09: "Caos, locura y muerte"
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—Oye...
El débil sonido que emitió la voz de Cole provocó que Stefania levantara su rostro de las frazadas blancas donde lo tenía escondido. Había pasado las últimas tres horas al lado de su amigo en el hospital, aún cuando éste se encontraba sumido en la inconsciencia debido a los fuertes fármacos que le habían suministrado para calmar el dolor. Había sido golpeado de manera brutal, además de la contusión en su cabeza. Escapar de su atacante no había sido fácil, de hecho, hasta podía catalogarse como un milagro.
—¡Coley!— Exclamó ella suavemente, levantándose de la silla donde se encontraba sentada y aproximándose a él. —¿Cómo te sientes?— Murmuró, la tristeza inundando su tonada.
Colocó una de sus manos en la mejilla del muchacho, donde un moretón púrpura se había formado. Al mismo tiempo, él puso su mano sobre la de ella y fijó sus ojos verdes en la chica.
—Estoy bien... Adolorido, pero agradecido de estar con vida.
—¿No pudiste ver quién hizo esto?— Preguntó ella.
—No pude ver su rostro. Todo estaba oscuro y él llevaba una capucha y un pañuelo de seda cubriendo la mitad de su rostro... Aunque divisé que era más bajo que yo, incluso más delgado. Llevaba un maldito bate de baseball con él... No me agarró desprevenido y fue eso lo que me salvó de que me noqueara por completo.
—¿Bate de baseball?— Repitió ella, desconcertada.
—Sí. Al parecer el tipo que buscamos es aficionado del deporte— Ironizó Cole, para luego mostrar una mueca de dolor e incorporarse en la cama. —Me duele hasta el maldito dedo meñique.
—Llamaré un doctor— Avisó Stef, alejándose unos cuantos pasos.
—¡Espera! ¡Stef!— La llamó su amigo, logrando tomar su mano antes de que ella se marchara. La joven se detuvo por el agarre y giró sobre sus talones para observarlo. —Lo que más me preocupa ahora, eres tú— Admitió él. —Tienes que cuidarte mucho mientras yo esté en este hospital. Cuando logre salir, nos iremos juntos a otra ciudad, lejos de aquí... mas por ahora, quiero que seas cautelosa. No andes por allí sola, ni...
—No está sola— Escupió Justin, ingresando a la habitación en ese momento. Sonrió con evidente falsedad. —Sabes que no está sola— Remarcó, acercándose de manera abrupta, pasando a través de las manos entrelazadas de los otros dos, separándoles. Una vez frente a Cole, Justin escudriñó su rostro con recelo. —No te dieron tan duro como pensaba.
Cole apretó los dientes, su mandíbula tensándose debido al enojo acumulándose en su interior.
—Bonita remera— Farfulló el joven hospitalizado, dirigiendo su mirada a Stefania después de decir eso.
Justin no quitó su atención del muchacho. Sus ojos color ámbar analizando el rostro de Cole. Stef también observaba el dibujo plasmado en la vestimenta del chico. Se trataba del logo de un equipo de baseball de las ligas mayores.
—No sabía que fueras fanático del baseball— Comentó Cole, tratando que ninguna emoción se filtrara por su tono.
La penetrante mirada de Justin se mantuvo en él por varios segundos más luego de aquellas palabras. Desvió su vista tiempo después, pasándolo a Stefania, quien se había alejado de forma instintiva al notar la acusación sutil de su amigo.
—Está divagando— Afirmó Justin a la chica, aunque su seriedad era mayor a la habitual. Tomó distancia de Cole y se posicionó frente a Stef. —Pero tiene razón en que debemos protegerte a ti ahora. Hablé con el director del Instituto y le conté sobre tu plan de pasar un fin de semana afuera...
—¿Mi plan?— Interrumpió ella, denotando su confusión. —Yo no tengo ningún plan... No al menos uno que involucre pasar contigo todo el fin de semana.
El ceño de Justin se frunció de inmediato ante esas palabras. Tensó su mandíbula y habló entredientes:
—¿Las cosas van a seguir tensas entre nosotros?
—¿Vas a seguir mintiendo?— Repuso la muchacha.
Su interlocutor dejó ir un gruñido de exasperación.
—Ella no va a ir a ningún lado contigo— Pronunció Cole, se había erguido en la cama y miraba al otro muchacho con plena furia.
—Perfecto— Masculló el aludido en voz baja, aunque sin girarse al chico, sino que su atención seguía puesta en Stefania cuando elevó el tono para decir: —Así que quieres sinceridad, tendrás mi entera sinceridad... ¿Qué es lo que tanto te preocupa que esté ocultado de ti?
Stef se mantuvo en silencio un momento antes de pronunciar:
—¿Hay algo...?— Comenzó, titubeante. —¿Hay algo que sepas sobre los asesinatos que no me hayas dicho?
Ambos mantuvieron el contacto visual por varios segundos. Justin con su semblante inexpresivo, mas sus ojos color ámbar brillando por algo que Stefania no era capaz de vislumbrar. Finalmente, él respondió:
—Lo sabes todo, Stefi. Todo lo que yo sé, tú también lo sabes.
Stefania creyó en su sinceridad.
Stef tomó la tableta de aspirinas y metió una más a su boca, pasándola por su garganta junto a un trago de agua. Un dolor de cabeza insoportable la había despertado la noche anterior y no la había abandonado aún. Se encontraba en su sala de estar, con la mirada puesta en su portátil, donde terminaba de transcribir unos papeles para su empleo. Justin estaba en la cocina, o eso era lo que ella creía. Le habían concedido pasar el fin de semana afuera, para realizar una visita a algún lugar concurrido donde él pudiera demostrar si realmente hubo un avance en su comportamiento. Stefania debía escribir luego un reporte el cual enviar al director del Instituto de Salud Mental.
Sin embargo, Justin había dejado claro la noche anterior que no pensaba ir a ningún lado, que había tomado el fin de semana para cuidar de ella. Incluso había insinuado que Stefania debía inventar su reporte, mintiendo. Ella se había negado, lo que había derivado otra pelea entre ambos. No se hablaban uno al otro desde entonces.
Por ello, la sorprendió que el muchacho hiciera su aparición de repente en la sala, entrando por la puerta principal. Stef dejó el portátil a un lado y lo observó, pasmada.
—¡¿Dónde estabas?!— Exclamó, con alarma.
Había estado segura que él se encontraba en la cocina. Allí lo había visto por última vez tiempo atrás, y era imposible que él hubiera logrado escabullirse por otro lugar. La única entrada y salida del piso era por la sala de estar.
—En prisión— Se limitó a contestar el chico.
—¡¿Qué demonios?!
—Fui a hablar con Dave y Tyler. Los muchachos que iniciaron el tiroteo conmigo. Estaba seguro que ellos debían tener información valiosa— Explicó.
—¡¿Qué sucede contigo?! ¡No puedes escaparte así! Ni siquiera tienes permitido salir sin mí... ¡¿Y a la prisión?! ¡Qué rayos!— Ella apuntó, alterada.
Gimió cuando otra oleada de dolor atacó su cráneo. Llevó las manos a su cabeza y la apretó con fuerza, hundiéndose en el sofá.
—¿Estás bien?— La voz de Justin sonó lejana. Sintió las manos de éste acunar su rostro, pero todo en lo que podía concentrarse era en el dolor. —¡Stefi! ¿Estás bien?
Sin poder soportarlo más, ella se apartó bruscamente, empujando a Justin y vociferó:
—¡Quita tus putas manos de mí, maldita sea!— El enojo había distorsionado tanto su voz que, incluso, no parecía ella misma.
Se puso de pie rápidamente, respirando agitada. Observó a su acompañante y se sorprendió al encontrarlo sentado en el piso. No había medido su fuerza y de alguna forma había logrado tumbarlo. Parpadeó varias veces e intentó calmar los latidos acelerados de su corazón.
—Lo siento... yo... ¡Me hiciste enojar! ¡Te escapaste!— Habló atropelladamente.
Sin despegar sus ojos de la chica, los cuales parecían analizarla con intensidad, pero manteniendo una expresión calma, Justin se levantó del piso lentamente. Quedó frente al rostro de Stef y la observó aún de manera más penetrante.
—Tú también lo hiciste— Dijo, sereno.
Ella sacudió su cabeza, desorientada.
—¿También hice qué?— Murmuró.
—Te escapaste— Aclaró él. —¿A dónde fuiste anoche?
—¿Anoche? No, Justin. Yo no he salido anoche. Fui directo a mi cuarto cuando discutimos...
—Alrededor de la una de la madrugada, saliste de tu habitación y te fuiste por la puerta principal. Yo aún estaba en la cocina, pude verte— Relató, su voz aún sonando parsimoniosa.
—No es cierto— Volvió a negar Stefania, segura de su respuesta.
Era inverosímil que la acusara de aquello, por supuesto que ella recordaría si hubiera salido... De repente, su confianza tambaleó. Recordó que esa mañana, al despertar, había barro en sus zapatos que antes de dormir no se encontraba allí. También tenía su campera manchada con algún tipo de aceite que no había podido identificar.
Para su mayor consternación, Justin hizo algo inesperado. La rodeó con sus brazos y la atrajo a su cuerpo, estrechándola con fuerza. Ella le devolvió el abrazo, en parte reconfortada por el joven. Se aferró al chico mientras él acariciaba su espalda. Su mano yendo de arriba hacia abajo sobre su espina dorsal hasta que la situó en la mejilla de la muchacha y se separó unos centímetros para contemplar el rostro de la misma.
—No te preocupes, Stefi— La calmó él, en un susurro. —Estoy aquí para cuidarte.
Puso sus labios sobre los de ella apenas terminó de pronunciar su frase. La besó suavemente, procurando que ella no se concentrara en otra cosa más que en ello. Stefania quería perderse en el beso, dejar que las agradables sensaciones provocadas por el mismo reemplazaran al miedo y la incertidumbre abrumadora que la atosigaban, mas no podía hacer a un lado los pensamientos que llenaban su mente. Rompió el contacto con el muchacho y se alejó de él una corta distancia para tomar aire y mencionar:
—Esto parece una pesadilla, Justin. No sé qué... No sé qué está ocurriendo aquí.
—No pienses en eso— La incitó él, volviendo a besarla.
Pocos segundos después, ella se separó una vez más.
—No puedo. Me dices que salí anoche, pero yo no recuerdo haberlo hecho... Cole está herido... Y es tan difícil confiar en ti, no sé cuándo mientes o dices la verdad... Todo alrededor es caos, locura y muerte. No podré soportarlo más— Se quebró en las últimas palabras, ahogando un sollozo.
—¿Quieres que te diga la verdad?— Justin utilizó sus dedos para acariciar el rostro de la joven mientras hablaba. —¿Quieres saber cuál es la única verdad en todo este desastre?... Te amo, Stefania Krause. Te he amado desde que te conocí... Te he amado tres mil ochenta y dos días y pienso seguir haciéndolo hasta que no me quede ni uno más en esta maldita tierra.
La confesión logró acaparar la completa atención de Stef. Contempló los ojos de Justin, llena de sorpresa.
—Siempre me ignoraste en la escuela— Señaló, entregándose a sus dudas y su recelo.
—Eso es lo que tú crees pero, por si no lo habías notado, soy bueno fingiendo— Una pequeña sonrisa estiró sus labios. —Admiraba cada detalle de ti, hasta el más mínimo de ellos.
—¿Por qué?— Siguió interrogando ella, incrédula. —¿Por qué yo? ¿Por qué me amarías a mí?— Sin recibir respuesta, Stefania meditó en ello unos instantes. —Es porque siempre fui amable contigo ¿Cierto?... Por eso me salvaste la vida.
Justin negó con la cabeza, lamiendo sus labios mientras continuaba acariciando a la muchacha.
—No, dulce Stefi. No te salvé porque fueras buena conmigo— Se acercó a ella, depositando un beso en su nariz antes de pegar sus frentes. —Te salvé porque eres exactamente igual que yo.
Justin se encontraba besándola nuevamente antes de que la chica pudiera entender sus palabras, mas ella no puso objeción a ello. Se dejó llevar, perdiéndose en el beso tal como había deseado previamente.
-TatianaRomina-
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