2.- Después del segundo periodo
Sherlock llegó a su preparatoria para el segundo periodo. Había tenido que tomar un autobús de regreso cuando notó que estaba a dos kilómetros de distancia de la escuela. Esta vez le había pedido al conductor que le avisara en la parada exacta para bajarse.
— ¿Pero qué...? ¿Dónde demonios estabas, Sherlock? —Una furiosa Mary se hizo presente al frente de Sherlock mientras sujetaba su mochila con fuerza mientras la colgaba de vez en cuando en su hombro porque resbalaba.
Sherlock vaciló.— Tomé el autobús —dijo.
— Creí que nunca tomabas el autobús; ¿qué pasó con tu auto? —preguntó la rubia mientras caminaba a su lado para llegar al salón A304.
— No encontré las llaves.
— Le hubieras pedido a Mycroft que te trajera —le sugirió su amiga cuando estuvieron a unos pasos de la puerta del salón.
Sherlock solamente se encogió de hombros.— Como sea —dijo—, te veo en el partido —entró al aula y se sentó en uno de los asientos del fondo. La verdad, era bastante evidente que Sherlock no era una persona a la que se le facilitara la convivencia.
Acabado el segundo periodo, Sherlock guardó todas sus cosas de vuelta a su mochila. Su última clase había sido una práctica de química. Casi olvidaba quitarse la bata blanca y los guantes de látex. Dio un largo suspiro antes de salir del laboratorio de química.
Apenas había dado un paso fuera del salón cuando un fuerte golpe lo hizo caer bruscamente de espaldas.— ¡Hey! —gritó enfado mientras rechazaba la mano de la persona frente a él que trataba de enmendar su error y ayudar a que se pusiera de pie de nuevo.
— Lo siento —dijo el chico cuando Sherlock se hubo levantado por completo. Sherlock sacudió sus ropas brevemente para quitar el polvo —. Me da gusto verte de nuevo.
Sherlock no pudo evitar querer romperle la cara al rubio que tenía enfrente.
— A mi no, preferiría que te perdieras por ahí —le dijo mientras lo barría con la mirada.
El chico sonrió con burla, casi como si supiera que Sherlock solo fingía indiferencia ante su presencia.— Soy John. John Watson.
Sherlock alzó una ceja. Ahora sabía porque su cara le era tan extrañamente familiar. John era el chico que mejor jugaba fútbol americano en la escuela. Creía que compartían una o quizá dos asignaturas juntos.
— No te voy a decir mi nombre, si es lo que pensabas —respondió mientras trataba de peinar sutilmente sus sedosos rizos.
— No recuerdo habértelo preguntado —se burló John al ver la expresión de Sherlock —. Pero está bien, lo puedo conseguir de otras maneras —rio fuertemente, tanto que las pocas personal que estaban a su alrededor los miraron por unos segundos.
Sherlock rodó los ojos pensando en que definitivamente la gente hablaría.— ¿Vas a jugar en el partido de esas tarde? —preguntó al rubio así como quien no quiere la cosa.
— Oh, ¿así que de pronto te importa lo que haga? —John ladeó la cabeza y se recargó sutilmente en el muro lleno de casilleros que se encontraba detrás de él.— Sí, jugaré esta tarde — contestó afirmativamente.
Sherlock frunció los labios.— Se me hace tarde.
— ¿Para llegar a dónde? —preguntó curioso John mientras pasaba su peso a la pierna izquierda.
Sherlock lo ignoró mientras comenzaba su camino para encontrarse con Mary. A tres pasos de distancia, giró ligeramente la mirada para ver a John aún recargado despreocupadamente en el muro. —Sherlock Holmes —le dijo su nombre sin saber muy bien por qué. John solo le sonrió.
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