Señora Hinata 💕 XXVII
Señora Hinata 💕
Sentí el pequeño contacto antes de escuchar los chirridos de los neumáticos quemar en el asfalto. Mí mejilla golpeó el capó cuando el auto se movió por la altura de mis piernas. El ruido sordo mezclado con mí jadeó por el material extremadamente frío y un poco más de chirrido, se mezcló en una sinfonía bastante impresionante.
El auto al fin se detuvo y la puerta del conductor se abrió, mí mirada llendo allí, pero sin levantar la cabeza del capó. Lo primero que ví fue el gorro rojo de lana y la cara de Hinata, sus ojos enormes y llenos de lágrimas y asombro.
—¡Naruto! ¡Oh, Dios mío!— gritó mientras se bajaba a tropezones.
Hinata estuvo al lado mío antes de que pudiera levantarme completamente del auto. No me había golpeado fuerte, no me dolía nada, pero ya estaba empezando a temblar por el clima helado y mí poca vestimenta.
—¡Oh! ¡Bebé! ¿Bebé, estás bien?— Hinata pasó sus finos dedos por mí mejilla y mí frente poniéndose de puntitas—. Por favor, Naruto. Dime qué no te lastime ¿Estás bien?
No pude evitar sonreír por su desesperación, mí cuerpo temblando y mis dientes empezaron a castañar. Sus manos siguieron pasando por mí pecho, como si estuviera buscando alguna herida visible. Eso pareció ayudarla a darse cuenta que no llevaba remera.
—¡Dios! ¡Naruto!— abrace mí pecho, intentando hablar pero los golpes de mis dientes no me dejaban decir nada—. ¡Estás helado!
Hinata me ayudó a subir a su auto, sentándome del lado del pasajero. Sentí su perfume de lavanda cuando se inclinó para subir la calefacción. Quise inclinarme para besar aunque sea su fría mejilla, pero ella salió y cerró la puerta. La ví moverse rápido por el frente del auto, llendo del lado del conductor. Una vez que estuvo adentro, se sacó el gorro de lana, dejando suelto su cabello oscuro un poco más largo de cuando la había visto después del 24.
— Ponte el cinturón, iremos al hospital— su voz temblaba igual que sus manos cuando intentó ponerse ella su cinturón.
Mí mano cayó sobre la de ella cuando está fue a la palanca de cambio.
—E-estoy b-b-bien— tartamudeé, aunque el frío comenzaba a bajar rápido.
Hinata me miró, con los ojos enormes y de repente, de la nada, rompió a llorar muy fuerte y a lágrima tendida. Escondió su rostro en sus manos y su cuerpo temblando. Ella quiso hablar pero se ahogó con los sollozos.
Me partió el corazón.
La tomé de la cintura y, aunque fue difícil y algo aparatoso, pude sentarla en mí regazo de costado. La abracé, tomando el calor de su cuerpo y sosteniéndola mientras lloraba.
—Tranquila, mí amor. Estoy bien. No me haz hecho daño—, susurré mientras acariciaba su cabeza, espalda y brazos.
Hinata me tomó por sorpresa cuando golpeó mí pecho. Su mano desnuda hizo contacto con mí pecho desnudo y frío, sólo diré... auch...
—¡Eres un idiota!— gritó sin mirarme—. ¿Cómo te vas a lanzar a un auto en movimiento?
—No estaba en movimiento cuando me lance— dije sólo para provocarla, escondiendo mí sonrisa. Ella volvió a golpearme— Auch— me quejé, ese si que picó.
—Eres un loco, eso es lo que eres—. Hinata alzó su mirada, sus labios apretados y sus ojos llorosos por las lágrimas—. ¿Qué haces aquí de todos modos? ¿No tienes una novia a la que atender?— gruñó intentando salir de encima de mí.
Mis brazos se cerraron en su cuerpo, no permitiendo que se marchara. Me mordí el gemido que quiso salir de mí cuando sentí su hermoso trasero frotarse con mí entrepierna, mí polla intentado alzarse.
—No es lo que piensas.
—¿A sí? Mí ex me dijo lo mismo cuando lo encontré con la polla metida en el culo de su secretaria—. Mis cejas se alzaron cuando ella lo dijo, las lágrimas sólo quedaron marcadas en sus mejillas. Ahora sus ojos brillaban de furia—. ¡Y sí! Estaba metido en su ano.
No pude evitarlo.
Simplemente una carcajada se me escapó.
Cómo no le dejé espació para que me golpeara de nuevo, estiró su brazo y me tiró del pelo.
—¡Ay! Eso duele— medio gruñí, medio reí.
—¡A mí también me duele!— me gritó en la cara—. Tanto que decías que me amabas y toda esa mierda. ¡Eres un mentiroso! Te fuiste de vacaciones y volviste con nueva novia, prácticamente te irás a vivir con ella.
»Te odio, Ino«
—¿Puedes calmarte un segundo?
Hinata se quedó quieta de repente, me miró llena de odio.
— Déjame ir.
—No hasta que me escuches.
—No quiero saber nada...
—Hinata....
—¡Lalalalala!
Mis cejas se alzaron cuando ella comenzó a tararear y taparse los oídos. ¿Cuántos años tenía? ¿7? Quise hablar, pero ella siguió cantando, cada vez más fuerte.
—¡Maldita sea! ¡Basta! — Hinata no se achicó con mí gritó, me miró con el ceño fruncido.
—¡No me grites, idiota!— levantó su voz también.
—¡Tú eres la idiota! Tu me dejaste primero.
Hinata abrió la boca, ofendida y apreté sus brazos con los míos cuando ví que quería golpearme de nuevo. Su cuerpo comenzó a forcejear conmigo, su rostro enojado. Yo también estaba enojado, aún no olvidaba como me había dejado el 25.
Había estado deprimido, sin ganas de nada. Mí tío Jiraiya me llevó a unas termas dónde las pase de mal en peor, mí celular cayéndose en agua, mí portátil rota por mí tío borracho. Mis ganas de verla, mis ganas de olerla y sentirla, toda la frustración y dolor que sentía. Ella no pensó en mí cuando se fue.
Luego fui dos semanas a la casa de mi prima Ino, que se había anotado a la misma universidad y mis tíos me pidieron que me mudará con ella a un departamento más grande, dónde compartíamos los gastos. Dos semanas aguantando las preguntas de mí prima, hasta que tuve que contarle mí relación con Hinata.
Y ella había terminado arruinando mí posible reconciliación con Hinata.
Todo el dolor, frustración, angustia e ira se juntaron cuando ví los labios rosas de Hinata apretados con fuerza. Su cuerpo pegado al mío, su perfume de lavanda embobando mis sentidos.
Mí cabeza bajo y pegué mis labios en su boca. La besé, gimiendo cuando su sabor llenó mis labios, pero ella no me contestó. Se quedó congelada y luego siguió forcejeando. Mis dientes apretaron su labio inferior, hasta que jadeó y mí lengua entro en ella. Por fin contestó a mí beso, con la misma intensidad y deseo que tenía la mía.
Seguí gimiendo en su boca cuando mis manos se aflojaron para subir por su espalda hasta apretar su nuca, enredando mis dedos en su pelo. Las manos de Hinata también fueron a mí cabeza, ella gimio conmigo mientras su lengua respondía a la mía.
Hinata se movió, no sé que estaba haciendo, yo estaba concentrado que nuestras bocas no se separarán. De mí boca saliendo un ruido de deleite cuando ella terminó a horcajadas sobre mí. Una de mis manos llendo a su redondo trasero y apretándola contra mí polla erecta.
Gruñí cuando sus uñas se clavaron en mis hombros mientras comenzaba a moverse sobre mí regazo.
—Si, Delicia— gemí—. Te extrañe mí amor.
Hinata gimoteo en mis labios, su respiración errática como la mía.
—Yo... Yo...— Hinata apretaba su coño sobre el bulto que provocaba mí polla.
—Shh— la arrullé cuando mí mano fue a su pantalón vaquero y lo desabotoné—. Te daré lo que quieres, Delicia.
Mí mano se metió entre su braga y su piel, su coño suave y mojado me recibió. Mis dedos moviéndose rápido por su clítoris mientras Hinata comenzaba a temblar y gemir incoherencias. La observé mientras su cara sonrojada comenzaba a contraerse con placer. Mis dientes mordiendo mí labio...
¿Cuántas veces había soñado con tenerla así de nuevo? ¿Cuántas veces creí que no la tendría nunca más?
Hinata clavó más sus uñas en mí carne, gemí cuando su boca bajo a la mía, desesperada y hambrienta, igual que yo.
—No me dejes, Naruto. No lo hagas...— rogó con voz ahogada y los ojos fuertemente cerrados.
Mí corazón apretándose.
—Nunca lo haré, Delicia— murmuré contra sus labios—. Te amo, Hinata. Te amo.
La besé, sin esperar una respuesta. No sabía lo que iba a pasar después, pero disfrutaría este momento. Mis dedos empezaron a moverse más rápido mientras mí otra mano fue a su pecho y lo apreté. Hinata se separó de mí.
—Naruto. Naruto...— gimoteo mientras comenzaba su orgasmo. Su coño mojándose cada vez más fuerte y su cuerpo comenzando a temblar—. Te amo, te amo bebé— lloriqueo mientras llegaba a lo más alto de su clímax.
Mí mano se detuvo por lo que dijo, sólo la miré subir a lo más alto, su piel de gallina dónde no tenía ropa, su respiración contenida, sus mejillas rojas y sus ojos fuertemente cerrados. Cuando me dí cuenta que ella de verdad lo había dicho, Hinata comenzaba a bajar de la cima. Su frente se apoyó en mí hombro y yo acaricié lentamente su coño mojado y sensible. Ella se sobresaltó.
Mí boca fue a su cuello, la besé lento y suave, aunque quería sacar toda la ropa molesta y follarla allí mismo. En su auto, en la calle. Mí mirada fue a los vidrios, la mayoría estaban empañados, pero no se veía a nadie rondando.
—Quiero hacerte el amor, Delicia— gruñí en su oído—. Mí polla esta tan dura y necesitada de ti, amor. ¿A dónde...
Hinata no me dejó terminar cuando se levantó de mí regazo y, aunque fue complicado, terminó sentada en el asiento del conductor. Me dio miedo que ella quisiera huir, pero se puso en cinturón y encendió el auto.
Me puse en cinturón y ella arrancó.
No me importaba a dónde iríamos.
Sólo importaba que estuviéramos los dos.
Continuará...
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