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Capítulo 8

Individuos que se gustan.

—Julieta, sal de aquí, te puedes quemar —Le dije mientras rompía el cascarón del huevo.

Claudette y Julieta habían venido a mi casa a almorzar, y yo estaba preparando una deliciosa tortilla de papás.

—¡Laura, Laura! —Isabel entró en la cocina con su teléfono al oído.

—¿Qué pasó?

—Ven conmigo —Ella me tomó del brazo y me llevó a su cuarto.

Una vez ahí agarró el control del televisor, lo encendió y lo puso en el canal de noticias.

—Estás en la tele, aunque el reportaje habla de Claudette y su hermano, pero tú también apareces.

—Todo el mundo se pregunta quién es esa chica —Cuando dijo eso, cambiaron la foto de Claudette y Esteban por una mía con él.

¿En qué momento sacaron esas fotos?

—No se le había visto con nadie desde que estuvo con Adella Ferreri, ¿Qué clase de vínculo tendrá el señorito Esteban Reyes con esta jovencita?

Aguarden... ¿Adella? ¿Esteban estuvo saliendo con Adella? Bien, eso no lo ví venir.

Por eso se puso tan tenso cuando le mencionó a Claudette que Adella quería hablar con él cuando llegó.

Me aliviaba mucho que no supieran mi nombre, de lo contrario la prensa me iba a comer viva, no dudaba que probablemente lo hicieran en otro momento, pero al menos esto me daba tiempo de prepararme psicológicamente para no liberar al monstruo que llevo dentro. Odiaba que me presionaran y ¿Saben qué? Eso era justo lo que la prensa hacía cuando tenían a alguien en la mira.

Espero de todo corazón no ser ese alguien.

Hey, ¿No les huele como a huevos quemados? —Preguntó Claudette haciendo acto de presencia.

—¡La tortilla! —Exclamé y fui corriendo a la cocina a tratar de salvar la tortilla.

Muy tarde. Estaba completamente quemada, carbonizada e incomestible.

Nota mental: no te muevas de la cocina sin haber terminado de cocinar.

—Mejir pidamos una pizza o algo —Dijo Isabel luego de ver el desastre de humo en la cocina.

Isabel se fue a pedir la pizza y yo me quedé en la cocina lavando el sartén. Me dirigí a la sala cuando terminé.

—¿Te puedo hacer una pregunta, Claudette?

Ella hizo un gesto de confusión.

—Sí, claro.

—¿Hace mucho que Adella y tú hermano estuvieron juntos?

—Fue el año pasado, las cosas no terminaron muy bien.

—¿Por qué no me enteré antes? Se supone que Adella es mi bailarina favorita y sé cada aspecto de su vida.

Maneras de sonar acosadora al estilo de Laura Conde. No sé pierdan nuestro próximo capítulo.

—Ellos eran muy discretos, ni siquiera yo lo sabía, si no fuera porque empezaron a correr los rumores, yo nunca me hubiera enterado.

Mi teléfono vibró en mi bolsillo.

Esteban:

Baja.

Laura:

Hola, yo estoy muy bien, ¿Y tú?

Esteban:

Muy bien, gracias, pero ahora
Necesito que bajes.

Laura:

Estoy en la planta baja, no necesito bajar.

Esteban:

Entonces sal.

Vuelvo en un momento —Le avisé a Isabel y a mis invitadas y salí a ver a Esteban.

—Hola, Soñadora.

—¿Para qué querías que saliera?

—Hola, yo estoy muy bien ¿Y tú?

—Sube al carro.

Entorné los ojos, pero obedecí.

—¿Puedo preguntarte algo? —Pedí tímidamente.

—Claro.

Empecé a ponerme nerviosa, Esteban hacía que me sintiera así.

—Es sobre Adella y tú.

Él se tensó.

—Supongo que viste el reportaje. ¿Qué quieres saber?

—¿La quisiste mucho?

Eso a ti no te importa, Laura, por el amor de Dios.

Claro que me importa y a ti también, se trata de nuestro futuro esposo.

Futuro esposo, pffffff.

—Ella era mi sueño, el suyo era conseguir a alguien que pudiera ayudarla a alcanzar el éxito, ese alguien no era yo.

—¿Quieres hablar de eso?

—Sinceramente no.

—Perdón, no quería molestarte.

Luego de ese incómodo momento, nos quedamos en silencio hasta llegar a un lugar que no conocía.

Perfecto, Laura. Considerate secuestrada.

Ni siquiera hablamos cuando bajamos del carro. Él sólo se acercó a una puerta, introdujo la llave en la cerradura y la abrió.

—Es aquí —Indicó y yo lo seguí.

—¡No lo puedo creer! —Exclamé cuando entré detrás de él.

Era una especie de salón de baile, tenía una pared cubierta de espejos y una barra en la pared contraria a esa. Era más que perfecto.

—Sé que es pequeño, pero...

Sin siquiera detenerme a pensarlo, me di la vuelta y planté un beso sobre sus labios. Quería suponer que se había quedado en shock por lo inesperada que fue mi acción porque no me siguió el beso hasta unos segundos después cuado posicionó sus manos en mi cintura. Podría besarlo durante esta vida y la que sigue.

Lástima que necesitemos aire para vivir.

Nerviosamente me separé de él tan repentinamente como me acerqué.

—Lo siento, no sé en qué estaba pensando —Dije con la mirada baja y mis mejillas rojas.

Sencillo, Laura: no pensaste.

Soñadora —Llamó mi atención tomando mi mentón para que pudiera verlo a los ojos—, está bien.

Esteban dejó un beso en mi frente y tomó mi mano para que saliéramos. Sacó unas llaves de su bolsillo y me las entregó.

»Son para que puedas venir a ensayar cuando quieras. El lugar es de un amigo, pero te lo va a prestar mientras te preparas para la audición.

—Gracias por todo, Esteban. Ahora tendré que buscar algo verdaderamente magnífico para darte y devolverte el favor —Dije ríendo.

—No hace falta —Sonrió.


                              (***)


Estaba sentada en la sala de espera de la oficina de Rita. Jugaba con el colguije de la cadenita que me regaló Esteban.

—Señorita Conde, puede pasar —Me dijo.

Entré a la oficina y me senté en la silla frente al escritorio.

—Muy buenas tardes, señorita Conde.

—Igualmente.

—Aquí está su pago del mes, dígale al siguiente que pase.

Abrió una gaveta de su escritorio y sacó una chequera de la que arrancó un cheque ya firmado por Adella a mi nombre.

—Muchísimas gracias.

—A ti, mucha suerte trabajando con Adella.

—¿Por qué?

—Se me hace que amaneció con los apellidos revueltos.

Sin entender lo que decía, me encaminé al salón donde Adella me esperaba.

—Hola, Adella ¿Qué tal?

Adella dió un sorbo al café que tenía en su mano y el resto me lo arrojó encima.

—¡Ah! —Grité al sentir lo caliente que estaba el café— ¡¿Qué te sucede?!

—Ups, lo siento, un tropiezo.

—¡¿Un tropiezo?! —Grité encolerizada.

Miré detrás de mí, había dos alumnos del grupo avanzado, un chico y una chica.

—Anaís, Luciano, acompañen a Laura a quitarse eso.

Anaís me llamó con un movimiento de cabeza, yo la seguí a ella y a Luciano hacia el baño.

—Tú eres la chica que salió en el reportaje con Esteban y Claudette Reyes ¿Cierto? —Preguntó Anaís.

—Sí, soy yo.

Entramos al baño y Luciano sacó un suéter y un marcador sharpie punta fina.

—Haz lo tuyo —Dijo.

Ambos se dieron la vuelta para que pudiera reemplazar la camisa manchada por el suéter que me había dado Luciano. Cuando terminé, Anaís se acercó con el marcador en la mano y comenzó a repasar los contornos de las manchas de mi camisa.

Listo, ya quedó, mira —Sujetó la camisa por las mangas y me la mostró.

Las manchas parecían un estampado.

»Aunque eres libre de lavarla, ya sabes. ¿Cómo era que decía? Ah sí, confía en el rosa y olvídate de las manchas.

—¿No te quemaste? —Preguntó Luciano.

—Esa es una pregunta estúpida.

—No demasiado —Respondí ignorando el comentario de Anaís.

Después de eso fui a recoger mis cosas y ellos se encaminaron a la salida.

—Mañana voy a querer mi suéter de vuelta —Me recordó Luciano antes de salir.

Busqué mis cosas, me despedí de todos —A excepción de Adella por obvias razones— y salí.

—¿Me permites acompañarte? —Preguntó Esteban que me esperaba afuera.

Esta vez no traía el carro, pero caminando o no, me sentía a gusto con él.

—Claro. Quiero hablar de algo contigo —Hablé cuando empezó a caminar a mi lado.

—¿Sobre qué?

—Lo de anoche... ¿En qué nos deja?

—¿Por qué lo preguntas?

Empecé a jugar con el cierre del suéter.

—No quisiera darnos un calificativo equivocado.

—¿Qué calificativo tienes en mente?

—¿Amigos?

—Suena equivocado.

—¿Amigos con beneficios?

—No.

—Es muy pronto para decir novios, así que dejémoslo en individuos que se gustan y van a conocerse mejor para ver si todo funciona y poder ser novios.

—Es un poco largo, pero está bien para mí.

Besó sorpresivamente mi mejilla y tomó mi mano para seguir caminando.


Hola, soñadores, algo que no aclaré en el capítulo anterior en que Adolphe Adam fue quien compuso Giselle en 1841, en caso de que tuvieran esa duda.

Ahora a celebrar porque tenemos un capítulo largo.

💙

Con todo el amor del mundo, de parte de Val.

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