Comer, rezar, ODIAR
Hay de sorpresas a sorpresas en esta vida.
Y encontrarte con tu novio sirviendo mesas en una cita secreta de tareas con un pretendiente rico es una de ellas. Uff, hasta se me acabó el aire.
―¡No sabía que también hacías catering!―le digo.
―¿Por qué te extraña? ¿te avergüenza que tu novio sea un mesero?―me susurra.
Resoplo indignada.
―Eso no.
―¿Entonces porqué te pones así?―me dice colocando la bandeja sobre la mesa y ajustándose el delantal.
―Este por...
―Oye Anabel, no sería mala idea que acompañaras a mi madre por un rato―dice Sebastian acercándose a mí.
―Esfúmate―digo sin verlo siquiera.
Alex entrecierra los ojos y analiza a Sebastian.
―¿Y este quién es?
―Ash, ignóralo―le digo jalándolo del brazo hacia la cocina.
―Creo que él tiene cosas qué hacer en lugar de ponerse a platicar contigo―dice Sebastian comiendo una aceituna.
La madre de Sebastian llama desde el sofá.
―Champán por favor, Anabel querida siéntate junto a mí.
Me encorvo y lloriqueo, Alex asiente y lleva la bandeja hacia allá, pero yo no me muevo ni un milímetro.
―No me digas que el mesero es tu novio―dice Sebastian chasqueando la lengua―. Te conformas con tan poca cosa.
Le doy un pisotón con todas mis fuerzas que lo hace doblarse del dolor y grita justo cuando las mujeres lanzan una ovación ante la chamapaña burbujeante que les sirven.
Sin más remedio, voy y me coloco junto a la madre de Sebastian.
Ella me hace más espacio y me entrega un platito con una rebanada de pastel. Es una manipuladora que debe detectar que la comida es mi Kriptonita. Alex en tanto, atiende a todas en silencio pero me mira de vez en cuando con una bonita sonrisa, yo le hago seña de que se detenga. Prefiero mantener mi mundo personal aparte de este.
―Ella es hija de Martin―dice la madre de Sebastian―.Un nuevo trabajador de la compañía. Su familia es encantadora.
Todas hacen una exclamación tierna que me desagrada, pero Alex se aguanta la risa. Deja la última copa y vuelve a la cocina.
―Ay Abigail―dice una―es un orgullo que nuestras hijas sean todas unas damitas como ella, y caballeros apuestos como tu Sebastian ¿verdad?
Las invitadas voltean hacia el acosador que trata de fingir normalidad.
―¿Estás bien mi amor? Te ves pálido.
Sebastian aprieta los labios y asiente.
―Tú también ven acá.
Al acosador tampoco le queda de otra y se acerca cojeando, yo como un pedazo de pastel como si nada.
―Me da tanto gusto que estemos todos juntos―dice Abigail―.Somos como una gran familia.
―Ah, pero me imagino que un poco disfuncional ¿no?
Las invitadas murmuran y otras se llevan la mano al pecho.
―Claro que no Anabel, somos una buena y gran familia. Aquí no existen los problemas, sólo los retos y los superamos siempre.
―Bueno, pero alguna vez...
Antes de que pueda seguir hablando, Alex carraspea desde la mesa de los bocadillos y él me hace a mí ahora una seña de que corte.
―Alguna vez..., eh esos retos serán... eh incentivos, sí. Incentivos para ser mejores.
Ahora parecen encantadas con la respuesta.
Empiezo a sudar, así que me lleno la boca con una gran cucharada de merengue para mantenerla cerrada.
Sebastian parece muy divertido con mi apuro. Quisiera estrangularlo.
―Y dime Anabel, ¿cómo se ha portado Sebastian contigo?
Trago el merengue como si fuera un montón de piedras.
―¿De verdad quiere saber?
Miro de reojo a Alex que ahora no me hace ninguna seña, pero se queda al pendiente de mi respuesta.
―Es amable. Demasiado diría yo. El tipo de amabilidad que tendría un sicópata.
Alex queda boquiabierto y un silencio incómodo permanece en la sala.
Abigail empieza a reírse.
―¡Qué muchacha tan ocurrente!
Y las demás imitan su risa, qué fastidio.
―Seguro que mi Sebastian es así porque le pareces una chica muy linda, ¿verdad hijito?―dice haciéndole cariños en la nuca.
Volteo hacia Alex sin nada de discreción y él se mantiene atento.
―Por supuesto, Anabel es bastante simpática además de bonita. La pasamos muy bien juntos en el colegio, es más, ella le pidió a la maestra que fuéramos compañeros de equipo.
Antes de que Abigail continúe me pongo de pie.
―¡Mentiras!―le grito a Sebastian―.Yo ni siquiera quería... ¡no es cierto!―digo desesperada volteando hacia Alex.
―¿Por qué le das explicaciones al muchacho?―pregunta Abigail.
Alex hace un ademán para que no diga nada.
―Él es su novio―dice Sebastian.
―¿De verdad?―exclama una invitada muy asombrada―.Pero si es un mesero.
La mujer al lado reprueba su comentario.
―Es cierto, soy un mesero, y por eso es mi deber informarles que hay más pastel o cupcakes si prefieren.
Entusiamadas por esto, las invitadas se levantan y yo aprovecho para hacer una declaración desesperada.
―¡Sí, Alex es mi novio, no importa lo que sea, yo...
Pero no se alcanza a escuchar, el revuelo de las mujeres que embisten la mesita de bocadillos es tan alto que ahoga mis palabras. Sólo Sebastian que se muere de risa me oye y luego una señora extremadamente copetona me arrolla y me hace caer en el regazo de Sebastian.
―¿Lo quieres poner celoso?―me dice cabeceando hacia Alex.
Yo me levanto con cara de tremendo asco, aprovechando la confusión para correr a la cocina.
Me oculto debajo del carrito vacío de canapés y cuando reconozco los pies de mi novio, lo tironeo del pantalón, cerca de los tobillos.
―¡Ah! ¿Anabel?―se escucha un estruendo de cubiertos―.¡Casi me matas!―se acuclilla, levanta el mantel y se asoma―.Me parece que la reunión es en otro lado.
―Noo, yo no regreso ahí, olvida mi mochila conseguiré otra. Me quedaré aquí hasta que todo termine y me empujas en el carrito hasta la salida con el resto del catering.
―Aunque suena muy sencillo..., rayos, no voy a dejar que te quedes ahí abajo―dice estirando el brazo para alcanzarme.
―¡No puedes obligarme!
―Claro que puedo, olvidas que yo no soy todo un caballero como este comosellame.
Levanto el mantel que me rodea la cabeza y me asomo sólo un poco.
―Yo no quiero un caballero, yo te quiero a tí.
Alex me dirige una sonrisa preciosa.
―Si te digo que también te quiero, ¿sería demasiado caballeroso para que puedas soportarlo?
―Lo pasaría por alto...
Suspira.
―Así que tu odio por el colegio tiene que ver con Comosellame.
―Sebastian.
―Es igual.
Le respondo encogiéndome de hombros. A mí también me da igual.
―¿Y por eso estabas tan alterada? Me hubieras contado desde el principio.
―Me aterra que creas que por un momento me gusta.
Otro de los meseros entra a la cocina llevando platos sucios a uno de los carritos vacíos de servicio, mirándome con extrañeza. Alex le dice que todo está bien.
―Ni que fuera un marido golpeador y celoso ¿Lo odio porque te mira? Por supuesto ¿Lo mataría si te molesta? No lo dudes...
―¡Alex! Justo por eso no quería decirte nada, no quiero que te metas en problemas.
―Déjame terminar. Qué piense esas cosas no significa que vaya a hacerlas. Hasta yo sé que pegarle a un niño rico me mandaría a prisión así―dice tronando los dedos―.No voy a golpearlo si no hace nada que lo merezca.
―¿Y con eso pretendes dejarme más tranquila?
―Es lo único que puedo ofrecer por ahora.
―Ojalá no te haya causado muchos problemas hoy. Ese bocón de Sebastian, tenía qué decirles que eras mi novio, ¿y si te despiden?
―No me van a despedir por eso―dice entornando los ojos―.Ya, salte de ahí, tengo que ayudar a limpiar.
Voy a replicar cuando Sebastian entra a la cocina, y me oculto bajo el mantel de nuevo.
―¿Has visto a Anabel?―le pregunta Sebastian.
Yo ahogo un chillido.
―Eh... no, creo que ya se fue.
―Ah.Mi mamá quiere darle unas galletas gourmet, es el recuerdo para todas las invitadas, ¿crees que le agrade?
―Sí―contesta muy seco―.Y lo sé porque la conozco bien. Ya sabes, es mi novia.
―Estoy más que enterado de su relación.
―Bien, espero que lo mantengas en mente.
Me asomo por un pequeño espacio de la tela para ver lo que pasa. La mirada de los dos suelta chispas.
―¿O si no qué?―dice Sebastian.
―Se ve que eres listo. Ya sabes lo que quiero decir. Espero que no seas uno de esos cretinos que no aceptan un no de una chica hasta que el novio interviene.
―La buena noticia es que no lo soy. No estoy acosándola...
―¡Ja!―exclamo de forma audible, los dos voltean hacia mi escondite y Sebastian sólo mueve la cabeza.
Alex se cruza de brazos.
―Mira, no sé que pretendes y tampoco me voy a portar como un perro que orina su territorio, pero te lo advierto, en cuanto Anabel me diga que la estás molestando, en cualquier forma, lo vas a pagar caro y no todo el dinero de tus papitos te va a salvar.
―¡Bien dicho!―exclamo saltando del escondite y dándole palmaditas en el pecho a Alex―.Ya lo oíste, así que mejor practica tus diálogos de Romeo y Julieta con otra, ¡vámonos de aquí, Alex!
Aunque lo jalo no se mueve, se inclina hacia mí y susurra.
―Todavía no termina mi trabajo.
―Ah, ¡bueno! Entonces..., uy, tú y yo―me dirijo a Sebastian―.Volvamos con tu madre, ni modo que nos quedemos media hora aquí parados y mirándonos feo.
Sebastian no responde, mantiene una mirada recelosa hacia Alex.
―Estás advertido―le recalca Alex.
El acosador echa a andar hacia la estancia y yo le doy una felicitación de pulgar arriba a Alex. Abigail ha dispuesto una cesta con las galletas de recuerdo que empieza a repartir.
―¿Crees que le tengo miedo a tu novio?―murmura Sebastian antes de reunirnos con las señoras―.Ustedes no saben nada sobre dar miedo.
Me quedo boquiabierta y lo detengo sutilmente.
―Si no te comportas Sebastian esto se va a poner muy feo.
El dibuja una sonrisa enigmática.
―Pobre e ingenua Anabel, las cosas ya están bastante feas ¿por qué no abres los ojos?
―Sé que quieres sacudirme el cerebro, pero no lo conseguirás, si no te detienes yo misma te daré una paliza...―rujo acercándome demasiado.
Abigail nos llama con apremio.
―Chicos acérquense. Ay, mírenlos que tiernos se ven juntos.
Me pongo pálida de la frustración, cuando me doy cuenta Alex ha detenido su marcha con el carrito de servicio y rechina los dientes.
Intento enviarle un mensaje telepático: Cuenta hasta diez Alex, cuenta hasta diez. No quisiera imaginarme lo que pasaría si corriera la sangre azul de Sebastian en frente de su mami y sus amigas.
Sabía que esta cita de tareas sería desagradable pero no tanto.
Como decía : ¡Hay de sorpresas a sorpresas!
***continuará***
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