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Capítulo 52

Unas horas más tarde, en tanto revisaba la ortografía de sus cuentos, Leon se recuperaba de la desgastante discusión. Creyó que su madre vendría a disculparse, como cuando era un niño y esta lo obligaba a cortarse el pelo, vestir como los chicos y jugar con cochecitos; pero no sucedió. Cayó en cuenta de que otra vez atravesaban un dilema familiar. Qué incómodo era cuando los demás se enfrascaban en conflictos sentimentales, se decía, «ojalá nadie tuviese sentimientos para no tener que lidiar con semejantes situaciones». Asimismo, apenas se concentraba al leer, pues en su mente revoloteaban sus propios gritos, una y otra vez. Trataba de convencer a su terca mamá interior.

Alguien tocó a su puerta. Pensó que ahora sí Elena había venido a disculparse por ser una tirana conservadora, tal cual y lo hacía en los viejos tiempos, mas en su lugar se presentó Patrick. Al verlo, Leon nada más rodó los ojos y se reclinó en su silla.

—Siento interrumpir tus momentos de meditación budista, Krasinski —dijo aquel con ironía y molestia.

—Pensé que era un vendedor de esos que llaman por teléfono —se refería a la llamada de la mañana.

—No es la primera vez que lo haces —se quejó, antes de sentarse en la cama—. Tienes un auténtico problema para comunicarte con la gente.

—Sí... aunque juro que esta vez fue especial.

—Por lo que vi allá abajo, ¿puedo suponer lo peor?

—Sí, pero no hablemos de eso.

—Está bien, Krasinski —dijo, con los ademanes de una persona que viene con intenciones pacíficas—. De todos modos tus problemas familiares me tienen sin cuidado. Vengo a hablarte de lo que sucedió anoche.

—No me digas.

—Muy gracioso. Pues pensaba llamarte más temprano, pero en la mañana que mi madre salió, fui a buscar primero a Cooper. No el joven, sino el anciano, el que sí da confianza. Y no vas a creérmelo: el idiota sí hizo lo que le pedimos.

—¿Ben Cooper le dijo a su padre lo de nuestra teoría?

—Y no solo eso, sino que el viejo fue a investigar a Grace Adams. Nos tomaron en cuenta. A pesar de que él no obtuvo algo nuevo para mí, para ti sí que lo es.

—Ve al grano.

—Le hice unas llamadas a esa vieja zorra y resulta que estabas equivocado.

—¿En qué? —Leon se acercó al borde de su silla. Parecía que le había picado un insecto.

—La vieja es espía; todo lo que sabe de mi familia desde hace dos años era porque nos observaba por su ventana. Papá decía que a menudo la pillaba mirándonos, y ahora lo comprendo. Al final solo recibió fotos de Molly y Brigitte juntas.

Leon no contestó debido a que reflexionaba.

—Lo que me lleva a la cuestión más importante, ¿cómo convenció a mi madre de su mentira?

—Tal vez no lo hizo.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Patrick.

—Tal vez el asesino la utilizó para esparcir el rumor de la profesora de música y la madre de Shirley. Está claro que el asesino contactó con tu mamá directamente.

—¿Qué? ¿Y por qué no lo diría?

—No lo sé.

—Estoy seguro de que mi madre diría algo al respecto.

—¿Y qué tal si solo le dejó las fotos en el buzón? —propuso Leon.

—De todas maneras ella es muy recelosa. Sin pensarlo, lo envió a un jodido motel.

—Quizás le mandó grabaciones de audio.

—¿Cómo sabes?

—Él hace grabaciones para engañar a las operadoras, ¿no es así?

—¿Y esas grabaciones qué...? Oh. Mierda.

—Así es.

—¡Carajo! ¡Ese jodido asesino! —Patrick se había levantado—. Ahora que lo pienso tiene sentido. Papá tuvo que haber hablado con su amante por teléfono, y la mucama debió haberlo contactado por medio de una cabina. Hay muy pocas en Sweeneytown. Ha de tener todas intervenidas. ¡A lo mejor nos escuchó cuando hablábamos de él ese día en Plumbers! ¿Qué tal si tiene allí sus micrófonos?

—Es posible. —Leon abrió más los ojos—. No dijimos nada comprometedor, ¿verdad?

—Solo repasamos el crimen de Andrea.

—Creo que sí.

—¡Tenemos que ir allí, Krasinski! Busquemos micrófonos o algo.

—Ha pasado mucho tiempo desde entonces. Es posible que ya los haya retirado. El siguiente paso de su plan fue delatar a la profesora Schmidt.

«Es cierto. Ya no podré decirle lo mucho que me encantó su libro —quiso decir Leon.»

—Es verdad. —Patrick se sentó nuevamente. Ambos pensaban. Transcurrieron unos minutos en los que no se dirigieron la palabra—. Oye, Krasinski.

—¿Qué?

—No termino de entender para qué haría tal cosa.

—¿Lo de delatar a esas mujeres?

—¡Sí! No sé por qué haría algo así. ¿Qué obtendría?

—¿Para demostrarnos que puede hacerlo?

—No, eso es estúpido —dijo Patrick—. No veo en qué se beneficia con que mi familia esté destruida, ni con que Brigitte esté en un hospital mental.

—¿Venganza?

—¿Qué le haría mi padre a él? ¿Y qué daño harían Molly y Brigitte?

—Tal vez sabe quiénes somos. —Leon se inclinó para darle énfasis a su punto—. A lo mejor quiere detenernos. Para deshacerse de Shirley tuvo que haberle hecho eso a Molly.

—Pues qué conveniente sería darse cuenta de que, tú como asesino, tienes a la vuelta de la esquina un romance prohibido y lésbico. Es mucha coincidencia, ¿no lo crees?

Leon lo admitió con un movimiento de cabeza, y no supo qué responder.

—Si yo fuera el asesino —se figuraba Patrick— y quisiera deshacerme de Shirley, pues voy y me deshago de ella y ya. No hace falta montar un espectáculo ridículo de cotilleos. A la postre ella reunía las características de sus típicas víctimas. Y además, con separar a mis padres no consigue sacarme del juego; de hecho así estoy más adentro que nunca. Mejor le hubiera valido asesinarme de manera directa, porque así solo hará que me enfurezca más, y cuando le encuentre seré yo quien le propine semejante paliza.

—Tiene sentido.

—No se deshace de nosotros así. ¡Además a ti no te ha hecho nada!

Leon sacudió la cabeza, dándole la razón. No contestó.

—¿Acaso discutieron por algo importante?

—No tiene nada que ver.

—¿Le llegaron a tu madre fotografías de ti vistiendo lencería?

—¡Oye!

—¿Ya ves, Krasinski? A ti no te ha hecho nada. Entonces no tiene sentido creer eso.

—Pues no...

—Lo peor es que ese hijo de puta está planeando su siguiente objetivo y no sabemos cuál es ni cómo afectará al pueblo, y todo mientras conversamos. Solo espero que nadie más muera. Prefiero que digan que Herman Schmidt es un desertor de la Gestapo o que Bob Gale tenía revistas de mujeres desnudas debajo del colchón.

Leon dejó escapar una risita.

—No se me ocurre nada —dijo este al final.

—Tampoco a mí, Krasinski. Otra vez dimos con pared. Habremos de esperar a lo que encuentre Jordan Cooper con Grace Adams, si es que lo logra. —Reflexionó un poco más antes de seguir hablando—. Grace también dijo que Adam Flanagan pagaba a terceros para obtener información y fotografías; que no era la primera vez que lo hacía. Me imagino que lo hacía para obtener fuentes ilegales para sus artículos de mierda. Qué ética tiene ese malnacido. Escuchar a Grace decirme todo eso me hizo enfurecer demasiado —dijo entre dientes.

—¿Para qué querría Adam Flanagan joder a su propia familia? Se supone que había ido a San Luis durante los festejos de Acción de Gracias.

—No lo sé, y ya ni el alguacil podría saberlo. Ya se fueron. Y no creo que sea relevante si hay alguna respuesta. ¿Sabes por qué? Porque eso no respondería la razón por la cuál delataron a mi padre. Sería mucha casualidad que ambos eventos ocurrieran de manera aislada.

Patrick se reincorporó y comenzó a husmear en los cuentos de Leon. Este solo lo miró con determinada incomodidad.

—Sigo diciendo que él necesitaba ocultar algo más grande y que nos lo perdimos.

—Pero ¿qué podría ser, Krasinski?

—Quién sabe. En serio no se me ocurre nada. Por cierto, ya no quiero que toques mis cosas. ¿Acaso vas a criticar otro de mis cuentos?

—¿No que no tenías problemas con las críticas, eh? —respondió, mofándose.

—No las tengo, pero contigo sí.

—No te diré nada malo, Krasinski, relájate. —Tomó uno que le atrajo—. «Un dios de más allá del cosmos». Este suena interesante. Préstamelo, y luego te daré una retroalimentación.

—No. Te lo quedarás, o le dirás a la clase sobre mis historias.

—¿No confías en mí?

—La verdad no.

—¡Ja! Eres muy delicada, señorita Lesley.

—¿Otra vez ese nombre?

—Algún día lo aceptarás.

—¿Qué?

—Que eres más mujer que hombre, ¿qué más? Ya, préstamelo.

—Ya que.

—Deberías estar contento por tener tu primer fan, Krasinski.

Leon creyó que había sido un buen elogio, por lo que sonrió.

—Así me gusta. Siéntete orgulloso. No seas un cero a la izquierda.

—Tienes que dedicarte a ser conferencista de autoestima en el futuro. Es en serio.

—Bueno, no es tan interesante como el ajedrez.

—Por cierto, Patrick, ¿cómo conseguiste que Grace Adams hablara?

Aquel sonrió con soberbia, a la vez que sujetaba el nudo de su corbata.

—Tengo mis métodos para influir en la gente, Krasinski.

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