Capítulo 4: La vida es bella
Y a veces es una mierda, hay que admitirlo.
Aún sigo conmovida por la noticia y eso que ya pasó unas horas de haberme enterado. ¿Cómo podía ser que no me hubiese dado cuenta? ¿Cómo pude no haber visto bien y notar quién era? Conocía a Aiden desde prácticamente toda mi vida, y lo había olvidado. Por supuesto, él había cambiado mucho desde la última vez que lo vi y hasta donde tenía entendido él había vivido en Oxford donde estudió, y luego viajó a Estados Unidos a perfeccionarse.
El doctor apuesto era Aiden. Aquel chico que me había hecho la vida imposible cientos de veces, que se burlaba de mi ortodoncia, de mis trenzas y de mi ropa. Que le decía a nuestras madres en los problemas en que nos metíamos con Logan y que siempre que podía nos recalcaba lo patéticos que éramos. Y ahora, yo me sentía más patética por haberme vuelto patética por él.
Me sentí asqueada y la nube de encantamiento que había construido alrededor de su imagen se evaporó. ¡Pum! Se reventó. Él no solo era el hermano mayor de Logan, sino que también significaba todo lo que yo detestaba de un hombre: arrogante, soberbiamente encantador, inteligente y apuesto. Él siempre había tenido un aspecto cuidado y un atractivo medido; pero desde la pubertad, Logan era quien robaba la mayoría de las miradas y suspiros. Ahora algo había cambiado, él se había vuelto tan atractivo como Logan, o quizás más.
— ¿Por qué es tan impresionante que mi hermano sea médico? —preguntó Logan mirando a Loreley, quien no dejaba de hablar de Aiden sin mencionar el hecho de que era el Doctor Sheslory.
— Sencillo —respondió Loreley con el vaso en la mano y movimientos fluidos—. Tu hermano es sexy en un sentido peligroso, y eso no es compatible con la mayoría de los médicos. Tú tienes que imaginarte un gráfico. Pones de un lado los años de carrera, y del otro el aspecto físico. Te podemos asegurar que los años de carrera son inversamente proporcional al aspecto físico —ella terminó su explicación con un trago de cerveza y me apuntó.
— Es verdad —coincidí—. Y mientras nosotras nos vemos divinas, los hombres se vuelven gordos, pelados, malhumorados y locos —terminé la explicación. Loreley asintió y Logan nos miró analítico.
— Es el efecto Neville, pero a la inversa —murmuró ella—, ya saben, el de Harry Potter...
— Creo que debe haber algo mal —dijo Logan con seriedad—. Ella no es divina, y desde que la conozco se ha vuelto más neandertal y no hay tanta dulzura —comentó apuntando a Loreley. Ella entrecerró los ojos con amenaza y le dio una suave patada en la pierna.
Logan rió divertido, y pude ver como el enojo y la frustración que lo gobernaban tras la conversación con su hermano se habían evaporado. Aiden solía tener ese efecto en Logan; lo hacía sentir menospreciado y burlado, sin ser tenido en cuenta.
Y yo, aún sigo sin poder creer que sea él. Las vueltas de la vida son grandiosas, y no siempre en un sentido bueno. Lo único que podía pensar era en qué cargo estaría, y si tendría que cruzarme con él. Ambos no teníamos los mejores antecedentes, y si me trataba tal cual como en la niñez, iba a ser mi perdición.
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Mi vida es perfecta, estable y totalmente llena de todo lo que deseé. Trabajo de lo que me gusta, soy una mujer joven independiente y hermosa, y tengo autoestima realista. Es todo lo que cualquier mujer querría: ser respetada sin perder la esencia de la feminidad. Trabajé durante años para poder tener mi propia clínica. ¿Quién necesita amor cuando tienes una clínica que lleva tu nombre?
— Piper —escuché mi nombre. ¿Qué? No, yo no necesito amor. Soy fuerte e independiente para necesitar amor— Piper —volví a oír. No, no estoy de acuerdo—, Piper despierta porque te juro que...
Y en ese momento abrí los ojos y caí en la realidad de mi vida cotidiana, donde no era fuerte ni hermosa, sino alguien promedio con cuasi independencia y una residente con demasiadas aspiraciones de avance.
— ¿Por qué me despiertas? Estaba siendo feliz —me quejé haciendo un mohín, y noté la mirada advertencia y preocupación de mi compañera de residencia. Nairi movió sus ojos hacia un lado y algo me dijo que debía mirar.
Me giré y maldije internamente.
— Eh... Buenas tardes doctor —dije acomodándome en la silla; nos encontrábamos en uno de los pasillos del hospital, a la espera de que haya pacientes. Aiden entrecerró sus ojos, verdes oscuros, y las líneas de su rostro se volvieron serias. Luego observó a un lado y volvió sus ojos a mí, sumergido en su papel de "doctor sumamente eficiente e importante".
— Correspondería: buenas noches —me dijo. Giré hacia la ventana del costado, y noté la oscuridad de la ciudad. Las luces se veían vivaces, como luciérnagas. ¡Demonios!
— Buenas noches, entonces —comenté centrándome en ser alguien neutral y que todo mi conocimiento sobre él no repercutiera en mi comportamiento—, ¿Necesita algo? —pregunté, viendo que no se movía de su posición erguida, frente a nosotras. El temor se dibujaba en los ojos negros de Nairi.
Aiden dio un rápido vistazo al pasillo donde nos encontrábamos; era alejado de todo el gentío, tranquilo y perfecto para estudiar en soledad o simplemente dormir una siesta.
— ¿Qué hacen aquí? —preguntó. Responder una preguntar con otra preguntar... era tan él.
— Estudiar —respondí. Noté una de sus cejas elevarse con arrogancia, y una suave pero efímera sonrisa cruzó por sus labios—. Justo me encontraba en un recreo —agregué el pensar qué cosas podrían estar cruzando por su mente.
Él asintió, con ese aire de superioridad que siempre lo había caracterizado. Nunca había perdido esa aura de sobria inteligencia y calma.
— Creo que acaba de llegar un llamado sobre un accidente de tránsito, supongo que el doctor Silverman va a necesitar ayuda en la guardia —dijo él. Nairi y yo nos miramos, poniéndonos de pie al mismo tiempo para ir directo a la acción— Moore —dijo mi apellido y me detuve en seco. Pude ver un ligero brillo en su mirada, y tensé mi espalda esperando el ataque—, usted se queda. Tengo trabajo para que haga —agregó. Debajo de aquella fachada de dedicado profesionalismo, pude encontrar pedazos del Aiden que esperaba tener diversión a costa mía.
Nairi me dio un último vistazo antes de alejarse con sus libros hacia la guardia, mientras yo permanecía frente a él: una de las peores pesadillas que había tenido en mi infancia.
Me paré erguida para hacerle frente a lo que fuera, con los brazos cruzados como escudos. Aiden se volvió más relajado y sacó a relucir la brillante sonrisa que llevaba ocultando.
— Piper Moore, nunca se me cruzó por la mente que podría llegar a encontrarte aquí —comentó. Suspiré profundamente a modo de canalizar todo lo malo y transformarlo en bueno.
— ¿Qué quieres que te diga Aiden? Me conoces y sabes que me gusta sorprender... —le dije con humor, pero manteniendo la seriedad de mi faceta profesional. Él sonrió, y si aún hubiese estado flechada por la imagen que me había creado antes de saber quién era, hubiese sufrido un paro cardíaco.
— En realidad ya ni sé si te conozco, te ves cambiada y casi no te reconozco —dijo Aiden. Un ligero dolor molesto punzó en mi estómago con enojo—. Al fin pareces una persona madura —agregó cínicamente. Yo me eché a reír a carcajadas ante su estúpido comentario, el cual era lo más disparatado que había oído en mi vida. ¿Yo madura? Ni que fuera una fruta— ¿Puedo eliminar lo que dije? —preguntó él al ver mi reacción. Se veía un tanto incomodo con mi risa, y casi avergonzado.
— No, ya lo dijiste —canturreé queriendo estabilizarme—. ¿Puedes repetirlo así lo grabo y Logan luego lo escucha? —le pregunté sacando mi celular. Su expresión se suavizó, y movió su mano hacia mí para alejar mi celular de él.
— No, definitivamente no has cambiado en todos estos años —comentó en un tono que no logré identificar si lo decía como algo bueno o algo malo.
— Bueno, si vamos a andar halagándonos de esta manera, déjame decirte que tú tampoco has cambiado mucho de tu encantadora personalidad —dije olvidándome ya de la profesionalidad y sintiéndome de nuevo en aquellos años de adolescente rebeldía—. Solo te has cortado la melena y deshecho de la campera de cuero negra —agregué sin filtro alguno.
Él se contuvo de responder enseguida a mi comentario. Las líneas de su mandíbula se acentuaron, y sus ojos se afinaron con advertencia y sigilo. De repente, una inquietante sonrisa se dibujo haciéndolo ver ferozmente sombrío.
— Como se nota que me has echado en falta, si hasta te has dado cuenta que cosas no tengo más —murmuró— Algún día lo reconocerás.
Volví a suspirar profundamente, un ejercicio que se volvía casi cotidiano ante el estrés de la vida diaria. Me frené de mostrarle el dedo medio, y solo moví mis manos hacia un lado para restarle importancia.
— Sigue soñando con eso, cielo —contesté.
Un ligero silencio se hizo presente a nuestro alrededor. Solo se oía la ciudad de fondo, y nuestras miradas estuvieron por un momento conectadas como aquella noche del bar. No supe que decir ni hacer, y me sentí torpe en aquel instante. Luego, él se aclaró la garganta y miró al suelo rompiendo con aquella extraña situación que se había creado entre ambos. Los silencios entre nosotros siempre habían existidos; en un principio habían sido indiferentes pero luego pasaron a ser extraños, como ahora. Siempre me había preguntado cómo había podido suceder aquello, y qué significaba.
— Habías dicho que tenías trabajo para mí, ¿no es cierto? —pregunté para romper con aquel silencio. Su mirada volvió a mí, y su actitud retornó a la profesionalidad: dejando de ser Aiden, el maldito hermano de Logan, para ser el Doctor Harrison, el prometedor cirujano.
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