Capitulo 10
Amo los domingos, porque los domingos era el único día de la semana donde mis padres no nos molestaban debido a que ambos estaban muy ocupados en sus escapadas nocturnas de los sábados. Los domingos significaba dormir hasta tarde, poner la música en un volumen demasiado alto y cocinar pizza con nuestros topping favoritos.
Amaba los domingos, para mi eran como unas minis vacaciones. Pero toda la diversión terminaba a las once, cuando ambos llegaban malhumorados, con resaca, o incluso todavía borrachos. Donde quizás se desquitarían entre ellos, o yo pagaría los platos rotos, pero eso no me importaba mientras mis hermanos estuvieran a salvo.
Aquel día pensé que sería como todos los domingos, si no fuera porque unos fuertes golpes en la puerta terminaron por despertarme completamente agitada y con el corazón rebotando con fuerza. Me saco rápido las sabanas de mi cuerpo y voy corriendo hasta la puerta de entrada abriendo de golpe, eso provoca que el puño de Jota casi termine impactando en mi cara.
—¡Ey!—me queje, sus ojos oscuros me miraron, parecía sumamente nervioso.
—¡Hace media hora te estoy llamando!
—Sabes que apago el celular para dormir mejor—dije molesta, pero Jota empezó a moverse con nerviosismo mientras juntaba sus manos—Jota, ¿Que te pasa?
—Necesito ayuda, y nadie puede saberlo.
Lo seguí hasta su casa rodante en silencio intentando parecer dos chicos adolescentes ante los ojos de nuestros vecinos. Al ingresar a su sitio, veo a su hermana sollozar sentada en una de las sillas de plástico abrazando a su bolso mientras que Jota tenía su bolso abierto de par en par. No entendía nada de lo que estaba pasando, todo se veía como si estuvieran por huir y no quería que nadie los buscara.
Jota me agarro de las manos.
—Debo irme, es muy largo de explicar, y son temas familiares que no te quiero involucrar, pero debemos largarnos al menos unos días.
—Bien...
—Pero necesito un favor—dijo tragando saliva, apreté sus manos con fuerza asintiendo.
—Claro, lo que sea.
—Necesito que vendas por mi—dijo, apenas pronunció esas palabras, mi cuerpo entero se paralizo de golpe mientras lo veía. Él no podía realmente estar pidiéndome eso, ¿verdad?
—¿Que?
—Luna, no te lo pediría si no fuera importante, hay gente a la que le vendo ¿si? gente peligrosa que le vendo y que si no me ven aquí creerán que hui y me buscaran y me mataran y vete a saber donde envían a Carolina.
—Yo no quiero tener nada que ver con esto—empecé a negar con la cabeza varias veces, Jota se veía sumamente desesperado mientras se aferraba a mi agarre.
—Estarás a salvo, puedes usar tu disfraz, no te harán nada mientras les des lo que pides, tendrás protección. Tienes todo anotado y...
—No Jota, no quiero, no me estas pidiendo que cuide tus plantas o alimente a la tortuga de Carolina, me estas pidiendo que venda a gente y alguna se que es jodidamente peligrosa. Pídele a tus otros amigos, lo siento—me solté de su agarre y me di la vuelta dispuesta a irme, cuando la voz de Jota me detuvo.
—¡Tendrás el 20%!—tan rápido como sus palabras salieron de su boca, me volteo lentamente para verlo—Gano bastante con este trabajo, te daré el 20%, nadie te hará daño y cuando vuelva, nadie se acordara de ti.
El dinero siempre fue un tema complicado en mi familia, mis padres trabajaban, pero yo no veía ni un centavo para ninguno de nosotros. Intente conseguir trabajo por mi cuenta pero siempre me rechazaban por ser muy joven, en los veranos intentaba conseguir cualquier otro trabajo, pero siempre me terminaban despidiendo porque terminaba llevando a mis hermanos conmigo.
Veía la absurda cantidad de dinero que le pagaban a Jota. La gente hacía eso, pagaba fuera cual fuera el precio que le pondría. Podía servirme, podría comprar mas comida, mas juguetes para los niños, darles esas zapatillas que Sandy tanto ve en la tienda y todas sus amigas tienen.
Podríamos irnos para siempre.
Apreté con fuerza el picaporte antes de voltearlo.
—Quiero el 35%—dije con seguridad, Jota largo un resoplido, seguramente planteándose si dejarme su negocio era buena idea.
—Mejor pídeme la mitad, ¿no?—hablo con sarcasmo. Me acerque seriamente a él mientras lo miraba con atención.
—Me estas haciendo entrar a un sucio negocio, aunque me prometas seguridad tu no sabes realmente si la tendré, quiero el 35% hasta que vuelvas, y una vez echo, me largo y no volveré a tocar nada de esto.
Le mostré la palma de mi mano, él miro con atención y luego a mis ojos. Yo no era una amenaza para su vida, y Jota tampoco para la mia. Ambos éramos iguales en cierto sentido, niños huérfanos que buscaban cualquier forma de sobrevivir. Nos hicimos amigos hace mucho tiempo, nos queríamos a nuestra manera. Pero había cosas que ninguno de los dos iba a querer entender del otro.
—Es un trato—dice Jota estrechando la mano que le extiendo. Luego se dispone a guardar las cosas que aun le quedaban fuera del bolso, a indicarme otras cosas del trabajo, y escondites donde me podía ocultar en caso de que venía la policia.
La policía nunca venía por estos lados, pero era bueno tenerlo en cuenta.
Abrace a Carolina y le prometí que le contaría todo a Sandy por ella mientras que seguía sollozando, también me pidió que cuidara a Roberto, la tortuga que vive debajo de la casita y pocas veces sale.
—No será por mucho tiempo...¿verdad?—pregunte cuando tuve a Jota frente mío. Mi amigo me sonríe, una sonrisa que no le llega a los ojos y apenas levanta la curva de sus labios, me acaricia el cabello mientras me miraba.
—Verdad, tranquila estaremos bien—dice él. Rodeo mis brazos en su cuello aferrándome a él, Jota deja un beso en mi mejilla tras abrazarme con igual de fuerza, al separarnos, ambos hermanos se retiran juntos, esperaba que volvieran pronto.
No soy muy seguido de quejarme de mi vida, se que es una mierda, lo acepto y ya esta porque no hay mucho que pueda hacerle. Me daba miedo la idea de empezar a trabajar para Jota, se que sería temporal, pero me asustaba. No quería que Laurie ni Shailine, mejor dicho, nadie, se enterara.
Sería como ser Hannah Montana. Nada más que sin la diversión se ser famosa.
Mi domingo no pudo volver a la normalidad demasiado rápido, debido a que mis amigas me llenaron de mensajes para ir a una feria de ropa Vintage y no podía negarme, tampoco quería hacerlo.
Me puse feliz que los nietos de la señora Rochester fueran a visitarla porque mis hermanos se quedarían con ella sin problema. Mis amigas no sabían nada de donde vivía, o de mi familia, tengo un problema de mentirosa patológica. Básicamente si; mi vida es una mierda, pero no por eso quiero contarlo. No me interesa las miradas de pena, los comentarios que se suponen que son reconfortantes, o que me vieran como una victima.
A veces solo quería ser una chica de diecisiete años que sale de feria con sus amigas.
—Ese sombrero te queda bien—dice Lucy detrás mio. Estábamos en uno de los puestos, suspire viéndome al espejo con una capelina de color amarilla con un listón blanco.
—¿Tu dices?
—Deberías comprarlo.
—Mis padres no...se fueron de viaje de trabajo por el finde de semana y solo me dieron dinero para pedir comida.
—Es tan cool que tus padres confíen en dejarte la casa sola—dice Darcy poniéndose frente al espejo midiéndose una remera con demasiadas flores—Podríamos hacer una pijamada, casi nunca vemos tu casa.
—Ya saben que no me gusta, mis hermanos querrán pasar todo el día con nosotras.
Las mentiras me salían sin pensarlo, eran automáticas. Conocía a las chicas desde que ingrese a la secundaria, ellas tenían dinero, padres amables , eran bellas, y no tenían la necesidad patológica de mentir. Yo temía hacerlo, no creí que fueran a juzgarme, pero tenía vergüenza por mi.
—Ten—dice Lucy dándome unos billetes—Cómprate algo lindo.
—No puedo aceptarlo—dije extendiéndole los billetes sintiendo mis mejillas ponerse rosa.
—Ay vamos, me lo devolverás , algo lindo. Tal vez a alguna chica te lo pueda halagar...o Laurie.
—¿Qué tiene que ver Laurie en esto?—pregunte curiosa mientras que Lucy me ponía la capelina nuevamente y lo pagaba por mi.
—¿Eres tonta, Luna?—pregunta Darcy en un tono cariñoso y largando una risita—Laurie esta enamoradísimo de ti.
Fue mi turno de soltar una carcajada.
—Laurie, ¿enamorado de mi? Por favor chicas, es mi mejor amigo.
—Que sea tu mejor amigo no sígnica que no puede tener sentimientos por tí.
Me quede callada, honestamente no confiaba en eso, no creía que Laurie gustara de mi, ¡no había forma de que eso fuera posible! iba a replicarles, cuando la voz de la cuarta integrante de nuestro grupo se nos acerca.
Penny se había tardado debido a que quería hacerse unas trenzas en el cabello la cual les quedaba fenomenales, alcance a ver que se había comprado unas sandalias artesanales con un abstracto de mándala. Se nos acerca como una sonrisa como si tuviera la noticia de su vida.
—¿Qué pasa? Déjame adivinar, viste a Helena y te dijo algo que te hizo temblar— habla Darcy.
—No, claro que no es eso, no estaría tan tranquila. La chica está acá, la del video.
Me quede muda, pues solo había una persona de un video viral de la que podrían estar hablando. Mi cabeza se movió disimuladamente a los lados.
—Pobre, no entiendo como le da la cara para salir después de eso—Habla Lucy.
—Si yo fuera ella, quizás ya me habría suicidado.
—¡Darcy!—Exclame molesta, mi amiga pecosa se encoge de hombros.
En eso escuchamos algo caerse y una débil voz susurrar un "lo siento".
Shailine había tirado un montón de remeras pintadas a mano que ahora estaba levantando con la cara completamente contraída. Nos había escuchado sin duda.
Mis amigas murmuraron y luego se alejaron. Un lado de mi decía que debía seguir manteniendo mi falsa imagen e ir con mis amigas como si nada, reírnos y fingir toda la tarde.
Pero con pocas personas soy real, y no soy de las que dan la espalda tan fácil. Me acerque a Shailine mientras que seguía largando disculpas a la amable mujer que le respondía "no pasa nada querida, a todos pudo pasarles, ven elije algo para ti, el color amarillo se te vería bien"
Así fue como Shailine compró una remera pintada a mano con un espiral amarillo.
—Hola-—dije acariciando mi brazo con algo de vergüenza, ella me mira y suspira.
—Hola.
—Lamento...lamento eso.
—Escuche cosas peores—responde y luego mira encima de mi hombro—Te están esperando.
Me voltee a verlas, mis amigas estaban susurrando y nos veían de reojo. Me hicieron una seña para que me acercar y volví a mirar a la chica asiática.
—¿Quieres acompañarnos? Te prometo que saben comportarse.
—No, mejor vuelvo a casa, solo salí porque Park me dijo, hace rato esta viendo de comprar cañas de pescar. Por cierto, no te agradecí...por...ya sabes, ayudarme. Las camelias.
—Solo fueron dibujos—dije encogiéndome de hombros.
—No fueron solo dibujos para mi.
Al levantar la mirada, la encontré sonriéndome. Sus finos labios se curaban hacia arriba en una tímida sonrisa, y mi corazón empieza a subir en los latidos.
—¡Luna vamos!
—Debo regresar.
—¿Sabes Luna? Me agradas cuando eres tu—dice Shailine.
—Siempre soy yo—comente confundida.
—¿Estas segura?—pregunta y veo a un chico asiático llamarla. Ella saluda a su hermano, nos volvemos a despedir, y me fui caminando a mi grupo que estuvieron llenándome de pregunta.
Me sentía agotada mentalmente, fingir buen humor y sonrisas con todos a veces era tan agotador que no sabias que hacer. Las compras estuvieron bien, pero mi cabeza no dejó de pensar en aquella charla con Shailine, fue breve, pocas palabras intercambiadas. Pero había una verdad en ellas.
No era yo con mis amigas. Solo era un 90% yo con Laurie, y con Shailine...con ella era difícil de explicar. Quizás porque ambas somos chicas rotas en un pueblo pequeño que queremos huir.
Termine de limpiar las cocina, una vez que los niños cenaron, bañe a Freddie en tiempo récord y controle la tarea de Sandy para que se acostaran antes que nuestros padres llegarán.
Pero el tiempo no era muy amable conmigo, porque cuando estaba por apagar la luz, la puerta de la entrada fue abierta. Papá ingresa en ella, siempre llegaba antes que mamá, tenía los ojos rojos y apestaba, me mira con desagrado, como si esperara que yo no estuviera aquí.
—¿Hiciste algo de cenar?
—Los niños comieron pescado frito.
—Eso quiere decir que no.
—Si quieres cenar aquí regresa antes y quizás tengas suerte.
Papá me agarro del rostro de manera brusca acercándome a él. Su aliento era nauseabundo , y su olor me hacía sentir mareada.
—Ten cuidado con esta puta boca tuya si no quieres que te arranque la lengua, merezco un día libre de ti niña , mientras vivas bajo mi techo son mis reglas, si quiero comida me la haces ¿bien?— dice dándome dos fuertes bofetadas que me hicieron arder el rostro. Papá se acerca a la pequeña mesa que usamos para comer y agarra unas hojas de papel—¿Qué son estos garabatos?
—Dibujos de Freddie.
Papá me mira y luego parte el dibujo en dos.
—Deja de mariconear a mi hijo con tu arte, y tus dibujos y pinturas ¿quieres?-—dice agarrando otra hoja y vuelve a romperla.—¿Dónde están?
—Durmiendo— dije con el corazón apretando en mi pecho.
—¿Ah si? ¿Los diablos esos duermen? Bueno mejor iré a hablarles no los veo hace días.
Fui corriendo hacia el para detenerlo. Se en lo que se convertían sus charlas, en llanto de Freddie, gritos de Sandy y mejillas rojas.
Lo agarre del brazo parándolo pero Papá me empujó con fuerza haciendo que lo soltara y mi cuerpo golpeara la pared. Sentí mi vista nublada unos segundos.
—¿Pero que diablos te pasa? Digna hija de tu madre eres sin duda , iba a saludar a los niños pero me pones de tan terrible humor niña. Mejor limpia todo aquí, no quiero ni verte-—dice él agarrando una lata de cerveza en la heladera.
Con un nudo de la garganta junto los pedazos de hojas rotas y me limpio las lágrimas que empezaban a salir. Necesitaba dinero para escaparme pronto, y necesitaba ser otra persona para ser libre en otra realidad.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro