de su corazón latiendo dolorosamente sobre el delgado colchón desnudo, y ahogó un sollozo. Ya no tenía corazón. Milton, sus hermanos, los estudiantes del preuniversitario, y ahora alejar a Fabián, había reducido su pecho a un hueco vacío, mientras tenía la sensación de haber caído en un abismo lleno de oscuridad y dolor.
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No había mucho ánimo en el piquete aquella mañana, a pesar de que habían logrado adelantarse a Rosemary y a su grupo y retomar su habitual punto de encuentro en el ranchón.
Erik intentaba hacerlos reír, pero lo más que consiguió fue ganarse una lluvia de pescozones de parte de Nora y de Grettel.
Yolanda no había conseguido librarse de Salim, y este exigió ser informado de cada ardiente y morboso detalle del fin de semana con Joel. Y mientras se apartaban un poco del grupo para tener mayor privacidad, Joel se quedó sentado junto a Wendy, Betsy, Aarón y María Alejandra, intentando sostener una conversación, aunque ninguno tenía mucho entusiasmo para platicar.
Dennis estaba enfrascado en la escritura de su novela, y salvo Flavia, repelía a cada uno de los que trataban de acercarse. No lo hacía porque fueran a molestarlo y romperle la concentración en lo que hacía, sino para evitar que fueran a tocar un tema de conversación que quería evitar a toda costa.
En medio de la charla, o mejor dicho, de la discusión a voz en grito que sostenían Renzo, Luis Mario y Víctor acerca de cuáles eran los mejores clubs de futbol y por ende, los jugadores más destacados, estaba Diogo, y aunque presente en cuerpo, su pensamiento volaba muy lejos de allí, atormentado por las dudas y las preocupaciones.
Oscar trató de ignorar y ocultar el desagrado que le provocaba la presencia de Igor dentro del grupo y lo acaramelado que parecía estar en compañía de Denise. Y al verlos así, sentados en el suelo, abrazados románticamente, sintió una revoltura en el estómago y fuertes deseos de devolver el desayuno que había ingerido hacía poco.
Denise exhaló un desgarrador suspiro mientras apretaba entre las suyas una mano de su novio. No conseguía pensar con claridad y la cabeza le latía como un hervidero de ideas dispersas y carentes de lógica. Sabía que sus amigos estaban ansiosos por tocar el tema que se ventilaba por cada rincón de la escuela, pero hasta el momento, ninguno se había atrevido a comentar nada. Dennis tenía a todos a raya, Diogo trataba de aparentar que todo estaba bien, y ella... ella solo quería abandonarse en los brazos de su novio y olvidar. Olvidar la pesadilla viviente que estaba afrontando.
Miró en dirección a Salim, sentado junto a Yolanda y gesticulando de aquella manera tan suya, más delicada que los movimientos de cualquier mujer. No, su hermano Dalton no podía ser gay. Dalton no se comportaba de aquella forma. Su hermano era muy varonil y, revisando en la memoria, jamás había notado en él un rasgo o actitudes amaneradas.
Pero también estaba la otra parte. Nunca le había conocido una novia a Dalton. Tenía conocimiento de que había tonteado con una compañera de estudios finalizando la secundaria, pero fue algo sin importancia que no llegó a trascender. Aunque no había nada raro en eso tampoco. Dennis tampoco había tenido novia en toda su vida. De hecho, no sentía ni mostraba atracción por nadie, aunque últimamente se le podía ver muy afín a Flavia...
Antes de Fabián, Dalton había tenido un gran amigo, Milton, un chico que estudiaba con ellos desde que estaban en el círculo infantil. Dalton y Milton eran inseparables, y un día, así sin más, la amistad se terminó, y jamás supieron los motivos de aquella separación tan brusca. Denise cerró los ojos y evitó imaginar causas. Y ahora, estaba Fabián. Pero el vínculo con Fabián parecía ser mucho más fuerte que el que había existido anteriormente con Milton. Con Fabián, Dalton había vuelto a reír. Con Fabián, Dalton parecía una persona feliz. La muchacha frunció los labios y dejó escapar un quejido apagado. Igor la miró unos segundos y tras rozarle una mejilla con un beso, preguntó:
_ ¿Qué te pasa?
_ Nada._ negó ella esforzándose por regalarle una sonrisa.
_ No me mientas que te conozco... ¿Estás preocupada por lo de tu hermano?
Denise asintió con tristeza:
_ Es que no acabo de asimilarlo, y le doy vueltas y vueltas y no termino de..._ se detuvo y respiró profundo._ ¡Es que por un lado me parece que sí! Pero luego lo pienso y analizo y me cuesta creer que Dalton, mi hermanito Dalton sea... sea...
_ ¿Homosexual?_ concluyó Igor al ver el esfuerzo de su novia y la incapacidad de pronunciar incluso, aquella palabra que parecía causarle horror.
_ Dime la verdad Igor... ¿Tú crees que mi hermano y Fabián...?
_ Denise, deja ya de torturarte así. Mira, yo creo en lo que veo, y hasta donde sé, nunca he visto ni a tu hermano ni al otro que anda con él, en nada raro. Ni los he visto besándose, ni los he visto acostados encueros en una cama. Esto no es más que habladurías de la gente, pura maldad.
_ Pero es que dicen que a él, a Fabián, lo botaron de los Camilitos porque intentó acostarse con otro muchacho.
_ El único que puede desmentir eso o corroborarlo, es ese tal Fabián. Además, la gente a veces exagera, sobre todo cuando quieren hacer daño. Y yo pienso que lo único que van a conseguir es destruir una buena amistad, aunque, si de verdad es cierto lo que dicen de ellos dos ¿Qué les importa a los demás? Ellos hacen lo que hacen con sus cuerpos, no le piden el cuerpo prestado a nadie. Si se quieren como pareja ¿Por qué no pueden estar juntos?
Denise se apretó más contra él. Las palabras de su novio estaban siendo como un bálsamo eficaz en la intranquilidad de su espíritu:
_ En serio Igor, si mi hermano fuera gay de verdad como dicen... ¿Tendrías algo en contra suya?
Igor la acomodó de tal manera que pudieran mirarse fijamente:
_ A ver Denise, escúchame... Yo no conozco a tu hermano. De hecho, no conozco a ninguno de ellos porque llevamos como tres o cuatro días de novios y no has tenido el detalle de presentármelos. Pero ese no es el punto, lo que te quiero decir es que no importa lo que yo sienta o no por él o por cualquiera de ellos. Tú y yo somos novios hoy, pero mañana quién sabe si nos peleamos. Yo no tengo ningún vínculo con ellos, pero tú sí. Uno muy grande, desde el momento en que vinieron al mundo el mismo día. Esa pregunta debes hacértela a ti misma. Si resulta que tu hermano es gay: ¿Tendrías algo en contra suya? ¿Lo rechazarías o lo seguirías queriendo igual o más que antes?... Pregúntatelo, y sería bueno que tus otros dos hermanos también se preguntaran lo mismo.
Denise no tuvo tiempo para reflexionar en las palabras de su novio. Dalton irrumpió en el ranchón y avanzó directamente hacia donde se encontraban sentadas Itzel, Brianna y Katia. Se detuvo junto a la última, que dejó de hablar inmediatamente y abrió los ojos de par en par. Dalton le tendió una mano, y Katia, temblorosa, la tomó. Él la ayudó a ponerse de pie. Todos los ojos estaban puestos en ellos, dentro y fuera del ranchón. Dalton se acercó a Katia hasta que sus narices casi se rozaron, y finalmente, la besó en la boca, primero con suavidad, luego con una fiereza primitiva:
_ Por-Santa-Shakira..._ exclamó Salim dejando la boca abierta.
_ ¡ESE ES MI HEMANO, COJONE!
Casi nadie reaccionó ante el alarido triunfal de Diogo, más bien, por lo que estaban observando. El piquete estalló en aplausos confundidos y una discreta ovación, excepto Yolanda que buscó la mirada de Joel, y ambos coincidieron, sin necesidad de palabras, en que no entendían lo que estaba pasando. Tampoco Dennis se unió al regocijo, sino que, arrugando el entrecejo volvió a retomar la escritura. Itzel miró a Salim, y este le hizo un gesto muy significativo con los hombros mientras daba unas artísticas palmaditas a modo de aplausos.
Diogo había saltado sobre la pareja, interrumpiendo el beso y abrazando a su hermano una y otra vez, en un estado tal de euforia, que Denise tuvo que pedirle que se calmara. Ella tampoco se mostraba muy convencida con lo que acababa de ocurrir. Y Katia parecía totalmente transportada. Su rostro brillaba de tal modo que era como si acabaran de darle la mejor de las noticias. Se mantenía pegada a Dalton, sonriendo nerviosa y feliz, aferrada a él, como si temiera que todo no hubiera sido más que una ilusión que acabaría de un momento a otro y el joven volvería a alejarse de ella.
Dalton intentó mostrarse complacido abrazando a Katia y recibiendo las felicitaciones de sus amigos, disfrutando la confusión del resto de los estudiantes que habían presenciado la escena y ahora comentaban entre ellos con verdadero placer. Y entonces lo vio, parado en medio de la plaza escolar, mirando directamente a donde él estaba. Fabián parecía una estatua de mármol, y Dalton se sintió totalmente destrozado... ¿Le habría visto? De seguro que sí. Dalton cerró los ojos y trató de disimular lo mal que empezaba a sentirse. Besó a Katia en la cabeza mientras cerraba más el abrazo en torno a ella. Miró discretamente hacia el sitio donde estaba Fabián, pero el muchacho ya no seguía allí.
La guagua de los profesores llegó minutos después.
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Betsy y Flavia se detuvieron ante la puerta del último baño del área docente:
_ ¿Tú qué piensas del repentino interés de Dalton por Katia?
Flavia hizo un mohín despectivo:
_ Si te soy sincera, no me gusta para nada.
_ ¡Yo pienso igual!_ chilló Betsy._ O sea, primero Dalton ni siquiera la mira, y ahora de repente, va y la besa delante de toda la escuela. Eso apesta por todas partes que lo mires y lo huelas.
_ Lo único que pienso de todo esto, es que él quiere callar los chismes que hay sobre él y Fabián. Y si es así, entonces algo de verdad tiene que haber en lo que se dice.
_ Ni se te ocurra decir eso delante de Denise. Pobrecita, oyó a unas verracas hablando y riéndose de Dalton y casi se las come vivas... Flavia ¿Tú crees que sea cierto? ¡Ay Dios! Y Diogo casi armó una fiesta cuando Dalton le plantó el beso a Katia.
_ Pero Dennis y Denise no. Incluso, creo que a ellos no les agradó para nada ver lo que Dalton hizo. En el fondo, yo creo que ya saben o sospechan algo.
Betsy cruzó los brazos sobre el pecho y torció la boca en una sonrisa burlona:
_ A propósito ¿Vas a decirme por fin qué te traes con Dennis?
Flavia parpadeó confundida por la pregunta y no pudo evitar ruborizarse:
_ ¿Con... con Dennis?
_ Si,_ se mofó Betsy y remedó._ Con... con Dennis... ¿Crees que no me he dado cuenta de lo juntitos que están últimamente? Y además, él siempre ha sido un ogro sangrón con todos, pero contigo es todo lo contrario.
_ No hables basura._ intentó zafarse Flavia tratando de ocultar sus mejillas enrojecidas.
_ ¿Tonterías? ¡Mírate! ¡Si hasta colorada te has puesto! ¡Vamos! Recuerda que estás hablando conmigo, y yo sé de tu gusto por los muchachos inteligentes aunque sean feos como una bestia... ¿Cómo es que tú le llamas a eso?
_ Sapiosexual,_ respondió Flavia entornando los ojos._ es la atracción por personas muy inteligentes... ¡Y Dennis no es feo como una bestia!
_ Pero es muy inteligente y eso lo califica en tu escala de gustos... ¡Ajá! ¿Ves que sí te gusta y bien?
Flavia puso final a la discusión entrando al baño y cerrando la puerta. Betsy soltó una carcajada y le gritó que no se demorara mucho. Se acarició sus recortadísimos cabellos y por unos segundos echó de menos su antigua cabellera negra con puntas veteadas de rojo:
_ ¿Me estabas esperando?
Betsy dio un brinco y tuvo la sensación de que la sangre se le helaba en todo el cuerpo. Efrén estaba parado muy cerca de ella, sonriendo con aquella malicia que anteriormente le fascinara, pero que ahora la espantaba. Ni siquiera lo había escuchado llegar. Era como un espíritu errante, malvado y al acecho. Un peligroso ente rebosante de lujuria y malas intenciones. Betsy retrocedió unos pasos, sin apartar la mirada del hombre:
_ Oye, te queda riquito ese pelaíto que te hiciste. Al principio no me gustó mucho, pero ahora que te miro mejor, y que parece que te arreglaron los tijeretazos mal dados que te diste, me la sigues poniendo dura... ¿Qué? ¿Pensaste que con ese look ya no me ibas a gustar?... A mí no me importa... Por mí como si te quedas calva. Aunque mucho que te gustaba que te agarrara por el pelo y te lo halara ¿Te acuerdas?
Con los ojos vidriosos avanzó hacia ella con la sutileza de un felino dispuesto a atacar en cualquier momento:
_ No te me acerques, te lo advierto.
Efrén se rió y se relamió mientras se apretaba el bulto de la entrepiernas y se mordía el labio inferior:
_ ¿Vamos a terminar hoy lo que empezamos el sábado? La estábamos pasando rico cuando nos interrumpieron...
_ Habla por ti._ masculló Betsy y se vio acorralada contra la pared, y la presencia de Efrén obstruyéndole cualquier vía de escape.
El hombre había colocado ambos brazos alrededor del cuerpo de la chica, sin tocarla, y su rostro estaba cada vez más cerca del de Betsy, que había empezado a temblar como una gelatina:
_ ¿Algún problema aquí?
La puerta del baño se abrió y Flavia apareció en el umbral, tronándose los nudillos. Betsy se apresuró en correr hacia ella. Efrén hizo un gesto de fastidio y murmuró unas palabrotas. Lanzó a Flavia una mirada agresiva y esbozó una sonrisita ácida:
_ Últimamente estás siendo un poco inoportuna, Flavia.
_ Mira mi cara y dime si ves alguna señal de que me importe, Efrén.
_ Profesor Efrén..._ corrigió el hombre.
_ Cómo sea... Vámonos Betsy. Ya ni mear puede una en paz en esta escuela.
_ Te espero al mediodía en mi oficina, Betsy.
_ ¡Ella no irá a ninguna parte!
Flavia se había volteado hecha una furia hacia el profesor, dispuesta a enfrentarlo:
_ ¿Y quién carajo eres tú para hablar por ella?
_ Confórmate con saber que ella no va a ir a ningún lado. Y más te vale dejar a Betsy tranquila, te lo advierto.
Efrén soltó una carcajada. Flavia había apartado a Betsy, poniéndola fuera del alcance del hombre, y ella, encarándolo sin temor, esperaba cualquier ataque de su parte:
_ Nunca pensé que fueras la mierda de hombre que eres, Efrén... Eres el tipo más cabrón e hijoeputa que conozco.
_ Cuidado con esa boquita._ advirtió Efrén con tono amenazador.
_ A mí tú no me asustas... Yo no soy Betsy que la tienes acosada y casi enferma de los nervios. Conmigo la fiesta es bien distinta.
Efrén sonrió con burla cruel mientras se encogía de hombros:
_ Chica ¿Cuál de los dos te gusta? ¿Betsy o yo? Porque pareces muy molesta con la idea de vernos juntos. Mira, si soy yo el que te gusta no hay problemas, también te puedo hacer el favor.
_ Para tu información, ni me gusta ella y mucho menos tú. Pero te aclaro que preferiría mil veces hacer tortilla con mi amiga o cualquier otra mujer, antes que dejar que una escoria como tú me ponga un solo dedo encima.
_ Mira muchachita..._gruñó Efrén y alargó una mano para tocarle el rostro.
Betsy solo tuvo tiempo para dejar escapar una exclamación de sorpresa y terror, cuando Flavia tomó hábilmente a Efrén por el brazo y con un movimiento de kárate, lo hizo volar sobre su hombro y su cabeza, estrellándolo contra el suelo aparatosamente.
Efrén no acababa de comprender lo sucedido. El mundo había dado una vuelta completa a su alrededor, y se preguntaba por qué estaba tendido sobre la yerba, con la espalda golpeada de tal manera que le había cortado la respiración, y también, por qué una rodilla de Flavia estaba clavada sobre su pecho, dificultándole más el poder espirar oxígeno:
_ Te dije que conmigo la fiesta iba a ser muy distinta._ le dijo Flavia con el rostro y la voz endurecidas._ Y si vuelves a meterte con Betsy o conmigo, e incluso, si intentas hacerle algo a Renzo o a cualquiera de mis amigos, te voy a lastimar con ganas. Voy a patearte el culo más que a una pelota de fútbol. Por hijoeputas como tú fue que llegué a ser cinta marrón en kárate... Ya estás advertido.
Se incorporó, y tras lanzarle una mirada gélida al profesor despatarrado aún en el suelo, echó a andar seguida por Betsy, todavía confundida por lo que acababa de ocurrir en cuestión de un instante:
_ ¡Flavia! ¿Te volviste loca?
_ ¿Por qué?_ preguntó la aludida sobre la marcha._ Estoy segura que más de una persona en esta escuela quisiera hacerle a Efrén lo mismo que yo acabo de hacerle, o hasta algo peor.
_ Sí, pero... es que todavía no me lo creo.
_ Bueno, de algo tienen que servirme tres años de entrenamiento de kárate, una cinta marrón, y tres medallas, dos de plata y una de oro, las tres en competencias nacionales. Sabes que no me gustan los abusadores, y alégrate que fue esto y no que le fuera a Conrado con el cuento, o mejor aún, a tu tío Rufino.
_ ¿Y si él dice algo? ¿Si te acusa de haberlo agredido?
Flavia se detuvo y miró a Betsy con una sonrisita de suficiencia en los labios:
_ Esa rata de alcantarilla no abrirá la boca ¿Crees que va a exponerse delante de todos? ¿Un hombre como él recibiendo una paliza por una niña de quince años? ¡Ese abusador asqueroso tiene que cuidar mucho su reputación de macho!
Betsy la abrazó entonces con fuerza, sin poder evitar la emoción a través de un par de lágrimas:
_ Ojalá y esta pesadilla se haya acabado, y todo gracias a ti. Te juro que seré la primera en celebrar tu noviazgo con Dennis y no me voy a burlar como de seguro harán los demás cuando se enteren.
Flavia la apartó y la miró con enojo:
_ ¡¿En serio vas a seguir con eso?!
Cuando volvieron al ranchón, los chicos ya se dirigían con el resto del alumnado hacia el área de formación. Betsy, embriagada de felicidad y entusiasmo corrió hacia Renzo y saltó sobre él, colgándose de su cintura y estampándole tal beso en la boca que arrancó un coro de abucheos de sus amigos:
_ Parece que hoy el amor está en el aire._ rió Katia y tomó el rostro de Dalton por la barbilla y lo besó en los labios. El muchacho no opuso resistencia ni la rechazó, pero tampoco colocó mucho empeño en el acto.
Flavia se detuvo junto a Dennis y ocultó una sonrisa de satisfacción cuando vio a Efrén saliendo del área docente, cojeando un poco y masajeándose el costado con gesto adolorido.
******************
Durante el matutino, Yolanda y Joel no prestaron atención a las informaciones de Conrado y a nada de lo que se habló a lo largo de los casi veinte minutos que estuvieron parados en la plaza alumnos y profesores. El joven abrazaba a la chica, colocado detrás de ella, y le hablaba en susurros al oído:
_ ¿Has visto a Fabián?
_ No,_ contestó Yolanda,_ y he estado tratando de encontrarlo, pero parece que no está aquí y eso me preocupa después de lo que acabamos de ver... ¿Qué crees que haya pasado, Joel?
_ Supongo que lo típico. Dalton intenta callar los rumores y se busca una novia para aparentar.
_ Pero eso es engañarse a sí mismo, y lo peor es que está utilizando a Katia, y ella sí lo quiere de verdad.
_ Tú lo escuchaste el sábado. Dalton no termina de aceptarse, y este proceder suyo lo corrobora.
Yolanda suspiró mientras se aferraba a los brazos de Joel:
_ Me siento triste por ellos. Estaban tan contentos el fin de semana, tan unidos. No me gustaría que rompieran.
_ Eso no depende de nosotros, amor._ le dijo Joel a la vez que la besaba tiernamente en una mejilla._ lo que sí me encantaría saber es ¿Quién fue el o la que inició este chismorreo? Hasta ahora nadie había dicho nada. Alguien tiene que haber averiguado algo, y quien lo hizo, fue con muy mala intención.
Ambos miraron en dirección al sitio donde se hallaban Dalton y Katia. La muchacha no se despegaba de él, y lucía tan radiante como si hubiese acabado de resultar la ganadora del gran premio de un importante certamen. En cambio, Dalton permanecía enhiesto como una roca, sin mostrar ninguna emoción en su semblante. A Yolanda le pareció la imagen más triste y deprimente que pudiese observar, y pensó en Fabián, en cómo se sentiría ¿Traicionado? ¿Abandonado? Y lo imaginó solo, escondido en algún sitio apartado, llorando su dolor.
Finalizado el matutino la masa estudiantil se dispersó para iniciar las tareas de esa mañana. Yolanda y Joel se despidieron con un casto beso y la joven lo siguió con la mirada, sonriendo feliz, aunque la sonrisa se desvaneció cuando reconoció a Valeria corriendo al encuentro de Joel, con su larguísima cabellera negra suelta al viento, ondeando como un estandarte. Sacudió la cabeza y se dijo a sí misma que no había nada de qué preocuparse. Valeria y Joel solo eran amigos. Joel era su novio y la quería a ella. Solamente a ella. A nadie más.
Mientras caminaban con paso lento por uno de los pasillos rumbo al salón de clases, Joel le contó a Valeria que había decidido reincorporarse al grupo de baile:
_ Pero... ¿Y tus padres? ¿Ellos no...?
_ Mis padres van a tener que aceptar mi decisión. Tengo excelentes calificaciones, y estoy casi segurísimo que saldré bien en las pruebas de ingreso. Ellos tienen que entender que el grupo de baile es algo que me gusta y me ayuda, y más que nada, es muy importante para mí.
Valeria sonrió, y solo ella pudo sentir la amargura que aquella expresión falsa dibujada en su rostro, provocaba en su interior. Cuando supo que Joel ya no bailaría, sintió alegría, puesto que ahora se enfocaría más en los estudios y, sobre todo, compartirían juntos más tiempo. Pero ahora, Joel acaba de decirle que revocaba su anterior decisión. Valeria recordó la plática sostenida con Salim, días atrás, cuando el afeminado muchacho le señalara, que Joel no necesitaba escuchar reproches de sus amigos más cercanos, sino su apoyo incondicional. El grupo de baile era importante para Joel. Yolanda era importante para él. Y ella amaba a Joel. Era el único joven que había logrado estremecer su ser femenino. Y aunque nunca llegara a poseerlo, pues deseaba todo lo mejor que la vida pudiera tenerle deparada para el futuro, por tanto, si esa era su decisión final, aunque significara que todas sus ilusiones se iban al traste, le apoyaría:
_ Pues adelante, no te detengas. Solo espero y deseo que no te busques ningún problema con tus papás.
_ ¿En serio lo crees?_ se emocionó el joven mientras sonreía de aquella forma que hacía que Valeria sintiera deseos de arrojarse sobre él y besarlo hasta quedar sin fuerzas.
La chica no tuvo tiempo de responder. En aquel momento una muchacha soltó una grosería, y arrojando al suelo sus libros, salió corriendo tras un compañero de estudios que reía a más no poder mientras trataba de escapar. Cruzaron a toda velocidad junto a la pareja, y el joven empujó salvajemente a Valeria, que fue a incrustarse contra Joel, que la sostuvo con firmeza.
Por un momento se miraron a los ojos, y el mundo pareció desvanecerse. Valeria tragó saliva y sintió que la respiración de le aceleraba. El aliento de Joel le quemaba en la cara, y sin darse cuenta, sus manos, asidas al pecho del muchacho, se cerraron sobre la camisa de uniforme, mientras tenía la sensación de que caía rendida en el abismo sin final de sus ojos oscuros. Solo centímetros la separaban de la boca de Joel. Centímetros que podía, muy bien, saltarse con solo un movimiento de cabeza. Joel pestañeó, y Valeria, viéndolo todo como en cámara lenta, sintió que era una invitación a cumplir sus deseos. Se humedeció los labios con la lengua y movió la cabeza hacia adelante:
_ ¡Dejen la animalá!_ protestó Joel mientras apartaba a la muchacha con mucha delicadeza.
Valeria sintió como le ardía el rostro. Había estado a punto de besar a Joel... ¡Qué locura! Por suerte, él no se había percatado de nada. Pero ¿Y si ella hubiera llegado a hacerlo? ¿Qué habría hecho él? ¿Cómo habría reaccionado? ¿La habría rechazado?
Mientras lo observaba inclinarse para recoger unos cuadernos que a ella se le habían caído, Valeria se escurrió un mechón de cabellos tras una oreja y trató de controlar sus nervios hechos trizas. Respiró profundamente y quiso sonreír, pero todo el cuerpo le temblaba, incluso los labios. Joel le tendió los cuadernos e hizo un gesto de ligero asombro:
_ ¿Te pasa algo? Te noto tensa.
_ No, no... fue solo el susto por el empujón de esos salvajes.
_ Bueno, vamos o llegamos tarde... ¿Qué tenemos en el primer turno?
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