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11.- Un leve raspón

La taza de café que Sherlock sostenía entre sus manos comenzaba a enfriarse poco a poco. No lo tomaba muy rápidamente, estaba amargo.
Había olvidado ponerle el azúcar. O quizá solo lo había dejado pasar.
John se limitaba a tomar el café negro, sin azúcar, mientras que Sherlock siempre procuraba agregarle dos cubos de azúcar. A lo mejor se le había pegado la costumbre de no ponerle azúcar.

Se removió un poco en la banca en la que se encontraba sentado y dejó salir aire frío de su boca en forma de un suspiro.

— ¿En qué estás pensando? —le preguntó Mary llegando a sentarse a un lado de él.

Hace unos días que ambos amigos evitaban los encuentros con John. Mary creía que era tierno todo lo que Sherlock hacía por ella, pero no quería arruinar la amistad de los dos chicos por culpa de sus enamoramientos sin causa.
John pasó caminando cerca de los dos, enfrente. Como si el destino estuviera leyendo sus pensamientos. El rubio no sabía si debía ignorarlo y simplemente pasar de largo o si debía pararse un momento para saludarlos y preguntar cómo estaban.

Entonces John tropezó con una piedra frente a él.

Mary, a pesar de que había estado evitando el contacto visual con el mayor, no pudo contener un carcajada algo disimulada.

Sherlock también rió.

¿Cómo podía una persona tener una sonrisa tan brillante y hermosa como la que el chico de rizos tenía?

Antes de que alguno de los amigos pudiera ayudar a John a levantarse nuevamente, el mismo rubio dio un pequeño salto haciendo que se levantara por completo; sacudió un poco su pantalón a la altura de sus rodillas y sintió un leve calor bajando poco a poco de su mejilla derecha.

— ¡Ay, John! — se apresuró Mary a acercase, tratándolo tan bien, casi como si nunca hubiera roto su corazón— ¿Te encuentras bien? ¿Quieres que te llevemos a la enfermería de la escuela?

Sherlock dejó el café que sostenía a un lado y de un rápido paso llegó hasta el costado de su amigo. — Es un raspón algo superficial— dijo—, aún así esta sangrando un poco, deberías limpiarlo y...

John sintió sus mejillas arder al sentir el delicado toque de Sherlock examinando su mejilla lastimada.

— Oh —dijo la única chica presente inconscientemente, dando un imperceptible paso hacia atrás, alejándose un poco de John.

Ambos la hubieran mirado si no estuvieran tan distraídos entre ellos. Oh. Mary lo había notado, se había dado cuenta.

— Sherlock —habló fuerte y segura esta vez—, ¿por qué no desinfectas tú su herida? ¿No sabías primeros auxilios?

— Obviamente los sé, curar una herida tan pequeña y superficial no requiere mi atención, John puede ir solo a la enfermería —dijo con obviedad.

— Está bien, solo iré al baño. Le pondré algo de agua y jabón y con eso debería estar bien —recalcó el rubio.

— Sherlock — dijo Mary, casi como si le estuviera dando una orden. No. Más bien parecía ser un pedido, como una súplica.

¿Por qué?

John se sentía incómodo. ¿Debía hacer algo acaso?, quizá debía evitar que Sherlock y él estuvieran juntos. O quizá debía sólo irse caminando y dejarlos a ellos dos.

— Supongo que puedo hacerlo.

— ¿Cómo es que pudiste distraerte tanto como para tropezarte con una piedra tan pequeña? — cuestionó el menor mientras abría la puerta de la enfermería de la escuela, sin notar alguna presencia aparente.

— Es que pensaba en otras cosas —dijo.

A esas horas Molly debería estar ahí, ayudando con los servicios médicos. Le gustaba ayudar. Sin embargo, en ese momento no había nadie en el lugar. Ni siquiera ella.

Sherlock entró y seguidamente prendió la luz. John siguió después de él.

— Ve, siéntante ahí — Sherlock señaló la camilla que se encontraba limpia y vacía.

John se acercó haciendo una mueca. — Está bien.

El de cabello castaño y rizado sacó un pequeño botiquín, consiguiendo así alcohol etílico, gasas esterilizadas, solución y una vendita rosa.

— Aquí —dijo Sherlock acercándose cuidadosamente a él —, te arderá solo un poco, pero no seas llorón —advirtió.

John casi suelta una carcajada al escucharlo decir eso.

— No soy llorón, puedo soportarlo.

— Ay, ajá. Ahora calla y estate quieto.

Sherlock desinfectó con cuidado la herida, y justo después de haberlo hecho le da la vendita a su amigo para que se la ponga el solo.

El rubio duda un poco antes de colocarse la vendita sobre la mejilla. — Gracias — dice con una sonrisa de lado —, no tenías porqué hacer esto.

Sherlock decidió no hablar en ese momento, se empeñó en recoger las cosas y dejarlas en su lugar.

John se lo pensó dos veces antes de comentar, sobretodo pensando en lo tonto que estaría por ser.

— Sherlock —llamó al menor , mientras observaba su espalda.

— Dime.

— Bésame.

Sherlock no se giró ni enfrentó a John, tampoco sintió que su corazón se aceleraba ni sintió el calor subiendo a sus mejillas. Quizá estaba imaginando alguna otra cosa en ese momento, porque pareció no inmutarse ni un poco por lo que le había pedido su amigo hacer.

Ambos guardaron silencio. Solo escuchando así el reloj pegado a la pared, advirtiendo cada segundo que pasaba.

— John, tengo clase de química en diez minutos. Déjate de tonterías y salgamos de aquí — sus manos habían comenzado a temblar, ¿cuándo sucedió eso? Seguía sin girarse ni moverse del lugar donde estaba.

— Bésame , Sherlock— repitió John rozando su mano con la suya. Se había levantado de la camilla y se había acercado sigilosamente hasta quedar detrás del más alto.

— Yo... —Sherlock giró un poco su cabeza, quedando así a un lado de la frente del mayor. John se recargaba entre el hueco que se formaba entre el cuello de Sherlock y su hombro izquierdo.

— ¡Ah! — un grito interrumpió el momento repentinamente. Greg Lestrade se encontraba con los ojos abiertos y las mejillas completamente sonrosadas. —¡Lo siento! Yo ya me iba, pasaba por aquí y...

Ambos amigos se separaron inmediatamente, desviando sus miradas hacia el piso.

— Bueno, no me puedo ir todavía —dijo Lestrade mostrando su incomodidad—; es que Mycroft me ha pedido que te de un recado, pero supongo que puedo dártelo luego, ¿no? ¡Oh, si, definitivamente te lo daré luego! —el chico rascó su nunca rápidamente— Mejor... mejor si me voy ya.

Y dicho y hecho, el joven salió de la enfermería.

Sherlock y John estaban a punto de girarse a ver cuando otro gritillo resonó nuevamente.

— Ay, perdón —se excusó Lestrade nuevamente —. Es que Mycroft se va a enojar si no te lo doy —dijo apenado.

— ¿Y por qué mi hermano no llamó a mi celular, Gary? — dijo el más alto masajeando sus sienes. Al ver el silencio del amigo de su hermano, Sherlock procedió a seguir hablando. — Ah, pues dime qué quería.

— Es que, bueno, es algo privado —comentó mirando al rubio de reojo.

— No, no, coméntenlo. Yo ya me iba —dijo John tomando la vendita de la camilla y poniéndosela rápidamente en la mejilla —. Luego te veo, Sherlock — susurró cuando llegó al lado de Sherlock nuevamente, causándole así escalofríos al de cabello castaño —. Hasta luego, Gary.

—Soy Greg, pero está bien —sonrió forzadamente cuando John se había marchado.

—¿Qué era tan importante que no podía esperar?

— Bueno, Mycroft... quería que pasaras por su ungüento.

...

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