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Capítulo 15

Taehyung siempre había sido un hombre de pocas palabras y emociones bien guardadas. Han sido pocos los testigos de ese lado de su personalidad que no era desapegado, frío o simplemente silencioso. No era alguien que se permitiera flaquear o caer en sentimentalismos, y mucho menos cuando se trataba de relaciones complicadas. Con Jungkook, las cosas habían comenzado a salir de control de una manera que no se esperaba, y eso lo tenía desconcertado. No era que estuviera enamorado de él, no, no se trataba de eso. De hecho, Taehyung estaba bastante seguro de que sus sentimientos hacia Jungkook eran, en el mejor de los casos, una mezcla confusa de culpa, atracción y la nostalgia por lo que nunca tuvo, perdió y jamás volvería a tener con Jungkyung. Era más una necesidad de llenar un vacío, una distracción de todo lo que se había roto en su vida.

Pero últimamente, esa distracción parecía estar desmoronándose también. Jungkook había comenzado a alejarse, y aunque Taehyung pretendía que no le importaba, en el fondo, una parte de él comenzaba a irritarse por esa actitud esquiva. En un comienzo creyó que eran simples coincidencias, pero ahora podía asegurar que el menor, por alguna razón desconocida e inesperada, estaba poniendo distancia entre ellos. Lo notaba en los pequeños detalles del día a día, en los momentos en que sus miradas ya no se encontraban con la misma facilidad, y en cómo los silencios entre ellos se habían convertido en abismos difíciles de cruzar.

En la oficina, cada vez que intentaba entablar una conversación más personal, Jungkook encontraba la manera de evitarlo, de cerrarse y volver a un terreno seguro donde todo giraba en torno al trabajo. Taehyung se daba cuenta, y aunque no lo mostraba, empezaba a irritarse con cada excusa que escuchaba. Anteriormente, era de cierta forma sencillo comunicarse con él, ahora, no tanto.

Donde antes las bromas ligeras, miradas y las conversaciones cotidianas fluían naturalmente, ahora todo se había reducido a un intercambio frío y profesional. Taehyung intentaba continuamente introducir temas más personales, algo tan simple como preguntar sobre su día, sobre alguna película que hubiera estado viendo, o incluso recordar alguno de esos momentos que tuvieron. Sin embargo, Jungkook, con una seriedad inusual, siempre encontraba la manera de evadir la conversación, desviando el tema hacia el trabajo o inventando alguna excusa para irse.

Hubo un día, particularmente frustrante para Taehyung, en el que se habían quedado hasta tarde trabajando en un proyecto. La noche había caído y la oficina estaba en completo silencio, ya no quedaba Jimin o cualquier otro empleado que pudiese interrumpirlos y que Jungkook pudiese utilizar como vía de escape. Era el momento perfecto para abrirse, para intentar derribar ese muro. Pero cuando Taehyung, con un tono casi suplicante, intentó hablar de algo más, Jungkook simplemente se levantó de su silla, murmurando algo sobre estar cansado, y salió sin siquiera mirarlo a los ojos.

No era solo en el trabajo donde la distancia se hacía palpable. Fuera de él, Taehyung había intentado retomar el contacto. Le había escrito mensajes que quedaban sin respuesta, lo había llamado en varias ocasiones, solo para ser ignorado por completo. Una tarde, en un acto que ahora le parecía casi patético, había ido hasta su casa con la vaga esperanza de encontrarse con él, convencido de que debía hacer algo más. Se quedó en su automóvil, esperando bajo la lluvia ligera, con la esperanza de que Jungkook lo viera por la ventana y saliera a hablar con él. Pero las luces de la casa permanecieron apagadas y la puerta nunca se abrió. Después de lo que le pareció una eternidad, Taehyung entendió que no había nada más que pudiera hacer. Jungkook no iba a salir, no iba a hablarle aunque no sabía por qué demonios había cambiado tan repentinamente.

No obstante, su orgullo no le permitía mostrarse afectado. Si Jungkook quería alejarse, que lo hiciera. Taehyung no iba a rogarle ni a insistir. Se convencía a sí mismo de que le daba igual, que lo último que necesitaba era un drama innecesario. Aun así, no podía negar que la situación lo mantenía inquieto. Una parte de él quería darle un ultimátum, poner las cartas sobre la mesa y dejar claro que no tenía tiempo ni paciencia para esos juegos. Pero, ¿qué sentido tenía? Si Jungkook no quería estar cerca, si prefería mantenerse a distancia, ¿por qué iba él a perder el tiempo en insistir? No era como si le importara tanto, al menos eso era lo que se repetía una y otra vez.

Pero, a pesar de todo, algo en su interior no lo dejaba en paz. No era amor, eso estaba claro. No podía serlo. Era más bien una mezcla de confusión y algo más profundo que no lograba identificar. Quizás se trataba de ese instinto suyo de no querer perder, de no soportar la idea de que alguien pudiera alejarse sin más. O quizás, era que Jungkook representaba lo que él más amó y le aterraba volverlo a perder. Esa era una de las razones por la que se había estado asegurando de llevarlo a casa, recogerlo o servirle come chofer bajo cualquier pretexto. Una parte de él con la que no quería entrar en contacto, tenía miedo de que a Jungkook le ocurriese algo, justo como a Jungkyung. Que un día saliera sin cuidado, huyera de una discusión y un auto perdido chocase contra él, mandándolo al hospital y ocasionando su muerte.

Sentía que tenía que cuidarlo como no pudo hacerlo con el hombre que tanto amó.

Confundido, Taehyung comenzó a preguntarse si tal vez lo mejor sería dejar de insistir. Empezó a aceptar la idea de que, quizás, el destino le estaba enviando un mensaje claro. Hubo noches en las que se quedó despierto, mirando el techo de su habitación, cuestionándose si lo que sea que había estado sintiendo por Jungkook era algo genuino, o si simplemente estaba proyectando en él todo lo que nunca pudo vivir con Jungkyung. ¿Estaba buscando en Jungkook una segunda oportunidad? ¿O simplemente estaba atrapado en su dolor, incapaz de soltar el pasado?

Finalmente, Taehyung decidió que ya estaba harto. No iba a seguir persiguiendo algo que no iba a ningún lado. Si Jungkook quería distanciarse, que lo hiciera. No necesitaba estar arrastrando a alguien que no quería ser parte de su vida. Era mejor dejarlo libre, dejar de lado ese juego y continuar como si nada. Pero, mientras tomaba esa decisión, había un leve resquicio en su corazón que él mismo no quería reconocer. Algo en él le decía que dejar ir a Jungkook no sería tan simple como parecía, pero se negaba a escucharlo. Taehyung prefería pensar que no le importaba, que podía seguir adelante sin mirar atrás, después de todo, en su corazón solo entró una persona y nadie más volvería a entrar.

Además, esa jodida parte de su personalidad que ponía en entredicho cada brusco pensamiento y que a pesar de todo se preocupaba por el bienestar de Jungkook, le decía que esa era la decisión correcta. No quería que Jungkook sufriera, no quería hacerle daño ni a él, ni al recuerdo de Jungkyung ni a sí mismo.

Ahí, sentado en su oficina e intentando concentrarse en el trabajo, su mente no dejaba de divagar, diciéndole primero una cosa y luego otra. Su mirada se había quedado perdida en la nada luego de ver a Jungkook pasar por el pasillo, dejando tras de sí una corriente casi eléctrica que atravesaba el aire, cargada de una tensión que enloquecía sus pensamientos.

En medio de sus reflexiones, un golpe en la puerta lo sacó bruscamente de sus cavilaciones. Seokjin, su hermano mayor, entró con su habitual aire de seguridad, una sonrisa ligera en los labios que en ocasiones a Taehyung le resultaba irritante, sobre todo cuando lo encontraba en uno de esos momentos donde la fachada que mantenía comenzaba a resquebrajarse.

—Taehyung — lo saludó Seokjin con su tono característico. — Solo pasaba a recordarte que el próximo fin de semana es el cumpleaños de mamá. Ellos están organizando una cena en casa. ¿Vas a venir esta vez?

Taehyung lo miró con desdén, como si la pregunta fuera una especie de broma de mal gusto que ya no tenía la menor gracia.

—¿No te cansas de preguntarlo todos los años, Seokjin? — Respondió, su voz impregnada de un rencor apenas contenido. — Sabes perfectamente que no voy a ir. — Su hermano dejó escapar un suspiro, como si ya hubiera anticipado esa respuesta, pero decidiera no rendirse tan fácilmente.

—Es el cumpleaños de mamá, Taehyung. Ya ha pasado suficiente tiempo, ¿no crees?

Las palabras del mayor cayeron sobre él como un peso que lo aplastaba. El hecho de que Seokjin pudiera decir algo así con tanta ligereza, como si el tiempo realmente pudiera curar algo tan profundo, lo enfurecía. Las imágenes de Jungkyung, la culpa que sus padres nunca pudieron negar, lo abrumaban. Ellos, literalmente, acosaron a Jungkyung para que se alejara, para que rompiera la relación entre ambos. Lo arrinconaron, lo amenazaron y le cerraron todas las salidas previsibles en esa encerrona que le hicieron en su apartamento el día en que Jungkyung estaba supuesto a cumplir un año más de vida.

—¿Suficiente tiempo? — Repitió, casi con sarcasmo, mientras se levantaba de su asiento y se acercaba a la ventana, sin dignarse a mirar a su hermano a los ojos. — ¿Cómo puedes decir eso, hyung?

—Taehyung, no ha sido fácil para nadie, — intentó, pero sus palabras no tenían la fuerza para atravesar la muralla de resentimiento que su hermano había erigido.

— No ha sido fácil, pero todos siguen con sus vidas como si nada, sin importarles cómo sus acciones ocasionaron la muerte de una persona, — replicó Taehyung con un tono acerado, logrando que Seokjin relamiera sus propios labios y se moviera en el asiento con incomodidad. — Siguen organizando esas malditas cenas, esas reuniones familiares como si pudieran borrar todo con una sonrisa, como si no fueran responsables de lo que pasó.

Seokjin intentaba mantener la calma, pero en su rostro se reflejaba esa sombra de culpa que su hermano dejaba caer sobre él. No era la primera vez que discutían sobre este tema, pero cada vez le resultaba más difícil mantener su compostura frente a la amargura de Taehyung.

—Taehyung, no fue culpa de ellos. Fue un accidente...

—Fue su culpa — cortó Taehyung de manera tajante, volviéndose finalmente hacia Seokjin, sus ojos llenos de una rabia que no había disminuido con el tiempo. — Y no voy a sentarme a fingir que todo está bien solo porque a ustedes les conviene. Jungkyung está muerto por su culpa, y si ellos quieren fingir que eso nunca pasó, que lo hagan sin mí.

El silencio que siguió fue pesado, casi se sintió eterno. Seokjin sabía que no iba a convencer a su hermano, pero aun así, el dolor de escucharlo hablar así lo afectaba. En el fondo, entendía el dolor de Taehyung, pero también sabía que esa rabia interminable lo estaba consumiendo, alejándolo de todos.

— Está bien — dijo finalmente, con un tono cansado. — No te voy a presionar. Pero mamá realmente quiere verte. No puedo hablar por ellos, pero sé que están intentando...

—Que sigan intentando lo que quieran — interrumpió Taehyung, su voz cortante. — Yo también estoy intentando seguir adelante.

Seokjin asintió lentamente, dándose cuenta de que no había más que decir en ese momento. Taehyung no estaba listo para escuchar razones y forzarlo solo empeoraría las cosas.

—De acuerdo, Taehyung. Solo quería que lo supieras. Si cambias de opinión...

—No la cambiaré. — Respondió, volviendo la mirada hacia la ventana, dando la conversación por terminada.

Seokjin se levantó, encaminándose a la salida, pero quedándose un momento en la puerta, observando a su hermano, deseando poder encontrar una manera de romper ese muro que parecía hacerse más alto cada día. Pero Taehyung no le dio ninguna señal de que quisiera seguir hablando, así que finalmente, con un suspiro resignado, salió de la oficina, dejando a Taehyung solo con sus pensamientos, más agitados que nunca.

+++

Jimin estaba sentado en la pequeña terraza de su apartamento, mirando fijamente el anochecer que comenzaba a teñir el cielo de un suave color lavanda. Los días se habían convertido en una sucesión monótona de emociones reprimidas y sonrisas forzadas, en una batalla constante por mantener las apariencias y esconder las marcas que llevaba en su piel. Desde que se había encontrado con Namjoon en aquella calle, como una campanada inesperada que resonaba en medio del silencio de su vida, había algo dentro de él que se removía, despertando sentimientos que creía haber enterrado.

Jimin no podía evitar comparar lo que alguna vez fue con lo que ahora era. Con Namjoon, había sido feliz, incluso antes de él. Su sonrisa era genuina, su risa libre. Pero desde que Juyeon apareció en su vida, aunque en un principio no lo pareció, todo había cambiado. Al principio, la relación fue un escape, una manera de olvidar, de dejar atrás los recuerdos que lo atormentaban. Pero con el tiempo, lo que parecía una solución se había transformado en un círculo vicioso de violencia y control, en una prisión de la que no sabía cómo escapar.

Ese encuentro fortuito con Namjoon había reavivado algo dentro de él, un anhelo por la libertad que había perdido. Y ahora, más que nunca, se encontraba cuestionando su relación con Juyeon, considerando la opción de terminarla de una vez por todas. Pero el miedo lo retenía, el miedo a lo desconocido, a estar solo, a las represalias de Juyeon.

Mientras Jimin se sumía en sus pensamientos, Yoongi y Hoseok caminaban juntos hacia una farmacia cercana. Habían decidido hacer una parada para comprar algunas cosas que necesitaban. Al entrar, Yoongi notó un pequeño estante con vendas y ungüentos, por alguna extraña razón, no pudo evitar que su mente se desviara hacia Jimin. Recordaba el día que se lo encontró en ese mismo lugar, la manera en que lo vio prácticamente huir hacia aquel vehículo donde lo esperaba su pareja.

Había notado las marcas en su piel, las pequeñas señales que intentaba ocultar bajo la ropa. Yoongi no era alguien que se metiera en la vida de los demás, pero no podía ignorar lo que veía. Cada vez que Jimin pasaba por su oficina, sus ojos buscaban esas marcas, preguntándose si debía decir algo de lo cual no sabía en realidad nada, tampoco sabía si debía intervenir porque todo podría estar siendo un producto de su imaginación. Además, no era cercano a Park, su relación seguía siendo distante y estrictamente laboral aunque Jimin siempre fuese cordial con él

—Oye, ¿todo bien? — Le preguntó Hoseok, sacándolo de sus pensamientos.

—Sí, sí, todo bien — Respondió mientras tomaba una caja de vendas del estante. Luego, agregó con un tono que intentaba parecer casual: — ¿Conoces a Park Jimin?

Hoseok levantó una ceja, sorprendido por la pregunta tan repentina.

—¿Park Jimin, el asistente de Kim Taehyung? — Yoongi asintió en respuesta y Hoseok no pudo hacer más que fruncir el ceño. Conocía a Jimin porque gracias a Namjoon, conoció a los hermanos Kim y, por ende, también a Jimin. Habían compartido en algunas ocasiones, pero no podía decir que realmente lo conocía. No comprendía el motivo por el cual su pareja le preguntaba sin ninguna conexión lógica por él. — ¿Qué pasa con él?

—No lo sé... — Yoongi se detuvo un momento, buscando las palabras correctas. — Ya sabes que trabajo con él, pero nunca he hablado mucho con él, por lo que me dio cierta curiosidad.

No podía decirle a su pareja que le parecía que algo no anda bien con Jimin y su relación porque, de nuevo, él no tenía la menor idea sobre lo que verdaderamente ocurría ahí. Podía estar pecando de entrometido e incluso causar un problema innecesario entre Jimin y su pareja, Kim Taehyung e incluso en su lugar de trabajo porque nunca se sabía las ramificaciones de un problema de tal magnitud. Yoongi solo sabía lo que sus ojos veían. Jimin a veces parece que estaba evitando al mundo. Tampoco podía ignorar las marcas que había visto aquella vez o su actitud en general.

— Nada, cosas mías. — Terminó por decir, logrando que Hoseok asintiera frente esa conversación tan inesperada.

Al otro día, de vuelta en la oficina, Yoongi decidió intentar hablar con Jimin, aunque fuera de manera casual. Lo vio pasar por el pasillo, su andar rápido y su rostro tenso. Lo llamó desde su escritorio, con una sonrisa que pretendía ser amigable.

—¡Señor Park! — Lo llamó. — ¿Tiene un minuto?

Jimin se detuvo, su expresión relajándose ligeramente al ver a Yoongi. Por un momento, considerando si debía acercarse o no. Juyeon le había dicho que pasaría ese día por la empresa, no sabía el momento exacto, así que Jimin prefería evitar cualquier inconveniente.

— Lo siento, Min, estoy un poco ocupado ahora —respondió Jimin, su tono cortante, aunque trató de suavizarlo con una sonrisa. — ¿Podemos hablar en otro momento? — Yoongi no insistió. Asintió lentamente, observando cómo Jimin se alejaba rápidamente, casi como si estuviera huyendo.

— Aquí traje lo que me pediste. — Suspirando aliviado por alejarse de Yoongi, Jimin entró en la oficina de Taehyung.

— Gracias, Jimin. — Sonrió Taehyung como agradecimiento, pero su sonrisa mermó al notar como su asistente y amigo miraba por encima de su hombro con nerviosismo y ansiedad, como si estuviese buscando a alguien que lo estuviese persiguiendo o acosando. — ¿Pasa algo? Te noto demasiado ansioso y preocupado.

— No, — se obligó a sonreír, alejando su mirada del pasillo — solamente estaba mirando porque Juyeon me dijo que pasaría por aquí en cualquier momento. También estoy algo emocionado porque esta tarde iremos a comer.

— ¿Juyeon te pone así? Porque la verdad es que pareces más un novio aterrado que emocionado.

Por un instante, Jimin palideció temiendo haber dejado entrever los problemas en su relación. Podía sentir el escrutinio en la mirada de Taehyung. Era su amigo, pero le avergonzaba que este pudiese darse cuenta del hoyo en el cual había caído, de cómo él había permitido que su relación llegara a ese punto.

Jimin mantuvo la sonrisa en su rostro, pero había un ligero temblor en sus manos que Taehyung no pudo pasar por alto. Sin embargo, antes de que Taehyung pudiera insistir más, Jimin se adelantó, cambiando de tema con la destreza de quien ha practicado esconder sus miedos muchas veces.

— No es eso, Tae. — Jimin soltó una pequeña risa, aunque su corazón latía con fuerza, como si estuviera luchando por no romperse en mil pedazos. — Solo que... ya sabes cómo soy. Me pongo nervioso cuando planeo cosas con alguien que me importa. No quiero que nada salga mal.

Taehyung frunció el ceño, sintiendo que algo no encajaba, pero Jimin continuó hablando rápidamente, como si quisiera cubrir cualquier grieta en su fachada perfecta.

— Además, Juyeon ha estado tan ocupado últimamente... — Jimin añadió, su voz adquiriendo un tono más alegre, casi entusiasta. — Así que cuando dijo que podíamos pasar tiempo juntos hoy, me emocioné mucho. Es un gran detalle de su parte, y quiero que sea especial.

La voz de Jimin sonaba sincera, incluso a sus propios oídos, y él sabía que estaba convenciendo a Taehyung. La mentira le dolía en la garganta, pero la necesidad de protegerse, de proteger esa imagen de felicidad que había creado, era más fuerte.

— Ah, entiendo... — Taehyung asintió lentamente, aunque en su interior aún quedaban dudas. — Solo me preocupo por ti, Jimin. Quiero que estés bien, que seas feliz.

— Lo soy, Tae. — Jimin sonrió de nuevo, esta vez con más convicción. Se acercó y le dio un suave apretón en el brazo. — De verdad, gracias por preocuparte, pero estoy bien. Juyeon es... increíble, y estoy muy feliz con él.

Taehyung finalmente asintió, convencido por la actuación impecable de Jimin. No quería presionar más, no cuando su amigo parecía tan seguro de sus palabras. Se obligó a relajarse, aceptando la versión de Jimin.

— Bueno, entonces disfruta de tu almuerzo con él. — Taehyung le devolvió la sonrisa, más tranquilo. — Y si alguna vez necesitas hablar de algo, ya sabes que siempre estaré aquí, ¿verdad?

— Lo sé, te lo agradezco mucho. — Jimin respiró profundamente, sintiendo un alivio momentáneo al ver que Taehyung parecía haberse tragado sus mentiras. Pero en el fondo, el temor y la desesperanza seguían ahí, latentes, recordándole que su realidad era mucho más oscura de lo que se atrevía a admitir.

Con una última sonrisa, Jimin se giró, dispuesto a continuar con su trabajo, dejando que la conversación se desvaneciera en la rutina diaria de la oficina. Pero el peso en su pecho no desapareció, y sabía que, tarde o temprano, las grietas de su fachada perfecta empezarían a mostrarse, tal vez, ante los ojos preocupados de Taehyung.

+++

El club de jazz estaba tan lleno de música y murmullos como lo había estado aquella primera vez. Las luces tenues bañaban el ambiente en un suave resplandor dorado que contrastaba con las sombras profundas en cada rincón. Jungkook cruzó la entrada con una mezcla de ansiedad y resignación. No había planeado volver a ese lugar a sabiendas de que ahí recordaría a Taehyung, no después de todo lo que había descubierto. Y, sin embargo, ahí estaba, caminando por los mismos pasillos, sintiendo un latido inquieto en su pecho que no había sentido la vez anterior.

La música suave y melancólica que flotaba en el aire no lograba calmar la tormenta que lo azotaba por dentro. Pasaron semanas, tres meses para ser exactos, en los que se había forzado a olvidar a Taehyung, a dejar de pensar en él como algo más que una ráfaga de viento que llegó y se fue de su vida, alguien que no estaba hecho para quedarse en ella, un amor prohibido que no le correspondía. Pero todos esos esfuerzos se habían desmoronado con una facilidad pasmosa en el momento en que decidió regresar.

Y ahí estaba él, Taehyung, yendo hacia el mismo apartado en el cual lo encontró la vez anterior. Una vez más, con un hombre a su lado. El contraste entre las luces cálidas y las sombras que cubrían sus rostros le dio a la escena un aire casi onírico. Jungkook sintió cómo la ira y los celos se arremolinaban dentro de él, mezclándose con el dolor y la confusión que no había logrado dejar atrás. Sin pensar, los siguió, entrando en el apartado justo en medio de los besos fogosos que Taehyung compartía con su acompañante.

La presencia de Jungkook fue como un inesperado balde de agua fría para alguien que ya había planeado follar a sus demonios esa noche. Taehyung se separó del hombre, su expresión endureciéndose al ver al intruso que acababa de romper la intimidad del momento. El otro hombre, visiblemente desconcertado, los miraba con una mezcla de confusión y exasperación, preguntándose qué estaba ocurriendo, deseando que esa batalla de miradas culminara para poder retomar lo que estaba haciendo. Sin embargo, aquella interrupción solo parecía extenderse.

Jungkook seguía inmóvil, sus ojos fijos en Taehyung. Tenía mil cosas que debería decir, preguntas que debería hacer, sobre su hermano, sobre lo que él mismo y Jungkyung significaban para el mayor. Pero nada de eso salió de su boca. En lugar de enfrentarlo, lo único que sentía en ese momento era una oleada de celos abrasadores. No importaba quién era el hombre que estaba con Taehyung; lo único que importaba era que quería a Taehyung para él, ahora, sin importar las circunstancias.

— Alístate — ordenó Jungkook, su voz firme y cargada de una seguridad dominante que no estaba seguro de dónde provenía. — Vamos a tu casa, quiero estar contigo.

La habitación pareció detenerse en ese momento, la tensión palpable entre los tres. Taehyung lo miró fijamente, sus ojos escrutando los de Jungkook, buscando respuestas que quizás el menor no estaba listo para dar. Habían pasado tres meses desde la última vez que realmente hablaron, tres meses en los que Taehyung había intentado, sin éxito, sacarlo de su mente, distanciarse, olvidar. Sabía que había algo en Jungkook que lo ataba, pero también estaba seguro de que era incapaz de darle todo lo que él podría necesitar o querer.

Taehyung, con la mandíbula apretada y la mirada dura, mantuvo sus ojos fijos en Jungkook. No podía simplemente ignorar el hecho de que, después de todo ese tiempo de silencio absoluto, Jungkook apareciera de repente y actuara como si tuviera algún derecho sobre él. Eso lo enfurecía, aunque no lo dejaría ver tan fácilmente.

—¿De verdad piensas que puedes aparecer aquí, después de ignorarme durante semanas, y esperar que simplemente haga lo que quieres? —Taehyung dejó que la recriminación gotease de cada palabra, su tono helado. Dio un paso hacia Jungkook, disminuyendo la distancia entre ambos, mientras su acompañante los observaba, claramente incómodo. — ¿Qué demonios crees que estás haciendo, Jungkook?

El nombrado, aunque sentía la dureza en sus palabras, no apartó la mirada. No podía retroceder ahora. Había tomado una decisión, y aunque sabía que Taehyung tenía razón, a pesar de que él mismo seguía envuelto en una nube de confusión por Jungkyung, por la relación que su difunto hermano tuvo con Taehyung, la necesidad de estar cerca de él era más fuerte que cualquier pensamiento. Estaba mal, lo sabía, pero verlo con ese hombre le hacía cuestionarse por qué él debía hacerse a un lado por un fantasma que jamás conoció.

—No puedo olvidarte —respondió Jungkook con firmeza, ignorando la reprimenda y manteniendo su postura.

¿Qué demonios estaba haciendo y por qué demonios estaba diciéndole esas palabras a Taehyung? ¿Se había enloquecido? ¿A dónde se habían ido su moral, su orgullo y amor propio? No entendía el motivo por el cual estaba rebajándose frente a ese hombre que lo observaba con total confusión y asombro. Maldición, nunca fueron nada, entre ellos solamente hubo momentos de placer y algo más, pero él no le debía nada a Taehyung. Aunque en su pecho sintiera lo contrario, Taehyung tampoco le debía nada a él.

— Sé que no tengo derecho, sé que te ignoré, pero... —Titubeó, sintiendo la intensidad de esa mirada atravesándolo. — No puedo dejarte ir. Necesito que vengas conmigo.
Taehyung resopló, una risa amarga que carecía de cualquier alegría real.

—¿No puedes olvidarme? —Repitió con una mezcla de incredulidad y amargura.— No soy un juguete, Jungkook. No soy alguien que puedes recoger y dejar a tu conveniencia. No soy tu maldito sustituto de nada.

La última palabra resonó en la mente de Jungkook como un eco. "Sustituto." Un término que cortaba profundamente, porque sabía que había una verdad dolorosa en esas palabras. Sentía que debía gritarle que él era el maldito sustituto, que por su causa había estado usurpando un lugar que no le correspondía. Sin embargo, a quién iba a engañar, si en ese momento lo único que deseaba era hacerle honor a ese adjetivo por el que muchas veces lo llamaron y convertirse en un ladrón, robarse el lugar que Jungkyung tenía en la vida de Taehyung aun después de muerto. Pero en vez de retroceder, se aferró a la única cosa que todavía le quedaba: su deseo, aunque egoísta, de estar con Taehyung.

—Sé que no lo eres —contestó con la voz entrecortada, dando un paso hacia él.— Pero no puedo alejarme, no puedo... No esta noche.

Taehyung lo observó durante un largo momento, con un torbellino de emociones pasando fugazmente por su expresión antes de que, finalmente, su mirada se endureciera de nuevo. Sabía que debía decir que no, que debía dejarlo ir, pero esa pequeña chispa de algo que no entendía del todo, algo que había intentado ignorar por tanto tiempo, lo detuvo. Quizás estaba cometiendo un error, uno que probablemente lamentaría, pero en ese instante, la batalla interna que había estado librando durante meses finalmente lo agotó.

—Bien — dijo con un tono de voz más bajo, una rendición que lo sorprendió incluso a él mismo.— No obstante, que esto no se convierta en un hábito, Jungkook.

Sin mirar atrás, se alejó por completo de esa habitación, dejando a su acompañante atónito y solo. Mientras salían del club, Jungkook sintió un tumulto de emociones contradictorias dentro de él. Había ganado esa pequeña batalla, había logrado lo que quería en ese instante, pero la guerra interna continuaba. Y mientras ambos se dirigían hacia la salida, en el fondo, Jungkook no podía dejar de preguntarse si alguna vez lograría llenar el vacío que sentía, o si siempre sería una sombra persiguiendo el fantasma de su hermano.

¡Hola, hola! ¿Se han mantenido saludable? Aquí les comparto un nuevo capítulo, espero que sea de su agrado.

LORED

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