Los Juegos del Calambre
―Malvenidos sean todos ustedes al tercer campeonato de los Juegos fundados por el Calambre―dice un sujeto al micrófono.
Todos los presentes lanzan una ovación, rechiflan y aplauden. Yo debo evitar el impulso de frotarme los ojos para asegurarme que esto es real.
―Él no puede estar presente por razones que todos sabemos.
Carmina suelta una risa y un chico al lado de ella enjuga una lágrima.
―Ese pillín―dice.
―Lo que nos recuerda que: "¡Si un coche te vas a robar...―luego dirige el micrófono a la audiencia que responde a todo pulmón.
―"¡...procura no chocar!
Todos vuelven a hacer bullicio, pero cuando el sujeto vuelve a hablar todos guardan silencio.
―Las categorías para novatos de esta emisión van a ser:
Volteo a mí alrededor y veo chicas y chicas cruzando los dedos y rogando en voz baja.
―¡Graffitea y corre, vuela, vuela y la reja!
Al parecer eso alegra a los novatos (¿por qué, quién sabe?)
―Y cómo nosotros creemos en la equidad de género ¡bienvenidas damitas!
Volteo hacia Carmina que está sonriendo de oreja a oreja.
―Yo no voy a participar en esto, ¡me voy a matar!
―No seas aguafiestas, yo también voy a entrar.
―Ah, bueno eso lo cambia todo.
―Te estás perdiendo de lo mejor, te juro que entras a esta cosa como una niña y sales siendo una mujer; valiente, decidida, ya sabes, como yo.
―Tu modestia es encantadora, pero seguro que quieres que me parta la cara en uno de esos juegos ¿qué demonios es vuela, vuela?
―Lo sabrás cuando participes―dice tomándome por los hombros y conduciéndome al centro del almacén―.Vamos a la exhibición para que te hagas una idea.
―No señor, yo me regreso a casa.
―El premio de la categoría de novatos serán ¡3,000 pesos!
Escucho un sonido de caja registradora en mi interior.
―¿Te imaginas lo que harías con eso?―dice―. Es más podemos hacer equipo y al final repartirnos el dinero.
―Mira Carmina, no hay un buen motivo para que haga esto. He corrido riesgos, pero siempre por algo más que simple imprudencia. Esta vez no.
―Entonces te vas a regresar tu sola porque yo me quedo.
Miro alrededor y es una suerte que encuentro a Santiago y a Beni con un grupo de muchachos.
―¡Grandota!―dice Beni que es el primero en verme.
―¿Anabel? ¿Qué andas haciendo?―dice Santiago mortificado.
―Vine con Carmina, pero ya me quiero ir.
―No hay problema, yo te llevo.
Cuando vamos saliendo del lugar veo a Gus y a otros amigos de Alex ¡seguro que él también anda por aquí! Así que mejor me apuro para que no me descubra. Es arriesgado dejar a Carmina y a Alex sueltos en el mismo lugar, pero qué remedio.
Santiago conduce despacio.
―Hiciste bien en salirte―dice mirando hacia mí en el asiento trasero, Beni va en el lugar del copiloto tarareando un rap que se escucha en la radio―.Es muy peligroso y te puedes meter en problemas.
―Por eso mismo me salí, aunque Carmina insistió.
―Nunca le hagas caso a Carmina, esa muchacha es dinamita.
Qué se lo pregunten a Alex...
―Ya sé, supongo que no todas podemos ser unas valientes desenfrenadas―digo cruzándome de brazos.
―No hay nada de malo con ser tanquila, si vas a correr riesgos es mejor que estés bien convencida de lo que vas a hacer, de otra manera vas a terminar culpando a alguien más. Lo peor es sentir que lo obligaron a uno a hacer algo que no queríamos.
Le doy toda la razón. Quizá todavía me pique el gusanito de la curiosidad pero la verdad es que me salvé de una buena y creo que estoy a tiempo de retomar una vida sensata y razonable.
Santiago y Beni me dejan frente a mi casa.
―¡Gracias muchachos!―me despido.
Es increíble que todo saliera bien, sin ninguna consecuencia y sin que me descubrieran...
Pero justo en ese momento veo a que mi mamá deja caer una bolsa de basura en el contenedor, totalmente boquiabierta.
―¿A...Anabel quienes son esos?―dice acercándose a mí a hurtadillas, como si no quisiera llamar mucho la atención de los chicos, que para empezar ya la vieron.
―Que pase buenas noches señora―se despide Santiago, mientras que Beni sólo levanta la cabeza en un saludo brusco y luego sube el volumen.
Lo único que falta es que el coche vaya dando rebotes para hacerlo todo más estrafalario a los ojos de mi madre.
Presiento que habrá sermón.
Cinco minutos más tarde ya me está dando el sermón. Tengo que quedarme quieta en el comedor escuchándola repetir a mi padre una y otra vez el aspecto de los muchachos.
―¡En qué estabas pensando!―me dice a mí, luego se dirige a mi papá―¡Debiste verlos, parecían matones! ¿Anabel, dónde conociste a esa gente?
―Son buenos mamá...―le repito―.Santiago me ha ayudado cuando tengo problemas, no es un matón.
―¿Oíste eso?―le dice a papá―¿Problemas? ¿Qué clase de problemas?―dice llorosa y al borde de un colapso nervioso.
Papá se quita sus gafas para leer, se las pone en la cabeza y se sienta despacio.
―¿Tienes un problema de drogas?―susurra y lanza una mirada preocupada hacia mamá.
―No. Ustedes creen que las drogas son lo peor que podría pasarme, por si no lo saben los vicios son la punta del iceberg de problemas emocionales o mentales.
―Entonces es depresión―dice mi papá―.O bipolaridad ¿quizas?
―Eso debe de ser―dice mamá con un pedazo de papel higiénico en el puño para limpiarse las lágrimas―. Te dije que esos cambios de humor... y ese comportamiento tan sospechoso.
―Ya dejen eso, no tienen nada de qué preocuparse. Acuérdense que soy una alumna modelo, ¡voy a ir a una convención!
―Oh no, yo sé qué pasa―prosigue mi mamá―.Desde que empezaste a juntarte con ese muchacho ya no eres la misma, destacar en los estudios, estar en una pelea, Clara y tú no se hablan, son señales.
―¿Revisaste mi celular otra vez?
―No lo necesito, tú y Clara eran como hermanas, se nota que se pelearon.
Voy a contestar a eso pero entonces mi padre interviene.
―Ya sé cómo vamos a estar más tranquilos, invitaremos a ese muchacho Alex a que venga a comer a la casa.
―¡No se les ocurra!―digo levantándome tan rápido que casi tiro la silla―.¡Él no va a querer!
―Si no tiene nada qué esconder, va a decir que sí.
―Tú no entiendes, él es compañero de clase nada más, le quieren dar el visto bueno como si fuera mi novio.
Los dos se miran entre sí de forma sospechosa.
―Nada eso―dice papá―.Debe ser un buen muchacho y seguro que aprecia tu amistad lo suficiente como para tomarse la molestia de venir.
Como era de esperarse mis papás no entendieron que lo que pedían era demasiado. En mi opinión deben estar violando alguna clase de derechos humanos por querer invitar a Alex sólo para juzgarlo. No sé qué más podía hacer, sino decirles que haría todo por convencerlo porque no me queda otra. De lo contrario se les va a seguir llenando la cabeza con ideas extraordinarias sobre mí.
Ok, ya sé que tampoco merezco tanta confianza, y que no he sido un ejemplo de conducta, ¡¿pero qué haces cuando los problemas vienen a tí?!
Paso la clase de español mordisqueando la goma de mi lapiz pensando en cómo le voy a decir a Alex que mis padres lo quieren pasar al estrado.
―Anabel, conjugue este verbo por favor―dice la maestra.
―Io mendtidé.
―¿Qué?
Escupo la goma, que casi me trago, en mi mano y corrijo.
―Yo mentiré.
Volteo hacia la fila de atrás donde está Alex y el mueve la cabeza negativamente, pero sonriendo.
Sí yo mentí y supongo que voy a seguir haciéndolo. Alex no tiene idea de que estuve anoche en el almacén y por suerte no le han venido con el chisme.
Estoy segura de que a carmina le encantaría haberme visto fracturada o arrestada o cualquiera que fuera el destino de los competidores.
Mientras copio las conjugaciones del pizarrón, pienso que el dinero no está mal, pero no me siento tan audaz, necesito un buen motivo para que se me baje el switch de la cordura.
Suena el timbre y sólo nos queda una hora para salir. Me acerco a Alex que intenta encestar la mochila de Gus en la banca de Rojas, pero falla por un pelo. Sus amigos lo abuchean, incluyendo a Gus por supuesto.
―Ejem―digo llegando por su espalda.
Al principio no me nota pero los chicos me señalan.
―¿Qué pasa?―responde sentándose en el pupitre.
―Te quería decir qué...
Sus amigos dejan de hablar y aguzan el oído en nuestra dirección de forma nada discreta.
―Sabía que se le iba a declarar primero―dice uno estirando la mano hacia el de al lado, y el otro chico saca dinero de su camisa y se lo da de mala gana.
―¿Me acompañas al bebedero?
Alex enarca una ceja, pero va de todos modos. Caminamos por el corredor y yo hablo y hablo de la clase, cosa que lo aburre un poco, y con razón, hasta me aburro a mí misma. Para cuando alcanzamos los bebederos todavía no hago la parte introductoria de la vergonzosa invitación. Oprimo el botón del enfriador, pero sólo sale agua caliente, sin embargo me aguanto y tomo un largo sorbo esperando el momento más oportuno.
Sé que llevo demasiado tiempo pegada al bebedero cuando Alex recarga una pierna en la pared y se mete las manos en los bolsillos.
Me despego del grifo, pero siento pánico y vuelvo a beber por otro minuto sin respirar. Tengo la barriga llena y la vejiga también.
―¿Me acompañas al baño?
―Bueno...―contesta resignado.
Se queda esperando afuera y las chicas que pasan lo miran como si fuera un pervertido que quisiera asomarse.
Salgo con las manos un poco húmedas y vamos de regreso al salón ¡y todavía no le digo!
El profesor Miranda ya va a entrando y nosotros estamos a unos pocos metros. Así que Alex se adelanta unos pocos pasos.
―¡¿Quieresiracomeramicasa?!―le grito.
Los estudiantes que están el pasillo se ríen, en especial las chicas que le han encontrado un tinte romántico a mi propuesta.
―¿Cómo dices?―pregunta.
―Que si quieres ir a mi casa a comer, a comer comida―digo sonrojada y retorciéndome las manos.
―A comer comida...―murmura―¿Y esa invitación?―dice acercándose, y seguramente, oliéndose que hay gato encerrado.
―Es eso, una amable invitación, sin compromisos.
―¿Cómo qué compromisos?―dice con picardía.
―¡Ninguno, ya lo dije!―contesto muy nerviosa―. Sé que es raro y que no te agradarán mis padres, pero pensé que, ya que hacemos mucho trabajo en equipo ultimamente pues...
―Sí ¿por qué no?―dice encogiéndose de hombros.
―¿E.. es un sí?
―A menos que no entendieras la primera vez: sí. Sólo son tus padres, no creo que estén tan mal de la cabeza como tú―dice acercando su cara y mostrando sus dientes en una amplia sonrisa.
―¡Ni creas que vas a sacar ningún provecho! Voy a esconder todos mis álbumes de fotos.
―No los necesito, me bastará con conocer tu hábitat natural para sacar conclusiones
Le doy un manazo pero lo esquiva.
―Ya vámonos antes de que el profesor Miranda se le olvide que somos unos genios ahora y nos regañe.
Nos toca sentarnos en la misma banca y la paso pensando en qué habría sido peor, una negativa de su parte o que haya dicho que sí. Es probable que mis padres vayan estar vigilando cada uno de sus movimientos, pero quizá logre comportarse. ¿Debería advertirle que no hable de sus amigos o de Chino?
A media clase, el profesor le pide a Vanesa que entregue unos panfletos con recomendaciones y requisitos obligatorios para la convención. Pongo el mío a un lado y me muerdo la uña del pulgar, mientras que Alex lee el suyo. Chasquea la lengua.
―¿De dónde demonios voy a sacar un traje formal?
―¿Eh? ¿A ver?―digo asomándome a su panfleto.
―Por eso no me gustan esas cosas. Si consigo dinero para comprar uno va ser un desperdico ¡nunca lo voy a volver a usar!
Se ve de verdad angustiado, lo que me oprime el corazón.
―Entonces trata de mantenerte del mismo peso y talla por los pŕoximos tres años para que te quede.
Se ve que no le hace gracia.
―¿Qué demonios voy a hacer?
―Ya saldrá algo, no es tan imposible como parece.
Me sorprende el tono de mi voz, ya que es el que usa mi mamá cuando papá está consternado por algo.
―Yo tampoco tengo nada de gala, un vestido si acaso, y lo tengo porque me lo compraron para un funeral.
―Bien por tí―me contesta todavía abatido.
Entonces el sonido de caja registradora vuelva sonar. Sólo hay una manera de conseguir ese dinero y si necesitaba un motivo, ¡es este!
Mi switch automáticamente se baja.
***
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