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Señora Denisse XIII

Señora Denisse

El tiempo no me esperó.

No caminó, ni corrió.

Voló.

Cuando quise darme cuenta ya estamos a unos pocas horas de mí cumpleaños.

A casi tres meses del cambio.

Finalmente habíamos arreglado nuestras diferencias con Santiago, pero decidí evitar completamente su casa. Después de un mes de nuestra pelea, él se había acercado para pedirme perdón por sus palabras. Le había contestado que yo no era al que debía decir esas cosas. Santiago dijo que estaba trabajando en eso... Cosa que me sorprendió, pero decidí dejar ir ese tema. Éramos conocidos más que amigos, teníamos el mismo círculo pero ya no hablábamos como antes.

Gustavo intentó hablarme de la señora Denisse, pero yo me negué. No podía saber si ella estaba con un hombre o feliz y normal mientras yo seguía soñando con ella por las noches y masturbándome como un enfermo con algunas fotos que había guardado de ella para después bloquearla de nuevo.

Cuando Diego la nombraba intentaba con todas mis fuerzas no escuchar lo que decía. Pero como buen idiota que era había terminado comprando uno de sus libros eróticos y... también me masturbaba pensando que ella era la protagonista femenina y yo el masculino.

Muchas veces me sentí tentado a desbloquearla y revisar su Facebook, pero no lo hacía. Salía a caminar o a correr para evitarlo. Las primeras semanas ni siquiera me tocaba cuando mí polla se paraba por pensar en ella. Hasta que una noche me levanté totalmente mojado por mí venida en seco por un sueño húmedo con la señora Denisse. Entonces dejé de resistirme y simplemente me masturbaba cada vez que sentía que no podía evitarlo....

Que parecía ser muchas veces con ella.

—¿Qué harás en tu cumpleaños?

Miré a Gustavo saliendo de mis pensamientos. Ambos estábamos en la parte de atrás del restaurante, fumando nuestros cigarrillos.

Me encogí de hombros. No tenía ganas de festejar nada. Apague la colilla y me quedé mirando el cielo nocturno, disfrutando de los últimos minutos de descanso antes de tener que volver para lavar platos sucios.

—¿Sabes que Santiago a estado llendo al psicólogo?

Mi mirada asombrada fue a Gustavo cuando me dijo eso.

—¿Por qué?— pregunté sin poder evitarlo.

—Su madre—, hice una mueca. Gustavo intentaba no nombrarla ya, y se lo agradecía. Prefería pensar que era la madre de Santiago y no Denisse—. Después que tuvieron su pelea, ella se enojó mucho con él. Le hizo una cita y le sacó todos los víveres hasta que él no tuvo de otra que ir.

Sonreí, no me imaginaba a De... la madre se Santiago siendo tan dura. Gustavo siguió:

—El asunto es que parece que tenía cierto odio inconciente hacía las mujeres. El psicólogo dijo que tenía que ver con el abandono de su madre o alguna cosa así—. Gustavo tiró la colilla y miró las nubes surcar el cielo estrellado—. A estado trabajando en eso y ha mejorado mucho. Deja a su madre ser.

Yo parpadeé, estaba algo sorprendido por toda esa información. Pero también feliz por saber que Santiago ya no le diría todas esas cosas hirientes a Denisse.

—Que bueno. Ella no se lo merecía—, susurré sin poder evitarlo.

Gustavo asintió y nos quedamos en silencio un poco más.

—Es prácticamente tu cumpleaños ya ¿o no?— miré mí reloj de pulsera.

Las 00:18. Asentí, pero seguí permaneciendo en silencio. 23 años, y tenía menos cosas que el año pasado.

Con un suspiro me levanté y tiré la colilla que mantenía en mí mano en el tacho de basura.

—Feliz cumpleaños, hombre— me dijo Gustavo estirando su puño mientras yo pasaba al lado de él.

Me detuve y miré su puño y me di cuenta de algo. Puede que el año pasado haya tenido a mí novia y un departamento tranquilo y el sueño de empezar la universidad. Pero este año, seguía mantenido mí departamento, tenía un amigo que se preocupaba por mí y me estaba llendo muy bien con los estudios.

Debía dejar de mirar el vaso medio vacío y empezar a verlo medio lleno.

Choque mí puño con el de Gustavo y sonreí.

—Gracias viejo.

Mi ceño se frunció cuando escuché que golpeaban mí puerta suavemente. Estaba terminando de responder algunas preguntas que había dejado Renzo para su próxima clase. Eran cerca de las dos de la mañana y me pareció muy raro.

Dejé la portátil a un lado y me levanté, buscando una remera entre mis sábanas enredadas. La puerta volvió a sonar y gruñí.

—Ya voy, ya voy. Más vale que sea importante...

Me coloqué la remera, sin tener la más pálida idea de que pasaba y abrí la puerta sin preocuparme de preguntar primero. Mí ceño feroz y enojado se borró de mí cara por una de estupefacción cuando ví la persona que estaba allí.

—¿De-Denisse? ¿Q-qué haces aquí?— tartamudeé.

Mí mirada voló desde sus pequeños pies en zapatos de tacón negro y paso por el largo tapado hasta su rostro blanco y maquillado levemente. Tenía las mejillas sonrojadas y se estaba mordiendo el labio. Mí maldita polla se levantó al ver su boca, como queriendo saludarla. Con la mano que no estaba sosteniendo el marco como mí vida dependiera de ello, agarré el borde de mí remera holgada y tape mí erección.

Denisse dudo, sus hermosos ojos mirando mí rostro y mis brazos. Sus pequeñas manos aparecieron en las enormes mangas del tapado y las llevó a la unión.

—Feliz cumpleaños, Mateo— susurró para abrirlo.

¡Mierda!

Continuará...

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