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Lis se dirigió hacia uno de los baños más próximos y se tuvo que ausentar durante unos minutos para despejarse la mente. Realmente se encontraba confusa y no sabía el por qué nunca Taehyung le había dicho a lo que se dedicaba, en vez de ofrecerle una estúpida mentira. Pero más tonta fue ella al pensar que una cafetería estaría abierta a esas horas de la noche. Se acercó lentamente hacia el lavadero y enjugó su rostro con la ayuda de sus manos. Se apoyó por un momento y agachó la cabeza dejando que las pequeñas gotas que habían mojado una pequeña parte de su flequillo cayeran en el interior. La melodía de Singularity se podía escuchar desde aquel lugar y la voz de Taehyung  se metía en su cabeza, estremeciéndola de inmediato. Respiró hondo, se secó el rostro con un poco de papel y salió por la puerta. Centró su mirada en el chico quien estaba posicionado justo en el centro del escenario y esta vez su indumentaria era completamente negra, excepto por la extensa chaqueta larga que obtenía algunos detalles blancos. Sonreía falsamente y parecía tener una mirada perdida, expresaba decepción ante algo. ¿Enterré mi voz por ti? Lis creyó que Taehyung, en algún momento de su vida, tuvo que pasar por situaciones difíciles, tal vez en cuanto al amor se refiere. Su voz sonaba fría y derrochaba el aire suficiente de los pulmones para transmitir el sentimiento de la letra. Sinceramente, Lis se sentía mal y al descubrir que Taehyung era miembro del grupo más conocido de todo el mundo sintió un poco de decepción. ¿Por qué no se lo habría contado? Esta pregunta aparecía por su mente una y otra vez mientras que miraba embelesada su actuación.

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Cuando Leonard y Anne la dejaron en casa, pronto agradeció tumbarse en el cómodo colchón que había en su habitación. Cerró por un momento los ojos y aún seguía notando como el ritmo de su corazón latía con ímpetu. Intentó relajarse, pero le fue completamente en vano cuando su móvil vibró en el interior del bolso. Se aproximó hacia este y contestó con desánimo.

- Hola, Lis. - la voz de Taehyung volvió a estremecer cada parte de su cuerpo, no podía quitarse de la cabeza al chico que bailaba con energía en el escenario a la vez que demostraba sus habilidades vocales. Parecían ser dos personas distintas. - ...¿Lis?

- Sí..., dime.

- Estoy en la puerta de tu casa, me gustaría hablar contigo.

Ella se levantó de la cama y con cautela se acercó a la ventana desde la cual pudo observar aquel vehículo de color oscuro en el que había viajado más de una vez acompañada de Taehyung. Se sentía exhausta y algo enfadada y no quería que el chico descubiriese esa parte de ella. Se apartó de la ventana y dejó salir de su interior un pequeño suspiro.

- La verdad es que... no me encuentro en casa, Tae.

- ¿Dónde estás?  - Taehyung comenzó a sospechar de que algo pasaba. - Puedo ir a recogerte.

- Lo cierto es que necesito un poco de tiempo, estoy cansada. No me apetece hablar, lo siento.

Antes de que Taehyung pudiese articular alguna que otra palabra más la línea se colgó. Deseaba ser totalmente sincero con su amiga, pero entonces recordó que la chica a la que miró mientras transcurría la actuación era ella, pues en aquel instante no le dió mucha importancia y creyó que era producto de su imaginación. La echaba de menos. No tuvo más opción que introducirse en el vehículo y volver al hotel para encerrarse en la habitación y permanecer allí durante horas. Algunos de los miembros estaban confundidos por su actitud y mientras que ellos estaban reunidos celebrando el éxito que habían tenido en el concierto, no era justo que uno de ellos se ausentase. Todo había empezado a cambiar y el deseo que pidió Taehyung era arrastrado por la falsa verdad que le había propinado a Lis como si fuese una persona más. Sabía que no era una más, y lo sabía por que cada vez tenía más el deseo de compartir cosas con ella.

A la mañana siguiente, Jimin tuvo que animarle para conseguir que saliera de la cama y darse una ducha. Él, sin embargo, ponía la máxima resistencia. Quería permanecer acostado, descansando y relajándose antes de preparar la maleta y partir de nuevo a Corea. Faltaba un solo día para que se subiera al avión y estaba tan deprimido por la situación que estaba experimentando que simplemente quería olvidar el dolor. Sin más remedio, se levantó de la cama y arrastró sus pies hacia el cuarto de baño donde allí se duchó y se vistió con unos vaqueros y un jersey rojo sobre una camisa. En cierto modo, el tiempo que pasó en la ducha le vino bien para intentar localizar a Lis. La llamó y le dejó varios mensajes de disculpa. En uno de ellos le escribió que esa misma noche tenía planeado ir a la montaña, el lugar perfecto para ver bien las estrellas. Si ella quisiera disfrutar de unas vistas increíbles la esperaría en una parada de autobús cercana al Observatorio Griffith. Entre tanto deseaba con ganas que Lis respondiera a sus mensajes o que le llamara, dedicaba su tarde a ensayar cada una de las coreografías de las distintas canciones que cantarían en el próximo concierto.

Por otro lado, Lis había permanecido toda la tarde durmiendo plácidamente después de haber leído varios artículos con respecto a la moda. Le quedaba tan solo media semana para volver de nuevo a Corea y aunque deseaba hacerlo, no mostraba el mismo interés de volver a estar bajo las órdenes de sus padres. Raro era que llevaran tiempo sin llamarla. Se despertó alrededor de las ocho y media de la tarde y cenó un poco de pasta. Cuando pretendió seguir leyendo más artículos observó que tenía mensajes y llamadas perdidas. Los ojos se le iluminaron y separó sus labios para coger aire por la boca y soltarlo seguidamente. Dejó el móvil a un lado y pensó en la propuesta que le había mencionado su... ¿amigo? Ella ya no sabía ni como llamarle.

Taehyung se encontraba en la parada de autobús, esperando a que su deseo se cumpliese. Pero, sin embargo, permaneció en el mismo lugar durante hora y media y pensó que jamás llegaría el momento en el que Lis apareciera. Caminaba de lado a lado, nervioso y con las manos introducidas en los bolsillos del abrigo. Se repetía una y otra vez mentalmente que nunca más volvería a ver a Lis, perdiendo por completo la esperanza. Se pasaba las manos por la cabeza y tiraba ligeramente de su cabello mientras que soltaba gruñidos por la boca, cabreado consigo mismo. Tuvo que haber sido sincero, probablemente ahora no hubiese perdido a una amiga. Se detuvo cuando un autobús paró y abrió sus puertas.

- ¿Desea subir a la colina? - preguntó el conductor.

- No..., bueno, sí. No sé. - se frotó la nuca confuso.

- ¿Sí o no?

Taehyung negó con la cabeza y el conductor cerró las puertas con pulsar simplemente una tecla, después se marchó y el jóven se volvió a quedar completamente solo. Lo único que le rodeaba era la oscuridad y los grillos que canturreaban en su alrededor. Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, dando por perdida la amistad que había empezado a forjar con la chica. Entonces, cuando decidió dar un paso hacia adelante con la intención de marcharse, escuchó unos pequeños pasos aproximarse por detrás de él. Levantó su mirada y observó por encima del hombro una figura femenina. Sonrió.

- ¿Ya te ibas? - Lis ladeó la cabeza y le dedicó una pequeña sonrisa tranquilizadora.

Taehyung se giró y se acercó a ella para abrazarla. Abrió sus brazos y la apretó contra su pecho, mantuvo una de sus manos sobre su cabello y otra por encima de sus hombros. Olió el dulce aroma a champú y se mezcló con el suave olor a coco del perfume que ella se había echado. Lis lo abrazó por la cintura y a pesar de sentir una extraña sensación en el estómago por ser la primera vez que abrazaba a un chico, se dejó llevar. Permanecieron así durante largos segundos, descubriendo lo que uno le transmitía al otro por el contacto físico. 

- Gracias... - Taehyung susurró de forma cálida, agradecido por el esfuerzo que había puesto la chica por venir.

- Por favor, dámelas cuando te diga de donde viene mi nombre.

Taehyung la miró a los ojos sin separarse de ella y su sonrisa se extendió aún más cuando la escuchó. Lis tenía una personalidad encantadora y parecía entender muy bien los sentimientos de él, algo que muy pocas personas lograban hacer. Él se separó lentamente de ella y le hizo un ademán con la cabeza para que caminasen hacia la colina. Extendió su mano para ayudarla y ella la aceptó con una sonrisa. Fue la primera vez  que ambos se dieron la mano y también la primera vez  que entrelazaron los dedos, y esperaban que no fuese la última.

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