Epílogo
Otra vez domingo.
El calor era insoportable, la calle ruidosa y como siempre, me levanté temprano para venir a los dichosas clases de inglés.
Pero bueno, ha tenido su lado bueno. El Inglés me ha ayudado y actualmente estoy buscando trabajo.
Hoy sería mi supuesta graduación, luego de dos años y seis meses en esto.
Llegué al salón y me senté. Llegué temprano. En cierta forma me sentía nervioso. Creo que al fin y al cabo no me desgradaba tanto ir a clases. Solo no le había encontrado el lado bueno.
—¡Buenos días a todos!
Llegó el rayito de sol.
Rana miró en todas direcciones como para remarcar que el saludo era general, aunque habían muy pocas personas para escucharlo. La mayoría le respondió aunque yo preferí sólo mirarla.
La cosa azul me había dicho que miraba a Rana de forma extraña y creo que no se había equivocado.
—¡Fukase! ¡Hola! —me llamó desde la puerta con una sonrisa tan grande que parecía que su rostro se deformaria.
Maldición. Nada le cuesta venir a mi mesa para saludarme.
No hice nada. La ignoré.
No necesité verla para saber que estaba haciéndome un puchero.
Desde ese día ambos nos habíamos acercado. Bueno, ella se sentaba junto a mí en las clases y me hacía hablar con ella... más bien me atacaba con tantas preguntas que no podía solo ignorarla.
—Fuka-kun. —Me llamó. Ya había caminado hasta estar frente a mí—. No me ignores, me pondré triste.
—Me da igual.
Ella volvió a hacer un puchero y se sentó en mi mesa. Me ponía nervioso que hiciera eso, tenerla tan cerca me hacía sudar.
—Hoy compré galletas para Rin y mamá —en algún momento empezó a llevarse demasiado bien con mi familia—. Ya quiero verlas, me hace feliz.
—Qué molestia tenerte en casa.
—Bueno, pero asegúrate de quedarte en la sala, no vayas directo a dormir.
Decidí no responderle. El contacto social me debilitaba.
Las clases de hoy fueron sustituidas por sermones de parte de los profesores. Algunos parecían orgullosos, otros sonreían agradecidos de que al fin nos íbamos. Me sentí otra vez en la preparatoria, aunque esta vez los recuerdos eran un poco más agradables.
Pronto todo acabó. El salón volvió a vaciarse hasta que solo quedamos Rana y yo.
—No quiero irme aún, es muy nostálgico.
—¿No acabas de graduarte de la preparatoria?
—Sí pero... en la preparatoria no me fue muy bien. Al menos aquí conocí a Una, a Flower y a ti. Extrañaré venir los domingos y verlos a todos.
En cierta forma compartía su sentimiento. Era nostálgico mirar atrás y repasar todos los momentos. Aunque en mi cabeza solo estaba ella. Había visto a Rana desde el comienzo del curso y para en ese entonces tenía dieciséis años, dos años después y ahora estábamos aquí.
—Hey, ¿dentro de poco cumplirás dieciocho verdad?
—Sí, ¿por?
Ella me miró curiosa. Probablemente esperaba que la invitara a algún lado o que le dijera que le iba a dar un regalo.
Pero tuve el impulso de hacer algo diferente.
Me acerqué a ella y la tomé por las mejillas. Ella me miró confundida. Quizá tanto como yo. No sabía exactamente por qué lo estaba haciendo, pero esa sensación me había estado molestando los últimos meses.
—¿Fuka... kun?
Me acerqué a sus labios y por fin los mezcle con los míos, logrando con ello mi propia paz interior.
Esa niña había sido mi dolor de cabeza desde el principio del curso. Tan brillante y enérgica. De solo verla yo me agotaba. Pero también me interesaba, o más bien me provocaba curiosidad. Luego conocí un lado de ella que nadie más vio. Volvió a agotarme pero ahora pensando en ella. Me decidí a cuidarla, a protegerla y hacerla feliz, y en el proceso yo mismo me hice feliz. Encontré en ella algo que no sabía que necesitaba.
Cuando quise percatarme ya la estaba necesitando.
Mi principal razón para ir cada domingo era verla ahí, contenta, sonriendo. Su alegría me contagiaba.
Siempre dije que me molestaba, pero en el fondo no sabría qué hacer si ese rayito de sol no hubiese estado allí cada domingo para iluminarme.
Me alejé de ella.
Mi cara estaba tan caliente que sentía que explotaría. Llevé una mano a mi cabello y aparté la mirada.
No era que temiera su rechazo. No es por presumir pero ya sabía que me correspondía. Es solo que era demasiado vergonzoso.
—Oh, Fuka-kun, picarón. Aún soy menor de edad.
Decidí no decir nada.
Al principio me sentí tonto por ser el único avergonzado, aunque al voltear a verla estaba con las manos en sus mejillas y mirando al suelo.
Se me hizo realmente tierna y las ganas de volver a besarla me invadieron.
—Fuka-kun entonces... ¿ya somos novios?
—¿Qué?... ¡no! Es un beso nada más. No pienso involucrarme con una menor de edad.
—Le voy a decir a mamá.
—Ni se te ocurra. Cuando cumplas dieciocho te lo pediré apropiadamente.
Ciertamente lo tenía planeado, pero no pensaba decírselo.
Había hablado demasiado.
—¡¿De verdad?! Ah, Fuka-kun, qué tierno eres. ¿Me besas de nuevo?
—No.
—Uh.
Ella me tomó del brazo y empezamos a caminar hacia afuera de la instalación. Todo estaba extrañamente tranquilo pero era agradable. Lo único que escuchaba era el tarareo de Rana.
Siempre lo hacía cuando estaba feliz. Eso por alguna razón me llenaba el alma.
—Fuka-kun, me alegra que me hayas encontrado ese día en el puente. Siempre lo pienso y me aterra saber que estuve apunto de terminar con mi vida. Es decir, el mundo está lleno de cosas lindas y no lo había notado.
La detuve y la atraje hacía mí para abrazarla. Ella me correspondió.
—Yo también me alegro. El mundo habría perdido su brillo sin ti.
Ella se rió, probablemente porque la había avergonzado. Últimamente me gustaba hacerlo.
—Aunque tú también me salvaste ese día. Al menos ahora tengo motivación para seguir adelante y no seguir siendo un flojo que se encierra en su habitación perdiendo aún más su fe en el mundo.
Ella levantó la mirada. Aunque era tan pequeña que me preocupaba que se le rompiera el cuello de tanto hacerlo.
—¿Y cuál es tu motivación?
—Tú.
Dije sin vacilar.
—Hacerte feliz, me refiero. Y no sé, probablemente si consigo empleo pueda pedirte que vivas conmigo.
—Lo esperaré con ansias, Fuka-kun.
Ella me sonrió y al instante yo también sonreí, como pocas veces lo hacía. Pero ella era la única capaz de hacerme sentir la necesidad de hacerlo.
Su sonrisa se convirtió en el rayo de sol que iluminó mi mundo.
Ya, ahora sí.
Fua, me puse muy soft. Estos dos me hacen así.
Me siento satisfecha a pesar de todo. Luego de pasar un año sin actualizar... pero lo terminé ;u;
Yyyy, si leyeron hasta acá gracias, me hacen muy feliz. ♡
¡Gracias por leer!
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