Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capítulo 30. Piper se prepara para dar guerra.

¡Qué dolor, qué dolor, qué pena! Poco importa si la canción es o no así... mucho menos importa si desentono o quede mal. Y probablemente todo se deba a que los pocos vasos de cerveza que tomé ya llegaron a mi cabeza.

Comenzaba a cantar y bailar de un modo extraño, como si tuviese algún tipo de síndrome motor o algo así, y me reía de mí misma con cada paso que daba, mientras atravesaba la sala de la casa de Loreley donde era la fiesta. Ella estaba en algún sitio de ahí haciendo karaoke con Matt y Fred, distrayéndose después de pelear un rato con su madre que quería quedarse en la fiesta.

Los intentos de Loreley no dieron resultado, y su madre se quedó en la casa con su joven novio que deambulaba por ahí, un poco más ebrio que yo, y demasiado torpe. Crucé a Nairi sentada en el sillón, sonriéndole a un chico, y le guiñé un ojo aunque ella no me vio. Veía tantas personas que hasta dudé si realmente vi a Ana, la hermana de Loreley, pero probablemente haya sido un espejismo ya que últimamente donde sea que su madre estaba, ella desaparecía.

Es una lástima, Ana es una de las personas más divertidas que he conocido en una fiesta. Eso sí, reconozco al par de amigos suyos de los cuales nunca recuerdo el nombre, y que siempre dudo si son o no pareja.

Entre el amontonamiento identifico a un Douglas risueño en la travesía de ganar algún que otro corazón. Sonrío y busco a Logan, hasta que recuerdo que él me odia, volviéndome triste. Maldito sea él y sus caprichos. Extraño a mi mejor amigo, pero odio que sea un idiota en este tipo de peleas, sin dar el brazo a torcer.

Cruzándome de brazos con expresión molesta, identifico a una mujer pequeña de cabello corto y rubio, con ojos leoninos puestos en Aiden. Me tenso y voy directo hacia él, para abrazarlo con fervor.

— Santos cielos Mara, deja de intentar quitarme mi novio —me quejé mirándola con arrogancia—. ¿No te conformas con el pedazo de carne fresca que tienes como futuro marido? —agregué.

Mara me miró con sus ojos oscuros, tan diferentes a los ojos cristalinos de sus hijas. En lo único que Loreley y Ana se asemejaban a su madre era en la belleza exótica y exuberante; y las tres tenían un humor similar, aunque Ana suele ser la más centrada.

— No querida, ya estoy pensando seriamente en cambiarlo por el tuyo —me dijo con una sonrisa maliciosa.

Puse los ojos en blanco, sabiendo bien que no cambiaría a su juguete actual por nada del mundo; varias veces intentamos engancharla con otros hombres, y ella se negó. Nadie puede reprocharnos que no hiciéramos algo al respecto.

— Mara me preguntaba desde hacía cuánto tiempo nos conocemos —dijo Aiden en mi oído, haciéndome erizar la piel y dándome ideas para el futuro de esa noche.

— Sabes cuánto me gustan las historias de amor —canturreó Mara, apretándome las mejillas como si estuviesen hechas de masilla. Me quejé como una niña y ella me sonrió con dulzura, haciéndome sentir querida—. Los dejo tortolitos, voy a buscar a mi chico —me guiñó un ojo con provocación y se alejó, encontrándose con un moreno alto y corpulento, que si no fuese porque sabíamos su edad, nadie supondría que era tan joven.

Que puedo decir...al menos es mayor de edad.

— ¿Soy el único que piensa que él tiene un complejo de Edipo sin resolver? —preguntó Aiden, con la mirada puesta en el mismo lugar que yo.

— Nop —respondí, volviéndome a él para besarlo—. ¿Te dije lo hermoso que estás, y cuánto te amo? —le pregunté.

— Si, pero necesito que lo digas más seguido, mi ego debe mantenerse inflado de alguna forma —sonrió de lado, con sus ojos oscurecidos por la luz. Lo abracé por el cuello y me acerqué a su oído para hablarle suavemente y él me apretó con más fuerza— Qué te parece si nos vamos de la fiesta y... —comentó, y negué entre risas arrastrándolo más al centro para obligarlo a bailar.

El baile no era uno de los grandes talentos de Aiden, sin embargo, se las ingeniaba para ser sexy y atrevido en el intento. Rememoraba las viejas épocas, de cuando íbamos a los bailes estudiantiles, y mientras yo me esmeraba por verme desenfadada y arriesgada en mi vestimenta para ser más genial, Aiden lo lograba con mucha facilidad de manera maravillosa. Solo necesitaba ponerse sus jean oscuros, una camisa cualquiera y la campera de cuero de estrella de rock; su pelo era un poco más largo que ahora casi hasta la altura de su mandíbula y con un solo movimiento de sus manos a través de su pelo ya conquistaba a media platea femenina. A la otra mitad, la conquistaba con su mirada y si quedaba alguna duda, bailaba algún lento para despellejar corazones.

Recordar aquello, me hacía sentir una chica con suerte. Sonreí para mí misma, ajustándome a su abrazo y besé su cuello.

— Creo que podríamos fugarnos sin que nadie se diera cuenta —susurré, y sentí su risa a través de mi cuerpo.

— Tus deseos son ordenes, cariño —dijo, besándome la coronilla—, eso sí, no sé si lograré aguantarme hasta llegar a casa —agregó, y me hizo girar sobre mí misma antes de darnos a la fuga.

Y debo admitir que realmente no pudimos resistirnos hasta llegar a su casa, y fue una larga noche hasta que nos agotamos.

~~~

— ¡Basta Piper! —me gritó Loreley en mi propia cara, con su rostro rozagante, y sus ojos ocultos tras sus gafas de grandes marcos. Además, se había atado el pelo en dos coletas y vestía un pijama de jirafas; parecía una niña.

«¿Cuántos pijamas tiene?» me pregunté cuando recordé que me había gritado.

— ¿Qué hice para que me grites? —le reproché, alejándome súbitamente de ella. Miré a mí alrededor y estaba sentada en mi cama, rodeada de libros. Lo más lamentable de todo es que en vez de mi novio, quien estaba a mi lado era Loreley.

— Estás pensando en sexo. ¡Lo sé, porque pones una cara de extasiada ninfómana psicótica! —me dijo. Iba a preguntarle cómo era ese tipo de cara cuando se cruzó de brazos como una caprichosa niña y yo decidí no ser menos, y dedicarle mi mejor mirada venenosa y expresión enfadada.

— No estoy pensando en sexo, solo pensaba en Aiden. ¡¡Lo extraño‼ —grité.

Loreley puso los ojos en blanco, y en un pequeño salto se metió en la cama a mi lado. Los limites de amistad entre ella y yo estaban un poco desdibujados desde nuestras épocas de universidad.

— Yo también extraño a mi Matty hermoso, mi sexy y egocéntrico neurocirujano con un cuerpo de adonis y mirada de...

— ¡Loreley! —la detuve antes de que siguiera delirando acerca de su novio.

— A lo que voy —murmuró, no sin antes mirarme feo por interrumpir sus fantasías—, es que estás canalizando los nervios y temores del examen en el sexo con Aiden, mientras que yo en la comida —finalizó su discurso agarrando una tableta de chocolate que estaba sobre la mesa de luz.

La miré horrorizada tragarse el chocolate debatiéndome internamente acerca de lo dicho. Si hacía un conteo de las veces que tuve sexo con Aiden desde que la fecha del examen de residencia se fijó, debía reconocer que el número de veces había aumentado un poco. Cabe recalcar que tenemos una muy buena y envidiable vida sexual, porque no quiero que se piense mal.

— ¿Y qué hago para calmar mis ansias? ¿Empiezo a fumar? —pregunté con un ligero encogimiento de hombros. Ella meneó la cabeza, y me convidó lo que quedaba de su chocolate.

— Solo distráete con comida mientras yo esté frente a ti, luego sí, piensa en tu novio. Lo único que no quiero es que te propases conmigo, pervertida —declaró airosamente, agarrando sus libros para comenzar a leer.

Resoplé sin otra alternativa más que tener que cesar mis nervios con chocolate. Sentándome bien contra el respaldar leí lo más que pude, hasta que sentí que mis ojos ardían y eran capaces de resecarse para escapar de mi cráneo. Bueno, quizás no tanto pero leí bastante.

Tiré el cuaderno al suelo con demasiado drama, y me concentré en la música que salía de mi computadora. Era un suave rock, melancólico y esperanzador. Deseaba que toda la frustración se evaporara pero cuando más pensaba en todo lo que debía estudiar y en el tiempo que me quedaba, que era apenas un mes, solo me preocupaba más y enloquecía haciendo cualquier cosa menos lo que debía hacer, que era estudiar.

— Merezco un descanso —proclamé sin importarme la cara de malvada castigadora serial que pondría Loreley. Crucé el pasillo y deambulé por la sala y la cocina sin destino alguno porque lo único que necesitaba era distraerme del estudio.

Estaba aturdida y cansada pese a que solo dormía. La frustración se arremolinaba en mi estómago, y en estos momento en que necesitaba ser fuerte era cuando más me faltaba firmeza. De pronto, me detuve porque escuché que alguien se acercaba a la puerta de mi casa, pero se detuvo y el timbre nunca sonó.

Dudé, pero aún así fui hasta la puerta y en un atisbo de incredulidad, creyendo que podría ser Aiden abrí la puerta. Para encontrarme con uno de los rostros que me atormentaban en mis pesadillas el último tiempo.

— Logan —dije su nombre en un susurro, sin poder creer que lo veía frente a mí luego de tanto tiempo. Tenía en mi mente el recuerdo de la última vez que nos vimos, y el dolor de ese día aún no se iba.

Le di un vistazo de arriba hacia abajo. Se veía igual de apuesto que siempre, aunque había dejado sus trajes para usar algo menos formal. Pero pese a que se veía como mi Logan, notaba una seriedad y tristeza que hacía años no veía. Quizás, desde los años posteriores a la muerte de su padre.

Sus ojos verdes estaban oscurecidos y percibí la duda en ellos. Se veía perdido y fuera de lugar allí. Contempló su alrededor y se volvió a mí, dando un pequeño paso que parecía requerir toda su fortaleza.

— He venido varias veces —dijo, tras aclararse la voz. El sonido familiar produjo que mi corazón trastabillara—, pero nunca me he atrevido a llamar a la puerta —agregó.

Lo observé en silencio. Sus hombros estaban caídos y su expresión era la de un niño que había hecho una travesura y debía enfrentar a su madre. Pero él no era un niño, y romper mi corazón no era una travesura.

— ¿Qué es lo que quieres? —pregunté, sonando más brusca y a la defensiva de lo que deseé.

— Tu perdón —respondió con esa seguridad arrogante que desbordaba en él y que yo precisaba. Sonreí con ironía y amargura, teniendo deseos de golpear su perfecta cara, e intentar desarmar ese peinado ordenado que llevaba—. Piper, lo que hice estuvo mal. Fui horrible, patán, hipócrita y merezco ir al infierno si es que lo deseas, pero escucha —dijo, tomándome suavemente de la mano para que no escapara de su cercanía—. Lo único que he querido siempre fue protegerte —murmuró.

— ¿Protegerme? ¿Acaso crees que necesito que me protejan? No creo verme como una doncella en apuros —me quejé.

— Para mi sí —insistió, elevando solo un poco la voz—. Eres mi mejor amiga, mi alma gemela y siempre tuve la necesidad de protegerte para sentirme fuerte. Si yo sufro, tú siempre estarás para mí, pero cuando tú sufres enloquezco por no saber cómo ayudarte.

— Apoyo —exclamé—, eso es una gran ayuda. Apoyo moral, psicológico, y entendimiento. Solo necesitaba eso, pero ni siquiera hablabas conmigo. Te encerraste en tu propio mundo, sin dejarme pasar para tratarme luego de ser mentirosa y una cualquiera —él puso una expresión de dolor antes mis palabras, aunque fueran verdaderas. Disfruté internamente de verlo así, porque por mucho tiempo me sentí horrible.

— Lo siento —susurró—. Siento haberte alejado, siento haberte dicho todas esas cosas, pero no me arrepiento de querer cuidar de ti. ¿No entiendes que te amo? Eres un sostén para todo, y lo único que quiero es lo mejor para ti. Aunque sea rompiendo tu corazón —terminó en voz tan baja que tuve suerte de oírlo.

Yo también lo amaba, pero eso no le daba el derecho de tratarme como quisiera.

— Claro que me rompiste el corazón tratándome así —me quejé, y lo vi negar.

— No me refería a eso —comentó—. Me refiero a Dylan; supe antes que tú que él era homosexual porque lo encontré en una fiesta gay, y lo obligué a decírtelo porque no soportaba verte mal por ese idiota que no lo vale —gritó.

«¿¡Qué mierda!?» pensé y creo que también lo grité porque Logan se alejó apenas de mí, viéndose aturdido.

— ¿Lo sabías y no me lo dijiste? —pregunté acusadoramente, pinchando su brazo con mis dedos; es una mala manía estar enojada y apuñalar con mi pequeño dedo.

Tener conciencia de la mentira y la traición dolía, aún cuando sentía que Logan había hecho añicos mis emociones en el pasado. Logan se quejó, tomando mis manos para detenerme y me adentró en la casa, para alejarnos de los curiosos del vecindario. Aunque realmente no me importaba, era capaz de gritar a los cuatro vientos que Logan era un cretino, y podía certificar que era peor que su hermano.

— No soy más cretino que Aiden —argumentó él, y maldije infernalmente a mi conciencia—. Y entiende que no podía ser yo quien te lo dijera, no me correspondía y, quizás, tampoco me creerías —explicó. Le dediqué una expresión de incredulidad mezclaba con asco, y él suspiró—. Y con respecto a mi hermano, intenta ponerte en mi lugar. ¿Cómo reaccionarías si la persona que más valoras en tu vida se va con la que más detestas? —preguntó.

Puse los ojos en blanco, tan dramáticamente que me mareé.

— Deja de ser tan exagerado. Tú no odias a Aiden, Aiden no te odia a ti. Son dos chiquilines inmaduros con poca comprensión de idioma como para poder comunicarse como personas decentes —grité—. Nos conocemos desde niños; tú te la has arreglado para hacerlo ver como el malo de la película, y a ti como un santo para que esté de tu lado, y ambos sabemos que ninguno de los dos es inocente —agregué queriendo zafarme de sus manos, hasta que él se dio cuenta y me soltó.

— A veces eres demasiado terca y egoísta como para tener más empatía —exclamó, desordenando su pelo rubio; ahí me di cuenta que ambos hermanos tenían la misma manía.

— ¿Perdón? ¿Terca y egoísta yo? ¿Tú no te has dado cuenta que eres igual? —lo reprendí—. Eres malvado, y un mal amigo. Mentiroso, y solo intentas quedar bien ensuciando a los demás. Y fíjate cuando vienes a enfrentarte a mí, justo en el momento en que más necesito estar centrada, sacándome de quicio y haciéndome dudar de todo —lloriqueé porque la presión del examen, mis emociones y Logan estaban haciendo que me sintiera como un trapo de piso.

— Lo siento —murmuró, abrazándome contra mi voluntad. Me negué, e incluso intenté apartarlo, pero él era fuerte y realmente extrañaba tenerlo a mi lado—. No quise molestarte, en serio. Solo quería arreglar las cosas, pero tengo el don para arruinarlas. Ni siquiera sé como soy abogado —sonrió apenas, moviéndonos a ambos y sumergiéndome en un hechizo que me estaba tranquilizando—. Estoy intentando ponerme en tu lugar; no he sido el mejor de los amigos. Dame una oportunidad y tenme paciencia —susurró, acunándome y acariciando mi pelo, mientras seguía llorando en su camisa.

Sin poder hablar asentí. Logan se alejó, rozando con sus manos mi mejilla y depositando allí un suave beso para luego irse. Me quedé en silencio, compungida por todo, y apoyada en la pared abrazándome a mí misma. Escuché pasos a mí alrededor, y recordé la presencia de Loreley en la casa. Levanté mi vista y por su mirada supe que había oído todo. Ella se acercó y me abrazó, porque era lo que necesitaba y lo sabía.

Era como si por un momento, entre Logan y yo, la guerra estalló. Trascurrieron bombardeos y lanzallamas. Las municiones eran nuestras palabras, recuerdos y recriminaciones. Ambos habíamos salido heridos en el cruce de fuego, con cicatrices, quemaduras y cuchilladas mortales. Ahora todo se había detenido, solo quedaba lidiar con las consecuencias. 

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro