Prefacio
— Piper —escuché mi nombre, y me giré en busca de aquella voz tan conocida.
Agitada, agotada y con el corazón a punto de colapsar, me acerqué deprisa a él, que se veía casi resignado.
— ¿Cómo esta él? —pregunté con el alma en mis manos y a punto de desfallecer de agonía. La espera y las imágenes catastróficas que llegaban a mi mente no ayudaban.
Su mirada desató una punzada dolorosa, y sus brazos se aferraron a mí con tanta fuerza y emociones, que no supe que decir o hacer. Y así, rompí a llorar.
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