
✨1✨
Pensaba que Sam me había ayudado... Pero no fue así. De hecho su partida me ha dejado mal. Lo peor del caso es que no es una partida física lo que sucedió con él. Fue una partida espiritual en mi pequeño mundo. Y eso creo que es algo peor, se generó un vacío insaciable en mi vida. Y aunque no he intentado suicidarme estos últimos meses, sigo pensando que mi vida no tiene sentido. Salvo por Jackson, claro está. Él realmente ha hecho un esfuerzo por mejorarlo todo. Y espero que así nos mantengamos, porque de resto ya no tengo nada por lo que vivir.
—¿Qué piensas hacer hoy al salir de clases? —pregunta Patricia, una de mis compañeras de la universidad, y se podría decir que amiga.
—Ahm...—¿Cómo le podría mentir?
—Lo pensaste mucho no tienes nada qué hacer, vamos a tomarnos unos tragos. Lo necesitas. Has estado enfrascada de lleno en el semestre y mira —estira la hoja con notas— fuiste el mejor promedio, como siempre. ¡Vamos! Es tú momento para celebrar.
—Pero...
—Pero nada, ¿qué te puede detener? ¿Tú novio? Invítalo.
Niego. A Jackson no le gusta estar con mis amigos. De hecho, ni siquiera me lleva cuando sale con los suyos. Dice que es mejor que cada uno mantenga su espacio, al menos hemos avanzado en algo: ponemos fotos juntos en las redes.
—Déjame avisarle a mi madrina que no iré a ver a la bebé hoy, y nos vamos.
Anuncio.
Envío un WhatsApp a Osmi informándole qué haré y que las veré mañana. Estoy segura de que se pondrá muy contenta cuando sepa que yo, Angélica Stanley, irá de fiesta con sus amigos. Eso es algo tan, pero tan extraño que debería comprar un ticket de lotería, quizás me lo gane.
Xiomy, gracias a Dios nació, saludable. Es hermosa, come sin parar. Y se podría decir que es lo que ha traído luz a nuestra familia (o lo que queda de ella), entre tanta oscuridad.
—Listo.
—Bien, vamos al baño a retocarnos el maquillaje.
Han pasado cinco meses y medio de todo aquel desastre descomunal. De la muerte, o intento de asesinato de Sam, no sé mucho. Solo que las autoridades declararon como sospechosos principales del acto a Steve y a Nashell, y ambos están bajo custodia judicial. Nashell se encuentra internada en la clínica por su enfermedad. Steve sigue llevando su vida como si nada. La familia Yivcoff y amigos, no pueden moverse de la ciudad. Y resulta qué, la Sra. Josenile, la madre de Sam sabía lo ocurrido con su hijo, solo que quiso mantener aquello como si de verdad fuera un "crimen" para que pudieran descubrir a los verdaderos implicados. Ella y Nashell hicieron todo lo necesario para que Sam tuviera los mejores cuidados mientras permanecía en coma y la tal enfermera Karelin se encargó de ello.
Por eso le leía a Sam, aunque no puedo evitar descartar que ella siente algo por él, cosa que me da igual. No me importa, yo no soy dueña de Sam. ¿O sí?
Angélica tienes novio.
Camila Regalado hasta el sol de hoy no apareció, nadie sabe adónde fue, la policía la está buscando. Pues sospechan de que el verdadero asesino le haya hecho algo, su familia ofreció declaraciones a los medios donde se disculpaban por ella, con eso de haber tardado en avisar lo que presenció. La muerte de Sam.
Lady Caramelo, o mejor, Oriana. De vez en cuando se pasa por la cafetería, pero yo decido no atenderla. Prefiero no hablar con ella, entre más lejos esté de ese mundo mejor.
Y yo...
Nada pues, la llamada al nueve once fue muy breve. Nadie me dijo nada, nadie preguntó. Es como si Angélica Stanley no existiera en ésta historia y aunque no lo crean, eso me gusta.
Es bueno saber que puedo pasar desapercibida de todo esto. Saber que Sam es.. Era. El único espíritu que podía ver, porque por Dios, no me imagino qué hubiera sido de mi si en lugar de Sam, hubiera visto a mamá o a Malcolm. No estaría aquí, me hubiera dado un infarto. Y no me creerán, pero aunque lo intento, no puedo seguir mi vida como si nada sé que aquel suceso me ha cambiado, todavía no sé muy bien como. Pero no soy la misma Angélica.
—¿Tienes máscara para pestañas? —le entrego mi estuche de maquillaje.
Tengo mucho maquillaje y de buena marca, pero no suelo utilizarlo si la ocasión no lo amerita, lo contrario a las chicas de ahora que andan maquilladas hasta para ir a dormir.
—¿Crees qué vaya Jaron? —un compañero de clases.
Me encojo de hombros.
—¿Por qué la pregunta?
—¿Será por qué le gustas?
—¿Qué?—mi voz no pasa desapercibida la sorpresa ante tal acusación.
Yo a nadie le gusto.
Jamás.
Soy la típica amiga fea que observa a todos besarse, yo...
—Te equivocas —añado un poco más calmada. O al menos así quiero sonar.
—Oye, sí que eres mala notando esas cosas. A ese hombre se le cae la baba por ti.
Podría considerar aquello, ya que subiría un poco mi autoestima. La idea de yo gustarle a alguien, pero es que... Soy pésima notando esas cosas. Eso de sí le gusto a alguien. A veces pienso que tengo una idea equivocada de las cosas. Además, soy de las que evita a toda costa la friendzone. ¿Quién no?
—Tengo novio —la mejor respuesta que pude haber dado.
Fin de la conversación. Y bien finalizada.
Suspira y me entrega el estuche de maquillaje.
☪
—¿Habías venido antes? —pregunta Patricia intentando hablar por encima de la música.
Jamás había ido a una disco, pero no puedo parecer una nerd.
—Claro...—solo es una mentira piadosa.
—Bien, nos reservaron el VIP. Somos prácticamente clientes fijos de éste lugar, al salir de la universidad nos venimos todos para acá... Dijiste que habías venido, ¿por qué no te hemos visto? —espeta Alexander.
Otro chico de nuestro grupo y excelente amigo.
—Ahm, pues yo sí los he visto.
—¿Y no nos saludas? ¡Qué mala! —añade Anthonella.
—Entiéndela, seguro al vernos ebrios le dará pena que la vean con nosotros.
Sonrío.
La verdad es que no me ha gustado nunca éste ambiente. No lo sé, no es algo que me quite el sueño, estar de fiesta en fiesta. Creo que mis padres me han criado bien y no digo que por ir a una discoteca alguien es menos decente, no. Solo que me alejo de ésta vida nocturna donde es probable que pasen cosas malas. Soy más de estar en casa con mi conexión a internet, mis libros en físico y cuando ya los he leído lo suficiente, Wattpad. Entiendo que hay personas que pueden hacer ambas cosas sin ningún problema, ser la chica amante a la lectura y salir de fiesta. Pero yo por los momentos solo prefiero una de ellas.
En casa puedo estar con mis enormes anteojos, mi cabello recogido y sin peinar. Los camisones que papá dejó en casa y que más nunca regresó a buscar, aquellos que tienen su aroma todavía. Y claro, una rica y humeante taza de té. Pero no de las hierbas de Lady Caramelo. Esas no las pienso tomar jamás. Aunque me ayudaban a dormir, no me gusta para nada el efecto que tienen en mi sistema. Además, ahorro maquillaje y perfume, que muy caro que está.
Después de enseñar nuestras identificaciones a los guardias, caminamos entre la multitud, las luces dan un buen ambiente en el establecimiento y la música también combina a pesar de que no es mi género, la electrónica... Todo es agradable. Las paredes tienen un papel tapiz que simulan edificios negros con mucho brillo. Nos detenemos en una zona acordonada de terciopelo rojo, donde hay varias mesas altas y sillas, altas también. De colores chillones. Son como cinco mesas en total y no hay nadie, más que nosotros.
—Ésta es nuestra zona, iré por los tragos —informa Alex.
Quedando nosotras tres aquí. Patricia, Anthonella y yo, me dejo llevar por la música e intento bailar. No sé bailar mucho, bueno, la verdad no es que no sé sí sepa. Es que nunca había tenido la oportunidad de ir a un sitio como éste y que todos vieran mis pasos. No es lo mismo estar en casa, con tú familia. Allí cualquier paso cuenta, eres feliz sin importar si sabes o no bailar. Lo importante es pasarla bien y almacenar el momento.
Intento no sentirme culpable por estar aquí, cuando no tengo ni un año de luto.
—Luces como un águila en un circo —escucho demasiado cerca de mi la voz de Jaron.
Me giro hasta el y casi nos damos un beso de pico. Demasiado cerca para mi gusto, en serio. Pero él es así, al menos conmigo, siempre quiere tenerme cerca.
—Pensaba que no ibas a venir —disimulo.
—¿Y perderme la oportunidad de verte en la disco? ¡JAMÁS!
—¡JARON! —grita Antho. Saltando y dándole un abrazo.
Éste la abraza también y se la retira de sus brazos de una forma bastante brusca. Si hay algo que me detenía cuando estábamos en clases a acercarme más a Jaron, era ella. A ella sí le gusta él y no quisiera que pensara que estoy interesada en Jaron, porque yo tengo novio.
—¿Están solas? —le pregunta a Paty.
Ignora por completo a Antho y eso se me hace un poco patán de su parte. Pero como dije, así es Jaron.
—No, Alex fue por tragos.
—Iré con él, si me ven, lo más probable es que no le cobren—guiña un ojo.
Se retira hasta la barra. Dejando su perfume en el ambiente cuando pasa a mi lado.
—Jaron es hijo del dueño.
No sé porqué ya me esperaba algo así.
Es que, a pesar de que es excelente estudiante, tiene ese toque de chico con dinero, rudo y mujeriego. Y creo que ya es suficiente para mi con uno de esos, Jackson.
¿Qué no pueden entrar a mi vida chicos normales? ¿O chicos que no hayan sido asesinados y no quieran morir?
Porque eso de que los chicos cambian por una chica solo sucede en Wattpad. Y en libros, películas y series. Los chicos mujeriegos siempre lo serán. Fin del tema.
Pasaron menos de tres minutos cuando regresaron a las mesas con botellas de todo tipo y vasos de todos los tamaños y colores.
Yo decidí tomar tequila, que aunque muchos dicen que es fuerte, es lo que más he tomado en las reuniones familiares y no me ha dejado en ridículo. Así que mejor que voy por lo seguro.
🔵
—Está exquisita la cena —intento ser amable con Karelin. Pero ya estoy cansado de comer vegetales y tomar medicinas a cada hora, quiero romper la dieta. Hacer algo más. Una cosa distinta no me caería mal, un helado de triple chocolate, un pastel...
—¿Sabes qué te conozco casi como a mi misma no? —suspiro— Entiendo que no quieras repetir lo mismo todas las semanas, pero debes mantenerte sano Sam. Es por tú bien. Te estás recuperando de unos disparos, de muchos hematomas y todo ese tiempo que estuviste dormido solo comías a través del intravenoso.
Pongo los ojos en blanco.
En serio no quiero ser grosero con ella, Karelin se merece el cielo. Pero estoy harto de ésta vida monótona, cuando estaba en coma, tuve un sueño. El más loco de todos y allí yo era una simple alma que podía viajar adónde quisiera. No sé porqué en dicho sueño me sentía molesto y cansado de ser un espíritu, creo que es lo mejor del mundo. Sin preocupaciones, sin dolores, sin ansiedad, sin temor. Y podía ir a cualquier parte sin que nadie me viera, aunque siempre quisiera estar con Angélica.
—Hoy en la noche iré a la disco—, ofrece ella mientras bebe un sorbo de jugo de naranja—mi primo Jaron me invitó por octava vez y ya me da pena rechazarle. ¿Vienes conmigo?
El Sam de hace unos meses, el amargado Sam, hubiera dicho que no. Pero en vista de que me encuentro en otras circunstancias y necesito un cambio radical:
—Por supuesto y yo manejo—casi grito.
Suelta una carcajada y terminamos de devorar la cena.
—Iré a ducharme —anuncia ella mientras el ama de llaves recoge la mesa.
—Te acompaño.
Sus mejillas se encienden tanto que me hacen recordar algo un momento con alguien, pero solo es parte de mi imaginación, es imposible que aquello haya sucedido. Hace años que no la veo.
Tomo de la mano a Karelin y subimos las escaleras hasta mi habitación.
La casa está sola, mamá se encuentra en la casa vacacional, haciendo remodelaciones. Mi hermana Sofi hace mucho que no vive con nosotros y Steve, está con su mejor amigo Jackson, en una fiesta quién sabe dónde. La mayor parte del tiempo la pasamos aquí Kare y yo, puesto que aún me mantiene bajo custodia la policía. A veces voy al trabajo, pero la mayoría de las cosas las puedo hacer desde mi casa.
Todo sigue igual en mi vida, sigo siendo el mismo arrogante, necio y testarudo. Aunque tengo unas pesadillas terribles y me estoy viendo con una psicóloga, también recomendada por Karelin. Ella me hace unas terapias de regresión, en las que según dice, podré saber qué pasó conmigo.
Sueño mucho con Angélica Stanley, mi amor platónico de secundaria. Y me enteré que su madre murió en una fecha cercana a lo que me sucedió a mí. Qué mamá habló con ella un par de veces y que aquel acto ayudó mucho a mamá a recargar las energías con respecto a lo que me sucedió. Quisiera a veces, retomar el contacto con ella. Pero es que no sabría como hacerlo. Una que otra vez, me escapo de la oficina, de Karelin y de todos y me estaciono al frente de la cafetería. Generalmente los sábados que es cuando está. Y me siento a verla. Corre de aquí allá con tantos clientes, a veces sonríe tanto que sus mejillas se encienden de un tono rosado. Me gusta internamente llamarla: la chica rosa.
Esbozo una sonrisa de tan solo pensarla.
—¿Qué recordaste? —pregunta Karelin mientras estamos dentro de la ducha dejando que el agua haga lo suyo.
Sacudo la cabeza y me introduzco en la regadera.
—Nada, es bueno saber que al fin hoy haré algo distinto.
Ella toma un puñado de jabón y lo comienza a regar por mi cuerpo, causando espuma sobre mi piel. La sostengo por las mejillas y la observo fijo, ese acto hace que ella se sienta avergonzada y retire su mirada de la mía. Con un ademán hago que me observe de nuevo.
—Gracias, por todo.
—Sam... No me gusta que hables así.
—Ya te dije, gracias.
Beso su frente y luego bajo hasta su nariz. Por último beso sus labios, pero no un beso corto como los demás, un beso largo. Despacio y que la deja sin aliento.
💿
—¿Cómo me veo? —dejo escapar un bostezo.
—Ese me gusta.
Karelin pone los ojos en blanco.
—¿Qué? —espeto.
—Lo dices para que salga del paso.
—No, lo digo porque sino te terminas de decidir llegaremos a la disco a las 6am cuando la estén cerrando.
Ella suelta una carcajada sonora.
—Bien, me quedo con éste —aplica en sus muñecas un poco del perfume que le regalé hace tres meses por su cumpleaños y se retoca los labios con pintura—estoy lista Sam.
Subo mis manos y mi rostro viendo al techo y dramatizando, porqué no.
—¡Gracias Cristo! ¡Gracias!
Me da un golpe delicado con su bolso en la nuca.
Y al fin salimos de mi habitación.
Conduje a la dirección que ella me indicó, ésta es una de las discos más top's de la ciudad. No nos pidieron identificación, puesto que todos me conocen. Todos saben quien soy y todos tienen que ver con lo que me sucedió. Es algo odioso e incómodo, pero me imagino que más o menos así se debe sentir ser un Kardashian. Ese es mi aliento. Sentirme como un Kardashian.
—¡Jaron! —grita Karelin en medio de tanta música y personas moviéndose de aquí para allá.
Él moreno voltea hasta ella y le da un fuerte abrazo, tan fuerte que ojalá pudiera tener una conservación con él por WhatsApp. Estaría enviándole los emojis de carita feliz que manda Karelin cuando le digo que soñé con Angélica.
Pero es un primo, se supone que no debería molestarme. Ni sentir celos, es su primo.
Es alto y moreno. Muy fornido. De ojos color gris y una sonrisa que si yo fuera mujer desearía besarle.
¿Qué?
Las cosas como son.
—Sam, él es mi primo Jaron. Jaron, él es el famoso Sam.
Extiendo mi mano hasta él y éste me la estrecha.
—Es un placer conocerte —digo.
—El placer es mío, mi prima no había hablado tanto de una persona, antes.
—Jaron —lo regaña Kare.
Suelto una sonrisa.
—Es bueno saberlo —paso mi mano por su cintura y la atraigo hasta mi.
Debo marcar territorio, en Latinoamérica hay un dicho: Carne de primo de come. Así que no pienso arriesgarme con éste.
—Listo, vamos a la mesa.
Se acerca a nosotros un chico alto, muy pálido, de ojos verdes y cabello teñido de blanco. Viste muy bien. Me gusta su estilo.
—Él es Alex, un compañero de clases. Hoy estoy con mis compañeros, estamos celebrando que aprobamos con excelentes calificaciones nuestro penúltimo semestre.
—¡Vaya! —expreso.
—Sam tuvo que congelar la universidad, ya saben, por lo que pasó. Pero la retomará el semestre que viene.
Quedamos un silencio extraño, aunque no tanto, agradezco que hay música en el ambiente.
—Vamos, estamos en el VIP.
Seguimos a Jaron, sujeto a Karelin de la mano, siento que se puede perder entre la multitud de personas. Es que es tan chiquita.
—Aquí es —anuncia el otro chico, Alex.
Solo observo a una chica de estatura media, no muy delgada, pero de cuerpo escultural. Y cabello negro muy largo hasta la cintura, lo que me recuerda a Angélica, ¿Hasta cuándo pensarás en ella?
La chica está bailando sola mientras sujeta un vaso de color morado.
—¡Hola! Soy Patricia, tú debes ser la prima de Jaron.
Extiende su mano hasta Karelin. Y ambas se dan un apretón.
—Y tú...—sus ojos se hacen enormes— Te conozco, eres Sam Yivcoff.
—El mismo.
Extiendo mi mano y aprieto la de ella.
—Tienes algo distinto...
—Tiene su cabello al natural —interviene Kare— antes solía teñirse de negro.
—¡Oh!
—Prima, ven. Papá quiere saber cómo has estado. ¿Hay algún problema si me llevo a Lin unos segundos a la oficina?
Niego.
Claro que lo hay, idiota. La traje conmigo. Debe permanecer conmigo.
—Vuelvo enseguida —dice muy cerca de mí y deja estampado un beso corto en mis labios.
—¡Wow! Es celosa —dice Patricia cuando ambos ya están lejos.
—¿Cómo lo...?
—Marcó territorio amigo, tienes su pintura en tus labios.
Saco mi celular del bolsillo y me observo en la pantalla. Y pues sí.
Con una servilleta limpio mis labios, nunca me han gustado ese tipo de marcas.
—Listo.
—¿Y qué haces por aquí? Pensaba que no podías salir después de lo que te pasó.
Ésta chica a pesar de que no la conozco, me cae bien, no quiere saber de mi vida así como los demás. Sino que se nota que simplemente quiere sacar algún tema de conversación. Y eso me agrada.
—Bueno, sigo escoltado. Ya sabes, la policía todavía me cuida. Pero claro que puedo salir, los doctores recomendaron que debo seguir con mi antigua vida, entre más normal permanezca, mejor para mi memoria.
—¡Oh! Perdiste la memoria... ¿Y puedes tomar alcohol? —niego— ¿Te lo prohibieron?
—No y sí.
—Explícate.
Observo con el rabillo del ojo como Alex se prepara un trago en un vaso púrpura.
—Pues no es que el doctor me haya dicho un no rotundo, pero sí me dijo que el alcohol mata neuronas y más bien las necesito vivas. Así que mejor me mantengo como estoy.
—Ya déjalo, y tú deja de responderle o pasarán toda la noche así.
Interviene Alex.
Suelto una carcajada al ver como Patricia le enseña su dedo del medio.
—¿Y solo están ustedes? Jaron dijo que vinieron a celebrar algo.
—Ah, si. Que aprobamos con buenas notas. Y no, hay dos chicas más que fueron al baño, pero están tardando demasiado. Ya regreso.
Retira uno de los cordones de terciopelo y se pierde entre las personas.
—Así que eres novio de Karelin.
Estoy observando a las personas que bailan de aquí allá. Me gusta éste ambiente.
—¿Ah? —no escuché muy bien lo que dijo.
—Karelin... ¿Es tú novia?
Me giro hasta él, su rostro está serio. Le gusta. Es fácil darse cuenta de eso.
Asiento.
No sé porqué asiento, si no es así.
Quiero decir, yo decirle a Karelin si quería ser mi novia, no. No lo hice. Solo comenzamos a salir, y me sentí halagado ante lo que hizo por mí cuando ni yo ni sabía si volvería a vivir. Y de un día para otro comenzó quedarse en casa, luego nos besamos... Terminé con Nashell cuando la policía dio su teoría de lo sucedido. Así que me adueñé de ella y ella de mi.
—Bien.
Bebe un largo sorbo de alcohol, de su vaso.
—¿Te gusta? —asiente.
—Desde siempre. Conozco a Jaron desde que éramos niños y ella siempre me gustó, pero ya sabes, para ella solo soy el amigo de su primo.
Coloco mi mano sobre su hombro.
—Eso cambiará, no puedo asegurarte que con ella. Pero te aseguro que quién menos lo esperes será tú chica ideal.
Levanta el brazo frente a mi:
—Salud.
—Salud —repito.
Sostengo un vaso que estaba en la mesa y choco contra el suyo, no bebo por supuesto. Es solo para hacer algo simbólico.
—Allí vienen.
Doy vuelta hasta donde me señala y sí. Allí vienen, Patricia y las otras dos chicas que estaban en el baño. Siento un brinco en mi estómago.
¿Acaso son mariposas?
¿Estoy nervioso?
¿En serio mi mente no puede dejar de pensar en ella?
🎊
—¿Te sientes mejor Antho?—ella no ha parado de vomitar y eso que apenas tenemos dos horas aquí.
—¿Cómo es que tú que no sales aguantas más el alcohol que yo?—suelto una sonrisa.
Siempre dicen cosas que me hacen caer en la felicidad plena.
—Ah, eso es porque mi papá me enseñó a beber como macho.
—¿Cómo? Si tú papá te abandonó a los veinte, no es legal beber a esa edad.
—Nadie dijo que lo hiciéramos de la manera legal—le guiño el ojo.
La ayudo a levantarse del retrete y a asearse, comienzo a sospechar que seré la amiga que cuida de sus amigas en las borracheras. Quisiera algún día partirme la madre tomando. Solo para ver qué se siente. Pero siempre me vienen a la mente las palabras de mamá: Qué tú seas quien domina al alcohol, no dejes que el te domine.
—¡Chicas! ¿Están vivas?—abre la puerta del baño Patricia.
—Se podría decir que si.
—Pues yo no pienso tomar más— advierte Antho secando sus labios con una servilleta de papel— okey, no más tequila. La cerveza si me sienta mejor.
Reímos.
Observo mi ahora corta cabellera castaña. Dicen que cuando una mujer decide hacer un cambio en su cabello, es porque está dispuesta a hacer cambios muchísimos mayores en su vida y pues... Eso quise hacer, una semana después de Sam haber vuelto a la vida.
Fui con la madrina Osmi a la peluquería y ella sugirió que hiciéramos un cambio rotundo. De manera que hice algo que siempre había querido. Cortar mi cabello por los hombros, ya que papá no me dejaba, decía que las mujeres con cabello corto lucían como hombres. Y teñirlo de castaño. Es que el color negro que hace lucir más pálida y cuando el sol chocaba en mis mejillas me sentía como blanca nieves.
Arreglo mi peinado, aunque no me peiné. Solo salí ésta mañana con el cabello suelto y así ando por la vida. El maquillaje permanece intacto, cosa que amo de mi cutis.
Salimos de nuevo al ensordecedor ruido de la disco. Pero ahora está sonando una salsa, muy contagiosa. Llegamos al VIP, pensaba que tardaríamos más. Y distingo a Alex hablando con un desconocido de cabellera rubia. Está de espalda y comienzo a sospechar que el tequila está haciendo efecto en mi, pero un efecto paralizante. No puedo avanzar más, no me puedo mover. Porque no puede ser que en todos lados lo vea, no es posible.
¡Maldito José Cuervo!
—¿Sucede algo?—apenas y puedo escuchar a Patricia.
—¿Todo bien?—grita Alex en mi dirección— Creo que se va a descompensar.
La gente moviéndome de aquí allá, la mano de Patricia sujetando mi hombro. El ruido que se cuela en mis oídos y sube hasta mis neuronas volviéndolas cada vez más locas. Y sus ojos... Esos ojos.
Me está observando y yo creo que caeré tendida en suelo y moriré aplastada por ésta turba.
¿Cómo es que de todo los lugares en los que pude encontrarme con Sam Yivcoff lo vengo a ver en una discoteca?
De haberlo sabido me hubiera vuelto una chica con vida nocturna más activa. Okey, no.
—¿Estás bien?—se acerca hasta mi extendiendo su mano.
La observo.
Es su mano.
Es Sam.
Mi Sam.
—Listo amor, te dije que no tardaría mucho—aparece ella.
Como si todo esto estuviera escrito en el destino.
—¿Tú?—me giro hasta Karelin que está sonriente.
—¡Angélica! —salta hasta mi dándome un abrazo.
—Entonces sí eres tú—añade Sam cuando la enfermera me suelta.
Sigo aturdida.
No es mi Sam, es su Sam. Y no se porqué, si yo tengo novio. Pero esto me ha roto el corazón. Lo único que falta es que me venga el periodo para completar mi desgracia.
—Sí, soy yo.
Me suelto del agarre de hombros de mi amiga y sigo caminando hasta las mesas. Dejo a Sam con su mano extendida y a Karelin con su odiosa y blanca
—¿Todo bien? —pregunta Jaron.
—Bien. Creo que ya debería irme. Estoy muy cansada, anoche amanecí estudiando para los exámenes.
Suena sus dientes y me observa con el ceño fruncido.
—¿Es eso o tú novio no te deja salir?
—¿Qué? Claro que no.
De hecho a Jackson ni le importa lo que haga, está tan seguro de lo ciega que estoy por amor, que no me cree capaz de engañarlo. Así que ni siquiera tuve que avisarle que iba a estar aquí.
Analizo el ambiente y veo como Karelin arrastra a Sam hasta la pista de baile.
En serio no recuerda nada. ¡Qué triste!
—Asombroso, ¿no?
—¿Qué?
—Lo de ese chico.
—¿Sam Yivcoff?—asiente.
—La vida te da sorpresas.
—Dios mío, pero si son de ese tipo mejor que no me las dé.
—Opino igual—trago saliva.
Aunque creo que de esa mala experiencia de Sam podría sacar algo bueno, nos encontramos. Yo y solo yo podía verlo y aunque intento hacerme a la idea de que todo eso quizás solo fue un mal sueño, en el fondo sé que fue real, aunque él lo haya olvidado.
Aunque yo no signifique nada para él.
Cambiaron el género musical por una canción que te hace mover hasta los huesos. Así que me dejo llevar. Bailando en un circulo con Patricia, Antho, Alex y Jaron. Como al principio, se nos unen los recién llegados e intento ignorar que Karelin no suelta a Sam ni para dejarlo respirar.
¿Acaso siento celos? ¿O ella es acosadora?
Dejémoslo con que es una acosadora.
—Pensaba que estarías durmiendo, en casa. Con razón no respondiste el teléfono.
—¡Jackson!
🍸
N/A
No se pueden quejar, jajajaja. Es un capítulo super largo y con muchas pistas, aunque no lo crean. Cuatro mil quinientas palabras y sí, como siempre los dejé con la expectativa. ¿Qué les pareció el primer capítulo?
Estoy muy nerviosa, porque, para los que no saben: "No saltes, yo te amo" ya estaba escrita desde hace un par de años atrás. Yo solamente añadía y cambiaba cosas en el borrador, mientras que ésta obra es completamente recién sacada de mi mente, no tenía antes un borrador de ella, así que estoy haciendo todo lo posible por complacerlos a ustedes y por complacerme a mi como autora y lectora (también me leo soy mi mejor crítica) y por mantener la esencia de ese misterio que todo quieren que se resuelva. Porque, déjenme decirles algo, no todo lo que Sam recuerda de su muerte, o intento de asesinato, es real. Hay cosas que su mente le hizo creer. Lo que quiere decir que puede que el asesino sea o no la persona que él vio en el primer libro. ¿Quién sabe?
*huye*
Espero que le esté gustando esto, en serio. Todo lo hecho con mucho amor y dedicación, y en uno de mis peores momentos. Parece mentira pero es cuando mejor siento que escribo.
Nos vemos en el siguiente Cap. LOS AMO 💖💖
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