Mal Festival
Ha pasado una semana y el festival de ciencias es hoy.
Por toda la explanada de la escuela se han montado stands con carpas y hasta un pequeño escenario.
―¿Estás segura de que quieres seguir con tu plan?―dice Clara desde el otro lado de la línea. Mira series en su laptop y come galletas a la vez que habla conmigo.
―Ahora más que nunca―respondo mientras aliso un mantel sobre la mesa de mi stand―.Sobre todo cuando los del salón encontraron mi impulsividad muy simpática.
―Querrás decir que Daniel la encontró muy simpática.
―También por eso.
―Piénsalo bien, acabas de librarte de una buena con el profesor Miranda, no le va a hacer ninguna gracia si arruinas el festival.
Ya que el mantel ha quedado perfecto, procedo a pegar en el mural las ilustraciones que detallan la creación de nuestra maqueta paso.
―¿Arruinar el festival? Nada más nuestro proyecto―digo con los dedos llenos de tiritas de cinta adhesiva―.Así no quedará duda de que Alex y yo...
―No pueden trabajar bien juntos, ya lo sé―hace una pausa y se oye que mastica su galleta de choco chips―. Quizá hacen mejor equipo del que creen.
―¡No! Ha sido una pesadilla. Puedo jurar que en cuanto nos separen, todo irá mejor. Quién sabe, hasta podrían meter a Chino a la cárcel.
―En tus sueños.
―Trato de mantenerme optimista.
―Y por cierto ¿dónde está la horma de tu zapato?
―No sé, ya debería estar aquí.
―Qué bueno que tengas todo bajo control, es más, lo aplaudo.Pero deberías reconsiderar. Haz el experimento como es y quédate con Alex en el equipo.
―Clara, ya sé que te preocupas. Es un riesgo que tengo qué correr. Sólo así las cosas volverán a la normalidad.
―No digas que no te lo advertí―canturrea antes de colgar.
Probablemente sea una insensatez, sin embargo tengo qué seguir. Ese es el propósito. De no ser así ¿qué haría? ¿trabajar hombro con hombro con Alex y volvernos amigos? Sería demasiado extraño sin el obligado intercambio de insultos.
Vanesa sube al escenario y ajusta el micrófono.
―¡Buenos días a todos y bienvenidos al Primer Festival Escolar del año!―hace una pausa y se une a los aplausos―.En unos minutos el señor Alcalde inaugurará el evento, así que todos los expositores vayan tomando sus lugares por favor.
Cruzo frente a los demás stands para ir a recoger el volcán al salón. La mayoría de los compañeros ya están acomodados.
Gus y Rojas que son equipo ya están en donde les corresponde. Gus mira a la nada y Rojas se pasea ansioso, mirando con deseo contenido los recipientes que vaciará dentro del cráter. Es fácil adivinar quién hizo la mayor parte del trabajo, y es que tratándose de fuego y explosiones...
―¿Has visto a Alex?―pregunto a Gus.
―¿Eh?
―Voy a probar la erupción otra vez―dice Rojas y le quito el recipiente de las manos.
―Paciencia, te vas a acabar la fórmula.
―Alex no ha llegado creo―contesta Gus.
―¿Qué se pensara?
―¿Acaso piensa? ¿Alguno de ustedes lo hace?―dice el profesor Miranda. Trae puesto un impermeable transparente encima del traje.
Si no llegara tan sorpresivamente quizá no pasarían cosas, como que lo bañe de café.
―Esta vez vengo prevenido, por si se le ocurre atacarme―señala tocándose el pecho y el impermeable produce un sonido plástico.
―Ya expliqué que fue una confusión.
―Y yo lo dudo. Voy a estar vigilando muy de cerca. Así que mucho cuidado ¡Rojas! Baje ese recipiente, todavía no es hora.
Aprovecho que se pone a reprender a Rojas para seguir mi camino.
En el salón encuentro a Daniel, que recoge el volcán que hicieron él y Vanesa.
―¿Lista para la gran explosión?―dice y hace un ligero movimiento para apartarse el cabello de los ojos que encuentro irresistible.
―Voy a hacer volar todo.
Cargo mi maqueta y apenas puedo aguantar la emoción de que vamos platicando del proyecto como si fuéramos amigos desde siempre. Sé que no es la conversación más trascendente, pero es estupendo.
―Por cierto, aunque todos hablen de tu hazaña, y felicidades por eso―dice inclinándose hacia mí―. No creo que hayas mojado al profesor a propósito.
―Pues debes ser de los pocos que lo piensan.
―Entonces los demás son unos tontos si lo creen. Es obvio que no eres así.
―¿Así cómo?
―Insensata, impulsiva...
―O una ansiosa de llamar la atención―suelta Valeria acercándose―.Daniel... me encanta tu volcán―dice trazando con su dedo la circunferencia del cráter.
Su tono es tan sugestivo que casi me ruborizo.
―Vanesa y yo trabajamos mucho para qué quedara bien.
―Je.
―¿Y tú de qué te ríes?―espeta Valeria.
―De un chiste que me acordé de Comediantes de hoy―respondo jugando con las hojas de una palmera.
Valeria me lanza una mirada fulminante y luego sonríe de forma forzada. No aseguro que intente fingir.
Del alto parlante se escucha un nuevo aviso de Vanesa.
―¡Último llamado para todos los expositores!
―Buena suerte―digo a Daniel con ojos de Bambi y luego me dirijo a Vanesa―.A ti también.
―No la necesito, no es un concurso―responde con una mano en la cintura y volteando a otro lado.
Vanesa salta del escenario y corre hacia ellos. Le da un gran beso a Daniel en la mejilla y levanta un pie, toda cándida. Sin duda, el mundo de Vanesa es como el de los cuentos.
El Alcalde dice unas palabras, corta el listón del evento y empiezan a recorrer los primeros stands. El mío es casi de los últimos ya que empezaron con los de primer año.
Aunque no necesito a Alex para hacer la erupción más desastrosa del mundo, me pregunto si tendré las agallas para hacerlo y arriesgarme a cargar con la culpa yo sola. Sería una desgracia desperdiciar tan buena oportunidad.
Me quito un peso de encima cuando lo reconozco en la distancia. Noto que camina raro.
―El momento que tanto esperábamos―dice sin más, tomando una silla plegable y acomodándose en ella.
Me doy cuenta que desvía el rostro.
―¿Qué te pasa?
―Es mucha emoción, tú y yo al fin tomando caminos separados.
―No... es otra cosa, se te oye en la voz.
―¿Eres la policía de los tonos de voz o qué?
―Dime...
―Déjame en paz.
Enrollo una hoja de papel formando un delgado cono. Rodeo a Alex y le levanto el cabello de un lado.
―¡Deja! ¡Qué haces!―dice dando manotazos.
―¡Ajá! ¡Lo sabía!―exclamé viendo su ojo morado―¡Te dieron una paliza!―recapacito―E... espera ¿te dieron una paliza? ¿Fue Chino?―pregunto retorciéndome las manos.
―Ya no preguntes.
No sé qué decir para suavizar la tensión y lo detesto. Como detesto a quienes hayan hecho esto. Alex podrá ser desaseado, cínico y un patán, pero no se merece que lo golpeen.
Me siento junto a él esperando que se me ocurra alguna frase de consuelo. Ni todas las voces de los asistentes al festival, ni la música del altoparlante pueden hacer menos incómodo nuestro silencio.
―Mira, sé que no eres mi amigo y que me detestas―digo sin mirarlo.
―No te detesto―contesta parcamente.
―Bien. Podrías, confiar en mí. Si te metiste en un problema mayor o es porque le pegué a Chino deberías decirme.
―¿Y de qué serviría? ¿Vas a defenderme?
―Quizá, ya lo he hecho. Soy buena para eso.
Alex se ríe.
―Me muero por verlo―dice.
Le devuelvo la sonrisa. Luego el se toma un momento antes de proseguir.
―Es una historia vieja, antes de que te cruzaras en mi camino. Rencores del pasado, del presente, ya sabes cómo funciona.
Asiento.
―Era lo que te decía la otra vez. Es mejor que sepas lo menos posible de mí, que no te involucres en mis asuntos.
―Por muy malo que sea, no creo que sea para tanto,es ridículo ¿qué asunto puede ser que cause tantos problemas?―digo encogiéndome de hombros.
―Casi pareces un niño bueno con tu proyectito y todo―es la voz de Carmina.
¡Carmina! ¡Debí suponerlo! Está parada frente a nuestra mesa con su aire relajado y burlón.
―Tienes razón Carmina―contesta Alex, que suena cansado―.Casi parezco bueno.
―Así me gusta. Levanta tu fea figura y vámonos de aquí―dice y una cascada de cabello caótico y hermoso cae a su lado.
―¿Qué tú no vas a la escuela?―le digo cruzada de brazos.
Se recarga en la mesa y acerca su cara a la mía riéndose.
―Sólo los tontos vienen a la escuela en un día como este. Le estás pegando lo aburrido a Alex.
―Al menos no le dan golpizas por mi culpa.
―Es no es del todo cierto―dice Alex en voz baja.
Y no causa gracia los dos. Carmina mira a uno y luego al otro.
―¿De verdad te piensas quedar?
―Hasta que pase lo que tenga que pasar.
―Así me gusta―dice dando un palmada a la mesa.
―No dije que iría contigo.
Carmina se ve confundida.
―¿Te vas hacer el enojado conmigo? Ya, no me hagas perder el tiempo.
―Ven no vamos a hablar aquí―dice llevándosela detrás de la carpa.
Aunque no quiera escucho fragmentos de la conversación.
―Ya no puedo seguir con este juego Carmina.
―¡No estoy jugando! Chino es un idiota, y está enojado, por eso mandó a sus amigotes para golpearte.
―La próxima vez, puede que no les gane.
―Voy a hablar con él.
―Hablar no es suficiente.Lo que deberías hacer es...
Me siento tentada a pegar la oreja, pero bajan la voz. Por un momento son sólo murmullos y de nuevo lo que dicen es audible.
Su tono ahora es suave, casi cariñoso.
―Te espero―concluye ella, no la veo cuando se aleja.
Alex regresa conmigo y mira los recipientes.
―Hagamos esto―dice.
Me quedo callada un momento, trato de morderme la lengua, pero es imposible.
―Dime metiche, no me importa. Carmina te va a meter en problemas.
―Igual que tú.
―Excepto que le gustas, o quiere hacerte creer que le gustas. No confío en ella.
―Tu no eres nadie para darme consejos.
―Todavía soy tu compañera de equipo y tengo el derecho de decirte que te estás portando como un idiota por un par de pechos y piernas kilométricas.
El alcalde ya va por los stands de segundo año. La comitiva come trocitos de una maqueta de ADN giratorio hecho con bombones.
―¿Quieres impedirme que vaya con la chica que me gusta?
―¡No! ¡Sí!
―Te portas como una novia posesiva.
―Dios no lo permita ¿quieres ir con ella? ¡Adelante! Cuando termines apaleado en una zanja no digas que no te lo advertí.
―¡Bien!
Alex agarra un recipiente y yo el otro. Tenemos un duelo de miradas, antes de arrojar los ingredientes. cuando tocan el fondo del cráter nos apartamos esperando un estallido.
3,2,1...
Nada pasa.
―¿Por qué no explotó? Le pusimos el doble de vinagre.
―¿Y yo qué voy a saber?―le digo―.Voy mal en ciencias.
―De verdad que no eres de ninguna ayuda―dice apartando su silla y marchándose.
―¡Ey! ¡Todavía no terminamos! ¡Alex!―quizá me oye o quizá no, como sea sigue su camino― ¡Alex!
Que me parta un rayo y me trague la tierra. El plan no puede desmoronarse así. Y el alcalde, la comitiva y el profesor Miranda que evalúa cada maqueta no tardan en llegar.
***Continuará***
Nos vemos a la próxima y no olviden votar y comentar si les gustó, eso me va ayudar mucho. Gracias por su apoyo, chauu <3
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