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10. Gala de emociones

Hoy quizás no sea el mejor día para ir a la casa de mis padres. La cena del día anterior con la madre de BaekHyun había sido genial, y dejó mis ánimos por las nubes. Si vamos hoy con BaekHyun, como él ha planeado, a visitar a mis papás, creo que todo se irá a la mierda de nuevo.

Estoy tan malditamente aterrorizado, y lo único que hago durante el corto trayecto en la camioneta hasta la casa de mis padres, es temblar como una maldita hoja.

—Todo saldrá bien, SeHun —dice BaekHyun mientras me acaricia la nuca, justo cuando nos detenemos unos metros antes de la entrada de mi antigua casa. Su toque me relaja y bajo apenas los hombros, tomando una gran respiración—. Y si no sale así, no importa, aún tienes a SooYoung así como me seguirás teniendo a mí y a mi familia. Nosotros no te vamos a dejar, ¿entiendes eso?

Asiento lentamente, dejando que me guíe fuera de la camioneta. Toco mi vientre por encima de la ropa y suspiro, echando por primera vez una mirada a la casa.

Es tan enorme y ostentosa que me dan ganas de meterme una vez más en la camioneta y huir de allí. Es una mansión que grita por todos lados que la gente que allí vive son unos monstruos adinerados. Y que odian a su hijo.

—¿Listo? —pregunta BaekHyun, tendiéndome la mano.

La camiseta negra metida dentro de sus jeans resalta la amplitud de sus hombros y la longitud de sus piernas. Se ve muy bien ahora mismo, y me dan ganas de besarlo para tomar fuerzas. Pero me retengo, solo apenas.

—Sí, listo.

Tomar su mano me da fuerzas igual.

Veinte minutos después, estamos sentados en los sofás de una sobria y elegante sala de estar, esperando a mis padres como si fueran de la maldita realeza. Lo único que puedo hacer es tomar la mano de BaekHyun y apretarme más contra él, porque no puedo dejar de temblar.

Estoy tan malditamente nervioso y asustado de estar aquí. Todo este lugar me trae malos recuerdos. Cosas de mi infancia que prefiero olvidar, y peor aún, de mi adolescencia.

Aborrezco esta casa, este lugar. Y sé que al final del día terminaré aborreciendo también a las personas que viven aquí.

—Señores Oh. —BaekHyun se pone de pie antes de que me de cuenta siquiera de que mis padres han entrado a la habitación. Los dos Alfas están vestidos de traje y corbata; mi madre lleva su traje adaptado a su figura curvilínea, mientras que el de mi padre es más bien holgado; se nota incluso así que ha ganado algunos kilos—. Es un placer verlos.

Se estrechan la mano, pero es más por cortesía que por otra cosa. Mis padres no me tienden la mano, tampoco me miran. Siento que me están tratando como si mi mera presencia fuera una ofensa para ellos.

Pensaba que nada podía empeorar a partir de aquí, pero me equivoqué. Me hago más pequeño en el asiento cuando mi tía paterna entra taconeando unos momentos después; ella es Alfa también, pero su porte no es tan amenazante como el de mis padres. La mujer ni siquiera nos saluda o me mira con reconocimiento, no; simplemente va a sentarse junto a mi padre, como otra aristócrata más, en los sillones en la otra punta del gigantesco juego blanco de cuero.

—Entonces, bien —dice mi madre. Ella siempre es la que habla por mi padre—. ¿Qué hacen exactamente aquí?

—Vinimos a que nos expliquen por qué han tratado de esta forma a SeHun —pronuncia BaekHyun, tenso bajo mi agarre—. ¿Ustedes creen que es correcto dejar a su hijo embarazado y desempleado por su cuenta? ¿Qué clase de padres son ustedes?

—No es asunto tuyo —le responde ella.

—Claro que es asunto mío. SeHun es mi Omega.

—Pues bien —mi tía dice, interrumpiendo la conversación—. Entonces hazte cargo de él ahora. —Mi madre asiente en señal de acuerdo—. Nosotros no tenemos por qué hacerlo. ¿Verdad, YoonHun? —añade, mirando a mi padre.

Mi padre traga saliva y clava su mirada en mí. A veces me da miedo lo mucho que nos parecemos. Lo gracioso es que él, a pesar de ser un Alfa, deja que mi madre y mi tía lo controlen.

Parece que, al final, nunca fuimos demasiado distintos.

Creo que no hay palabras para explicar la gran decepción que siento de mi familia. No puedo creer que incluso después de toda la mierda por la que he pasado por culpa de ellos, aún yo guardara en el fondo de mi corazón un poco de esperanzas de que ellos por una maldita vez en mi vida, mostraran interés por mí. ¡O por mis hijos!

—¿Entonces es todo? —les pregunto con la voz quebrada, pero esta vez mirándolo a mi padre, que aún no ha hablado en toda la conversación—. ¿Ni siquiera les interesa que yo esté embarazado? ¿No les importa el hecho de que serán abuelos?

Ellos guardan silencio por unos momentos, como si estuvieran procesando la situación. Es entonces cuando me doy cuenta de que no debería haber preguntado eso, porque sé cómo terminará todo.

Justo en ese instante, sentado en el sofá de la casa en la que viví hasta que fui lo suficientemente mayor para irme a estudiar a la otra punta del país, es que me doy cuenta que es hora de dejar a mi familia atrás. He nacido con la desgracia de tener una familia de mierda, exceptuando a mi hermana; pero ellos tan solo son mi familia biológica. No son algo que elegí.

Y sí, podría decir que a BaekHyun tampoco lo he elegido —quedamos juntos por un embarazo accidental—, y, sin embargo, eso no es del todo cierto. Porque nosotros no fuimos simplemente una cogida en una fiesta, siempre hemos sido mucho más, incluso cuando no lo éramos. Tenemos una historia detrás. Y ninguna de las cosas buenas que sucedieron entre él y yo desde que nos enteramos que íbamos a ser padres, fueron realmente forzadas. Las cosas surgieron porque tenían que surgir. Y a pesar de que podría haber mantenido mi distancia de BaekHyun, y él de mí, ambos elegimos, consciente o inconscientemente, dejar que las cosas sucedieran entre los dos. Por lo que, incluso cuando no nos elegimos... terminamos eligiéndonos igual.

No sé si eso tenga sentido, pero mientras sostengo la mano de BaekHyun y tomo fuerzas para la tormenta que viene, estoy más seguro de mí y mi futuro de lo que he estado nunca. Porque en ese futuro estamos los dos, juntos, y con los bebés. Y eso me da la fortaleza suficiente para afrontar todo lo que venga, porque incluso aunque me caiga y llore como un tonto debilucho, sé que al final del día podré hacerlo entre sus brazos y que él no va a rendirse conmigo y me dará la mano para levantarme otra vez.

***

Me gustaría pretender que todo lo que sucedió durante las últimas cinco horas no lo hizo. Creo que haber atravesado descalzo y desnudo un infierno caliente hubiera sido más placentero que la visita a mi casa.

Ojalá pudiera borrar todo eso de mi cabeza.

Lo más desagradable fue cuando la hermana de mi padre se metió en la aristocrática reunión para aportar el hecho de que había grandes probabilidades que de la unión de un Alfa y un Omega, su hijo resultara Alfa.

Me sentí prácticamente un animal con meros fines de reproducción cuando los ojos de mi madre brillaron con interés.

Claro, ellos habían tenido la desgracia de que su único hijo varón naciera Omega, pero ahora que iba a dar a luz a los mellizos, aun más probabilidades existían de que uno de ellos tuviera naturaleza de Alfa.

No quiero que se acerquen a ellos jamás.

Y esas fueron las últimas palabras que les dije antes de salir de allí con la frente en alto —incluso aunque en la camioneta me eché a llorar como un maldito bebé—. ¿Qué está mal con ellos? ¿Por qué nunca pudieron aceptarme como era, y siempre necesitaron que todo sucediera acorde a sus intereses?

Sinceramente, ya no quiero saber nada de ellos nunca más. No obstante, eso no significa que no me duela como la mierda perder a mi familia, incluso aunque ellos no me quieran. Yo siempre he querido que lo hicieran y jamás lo conseguí. Había tenido la esperanza de que algún día ellos se dieran cuenta de eso, pero al parecer jamás sucederá, y ahora ya era demasiado tarde.

Aún no he hablado con BaekHyun. No respondí a nada de lo que me dijo desde que regresamos a la casa de sus padres, aunque sus palabras de consuelo ayudaron a que no me sintiera tan mal. Él ha estado durante toda la tarde con expresión reflexiva, y se ha quedado a mi lado incluso cuando intenté echarlo. Ahora se ha quedado dormido conmigo en la cama y lo único que puedo hacer es observarlo.

¿De verdad merezco a este hombre que está aquí conmigo a pesar de todo? Porque siento que a su lado he logrado ser mejor, e incluso poder seguir siéndolo, mejorando cada día gracias a él...

Su rostro dormido se ve demasiado pacífico. Le coloco algunos mechones de cabello anaranjado detrás de su oreja, y le doy suaves caricias en las mejillas; logrando que sus labios se separen apenas, de forma inocente, con un aura demasiado pura a su alrededor como para siquiera apartar la mirada.

Estoy tan embelesado con sus facciones, que apenas oigo los golpes en la puerta del cuarto hasta que él se gira en la cama y el hechizo en el que estaba sumido gracias a su bonito rostro, se rompe. Mirando por encima del cuerpo de BaekHyun, veo a su madre desde la puerta haciéndome señas para que vaya con ella.

—Cariño, sé que no es el momento más adecuado para preguntarte esto, pero ¿te gustaría reunirte con el padre de BaekHyun? —cuestiona cuando ya estoy en el pasillo y he cerrado despacio la puerta del cuarto detrás de mí—. Ha regresado de su viaje a Barcelona hace unas hora y pensé que quizás querrías hablar con él.

Trago el nudo en mi garganta y asiento, tomando una muy profunda respiración.

—Está bien, sí, me encantaría —respondo—. Pero ¿no está cansado?

—Oh, no te preocupes por eso, él tendrá las energías necesarias para recibirte —dice ella, sonriente y echando a andar, por lo que la sigo—. ¡Eres parte de la familia ahora!

Un nudo se forma en mi estómago, pero no es una sensación desagradable.

—¿Parte de la familia? —digo, aunque sale más para mí—. Eso suena... lindo.

Ella no responde, pero ríe feliz.

Caminamos por los pasillos llenos de fotografías de viajes, excursiones, logros, protestas y títulos, hasta que bajamos las escaleras y nos encontramos en la sala de estar al padre de BaekHyun. Este está sentado en un sillón individual leyendo algo en su teléfono con expresión seria, y todo su porte Alfa vibra a su alrededor. En su postura y la forma de su rostro, es muy parecido a BaekHyun, aunque su cabello es casi blanco y claramente tiene muchas más líneas de expresión por ser mayor.

—Cariño, aquí está SeHun —dice la madre de BaekHyun cuando ingresamos a la amplia sala de estar—. ¿Te acuerdas de él?

Me quedo de piedra cuando el padre de BaekHyun y yo entablamos contacto visual. Puede que su madre me haya aceptado de vuelta entre ellos porque tendré al bebé de su hijo, pero aún así, los resentimientos no se borran tan rápido. En mi familia nunca ha sido así y dudo de que en otras familias sea diferente.

Sin embargo, el Alfa solo me mira con calidez, e incluso ataviado con un traje y la corbata deshecha, que le dan aires de seriedad... se ve agradable. Las esquinas de sus ojos están suavizadas, y su ceño es casi la definición de ternura.

—SeHun, cuánto has crecido —dice, emocionado. Se pone de pie, y noto que es ligeramente más alto que BaekHyun, aunque no lo recordaba así. Viene y me estrecha la mano, sonriendo—. Siempre le he dicho a HaNeul que tú serías la persona que terminaría con BaekHyun. ¡Si vieras el lazo que compartían de pequeños!

Un fuerte sonrojo atraviesa mi rostro como un rayo. Me pregunto si ellos conocen la historia de por qué quedé embarazado de BaekHyun, digo, es raro que me traten de esta manera.

—Pues no ha sido tan así... —murmuro, cohibido, devolviéndole el apretón de manos—. Él y yo...

—El orden de los factores no afecta el producto, hijo —responde con una risa. Su bigote me resulta un tanto gracioso—. Lo importante es que ahora están juntos y van a tener... ¿mellizos? —tantea.

—Así es. —Inevitablemente le sonrío ante la mención de los pequeños, y tomo mi vientre con ambas manos—. Ellos tendrán la fortuna de tener un padre como BaekHyun.

—Y un padre como tú, SeHun, no lo olvides —dice él, invitándome con un gesto a sentarme en el sillón.

La madre de BaekHyun trae té para todos y bocadillos para entretenernos antes de la cena. Pareciera que la conversación es llevada por temas banales, pero es solo porque sutilmente ambos padres Byun me sacan información acerca de mí mismo: qué carrera estoy siguiendo, si es lo que me gusta; cómo es la convivencia con BaekHyun, qué tal se ha llevado mi familia la noticia del embarazo; e incluso, termino contándoles lo que ha sucedido hoy durante nuestra visita. Los señores Byun desaprueban notoriamente el comportamiento de mi familia, pero no puedo hacer nada respecto a ello.

La charla va bien, pero aún siento pinchazos de culpa en mi estómago. Después de haberme apartado de mi mejor amigo de la infancia al habernos enterado sobre nuestra naturaleza, lo que menos hice fue tratarlo bien. Hice que me aborreciera, me convertí en alguien que en ese tiempo desconocí, pero luego terminé por asumir, porque eso me llevó a quién soy ahora. Lo que no termina de cerrar en mi mente es que, estoy seguro de que sus padres saben todo eso, lo mal que le he hecho pasar a BaekHyun, y aun así me reciben como si fuera su hijo, como si nunca hubiera pasado toda esa mierda. Ellos me tratan tan bien, y me hacen sentir como en casa, a salvo, y la sensación es abrumadora, porque no merezco ser tratado de esta forma.

—¿No... no les molesta que sea yo quien lleve los hijos de BaekHyun? Encima que fue un accidente... —suelto de repente.

Ellos se quedan en silencio, y se miran fugazmente antes de devolver su atención a mí. Es de esas miradas tiernas y comprensivas que se dan las parejas que realmente comparten un lazo. La madre de BaekHyun, una Beta, y su marido, un Alfa, comparten quizás un vínculo más grande que cualquier pareja Omega-Alfa que por naturaleza y mordidas ya tienen un fuerte vínculo; porque ellos lo han construído a base de valores que en un lazo natural no entran; y creo que por eso su lazo es aún más fuerte que cualquier otro tipo de vínculos. Porque es uno de amor real.

BaekHyun ha tenido la suerte de tener padres así, que le han enseñado a ser amoroso, humilde y respetuoso. Ellos criaron a una gran persona, alguien que merece demasiadas cosas que muchas veces me siento incapaz de darle. Porque yo no soy así, no soy bueno; incluso aunque noto que he cambiado un poco a lo largo de los últimos meses —y todo gracias a BaekHyun—, aún no soy lo suficiente para él.

—Nunca te hemos echado la culpa de eso, SeHun —explicó la madre de BaekHyun, interrumpiendo mis pensamientos.

Ella está sentada al lado mío, y alcanza mi mano para colocarla sobre su regazo y apretarla cariñosamente

—¿No? —pregunto, tontamente.

—No, cariño. Conocemos a tu familia —afirma—. Son conservadores, y a ninguno de nosotros nos sorprendió el hecho de que te apartaras de BaekHyun cuando descubrieron que tú eras Omega y él, Alfa. —Sonríe apenada, volviendo a mirar a su esposo—. De hecho, era algo que esperábamos. Y no importa que ellos no te amenazaron explícitamente para que te apartaras de BaekHyun, estamos más que seguros de que el gran peso de tu familia y sus expectativas fue suficiente para que hicieras eso por tu cuenta.

Siento un gran nudo en la garganta. Aún no he logrado desprenderme de todo el peso que cargo con mi apellido, y entender que en parte no fue culpa mía haberme alejado de mi mejor amigo y haber hecho que nos llevásemos tan mal, me hace sentir una mierda.

Mi familia siempre se ha interpuesto con mi felicidad, mis ganas de complacerlos, la obligación y presión que siempre he sentido por hacerlo, la cual creció aún más desde que me encontré a mí mismo con naturaleza de Omega, condenado a para siempre a ser incapaz de llenar sus expectativas... Todo eso me ha limitado de tal forma que no me había dado cuenta antes. Siempre me he sentido oprimido por ellos, pero nunca me había dado cuenta de hasta qué punto sus malditos valores y disposiciones me habían marcado a mí y llevado por caminos que muchas veces no quise tomar.

¿Todo para qué? Si ellos jamás me han abrazado, sonreído o felicitado. Nunca estuvieron orgullosos de mí. Jamás recibí una pizca de amor de su parte, mientras que aquí, en el hogar de los Byun, he recibido más amor y comprensión en un par de días que en los dieciocho años que viví en casa con mis padres.

Es una mierda, pero es una mierda que debo aceptar y finalmente dejar atrás.

Ahora que sé que mi familia no volverá a interponerse en lo que yo haga, ni en mi futuro... de algún modo me hace sentir más libre. Más yo.

—De verdad lamento mucho todo lo que le hice a BaekHyun en el pasado. Entiendo que ustedes comprendan eso acerca de mi familia, pero aun así. Ellos nunca me han pedido explícitamente que lo tratara tan mal o hiciera que prácticamente me odiara. —Siento algunas lágrimas acumularse en mis ojos, nublándome la visión; y es entonces cuando maldigo al embarazo por hacerme tan llorón—. Yo solo quería que BaekHyun se alejara de mí, que mi familia no viera que él era todo lo que yo jamás iba a ser... —admito, rompiendo en llanto y cubriéndome el rostro para que no vean la vergüenza que soy.

—Está bien, cariño, no llores. Nosotros lo entendemos, y sé que BaekHyun también lo hace —dice la madre de BaekHyun, dándome una mirada llena de ternura y comprensión.

Sin embargo, no puedo detenerme; ahora que he abierto mi corazón, no puedo simplemente dejar de hablar. Quiero que ellos sepan lo que siento, que entiendan que no estoy aquí para aprovecharme de BaekHyun, que es todo lo contrario.

—En verdad lo lamento tanto. BaekHyun siempre ha sido un chico increíble, y yo... no sé, siento que incluso me he vuelto mejor por estár con él... —murmuro, bajando las manos de mi rostro para mirarlos—. Sinceramente, sé que hui mucho y cometí demasiados errores con él, pero ahora solo quiero recompensarlo por todo lo que ha hecho por mí, y quiero ser el mejor para él, porque BaekHyun es una persona increíble aunque sea medio cabezota, y se merece alguien que pueda darle todas las cosas buenas que debería recibir. Quizás yo no sea el más indicado para eso, pero prometo que lo intentaré... ser mejor para él... y ser buen padre...

—Lo sabemos, SeHun, eres una buena persona, no pienses que no es así. Serás un padre increíble —susurra ella en mi oído, abrazándome hacia su cuerpo. Es un abrazo tan reconfortante que solo me hace llorar más—. Amas a BaekHyun, ¿no es así?

La pregunta me toma completamente desprevenido, apenas puedo pensar. ¿Es eso cierto?

Yo... ¿amo a BaekHyun?

En el fondo de mi corazón, conozco la respuesta; y estoy a punto de responder con sinceridad, pero una voz interrumpe en la sala:

—¿Qué hacen aquí? ¿Y por qué SeHun está llorando, mamá? —pregunta BaekHyun, alarmado, con su voz Alfa rascando la superficie.

Me estremezco de pies a cabeza. Su presencia eriza todos los vellos de mi nuca, pero me hace sentir demasiado a salvo incluso aunque está a varios pasos detrás de mí.

—Solo estaba hablando con tus padres, no pasó nada malo, en verdad —respondo inmediatamente, separándome de su madre para ponerme de pie. Limpio mis lágrimas antes de voltear a verlo con una sonrisa tranquilizadora—. Estoy bien, BaekHyun.

—¿De verdad?

Escanea mi rostro, y al ver mi rostro lloroso —el cual conoce muy bien, son infinitas las veces que él me ha visto llorar por cualquier cosa durante los últimos meses del embarazo—, BaekHyun aprieta los puños a ambos lados de su cuerpo. Sin poder evitarlo, hago lo mismo, imitándolo. Lo único que quiero hacer ahora es correr a sus brazos y dejar que me abrace hasta que se termine el mundo. Es una fuerza mayor que me posee y hace que tiemble de pies a cabeza.

—Eso creo —respondo—. No deberías... —dejo la frase inconclusa, mordiéndome los labios con fuerza.

Antes de darme cuenta de lo que está sucediendo, mis pies se mueven solos para rodear el sofá, yendo rápidamente hacia él. Parece que BaekHyun siente lo mismo que yo —esta necesidad de juntarnos en un abrazo—, porque prácticamente corre a mi encuentro con una expresión cargada de amor que quiero guardar para siempre en mi memoria.

Al encontrarnos a mitad de camino, BaekHyun me abraza de costado para no aplastar mi vientre y poder hacerlo con la suficiente fuerza para hacerme sentir que estoy en casa; con su perfume envolviéndome, y los latidos acelerados de su pecho retumbando contra mi brazo.

—¿Ahora estás bien? —susurra en mi oído, abrazándome aún más hacia él, si eso siquiera es posible. Besa mi cuello, justo encima de mi marca, y me aferro a su brazo para no soltar un gemido de placer.

—Sí —respondo.

—¿Seguro? —dice, solo para asegurarse, o quizás para molestarme con su aliento cálido debajo de mi oreja y hacer que tiemble contra él.

—Seguro —respondo, y es la verdad; porque en sus brazos no existe nada más que mi hogar.

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