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Capítulo XLII

—Ese de ahí. —Becky apuntó discretamente con su dedo a uno de los trabajadores de seguridad. —Es Heng, él es el que me cubrió cuando salí a verte ayer y hoy.

Freen observó al hombre mayor y asintió al reconocer su rostro.

Las dos adolescentes estaban con los brazos apoyados en el balcón sintiendo el frío clima con mayor apreciación que la noche anterior. Becky de nuevo llevó a su mejor amiga a su hogar convenciéndola de que ese sería un mejor lugar para hablar y pasar el rato juntas, no le gustaba estar en aquel amplio pero vacío puente, sus vibras no eran las mejores.

—El que está hablando con Heng es Surprise. —Señaló cuando vio a ambos adultos en pareja. —Heng gusta de Surprise. —Añadió.

Freen asintió de nuevo por el dato

—¿Surprise gusta de Heng? —Preguntó con sutileza.

—Heng dice que no lo ve más que un amigo, pero yo creo que ambos están enamorados, solo es cuestión de ver como ambos les brillan los ojos cuando se ven mutuamente. —Respondió mirando con una sonrisa a ambos trabajadores que hablaban animadamente, pero sin descuidar su trabajo.

Heng igualmente estaba alerta de que Hwang no mirara hacia la dirección de ambas adolescentes ya que se podía ver fácilmente como estaban dos adolescentes en el balcón cuando solamente debería haber una.

Freen concordó al detalle del cual su mejor amiga se fijó, ambos parecían coquetearse dé una forma realmente sutil, incluso parecía que estaban vacilando entre ellos pero sólo era cuestión de poner suma atención e inmediato se notaban los sentimientos que traían al contrario.

Heng tendía a lucir alto y grande, ensanchando sus hombros para que lucieran más amplios y atractivos. Se notaba igual su confianza y su encantadora sonrisa, que iba dirigida solamente a su compañero. Por otro lado, Surprise tendía a verse bonito, con las mejillas levemente rosadas y los ojos altamente expresivos, acomodando su castaño cabello con coquetería. Ambos se inclinaban hacia la dirección del otro de una manera sutil, pero incluso así, se notaba el leve coqueteo que tenía éste incluido. —Terminarán juntos. —Añadió Becky asegurando el futuro de sus amigos mayores.

—También lo creo. —Freen demostró que concordaba un cien por ciento con Becky después de analizar detenidamente la situación.

Le gusta eso, sentirse seguro hasta el punto de poder fijarse de lo que lo rodea.

Cuando estaba en la preparatoria sus sentidos estaban alerta, sus oídos agudizados, sus ojos fijos en su camino, sus manos tratando de pegarse a su cuerpo y no meterse en el mismo camino de otra persona. En su casa era similar, teniendo cuidado de sus palabras y movimientos, tratando de protegerse de los golpes e insultos.

Estando solo con Becky era todo mágico y especial, era hermoso.

Al estar con ella todo desaparece, como si su alrededor se congelara momentáneamente para dejarle un pequeño espacio junto a su mejor amiga. Nunca creyó decir que quería abrazar a alguien con todas sus fuerzas, nunca creyó pensar que le gustaría que ese alguien la abrace de la misma forma, tampoco imagino tener que sentir la necesidad de estar con esa misma persona, de verla, escucharla o tan solo saber de su bienestar.

La confesión que la castaña le hizo la noche anterior aún la tenía pensando, no sabía si Becky lo dijo sin pensar y solamente se le salió o lo dijo pensando y expresando un sentimiento, verdaderamente tenía miedo de la segunda. Freen acostumbraba ocultarle cosas a su padre, no es como que se pueda sentar con él y tener una conversación tranquila, mayormente buscaba evitarlo y toparse con él, por lo que una relación con una mujer tampoco sería un obstáculo.

Pero tampoco sabía si tenía sentimientos hacia una mujer.

Becky es linda, muy, muy linda, tanto físicamente como internamente. Físicamente tenía un piel clara y lisa, sin rastro alguno de acné ni poros, sus ojos realmente expresivos eran un detalle a favor de su belleza, sus labios finos y rosados le daban un aspecto adorable al igual que sus grandes orejas, su cabello tan sedoso incitaría a cualquiera a tocarlo, su cuerpo igual le daba puntos a su apariencia ya que Becky se notaba ligeramente más atlética que antes.

En su belleza interna se encontraba su temperamento, su amabilidad, responsabilidad, su lado amoroso y un sin fin más de hermosos sentimientos que la completaban, Becky era un sueño casi inalcanzable para muchos como lo fue Heidi en su caso.

Pero no para Freen pese a que esta ni siquiera lo sabía.

Si Becky se hubiera acercado cuando le dijo que quería besarla, si lo hubiera hecho... Freen no estaría segura de su propia reacción, jamás había sentido un golpeteo tan fuerte en su corazón como lo fue en ese momento, en verdad sintió todo desbordarse al igual que miles de preguntas y emociones la descolocaron por completo.

—¡Surprise! —Gritó el adulto sacando a Freen de su mundo de pensamientos.

Encontró a ambos trabajadores uno enfrente del otro, ambos estaban de costado a los ojos de las adolescentes con la diferencia de que Heng tenía las manos en las mejillas de Surprise, Freen supuso que el segundo mencionado intentó mirar hacia ellas y Heng lo detuvo ante el trato que aceptó con Becky.

Las adolescentes vieron como los adultos continuaron hablando después de ese pequeño momento de peligro que logró sacarles una risita.

Becky se sentía morir, casi nunca había escuchado la preciosa risa de Freen y escuchar una leve pista de esta la hacía sentirse contenta y aún más enamorada.

Y cuando Becky cree que no podía enamorarse más lo hacía, se enamoraba una y otra vez de Freen sin encontrarle fin a ese sentimiento.

⋯⋯⋯ ⊰ ᯽ ⊱ ⋯⋯⋯

—¿Por qué tienes un piano en tu habitación? —Freen tocó con delicadeza cada una de las teclas sin hacer la suficiente presión para que estas suenen.

Desde su cama, Becky logró sonreír

—Una de mis tías lo compró. Cuando vio nuestra casa por primera vez dijo que le faltaba un piano porque las casas de los ricos siempre tenían un piano. —Rio ligero al recordarlo. —Mi mamá dijo que era inútil si nadie sabía tocarlo, pero mi tía ignoró eso y lo compró. Mamá intentó aprender, mi padre igual pero no lo consiguieron y menos cuando mamá quedó embarazada de Richie. Intenté aprender y a diferencia de ellos pude por lo que decidieron subir el piano a mi habitación para que no estorbe en la sala y pueda tocarlo cuando quiera.

Freen siempre admiró la sabiduría y el hambre de Becky por aprender poniendo en juego la famosa frase de Socrates; sólo sé que no sé nada. Cada día era una oportunidad nueva para aprender cosas extraordinarias, Becky así lo veía y Freen no podía estar más orgullosa. El piano no es un instrumento fácil de tocar, lo sabía y le sorprendía el hecho de que su mejor amiga sepa tocarlo sin contar que incluso sabía tocar la guitarra, quien sabe cuántas melodías de distintos instrumentos podía lograr.

—Es... impresionante. —Expresó Freen mirando el enorme y brillante piano.

—Lo es ¿verdad? no creí que fuera tan grande cuando mi tía lo compró.

La mayor esbozó una sonrisa cuando Becky no entendió a lo que le parecía impresionante.

Becky se apartó de las suaves cobijas de su cama con el propósito de dirigirse a su mejor amiga. Freen miraba atentamente cada una de las teclas blancas y negras, apreciando el inmenso tamaño del piano preguntándose el cómo lograron subirlo hasta la habitación si lucía más grande que la puerta.

Freen pasó sus delgados dedos por la parte trasera del piano, era bastante brillante a pesar de la escasa luz, su textura era demasiada lisa al igual que tenía una fría temperatura, a Freen siempre le impresionaron los instrumentos musicales pues estos producían melodías emotivas logrando alejarla de la tierra un momento. Cuando su vecino tocaba su guitarra a Freen le gustaba escucharlo, se podía apreciar la pasión y sentimiento en cada una de las notas y cuando el hombre se suicidó Freen dejó de tener su momento de tranquilidad al no tener a nadie más que sepa tocar un instrumento.

El melodioso y armónico sonido de las teclas siendo presionadas en concreto llamaron su atención. Becky se había sentado en una sillita enfrente del piano y sus dedos se movían ágilmente sobre estas, con una delicadeza que logró hipnotizar a Freen.

—Algunas veces toco de noche. —Informó Becky mientras sus dedos siguieron moviéndose de una forma hermosa. —Por lo que no creo que sospeche nada si me escuchan.

Freen asintió con una sonrisa.

Ahora, ambas estaban sentadas en la larga silla. Freen veía impresionada la delicadeza con la que Becky tocaba, lo hacía tan suave y con cariño, como si le estuviera dando palmaditas delicadas a la cabeza de un bebé, como si estuviera acariciando los pétalos de una flor con la yema de sus dedos.

La melodía se hacía cada vez más lenta a lo que Freen supuso que estaba por acabar. Descubrió que estaba en lo cierto cuando la castaña presionó un alrededor de cuatro teclas al mismo tiempo logrando un final emotivo con la melodía.

—¿Se ve difícil? —Preguntó ante los atentos ojos de Freen.

—Un poco. —Logró formular recordando como una mano de Becky presionaba teclas distintas a la otra mano, como si cada una supiera exactamente dónde ponerse para tocar una agradable música.

—Ven aquí. —Becky palmeó sus muslos invitando a Freen a sentarse en ellos.

La mayor la miró confundida y con duda ¿sentarse en las piernas de Becky? eso era un poco... ¿íntimo?

—Confía en mí. —Sonrió dándole el espacio necesario a Freen para sentarse donde había indicado.

—Lo hago, siempre lo hago. —Respondió con un sutil toque de seguridad en sus palabras.

Así lo hizo, se sentó sobre las piernas de Becky y esta aún seguía preocupada por el peso de su mejor amiga, casi no podía ni sentir los kilos de esta. La menor volvió a posicionar sus dedos en las teclas correspondientes, pero sin emitir sonido alguno.

—Pon tus manos sobre las mías, que tus dedos queden encima de cada uno de los míos.

Freen hizo caso con su confianza aumentando. Fue entonces que Becky volvió a tocar y Freen quedó maravillada a lo increíblemente bien que se sentía aquello. Era como si ella estuviera tocando con tanta pasión cada una de las teclas hasta producir el sonido deseado. Este era uno de los momentos en los que Becky agradecía ser alta pues podía ver perfectamente las teclas sobre la cabeza de Freen.

Freen se dejó caer haciendo que su espalda se pegue al pecho de Becky, se sentía tan relajada y lo amaba, amaba esa sensación de no tener que preocuparse por nada, de saber que estaba segura, aunque sea unos momentos.

—Mi... mi madre tocaba el piano antes de que yo naciera. —Informó Freen aún dejándose llevar por los hábiles movimientos de Becky. —Incluso cuando nací seguía tocando, no recuerdo nada pero ella decía que le gustaba tocarme canciones cuando era bebé. No sé de dónde habrá sacado un piano para hacerlo porque son bastante caros. —Formó un puchero inconsciente.

—Sí, lo son. —Concordó al recordar el precio de su propio piano.

—Cuando los golpes comenzaron. —Dijo aquello de una forma bajita pero no tanta para que la melodia del piano se escuche sobre su voz. —Ella dejó de tocar, no sé dónde acabó ese piano, no sé si ella aún recordaba como tocarlo después de unos años. —Su voz se iba debilitando con cada palabra, su rostro se afligía más y sus ojos comenzaban a picar. —Cuando era niña, me cantaba una canción y me decía que era la misma que me cantaba cuando era bebé.

—¿La recuerdas? —Preguntó sutilmente.

Freen negó despacito

—No, no recuerdo la letra ni la melodía, sólo recuerdo como ella me abrazaba y yo me oponía a eso por miedo. —Sus ojos comenzaron a nublarse cada vez más, los dedos de Becky y sus propios dedos moviéndose lucían como manchas para sus ojos ahora húmedos. —Desearía... desearía haberla abrazado, desearía haberme disculpado con ella por todas las veces en las que me aparté, no pude cumplirle mi promesa de algún día abrazarla más fuerte que nadie. —Las lágrimas salieron trazando un silencioso camino en sus mejillas.

Becky finalizó la canción de la misma forma que la anterior. Maniobró un poco para dejar las piernas de Freen a cada lado de su cadera y que sus rostros pudieran verse.

—Deja de lamentarte, nada cambiará si lo sigues haciendo. —Becky tomó el rostro de Freen entre sus manos mientras le hablaba con la voz más sutil que tenía.

—Lo siento. —Más lágrimas se hicieron descubrir, los dedos de Freen arrugaban la ropa de Becky tratando de contener así las gotas saladas. —Es solo que... aún... aún no p-puedo creer que no está aquí.

El día anterior, Freen se había visto feliz, con el rostro iluminado y con una alegría que Becky nunca había visto en ella, ya se esperaba que alguna vez tendría que caer nuevamente ante todo lo que le sucedía, pero no lo esperaba tan pronto.

Besó sutilmente su frente, lo hizo repetidas veces escuchando los bajos sollozos. Su pequeña y rojiza nariz fue la siguiente en recibir los labios de Becky, sus mejillas igual fueron un lienzo perfecto para que la menor las pintara con mil y un besos.

—Está bien, sabes que puedes llorar si quieres. —Abrazó el pequeño cuerpo pegándolo más a ella, sus palabras salían como suaves susurros que Freen podía escuchar gracias a que estos eran depositados cerca de su oreja. —Pero por favor, no te lamentes de lo que hiciste o no, sé que ella estaría feliz ahora si te viera, estás dejando que te abrace, que te pegué tanto a mí y no estás huyendo, no estás asustada y te sientes bien ¿cierto?

Freen asintió apoyando su barbilla en el hombro de Becky y enrollando sus brazos al rededor del cuello de esta.

—Eres fuerte, Freen Rak. Muy, muy fuerte, la persona más fuerte que alguna vez vi en mi vida, tu madre en serio debería estar orgullosa si te viera ahora, tratando de sonreír, acostumbrándote de a poco con el contacto físico, sin duda eres una persona de admirar. —Besó unas cuantas veces más su mejilla emitiendo relajantes sonidos con cada beso depositado.

Freen seguía llorando, esta vez no por su madre completamente, sino porque no cree que una persona como Becky exista, no pudiendo creer que una persona tan increíble como ella la esté abrazando de una manera tan protectora y cariñosa.

Y, sin darse cuenta, se estaba enamorando poco a poco de esa asombrosa persona.

O mejor dicho, se estaba dando cuenta de que ya la ama.

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