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1RA PARTE: PESADILLAS

Manhattan, Nueva York.

SEIS AÑOS DESPUÉS...
ÉPOCA ACTUAL

*NARRA GEORGE*

El sonido del "tic tac" del reloj de pared resuena como si estuviese dentro de mis oídos, sé que tengo el tiempo contado y esta mierda no hace mas que recordármelo profundamente. El estruendo de éste se hace cada vez más y más intenso, mi parpadeo se hace cada vez más lento y siento como si estuviese flotando, como si el tiempo se detuviera y viviera en una eternidad.

El tamborileo de mis dedos se hace más notorio, libero el aire que he estado conteniendo para evitar levantarme y romper el reloj.

"Mi paciencia se agota y también la de mi terapeuta"

-¿Estás listo?-la voz de Henry me trajo de regreso a la habitación blanca en la que me encontraba. -Tómate tu tiempo, George. Tranquilo. No dirás nada que tu no quieras.

"No dirás nada que tu no quieras"

Esas palabras resuenan en mi mente una y otra vez e involuntariamente comencé a repetirlas.

Pero tengo que hablar, he pagado veinte sesiones y en éste tiempo no he logrado articular ninguna palabra en la hora y media que dura la cita. Sólo pago para acostarme en un cómodo sillón gris que yo mismo podría conseguir en una mueblería.

El terapeuta, Henry Discott, psiquiatra y  especialista en neuropsiquiatría, ha sido demasiado paciente conmigo, a veces pienso que tiene la habilidad de leer mi mente sin decirme una sola palabra y sólo espera a escuchar lo que yo pueda decir para confirmarlo.

Inhalo profundamente y cierro los ojos.

-Tenía tan sólo diez años, cuando conocí al amor de mi vida. Madeline Thompson, fue como un flechazo, mi primera ilusión. Me enamoré de ella, todo de ella; su voz, sus ojos, su cabello, esa forma tan preciosa de ser que tenía. -Suspiro profundamente, el tamborileo mis dedos en mi abdomen son continuos y desesperantes, probablemente Henry lo haya notado. Suelo expresar mi ansiedad de esa manera.

-Conocí a sus padres, a sus amigos de infancia, su vida. Sus padres, joder. Fueron tan amables al recibirnos, nos hicieron sentir como en casa. Le abrieron la puerta de la empresa a mis padres, crecimos ambas familias como si fuéramos una sola.

-George...

-Crecí obsesionado con Madie y mientras más pasaba en tiempo, más me enamoraba de ella. Hice todo para acercarme a ella, hasta que sintió algo por mí. Lo juro, fui el chico más feliz de todo el mundo. Pasamos tantas cosas, todas y cada una de ellas las recuerdo con nombre y fecha. Y de repente....

-George, tranquilo. -Susurró Henry.

-De repente ... -Repetí. Siento mis ojos inundarse en lágrimas, pero me negué abrir los ojos. -De repente... - Tomé una bocanada aún más grande de aire para poder seguir hablando. -De repente, me convertí en hijo de un asesino. -Grité. -Él lo mató. Y me alejó de la mujer que tanto he amado...

-George, abre los ojos.-Ordenó Discott.

-Y eso no es todo. -Agregué. -Mató a mi familia, mi descendencia.

-Abre los ojos, George. -Repitió con severidad.

—¡ESE HIJO DE PUTA MATÓ A MI HIJO! Y NO DEJÓ RASTRO DE ÉL NI DE LA MUJER QUE TANTO AMO!

-¡HE DICHO QUE ABRAS LOS OJOS, GEORGE!

Mis ojos se abrieron de golpe y pude notar tres cosas:

A Discott

Mis manos empuñadas y llenas de sangre.

Y a mi padre parado en el Umbral de la puerta con un arma apuntando a mi pecho, soltando dos disparos.

Desperté sobresaltado por tan horrible pesadilla. Observé la noche por la ventana de mi pequeño departamento. Estoy llorando, mis ojos están inundados de lágrimas y mi cabello empapado de sudor.

Logro incorporarme en mi cama y hacer que mis respiraciones se normalicen. Como todas las noches, después de tener pesadillas ya no soy capaz de conciliar el sueño e ignorar la pesadilla no es una opción.

Mi pecho duele, quizá porque aún no soy capaz de decir o expresar por todo lo que he pasado y guardar todo ésto está cobrándome factura.

Recorro con mis dedos la cicatriz de aproximadamente diez centímetros que se encuentra en mi pecho y un cosquilleo se expande por todo mi cuerpo .

Me quedo sentado en la cama, tratando de aminorar todo mi estrés pero aún no soy capaz de controlarme, golpee la pared de mi habitación y escucho a mi vecino maldecirme por hacerlo, lo ignoro completamente.

Prometí no hacerme codependiente a los antidepresivos y somníferos que me dio Discott, pero es inútil. Mientras no sea capaz de expresarme, más hundido voy a seguir en ésta pesadilla.

[...]

El estruendo del elevador de mi edificio me despertó de golpe, como todos los días, pero no puedo quejarme porque es lo único que puedo pagar con el empleo que conseguí.

Me levanté a regañadientes y me vi al espejo. Soy un completo asco. Y no es para menos, pues tengo restos de saliva en mi rostro, mi barba me cubre gran parte de mi cara, sin contar que tengo ojeras para dar y regalar.

Me di una ducha minuciosa, me puse lo primero que encontré en mi clóset y me preparé un desayuno rápido. Vi la hora y ya eran casi las once. Probablemente Discott estará esperándome listo para no escucharme decir nada.

Tomé mi chaqueta y salí de casa, caminé a la estación del metro. Tomé la ruta que me deja directamente a una cuadra de la clínica.

Llegué y toqué la puerta de su pequeño consultorio.

-Blaise, justo a tiempo. Pasa.

Entré y me recosté en el sillón gris de felpa en el que he puesto unas veinte veces mi cuerpo. Trago duro, siento que la pesadilla que tuve a noche está a punto de acontecer y sinceramente me asusta. Me asusta él y lo que ahora se que es capaz de hacer.

-Te reitero, George. No dirás nada que tu no quieras.-Dejó a mi lado un vaso de agua e hice un ademán para agradecerle.

-Discott. Comenzaré por contarte todo desde el principio.

-¡Perfecto! -Estiró su mano y alcanzó el pequeño reloj cronómetro para que sonara la alarma en una hora y media.

-Pero... -justo antes de que ajuste la alarma lo interrumpo. -Necesitaré mucho más de una hora para contarte, es una larga historia.

Hace un gesto de sorpresa y deja de manipular el reloj. -¡Vaya! He estado esperando tanto éste momento -Dice con sorpresa a lo cual rodé los ojos. -Tengo algo de curiosidad del porqué hoy llegaste con toda la disposición para hablar conmigo. Tienes todo el día, Blaise.

-Comenzaré por revelar la causa principal del porqué estoy aquí. -Se quita sus gafas y me observa con su usual ceño fruncido. -Su nombre es John Blaise... Mi padre.

¡Hola a todos! Bienvenidos a "Sin elección" la segunda parte de "terrible elección" con toda la intensidad de la trama del primer libro.

Estos capítulos serán narrados por George y serán recuerdos de George mientras habla con Discott. Y pronto irán entendiendo todo conforme avance.

Gracias por leer y seguir aquí apoyando mis locuras. Los quiero fantasmitas

ALE :)

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