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Señora Hinata 💕 XIV

Señora Hinata 💕

Si hubiera sido una caricatura, mí mandíbula hubiera caído hasta el suelo y mis ojos habrían saltado de mis cuencas.

Mí mirada recorrió las cortas pero preciosas piernas blancas de Hinata hasta llegar a lo que parecía una mezcla de pantalón corto con una braga negra. Cubría su coño y llegaba hasta su pequeña cintura. Una porción de su torso estaba desnuda para que después apareciera una remera cerrada sin mangas del mismo color, pegada a sus tetas. Pude ver, por la luz de mí departamento, sus pezones duros bajo la pequeña remera. Eso quería decir que no tenía sujetador.

Mí mano se aflojó tanto que soltó mí remera, mis ojos no podían apartarse de su cuerpo y mí lengua parecía que se había quedado enrollada en mí garganta.

Pero no necesité decir nada cuando ella se adelantó unos pasos. Yo caminé hacia atrás, todavía en shock por verla en mí apartamento. ¿Cómo me había encontrado? ¿Cómo sabía que era mí cumpleaños?

Quería preguntarle todas esas cosas, pero no podía hacer que mí boca funcionará. Hinata cerró la puerta una vez que estuvo dentro y dejó caer su tapado. Tragué en seco, sin saber si podría decirle que se vaya...

Obviamente no podría, ni lo haría.

Hinata siguió avanzando y yo reculando hasta que la parte de atrás de mis rodillas golpearon mí sofá viejo y caí sentado. Estaba demasiado aturdido cuando ella sonrió y se subió a horcajadas sobre mí regazo. Ella levantó sus manos frías y suaves y acarició mis mejillas. Mis ojos cerrados para disfrutar ese contacto y su exquisito olor a lavanda que tanto había extrañado.

Un quejido se escapó de mí boca cuando ella pasó su nariz por mí mandíbula y sentí sus pechos pegarse al mío.

—He pensado mucho en ti, Naruto— me susurró para después morder mí mentón.

Aspiré aire de golpe por la sensación, mis manos temblorosas llendo a su espalda, sobre la curvatura que daba lugar a su grandioso culo. Creí que podría ser un sueño, pero se sentía bastante real cuando ella beso el lugar donde había mordido.

—¿Tú también pensaste en mí?

Yo asentí. Diablos, aún no podía hablar, sentía mí cara caliente mientras mis manos bajaban para apretar su trasero. Gemí de nuevo cuando mí polla dura hizo contacto con el calor de su coño. Mí respiración comenzó a ser más rápida cuando mi cadera se movió, mí pene comenzó a frotarse contra su cuerpo y me hizo recordar a nuestro único encuentro. Mis manos llegaron a la parte baja de su abundante trasero y las apreté al sentir piel desnuda.

—Oh, si—. Hinata gimió sobre mí—. Soñé con esa polla, bebé.

Me quejé mientras mis párpados se apretaban con fuerza. Quería decirle que yo también había soñado con ella, con sus tetas y que quería comer su coño, probar su corrida. Pero seguía sin voz.

Ella movió sus caderas en forma circular mientras las mías subían, queriendo traspasar la tela y meterme en su caliente coño.

—¿Quieres que chupe tu polla?— Mis dientes se apretaron tan fuerte como lo hicieron mis bolas con su pregunta—. O ¿Quieres follarme?

—¡Joder! Si, si. Quiero follarte— mí voz por fin saliendo con un siseo.

Eso pareció desatar algo en mí. Mis movimientos se volvieron frenéticos mientras sacaba mí remera por mí cabeza. Luego fueron a las bragas-pantalón que ella tenía, pero Hinata me detuvo, negando con la cabeza.

Mí ceño se frunció y quise agarrarla de nuevo cuando se levantó de mí regazo. Hinata dió un paso atrás, esquivando mí mano y me dejó extrañando su contacto mientras llevaba su mano a su montículo. Movió sus dedos pero no parecía estar tocándose. Cuando su mano salió de ahí, me di cuenta que la prenda tenía un agujero justo en todo su coño. Me mordí el labio, dejando caer mí espalda contra el respaldo del sofá y levanté mis caderas para bajarme de un tirón mí chandal y dejar libre mí polla llena de líquido pre-seminal. Miré una vez más su coño rosa y sin bello, estaba brilloso, toda húmeda para mí.

Abrí mis piernas y me pase una mano por mis bolas adoloridas y apretadas, llenas de semen para ella y por ella. Sin apartar la mirada de ese coño que me estaba llevando a la locura, toqué la base de mí polla y gemí al apretarla, poniéndola en posición para que ella se sentará arriba.

Cuando levantó una de sus piernas un rayo de cordura me golpeó y agarré su pierna para detenerla. La miré lleno de dolor.

—No tengo condón.

Hinata parpadeó, hasta que se dió cuenta lo que significaba.

—Tomo la píldora y estoy limpia. ¿Que hay de ti?

Mi garganta trabajo forzadamente.

—Nunca lo hice sin condón— susurré sintiendo que el sudor comenzaba a correr por mis sienes—. Me hice un análisis hace un mes, para el trabajo, y estoy limpio.

Hinata sonrió y yo aflojé mí agarre en su mullido muslo. Ella terminó de pasar sus dos piernas, mientras mí cuerpo se tensaba, ansioso por lo que se venía.

»¡Voy a follar a Hinata!« gritaba mí cabeza, »¡y sin condón!«.

Mí corazón parecía estar bombeando más sangre y todo estaba llendo a mí polla, que, aunque pensé que era imposible, se puso más dura cuando Hinata se acomodó sobre mí.

—¿Quieres mí coño, bebé?

—Si, lo quiero— gemí.

—¿Estás a punto de correrte?— su voz sensual cuando jugó conmigo al acariciar mí pene con su coño mojado.

Mí cabeza cayó sobre el respaldo del sofá y asentí. Estaría muy avergonzado después, pero ella tenía el interruptor para hacerme querer acabar en unos pocos segundos.

—Este es un día especial—, siguió ella jugando conmigo—. Por eso dejaré que te corras cuando quieras, bebé. Pero luego, no podrás córrete hasta que te lo diga ¿Está bien?

Mí mirada fue a ella y quise preguntar si iba a haber más veces, pero perdí el tren de mis pensamientos cuando ella empezó a bajar por mí polla.

—¡Oh, Dios!— gemí al sentir su coño caliente y muy apretado empezar a tragarse mí pene poco a poco.

Mis manos se apretaron en las mejillas de su trasero mientras ella bajaba poco a poco, enfundado mí miembro con su funda mojada y perfecta. Mí mente quedó completamente en blanco de cualquier cosa que me haya dicho antes. Sólo podía sentir su aterciopelado calor envolverme y apretarme.

—Tan grande— gimió Hinata mientras bajaba un poco más—. Que bien se siente Naruto. ¿Te gusta mí coño?— preguntó mientras hacía un movimiento con sus caderas circulares, hundiéndose un poco más.

Gruñí, mientras mis manos abrían sus nalgas, intentando que entrara más rápido. Su coño me estaba matando.

—Me encanta, estás tan apretada y caliente.

Hinata gimió más fuerte y bajó lo que faltaba de un golpe. Mis dientes se apretaron con fuerza, mientras los dedos de mis pies se curvaban. Apreté mí cuerpo mientras contenía la respiración.

»Por favor, por favor. No te corras« supliqué a mí polla.

Mis bolas dolían como el infierno, pero contuvo un poco más. Sólo necesitaba ir más lento, un poco más sua...

Hinata subió su cadera y bajó de golpe, provocando que gritara de placer. Ella volvió a subir y mis dedos se clavaron más en su culo.

—¡No! No quiero correrme— gemí, pero ella siguió subiendo y bajando rápido.

El aire no entraba a mis pulmones mientras mí cara se contraía con el placer y el dolor de intentar aguantar. Pero también quería sentirla correrse en mí polla. Mis manos fueron hacia adelante de su cuerpo, justo donde entraba y salía y acaricié su clítoris en círculos. Ella agarró mis muñecas y, con más fuerza de la que pensé que tendría, las colocó arriba de mí cabeza, justo sobre el respaldo.

—No, amor. Esto es para ti—, comenzó a follarme con rápidos golpes, apenas metiéndome y sacándome. Su coño me dio un apretón, ella gimio y yo jadeé—. Córrete dentro de mí— me exigió.

Algo se rompió en mí interior al escucharla. Mis caderas se movieron, encontrándose con ella en medio camino y después de tres golpes rápidos y feroces, me corrí...

Grité su nombre mientras sentía que mis bolas y mí polla reventarían. Vi una luz blanca detrás de mis párpados fuertemente cerrados mientras mí cuerpo se ponía completamente tensó. Alargue con un gemido la última vocal de su nombre hasta que sentí que me quedaría sin voz. Hasta que caí sobre el sillón sin huesos y sin una gota más de semen para dar.

Mí respiración errática fue lo primero que escuché y sentí el golpe de mí corazón con fuerza en mí pecho. Abrí un poco los ojos, para ver si Hinata aún seguía sobre mí, así de perdido estaba.

—Hola, bebé— me dijo con una sonrisa—. Te tengo— susurró mientras acercaba su rostro y unimos nuestras bocas con un beso perezoso.

La conciencia poco a poco fue entrando en mí, mis manos estaban cerradas ya sin fuerza a la tela de mí sillón y las moví un poco. Hinata me dejó ir y la abracé, todo sin dejar de besarnos. Me sentía sin fuerzas después de eso y sabía que ella no se había corrido.

Pero yo me encargaría de hacerlo apenas recuperará el aliento.

Continuará...

🙈🙈🙊🙊🤓

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