
1: I Call Your Name
—¡Por dios, má!
Hablaba entre risas la joven, no pasando sus veintes neofitos, mientras escuchaba los murmullos al otro lado de la línea en su charla con su madre. El cabello rojo de la chica era tan rojizo y llamativo que parecía irreal, viéndose resaltado por una figura de piel blanca y ropa oscura, aunque floja, como lo eran su sudadera negra y unos vaqueros de mezclilla casi negra. Ella se encontraba en una gran y vacía aula de la preparatoria Midtown, en New York, dando los últimos arreglos a su área de trabajo tras la enseñanza de sus cursos a los jóvenes, o no tanto, dibujantes de una New York muy madrugadora.
—No es nudismo— decía mientras se acomodaba el celular entre su honbro y la oreja, usando ambas manos para retirar los últimos dos caballetes alrededor de la plataforma donde modeló hace apenas casi una hora ya —, no, tampoco es modelaje, ya te dije que solo posó para artistas— añadió mientras una mezcla de fastidio y gracia se apoderaban de su sonrisa, terminando esta por dejar la escoba y recogedor donde debían, en el closet del salón —, si, si, con un top y un short, nada m...
Un estruendo viniendo de los pasillos la interrumpió, alguien había abierto las puertas de golpe en algún lugar de aquel pasillo, y a juzgar por la prisa de los pasos acercándose antes de los intervalos donde se oían puertas siendo forzadas, un leve temor se apoderó de la joven, quien incluso cubrió con una mano la bocina, evitando que alguien del otro lado escuchara; pronto, varios pares más de pisadas se unieron a la carrera de quien, al menos ella pensó, estaba siendo perseguido. Poco tardo en hacerse presente, pues antes de intentar abrir desesperado la puerta del salón de arte, un joven castaño decidió intentar abrir la puerta frente al aula, viéndose su vano intento por lograrlo.
—Espera mamá, algo pasa,— anuncio de nueva cuenta, mientras se acercaba con prisa a la puerta, justo antes de ver al joven entrando de golpe al salón, pero cerrando a toda velocidad las puertas; ella entonces vio oportuno cortar la llamada —, bye. Je t'aime.
—¡Lo siento! ¡Solo pude entrar aquí, las demás puertas están cerradas!— decía entre una agitada respiración el joven castaño, que trataba de hacerse sentir más fresco al abanicar con su camisa de cuadros amarilla
—¿¡Quién eres!?— pregunto de un grito, mientras veía hacia la puerta, escuchando agitados pasos cada vez más cerca del aula
—Escondeme, por favor.
Tan pronto pidió, y sin esperar a la respuesta de la mujer, él corrió entre los caballetes restantes hasta un armario, abriéndolo de par en par para así antrar a este, esquivando palos de escoba y materiales artísticos, desde pinceles hasta latas de pintura vacías, logrando extrañar a la mujer ante lo extraño del escenario, un joven recién llegado escondiéndose en un armario de brochas y latas de pintura; justo está mañana, pensó que su día había llegado a ser uno más normal hasta el momento.
—¿No viste a un amigo por aquí?— pregunto un chico que entro al lugar tras prácticamente patear la puerta y dejar que tras el entrará otro par de amigos suyos —Estaba teniendo un ataque de pánico y salio corriendo, nos urge llevarnoslo a un lugar...— decía mientras miraba a su alrededor, tratando de disimular su obvia búsqueda por él, aunque terminando por no hallar nada —más tranquilo.
—No, lo siento no he visto a nadie aquí más que a ustedes— disimulo, evitando mirar hacia en armario y únicamente rogando que se fueran
—Demonios, muchas gracias— soltó el líder de los matones, mientras se daba la vuelta para salir junto a su grupo; de manera extraña, este freno de golpe y se giro, viendo de pies a cabeza a la joven antes de hablar —¿Vas a ser maestra de arte?
—No.
—Es una pena. Bueno, gracias de todos modos.
El eco de las puertas cerrándose tras ellos fue opacado por el sonar de la campana de inicio de clases, logrando hacer también que su suspiro fuera acallado; la joven solo camino hasta el armario, mientras veía de reojo hacia la puerta, como si esperara que estos volvieran, no logrando ver a ninguno y entonces tocando rápidamente la puerta del armario, permitiéndole al chico salir de este sano y salvo, aunque con la nariz algo abrumada del olor a pintura y solvente; un último vistazo hacia la puerta, y el joven estaba de vuelta en su clásico semblante alegre y despreocupado.
—Te debo una, chica, esos idiotas me hubieran molido a golpes— confesó entre un extraño estirar qué hizo crugir un par de sus huesos, antes de finalmente presentarse con la pelirroja —Normie Osborn.
—Jeannine Sauvage— de presento finalmente la pelirroja, estrechando la mano levemente sudada de Normie, aunque manifestando una leve sonrisa ante el gesto de sorpresa de Normie a su nombre —, lo se, suena violento pero soy una chica de paz.
—Se nota...— sentenció cabizbajo Normie, mientras metía las manos en sus bolsas y se columpeaba en las suelas de sus zapatos
—Tú apellido, Osborn— inicio Jeannine, tras meditar un poco acerca del nombre del joven —¿Tiene que ver con...?
—Si, si— explico, cansado de volver al mismo tema de cada vez que se presentaba —, soy de esa familia. Te juro que no soy un duende de ningún color.
Aunque aquello estaba destinado a hacer reír a Jeannine, un serio "ja" salió de sus labios, mientras esta miraba a su alrededor en el aula, esperando pensar en algún tema más allá de donde estaban en este momento. Normie, al no ver correspondencia, se giro y decidió seguir su camino hacia la salida, aún cuando Jeannine estiro la mano en búsqueda de tratar de alcanzar su brazo, pero frenandose a si misma antes de alcanzarlo.
—¡Nos vemos luego, Jeannine!— clamó Normie al aire, luchando por no girarse para ver si es que esta le respondía o no; el eco de sus pasos fue su única compañía
—Adiós, Normie— respondió a voz baja Jeannine, logrando hacer que Normie frenara un momento, y sonriera, justo antes de salir del aula
Tan pronto la puerta se cerró tras él, Normie corrió por el pasillo a toda velocidad, teniendo como objetivo las escaleras hacia la azotea, y viéndose de reojo en los reflejos de los estantes de trofeos, reconociendo al castaño en ese reflejo; logrando ver un poco de viscoso rojo tratando de emerger de cada borde debajo de su ropa.
«Bueno, mi psicólogo dice que a veces debes conocerte a ti mismo»
Chocando con el costado de su cuerpo, Normie abrió de golpe la puerta de las escaleras, dejando que su cuerpo se rodeara de aquella viscosidad rojiza mientras iba subiendo las escaleras a toda velocidad, fijando su destino en la azotea.
«Y voy a suponer que pensar de mi en tercera persona entra en esa categoría»
Incluso rodeado en su totalidad de aquel viscosidad rojiza, esta iba tomando otra forma mientras este corría hasta el borde de la azotea, terminando por dibujar una araña en el medio de su pecho, como marca de agua o similar, un sello más que reconocido para la ciudad de New York. Un sello, no visto hace ya varios años por los neoyorquinos.
—En alguna parte de Manhattan.
Unos cuantos matones corrían entre los callejones de New York, con las bolsas de sus mochilas a reventar de dinero, y sus manos temblorosas armadas con letales armas de juguete; el primero, y más corpulento, iba en medio, con una réplica de escopeta Mossberg 500, aunque de la mitad de su tamaño; luego estaba el más veloz, de pequeño tamaño en comparación a sus compañeros, y con una pistola de balines en reemplazo de un revolver, disparando hacia la policía mientras los demás buscaban escapar. Todos corrían entre los charcos de agua entre las calles, y el sonar de las sirenas de policía, no hacia mucho que habían robado el banco; en tiempos anteriores, no hubieran salido del banco sin que algún encapuchado llegara a salvar el día.
«Es un poco aterrador, Normie»
Trepado en los muros, una figura rojiza perseguía a los criminales, esperando al momento oportuno para su ataque sorpresa.
«Cállate»
—¡Felicitaciones...!— se escucho desde arriba de los matones, obligandolos a girarse hacia arriba, y topandose con una confusa escena
Él cayó desde el edificio, embistiendo al primero de los matones, aquel con una réplica de ametralladora thompson, derribandolo tras su caída y acertandole un puñetazo al rostro, logrando hacer que la sangre se camuflara en su traje al salpicar de la boca y nariz del criminal.
Sobre ellos, una figura de rojo, con una piel tan ajustada como cualquier malla en la época heroica dorada; sus grandes ojos blancos se fijaron en los criminales, mientras que las puntas de su dedo se afilaban, logrando incluso cortar un poco del rostro del criminal, dejando correr algunas gotas de sangre por entre los rojos dedos del vigilante.
—¡...uno de ustedes va a mojar sus pantalones!
«Lo digo en serio, yo debería ser quien te hiciera segunda, no tú en tu mente»
Él salto del primer criminal, cayendo sobre las espaldas de los otros dos, derribandolos al instante entre sus quejidos adoloridos; el enmascarado disparo una red orgánica, del mismo color que su traje, desde su muñeca, atrapando a uno más, qué estaba por escapar, tirando de él hasta dejarlo junto al montón de criminales, dejándolo fuera de combate tras ser impactado por un puñetazo de a la tráquea; más el más grande del grupo no tenía planeado caer sin pelear, o sin intentar pelear con el vigilante. De un fuerte empujón, el criminal aparto al vigilante, más por que él lo permitió que por que este fuera fuerte en comparación a su atacante.
«Mi nombre es Normie Osborn, y hace mes y medio me he vuelto vigilante gracias a un simbionte heredado por mi abuelo»
«Y ahora me ignoras, bien»
Aquel coepulento hombre tiro el saco de dinero y su arma falsa, alistándose para cargar hacia el héroe, con intenciones violentas; Normie solo le negó con la cabeza, esperando este le hiciera caso, aquel criminal no obedeció su advertencia, y corrió hacia Normie, quien suspiro con molestia y esquivo al hombre de un salto, cayendo sobre un contenedor de basura y lanzándole una red en el pecho al último criminal en pie, tirando de él con fuerza para guiarlo hasta su puño, interceptadolo en el aire y golpeandolo directo al rostro, dejándolo caer dentro del contender de basura, ya fuera de combate.
—Y yo que pensé que sería el único que pensó en quitarle los billetes a estos amateurs— se escucho desde uno de los callejones en aquel pequeño espacio tras edificios; Normie dio un pequeño brinco en su lugar, siendo sorprendido por aquel que hablaba
Ahí, en medio de la calle, y ya cargando un saco de billetes, un hombre con un traje de descolorido color amarillo, cubierto por largas botas, cinturón y hombreras azules, resaltando de su conjunto, el casco qué traía puesto con una flecha de igual tono de amarillo.
—¿Y tú eres?— pregunto el vigilante, viendo extrañado al recién llegado, con una risa luchando por salir por debajo de la máscara, y los respiradores resaltaban de su mentón
«Claro, me lo heredó luego de tratar de hacerme malvado, al hacerse el super malvado»
—Eres frío, aunque suenas algo joven— contestó el de amarillo, mientras lentamente se dirigía hacia las calles, a través de un callejón y sin quitarle la mirada de encima a Normie —, hasta estoy pensando en dejarte un fajo o dos.
—Sigo esperando saber quien eres— insistió él, siguiendo con la mirada al nuevo ladrón, que amenazaba con escapar en cualquier segundo
«Pero a la larga hizo algo bueno, supongo, a mí»
—Bollix— contestó finalmente el villano, presentándose y empezando a correr hacia las calles —¡y el dinero será mio!
«Nosotros»
Normie dio un brinco hacia el villano, saltando de un muro a otro mientras se acercaba más y más, a lo que Bollix aceleró su paso, viéndose casi alcanzado por el vigilante carmesí; Normie salto con las garras al frente, listo para embestir a Bollix y acabar con esto rápido, pero viendo su regreso a clases aun lejano apenas se acercó a Bollix a tan solo milímetros de tocarlo. Una especie de vibrante burbuja de energía apareció alrededor de Bollix, rechazando no solo el ataque de Normie y haciendo vibrar su traje rojo, sino incluso lanzandolo hacia uno de los muros con violencia, causando a su vez las risas de Bollix.
—E-Eso no lo vi venir— se quejo, mientras se levantaba del suelo y veía los ladrillos sumidos qué su impacto contra el muro había dejado
«Se sintió como un campo de fuerza»
—No me digas, sherlock— se quejo con molestia Normie, mientras se podía de pie y corría tras de él
Sobre las calles, Bollix corría de la policía, creando aquel escudo cada vez que las balas estaban a nada de impactarle. Bollix reía, mientras se planteaba el regresar por el dinero restante, aunque viéndose detenido por otro tipo de proyectil; desde la altura de los edificios una ráfaga de pequeñas bolas red roja cayeron sobre de Bollix, rebotando hacia los autos o cristales en tiendas, destrozandolas tras rebotar. En las alturas, Normie esbozaba una mueca de molestia y fastidio bajo su máscara.
—También sirve con proyectiles— sentenció al aire Normie, intentando pensar como detenerlo
«¿No era obvio?»
—Cállate— soltó molesto Normie, mientras giraba hacia donde estaban ya enredados los otros criminales —, tengo otra idea.
«¿Donde me quede?»
—¡Oye, Bollix!
Alzando la mirada hacia lo alto, Bollix pudo ver al rojizo vigilante, con un saco lleno de dinero en cada mano, listo para actuar; los policías también a alzaron la mirada, aunque más confundidos. El primer saco fue lanzado, estaba atiborrado de billetes, Bollix tuvo que desvanecer su escudo para atrapar la bolsa, e incluso balanceandose para no dejar caer la bolsa.
—¿Qué demonios haces Spider-m...?— se preguntó Bollix, alzando la mirada con una gran sonrisa
«Creo que en tu trágico origen»
La siguiente bolsa voló a toda velocidad hacia Bollix, aunque esta última impacto contra el rostro de Bollix, rompiendo el visor de su casco y estallando aquel saco tras el golpe, dejando salir una enorme cantidad de monedas en su interior; la espalda se Bollix choco contra el auto, destrozando lo que quedaba de los cristales en el auto, y dándole la ventaja al vigilante. Normie cayó sobre el asfalto entre una vuelta de carro, acertando una bofetada con fuerza a Bollix, justo antes de tomar del pecho de su traje y tirar de este, alzandolo por encima suyo y lanzandolo con todas sus fuerzas hacia una farola cercano, esto tras disparar telarañas apenas soltarlo; Bollix se estampó contra aquella farola, quedando fuera de combate y firmemente asegurado a la misma tras caerle las redes, quedando algunas de estas redes rojas adheridas al suelo y muros cercanos.
—Muchas gracias por eso Spider-man— anuncio uno de los oficiales, saliendo detrás de su patrulla mientras veía con asombro a la figura roja, y al derrotado "villano"
—No soy Spider-man, en realidad no tengo un nom...— trato de decir Normie, mientras se acercaba a los oficiales, pero viéndose interrumpió por un oficial más
—¿No oíste a ese tipo?— pregunto el segundo oficial, claramente novato a juzgar de su entusiasmo y edad, tras haber interrumpido en la "platica" —Se llama Spider.
—Bueno aún no decido mi n...— trataba de decir Normie bajo su simbionte, a la vez que evitaba mirar de frente a los oficiales, viendo su mirada desviada hacia el reloj del oficial; Normie rápidamente entró en pánico —Mierda ¿saben la hora?
—Pasan de las diez— le informo aquel policía que portaba el reloj en su muñeca, esto tras ver la hora en su teléfono
—¡Carajo!— clamó Normie, mientras disparaba una red hacia un edificio y la tensaba para salir disparado hacia los aires —Gracias oficiales, sigan haciendo un buen trabajo ¡bye!
—Preparatoria Midtown.
«Siempre pensé que ser héroe era más fácil de lo que pensaba»
Normie bajaba a toda prisa por las escaleras de su escuela, buscando a prisa su siguiente salón de clases, o el primero del día, y esperando que no hubiera maestro alguno. Sus pisadas hacían eco entre las voces de los maestros dando clases en los demás salones, quienes solo veían, de mala gana, de reojo a Normie en su carrera hacia su salón.
«Especialmente siendo huérfano y con una hermana mayor que va y viene de la casa»
Normie corrió tan rápido como pudo, e incluso tan rápido como el simbionte le permitió al controlar sus piernas por debajo de la ropa. Si esta iba a ser su día a día, llegar tarde a clases y correr por pasillos vacíos tras pelear con villanos qué otorgaban puntos de dudosa calidad a la reputación del nuevo vigilante, iba a ser una larga, o corta, vida heroica.
«Nunca tomaste en cuenta la escuela. Y eso que no has empezado a tener citas»
Una joven castaña de tez morena yacia campante justo a un lado de la puerta del aula que se le había asignado. Ella era nueva en la escuela. Ante su timidez, opto por esperar fuera del salón leyendo en su celular tras haber llegado algunos minutos tarde a su clase. La joven pakistaní se mantenía ensimismada con una sonrisa mientras daba rienda suelta a su lectura, además de mantenerse bien envuelta en su esponjosa chaqueta, cuyo vendedor juró tenía una letra S en el brazo, por más que pareciera un relámpago de un viejo héroe de la lejana Central City.
—Diablos Billie— leía en voz baja Kamala, sonreía vagamente, como si ya supiera hacía dónde iba lo que tenia escrito frente a ella —¿No entiendes que Aurora no te aleja por que quiere? ¡Es autista y...!— de una manera sorpresiva, los rápidos pasos de Normie fueron demasiado rápidos para ella, y terminó por ser embestida, ambos terminando por entrar de golpe a media lectura del profesor en turno —¡Oye, eso me dolió!— se quejo la joven, mientras sobaba su hombro y veía de reojo a Normie, quien se sobaba de igual manera el pecho
—¿Presente?— pregunto Normie, tratando de ver solo al profesor
Mientras que Normie trataba de centrar su atención en la mirada del profesor, evadiendo a cada alumno que seguramente lo mliraba, Kamala hacia todo lo contrario, sintiendo un inmenso calor en todo su cuerpo al sentir todas y cada una de las miradas sobre ella.
—¡Eso Normie!— exclamó un joven pelirrojo desde el fondo del salón, que estaba junto a un par de butacas vacías; la voz de aquel joven, parecía un intento por formar palabras, mezcla de una especie de balbuceo y palabras ya artículadas
—Ya que el Señor Osborn la ayudo a pasar— señaló entre una mueca molesta el profesor, a la par que anotaba una falta y reporte en el expediente de Normie —¿Por que no se presenta?
—Yo emm... soy Kamala— habló Kamala, mientras apenada buscaba ver al suelo o al techo del aula, sin realmente notar que nadie le prestaba especial atención más allá de un par de miradas atentas; aunque Normie quiso irse a su asiento, el profesor se lo impidió tras tomarlo del hombro durante la presentación de Kamala —, Kamala Khan y aunque vivo en New Jersey, vengo hasta acá en el metro.
—Estoy seguro de que harás amigos en este curso— expreso sin mucha alegría el profesor, parando en seco el discurso de presentación de Kamala y dándole un par de palmadas en la espalda —, o en el otro grupo, hay una chica muy agradable, se llama Priya A... arga... Aghyaj...— cada intento, empezaba a ser peor, especialmente por que ahora si, todos los alumnos empezaban a prestarle atención, e incluso Kamala se sentía incomoda; Normie por su lado, intento aguantar la risa —, se llama Priya. Ya pueden irse a sentar, Normie, que se siente junto a ti.
Ambos jóvenes siguieron entonces su camino por entre las sillas y los estudiantes, hasta llegar a las últimas dos sillas del lugar, prácticamente pegadas al muro al que todos daban la espalda. Kamala se adelanto a Normie, sentándose en el lugar vacío que estaba junto al joven pelirrojo, ganándole el lugar a Normie, quien se vio obligado a tomar el lugar de a lado de Kamala ante las burlas del joven pelirrojo, y un par de jóvenes de tez morena al frente y al lado del pelirrojo. Mientras que el cabello del joven era negro, estando a la mitad de ser achinado y afro, el de la joven era un achinado cabello rubio.
—¿Te dormiste de nuevo?— pregunto el pelirrojo, inclinándose para ver a Normie en su asiento, mientras hacía las señas correspondientes a sus palabras
—No, solo me perdí camino al salón— contesto Normie con una sonrisa, respondiendo de igual forma, palabras y señas
—¿Eres mudo?— pregunto Kamala, tan sorprendida como apenada de lo que acababa de preguntarle
—No, es sordo— corrigió Normie, mientras se señalaba los oídos
—Pero se leer los labios, mucho gusto Kamala— saludo el pelirrojo, mientras estiraba la mano a Kamala y esta la tomaba con una sonrisa —, soy Benjy Parker, mejor amigo de este cabeza hueca.
—Eres sordo, hablas y sabes lenguaje de señas también ¡Qué cool!— exclamó Kamala mientras se quitaba la esponjosa chaqueta y la dejaba sobre el respaldo de su asiento
—Eso es divertido hasta que no logras que mantenga los dedos cerrados— bromeó Normie, mientras acomodaba su mochila sobre su respaldo y se alistaba para tomar una siesta
—Jódete— maldijo Benjy, mientras hacía señas qué terminaron en un dedo medio
—¿Iras a la excursión?— pregunto Max, el joven moreno, mientras dejaba caer su cabeza sobre su butaca
—¿Habrá una excursión?— preguntó con timidez Kamala, arrepintiendose casi al instante de haberse metido en la charla
—Sep. Nos llevarán a Metrópolis— contestó a ojos cerrados la de cabello rubio, mientras cerraba también sus puños frente a su rostro y sonreía —, soy Charlotte, y ese entusiasta de la educación es mi hermano, Max.
—Si no me mata el idiota de Hans— señaló Normie, aún con la cabeza contra su mochila —, yo digo que si.
—Aw ¿puedes darle una palmada por mi?
Pidió Charlotte, a lo que Kamala, extrañada de la petición, simplemente lo hizo, estirándose al lugar de Normie y palmeando su cabeza sin mucho entusiasmo, justo antes de devolverle la mirada a Charlotte, y que esta alzara el pulgar en aprobación.
«Primero me lo comeré»
—¿Nunca te callas o sí?— murmuró Normie, logrando que todos, a excepción de Benjy, se giraran a verlo, algo extrañados al no haberlo escuchado con claridad
—¿Eh?— pregunto Charlotte, buscando saber que no había entendido lo que creyó haber entendido
«Normie»
—No dije nada, solo...— Normie alzó la cabeza, desganado y viendo de reojo a las chicas; incluso Benjy se giro hacia él al ver como Charlotte y la recién llegada Kamala le miraban atentas —pense en voz alta sobre mi hermana. Imagino lo que dirá al saber que iremos a otra ciudad...
—Ajá.
Incrédula de las palabras de Normie, Charlotte se puso de pie agitadamente y camino entre las sillas con rapidez tras haber empujado un poco a Benjy, quien al casi caer, también terminó por empujar a Kamala hacia Normie, este último atrapandola rápidamente antes de que ella y su silla cayeran al suelo; la cabeza de Kamala quedó sobre el hombro de Normie, mientras que su mano terminó en el pecho del varón. Normie casi la soltó al verse en tal situación, y sin poder hacer nada al momento pues sus manos sostenía la silla de Kamala. Charlotte, por su parte, tomó con rapidez el pase hacia los baños y, con una expresión de nerviosismo, empezar a correr hacia los pasillos.
—C-Casi te caes— señaló Normie, algo nervioso y mientras la regresaba a su posición original; Kamala miró hacia otro lado, buscando esconder un leve rubor
«Esa chica. Tiene algo dentro. Alguna clase de mutación... no, no mutación...»
Las campanas sonaron al paso de un par de horas más, obviamente tediosas, y de su salón salió el grupo con una nueva integrante, a quien trataban de enseñarle frases en lenguaje de señas. Todos avanzaron por los pasillos hasta finalmente salir de la escuela, viendo la luz de un nuevo día libre de la institución, y los autobuses llenándose de alumnos de todos grados, mientras que Kamala, tras sacudir un poco la mano en alto para sus nuevos amigos, se alejaba de los autobuses y los estudiantes, seguramente yéndose hacia la estación de metro. Normie presto atención a la misma mientras se alejaba de ellos, únicamente viendo su cabello meneandose mientras esquivaba a la gente, hasta que se perdió de la vista al doblar la esquina.
«...más bien, algo inhumano»
—Penthouse Osborn - New York.
Normie llegaba de la escuela, entrando por el lobby qué daba paso al edificio que servía como la base para el Penthouse de la familia Osborn; tras saludar al guardia, y dejarle un gran sandwich, Normie avanzo sin problema alguno hasta el elevador, simplemente entrando con cansancio y fastidio tras un día largo y aburrido en la escuela. Más su día como héroe, o vigilante, ese había sido otro caso; su rojizo amigo y él, habían pateado traseros e incluso enfrentado al que tristemente era su primer villano: Bollix.
«Diecisiete años»
Las puertas del elevador se abrieron, y dieron paso a una especie de pabellón que guiaba hacia tres puertas, cuatro contando la del elevador, aunque una era seguramente hacia las escaleras, y la otra hacia alguna otra sección de lo más alto en el edificio. Normie suspiro y tras sacar sus llaves, avanzo hacia el par de puestas justo frente a él, las cuales estaban rodeados de un fino arco de mármol beige. Tras introducir las llaves, un eco digno de película de terror acompañó a las puertas mientras se abrían y lo dejaban entrar a la residencia qué, hace mucho, era de la familia Osborn; Normie suspiro y cerró las puertas tras él, simplemente avanzando a fuertes pisadas, creando eco a lo largo de lo que prácticamente era una mansión en lo más alto de un edificio. Una mansión vacía.
«Una casa completamente sola más allá de uno que otro mayordomo y la gente de seguridad en el resto del paraíso»
Paso por los pasillos hacia la cocina, ocasionalmente haciendo chillar la losa bajo sus pies mientras, a su paso, encendía las luces de la casa que la servidumbre heredada insistía en apagar tan pronto el dejaba su casa hacia la escuela; de reojo vio las fotos familiares a su paso, viendo con algo de temor el retrato familiar, donde su abuelo abrazaba a sus padres, con una sonrisa tan común como cualquiera, pero que resonó en su cabeza con el eco de una sonrisa maniática, por lo que siguió su camino, topandose más adelante con la fotografía de una niña rubia con un bebé en brazos, su hermana Sarah, mayor quizás por casi diez años.
«Y la riqueza familiar»
Normie abrió el refrigerador, abundante en comida y todo tipo de gustos momentáneos. Con una mueca cansada, tras mirar hacia el vacío de la casa, Normie tomo una lata de soda y una cuchara, haciendo palanca con el mango de la cuchara y logrando así levantar la anilla de la lata, abriéndola de paso.
«Yo pude hacer eso por ti»
Un camino de prendas se extendía por toda la mansión, terminando con un desnudo Normie al final de camino, entrando a la regadera con media lata de soda, aún bebiendola mientras el chorro del agua lo bañaba lentamente en su paso al agua.
«Debería ser el paraíso»
Termino su soda, medio mezclada con el agua de la regadera; alzó la mano, lleno a la mitad la lata con soda y luego hecho un chorro de shampoo dentro, posando su dedo en el orificio, para terminar agitando la y luego echarse la mezcla de agua enjabonada en la cabeza; a juzgar de su mirada al vacío, y su mente abrumada, estaba actuando prácticamente en automático.
«Jeannine. Es un nombre extraño. Aunque es linda en verdad, es tan...»
—Jeannine— susurro en voz baja, mientras veía videos musicales en la pantalla de su sala, el estando en boxers color mostaza y una letra O, en color negro a un costado
«Lo lamento, Normie»
—¿Sobre que?— pregunto Normie, viendo la luz de la mañana entrar por los enormes ventanales de la mansión; él abrazaba la almohada, y sus calzoncillos parecían estar un poco más abajo
«No poder hacer nada con el dolor de un corazón»
Normie se puso de pie y miro a su alrededor. Los relojes marcaban las seis treinta a.m. Entre un largo suspiro se propuso iniciar un nuevo día apenas escuchó las sirenas de policia en las calles; su traje rojizo rápidamente se generó a su alrededor en respuesta.
«O su soledad...»
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