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Capítulo 104: Interrogatorio

https://youtu.be/jAGvx0xlDLw

POV Jade/Hermione

Cuando llegué a la sala común, los chicos me esperaban con preocupación, por lo que no dudé en sonreír con algo de tristeza, ellos parecían extrañados, informé lo que pasó y no tardé en ser abrazada por Lavender y Ginny.

— Lo que importa es que estás bien — negué.

— Este es solo el comienzo, Umbridge va a actuar con más libertad en Hogwarts, así que no podré verlos tanto como les gustaría — informé.

— Pero tienes un plan — dijeron los gemelos.

— Algo así, aunque algo me dice que ustedes tienen planes más grandes — sonreí en su dirección y sonrieron con suficiencia.

— Justo como pensábamos...

— ... nuestras bruja favorita nos conoce bien Feorge.

— Tu los has dicho Gred.

— Pero es una sorpresa que no van a contarnos. — se encogieron de hombros.

— Dumbledore no quiere que te vayas de la escuela, tiene un propósito para eso, pero nosotros somos almas libre pequeña leona.

— Sino estuviéramos planeando esto nosotros simplemente nos hubiéramos ido, podemos hacer algo mejor con nuestro tiempo — sonreí.

— Lo sé — eso es algo que nunca cambiaría.

— No te dejaremos Hermione — aseguró Fred.

— Lo sé — sonreí — tiene una gran tienda por hacer — aseguré y me abrazaron.

— Sabes que te esperaremos ¿no?

— Más les vale, par de traviesos — asentí. — solo tengo un favor que pedir, es algo grande que les informaré por la mañana — ellos me miraron con asombro, pero sonrieron ampliamente.

— Claro que sí.

— Esto entonces será doblemente divertido.

||...||

Sabía que una de las cosa que haría Umbridge sería deshacerse de Peeves, por lo que era momento de sacar toda la artillería, para una despedida digna de su más leal secuaz, sonreí será mejor que se prepare esa cara de sapo, porque esto no terminaría muy fácil, mandé a Cain a buscar a mi Poltergeist favorito, quien no tardó en aparecer esa noche.

— ¿me llamaba jefa?

— Creo que estas al tanto de los cambios que se suscitaron hace unas horas — ante eso asintió con fastidio. — la cara de sapo tiene planes para deshacerse de ti, por lo que te doy la opción de tener la despedida temporal más grande de todo el colegio. — ante eso sus ojos brillaron. — después planeo emplearte para otros asuntos, pero creo que esto es más importante.

— Soy todo oídos Jefa — sonrió malévolamente y yo también lo hice, entonces...

||...||

Hoy me encontraba buscando a Theo, a quien pronto divisé en la distancia solo en una ventana, parecía ver algo en su mano que no alcanzaba a divisar, caminé hacia él, pero el al notarlo guardó lo que sea que tenía y salió a paso rápido fingiendo que no me vio, bien, hasta aquí estaba mi paciencia, teníamos que hablar sí o sí.

Corrí silenciando mis pasos, y cuando estaba cerca y como volteo y estaba por correr, pero me lancé a él tacleándolo, y abriendo un portal debajo de mí, pronto caímos en una cama suave y escuché como alguien se ahogaba detrás de mí, suspiré y entonces al inhalar el olor de Theodore me di cuenta de cuanto lo extrañaba, un delicioso olor a libros y un toque sutil de granos de café.

— Hermione ¿qué crees-? — alcé la mano para callar a Barty.

— Necesito hablar con él ¿puedes dejarnos solos por favor? — pedí y oí como resopló y salió hacia otra habitación. — Theo, deja de evitarme ¿qué pasó?

— Solo... no sé qué hacer... — susurró — Lo siento, dije que no lo haría... solo, necesito controlar mis ambiciones... creo que soy mala persona...

— Eres un tonto Theodore Nott — dije frunciendo el ceño, fue entonces que decidió verme a la cara.

— Lo sé, lo s- — antes de que pudiera terminar lo besé.

Reclamé sus labios con decisión, y cuando respondió con tanto fervor sentí alivio, lo atraje más a mi y sentí como afirmaba su agarre en mi cintura, su lengua se fundió con la mía, en una danza interminable, pronto nos dio vuelta para mi sorpresa sacándome un jadeo que calló profundizando el beso con un jadeo de deseo tal ronco que ocasionó que mis sentidos se prendieran.

Cada caricia, estaba llena de anhelo y un amor apasionante que quemaba cada pizca de cordura que quedaba en mí, se quitó su camisa en un instante y llevó mis manos a su pecho, mientras este subía y bajaba en una respiración fuerte y profunda, su mirada chocó con la mía, tanta culpa y amor que luchaban internamente, no podíamos seguir con esto, no así.

— Te amo, te deseo, ambiciono tener y probar cada parte de ti, pero también te respeto y quiero que seas feliz, no quiero hacerte daño — susurró — mi corazón duele, y duele por todo lo que hemos pasado y lo que no puedo controlar... te dije que no forzaría una respuesta, pero esto que haces me está volviendo loco y voy a sucumbir... no quiero que veas esa parte de mi ¿y si la odias? — alejé mis manos de su pecho y pareció destrozado, como si fuera a romperse, cerró los ojos, pero mis manos viajaron a su rostro acariciando sus mejillas con mis pulgares.

— Theo, mírame — pedí y nuevamente abrió los ojos, bajé una mano para apoyarme en la cama y levanté un poco mi torso para alcanzarlo, besando su nariz — te amo, confío en ti, y así como tu has amado cada parte de mí, yo amo y amaré todo aquello que seas... — junté nuestras frentes. — y por mucho que me gustaría perderme entre tus besos, tengo que hablar contigo, es importante que lo sepas ¿puedes escucharme? — ante eso asintió.

Nos recostamos mientras miramos el techo y comencé a contarle todo lo que pude entender acerca del lazo que tengo con el y los chicos, mis dudas, el que realmente no podía centrarme tanto en lo romántico, pero que deseaba que cuando todo terminara, pudiera aceptarme, que realmente no podía otorgarle una relación monógama porque mis lazos implicaban a más de uno, y ya los había arrastrado a esto, y que todavía me hacía falta hablar con los demás de esto.

— Entonces, seré parte de tus parejas — aseguró y rebuscó en sus bolsillos — no es la manera que esperaba, pero ciertamente creo que es la situación adecuada — susurró acercándose. Pronto lo tuve sobre mí de nuevo, fundiéndonos en un beso que reclamaba todo de mí, y fue entonces que lo sentí, mientras entrelazaba nuestras manos, de forma lenta y delicada colocó un anillo en mi mano. — ahora soy tuyo, y cuando todo esto acabe, espero poder formar una familia a tu lado, mi encantadora leona.

— No podría esperar nada menos que eso mi astuta serpiente — lo abracé mientras volvíamos a fundirnos en un beso, desabotonó poco a poco mi camisa y comenzó a besar mi clavícula al mismo tiempo que sus manos acariciaban con sumo cuidado y deleite mi abdomen, subiendo poco a poco, extendiéndose por toda mi piel.

Entonces tocaron en la parte superior de la maleta, sorprendiéndome. ¿por qué nunca puedo llegar más allá? Ya sabía quien era, por lo que suspiré, Theo se bajó de mi y nos tapamos con las cobijas de la cama.

— Pasa — ordené y apareció Cain de entre las sombras sorprendiendo a Theo. — ¿informe? — cuestioné alzando una ceja y el asintió.

— Todo esta por comenzar, pensé que se querría alistarse antes — avisó y asentí.

— Salvado por la campana cariño — dije dándole un beso en la mejilla y me levanté para alistarme.

— ¿Dónde estamos? — preguntó sonrojado mientras se volvía a poner su camisa y se arreglaba la corbata.

— En una de mis maletas de Hogwarts, las he estado equipando correctamente — contesté.

— ¿el tipo de hace rato también es uno-? —intentó decir.

— ¡¿qué?! ¡claro que no! ¡Barty es como un hermano mayor para mí! — ante eso asintió. — no me vuelvas a ignorar Theo — pedí antes de pasar por el portal que había abierto.

— Nunca, mucho menos ahora — dijo tomando la mano que tenía el anillo y llevándola a sus labios, depositando un beso en ella. — tu eres mi destino, no pienso dudar — me robó un último beso antes de pasar por el portal y jalarme con él. Caminamos por los pasillos hasta que una voz nos sacó de nuestra ensoñación.

— la fase uno está a punto de empezar. Yo en su lugar entraría en el Gran Comedor, y así los profesores sabrán que no han tenido nada que ver. — sugirió Fred pasando una mano por mi hombro.

— Nada que ver ¿con qué? — se extrañó Theo, sonreí.

— Ya lo verás — dije al mismo tiempo que George — Y ahora, corran.

Los gemelos se dieron la vuelta y se perdieron entre la multitud que descendía por la escalera hacia el comedor. Ernie, que pasaba a nuestro lado muy desconcertado, murmuró algo acerca de unos deberes de Transformaciones que no había terminado y se escabulló.

— creo que deberíamos irnos de aquí — opinó Theo con nerviosismo y asentí.

Cuando apenas había vislumbrado el techo de aquel día, en el GC por el que se deslizaban unas nubes blancas, alguien me dio unos golpecitos en el hombro, y al girarme, me encontré frente a frente con Filch, el conserje. Suspiré, esto no podía ser bueno.

— La directora quiere verte, Granger — dijo el hombre con una sarcástica sonrisa.

— Pero ella no ha hecho nada — repuso Theo frunciendo el ceño y entrelazando nuestras manos para sostenerme firmemente. Los carrillos de Filch temblaron, sacudidos por una risa silenciosa.

— Tienes remordimientos de conciencia, ¿eh? — comentó entre resuellos — Sígueme, Granger, solo te quiere a ti y a Potter.

Asentí viendo a Theo, quien suspiró y me soltó. Filch estaba de un buen humor poco habitual en él; tarareaba con la boca cerrada mientras subíamos por la escalera de mármol. Cuando llegamos al primer rellano, el conserje se decidió a hablar.

— Las cosas están cambiando.

— Ya lo he notado — respondí con apatía.

— Sí... Llevo años diciéndole a Dumbledore que es demasiado blando con ustedes — contó chasqueando la lengua con desprecio — ustedes, pequeñas bestias inmundas, nunca habrían tirado bombas fétidas si yo hubiera estado autorizado a azotaros hasta dejaros en carne viva, ¿verdad que no? A nadie se le habría ocurrido lanzar discos voladores con colmillos por los pasillos si yo hubiera podido colgarlos por los tobillos en mi despacho, ¿verdad que no? Pero cuando entre en vigor el Decreto de Enseñanza número veintinueve, podré hacer todas esas cosas... Y la nueva directora ha pedido al ministro que firme una orden para expulsar a Peeves. Sí, ya lo creo, las cosas van a ser muy diferentes por aquí ahora que ella está al mando...

Era evidente que Umbridge había hecho todo lo posible para ganarse la simpatía de Filch, aunque bueno, son tal para cual, y lo peor era que seguramente Filch resultaría un arma muy útil; podía decirse que nadie conocía como él los escondites y los pasadizos secretos del colegio, después de los gemelos Weasley.

— Ya hemos llegado — indicó Filch sonriendo con malicia mientras daba tres golpes en la puerta del despacho de Umbridge y la abría — Le traigo a Potter, señora.

El despacho de Umbridge, estaba igual que siempre, la única excepción era el enorme bloque de madera que había en la parte delantera de su mesa, con unas letras doradas que rezaban: "DIRECTORA." Umbridge estaba sentada detrás de la mesa, muy ocupada escribiendo en un trozo de su pergamino rosa, pero levantó la cabeza y mostró una amplia sonrisa al vernos entrar.

— Gracias, Argus — dijo con dulzura.

— De nada, señora, de nada — repuso Filch, que se inclinó todo lo que le permitió su reumatismo y salió caminando hacia atrás.

— Siéntate — indicó de manera cortante señalando una silla al lado de donde se encontraba Harry.

El sapo siguió escribiendo. Podría notar el nerviosismo de Harry a kilómetros, pero no le di importancia, le pasé una píldora para evitar el veritaserum de lo que fuéramos a tomar, él pareció extrañado, pero de forma disimilada, la tragó antes de que Umbridge se dignara a volver a hablar.

— Bueno — dijo por fin el sapo mientras dejaba la pluma encima de la mesa. Parecía un sapo a punto de engullir una mosca especialmente sabrosa — ¿Qué les apetece beber?

— ¿Cómo dice? — preguntó Harry, extrañado de sus palabras.

— ¿Qué les apetece beber, Potter? — repitió ella, ampliando aún más su sonrisa — ¿Té? ¿Café? ¿Zumo de calabaza?

Cada vez que nombraba una bebida, daba una sacudida con su corta varita mágica, y una taza o un vaso aparecían sobre su mesa.

— Nada, gracias — contestó Harry.

— ¿tiene bourbon? — pregunté y frunció el ceño.

— No se consumen bebidas alcohólicas en mi escuela, Granger.

— Que lástima, Filch dijo que las cosas cambiarían, supongo que no tanto. — vi un ligero temblor en el ojo de Umbridge.

— Quiero que tomen algo conmigo — insistió con una voz peligrosamente dulce — Elijan.

— Si yo bebo, ¿Harry se puede ir? — le prometí a Ron que convencería a Harry de ayudarlo con una tarea de encantamientos.

— Así que... ¿usted tomará algo conmigo?

— Supongo que zumo de calabaza — respondí encogiéndome de hombros.

Umbridge se levantó, se colocó de espaldas a mí y, con mucha parsimonia, añadió zumo de calabaza a la taza. Entonces pasó junto a la mesa, con la taza en la mano, sonriendo con una ternura siniestra.

— Toma — dijo, y me dio la taza — Bébetelo ¿de acuerdo? — me encogí de hombros y comencé a beber ante la mirada preocupada de Harry. — Muy bien, Potter... — creo que te puedes ir — vi como sus ojos se iluminaron mientras Harry se iba de su oficina y me miraba fijamente — Me ha parecido oportuno mantener una breve charla con uno de ustedes después de los lamentables sucesos ocurridos anoche. — asentí sin emitir palabra alguna.

Umbridge volvió a sentarse en su silla y esperó. Se produjo una larga pausa, mientras bebía más del zumo, dejando la taza a la mitad. Uno de los horribles gatitos pintados tenía unos enormes y redondos ojos azules, como el ojo mágico de Moody ¿qué diría Ojoloco si se enteraba de que había bebido té ofrecido por un enemigo declarado? Solo de pensarlo me daba cierta gracia.

— ¿Qué pasa? — preguntó Umbridge, que seguía observándome — ¿Quieres azúcar?

— No, así está bien — respondí fingiendo nervios. Volví a tomar más hasta casi acabarme el zumo.

— Así me gusta — susurró — Estupendo. Veamos... — Se inclinó un poco hacia delante — ¿Dónde está Albus Dumbledore?

— No tengo ni idea — respondí mirándola confundida.

— Bebe, bebe — animó Umbridge sin dejar de sonreír — Dejémonos de juegos infantiles, Granger. Sé perfectamente que sabes adónde ha ido. Dumbledore y tú están juntos en este asunto desde el principio. Piensa en tus intereses, Granger...

— Me alaga, pero siento que la única persona que estimaba al profesor era yo, pero creo que el sentimiento no era reciproco, dado que abandonó el colegio sin notificar a nadie... pues no sé dónde está.

— Está bien — aceptó Umbridge, contrariada — En ese caso, haz el favor de decirme dónde está Sirius Black.

— No sé por qué lo pregunta, pero realmente no lo sé — aseguré, bebiendo la taza.

— Permíteme recordarte, Granger — comentó Umbridge — que usted en su tercer año junto a sus amigos, defendieron a ese mortífago prófugo de la justicia, y curiosamente ese mismo año se vio a la fuga, sino fueron ustedes quien lo ayudaron, entonces ¿Quién? Así que ¿dónde está Sirius Black?

— Ni idea — fruncí el ceño — profesora, por mucho que creyera en la inocencia de Sirius Black, nunca mencionó sus planes de "retiro", bien podría estar en México o bien países sin extradición, como Argentina, China, Canadá, Australia o Colombia. — me encogí de hombros — así que, en resumen, no tengo ni la más remota idea, ¿Quién nos diría algo? Somos solo niños. — expresé con tranquilidad — ¿tiene más zumo? — pregunté extendiendo mi taza, ella entrecerró los ojos.

— Muy bien, Granger, esta vez confiaré en tu palabra, pero te lo advierto: el Ministerio me respalda. Todos los canales de comunicación de entrada y salida del colegio están vigilados. Hay un regulador de la Red Flu que vigila todas las chimeneas de Hogwarts, excepto la mía, por supuesto. Mi Brigada Inquisitorial abre y lee todo el correo que entra y sale del castillo. Y el señor Filch vigila todos los pasadizos secretos de entrada y salida del castillo. Si encuentro la más mínima prueba de que... — ¡PUM! El suelo del despacho tembló. Umbridge se desplazó hacia un lado y se sujetó a la mesa, impresionada. — ¿Qué ha sido eso?

Miraba hacia la puerta. Y entonces comenzó, se oía como la gente corría y gritaba varios pisos más abajo. Pronto Peeves haría de las suyas, con la brigada, y estaba completamente complacida con lo que venía.

— ¡Vuelve al comedor, Granger! — gritó Umbridge levantando la varita y saliendo muy deprisa del despacho. 

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Gracias por leer, justo como prometí, otro capítulo para ustedes, este es el cuarto capítulo que les traigo del reto, vamos por menos, creo que este es el libro de Harry Potter con el que más me he tardado, pero la meta es terminar el libro cinco este año para poder iniciar con el seis. 

gracias por su paciencia. espero que disfruten estos capítulos tanto como yo disfruto el escribirlos y traerlos para ustedes. mañana tendrán su continuación.

Nos leemos pronto 😉✨💜

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