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Señora Denisse XI

Señora Denisse

Pasé mí lengua por el corte del interior de mí mejilla mientras cojeaba por el pasillo que me dejaría en mi departamento monoambiente. Hice una mueca cuando sentí el gusto cobre de la sangre, pero sonreí al recordar que Santiago había quedado con marcas más notorias de nuestra pelea.

El estúpido cabrón.

No era una persona violenta, pero sacó lo peor de mí. Simplemente reaccioné por el insulto que había tirado contra su madre. El hecho que me la hubiera follado no era importante. Esa mujer que él denigraba, no era la que le había dado la vida, pero si la que eligió darle todo lo que tenía...

Abrí la puerta y tiré la mochila a cualquier lugar y cerré de un golpe.

Escuché la charla de Torrez sobre las reglas de la universidad y como no podía romperlas. Me mantuve con la boca cerrada, sin decir quién había empezado la pelea ni el por qué. Me mandó a casa con una advertencia que quedaría en mí historial y me dijo que la próxima podría ser suspendido y la tercera expulsado.

Seguí cojeando hasta llegar a la cama y me dejé caer en el desastre que era con las sábanas y ropa de cama sin tender. Me dolía como un demonio el maldito rodillazo de Santiago, pero con algún desinflamante se me pasaría.

Metí mí mano el el bolsillo delantero de mí pantalón vaquero y saqué el paquete de cigarrillos. Me prendí uno, intentando no pensar en el desastre que se había convertido mí vida después de conocer a Denisse. Tampoco podía enojarme con ella, aunque la mayoría de mis problemas tuvieran su nombre revoloteando por ahí.

El primero que tenía que arreglar era el de Emma. Mañana tendría que ir a hablar con ella para cortar las cosas. Pensé en avisarle, pero lo descarté. Era uno de los días que llegaba temprano de su universidad y generalmente no hacía nada por la tarde.

Solté humo mientras suspiraba.

Mí segundo problema era hablar con Denisse. Me preocupaba que ella no me contestara y que no hablara con su hijo. Me senté derecho para ver a dónde había dejado mí portátil y la ví cargando en una mesita de café cerca de la puerta.

Con toda la desgana del mundo me levanté y medio arrastré, medio cojeé, hasta allí para volver de nuevo a la cama. Mantuve el cigarrillo en la boca mientras ponía mí clave en Facebook y esperaba que se abriera. Maldije suavemente cuando mis dientes tocaron el corte de nuevo sin que me diera cuenta.

Solté el humo por la boca y nariz mientras iba a la sección de mensajes y mí corazón latió rápido al ver qué tenía uno de Denisse.

Hola Mateo.

Siento muchísimo todo lo que pasó. No soy así, jamás había estado con un amigo de mí hijo, te lo juro. No sé si me creerás, pero necesito que lo sepas.

Suspiré aliviado al leerlo, porque le creía. Eso quería decir que no se había acostado con Diego como había creído ayer por la noche.

Y lamento tanto que las cosas terminaran así. Obvio que tenías que marcharte, después de todo: yo soy la madre se Santiago y tú tienes novia ¿o no? Me siento el triple de culpable porque yo me ofrecí, prácticamente, a ti.

Mí corazón está muy dolido, porque por mí culpa te sientes mal. Quiero que sepas que lo que pasó entre nosotros no va a salir de mí, jamás se lo diré a nadie.

Por favor, perdóname tú a mí.

Y yo soy la que entiende si ya no quieres hablar conmigo o venir a mí casa. No puedo culparte por nada, Mateo. Fuiste un caballero desde el principio.

Por favor, una vez más, te pido perdón.

Gustavo tenía razón. Ella se sentía culpable y necesitaba que la señora Denisse supiera que no debía sentirse así. El que se había aprovechado era yo, no ella. Yo tendría que haber detenido eso, después de todo yo era el que tenía una relación previa.

Apague el cigarrillo para acomodarme mejor en la cama y responderle.

No tengo nada que perdonar Denisse. Yo creo firmemente que el que estuvo mal fui yo. Puede que seas más grande de edad, pero estabas vulnerable y triste por las cosas que había dicho Santiago.

Si soy sincero...

Me excitas mucho Denisse. Siempre estoy duro cuando estás al rededor mío y nunca has hecho algo para provocarlo. Simplemente fuiste tú misma.

No te culpes de nada. Sigo creyendo lo que te dije, Denisse.

Me detuve cuando ví su burbuja verde y me mostró que ella empezó a escribir. Mí garganta tragó con fuerza y espere por su respuesta.

¿Ella estaría enojada porque había golpeado a Santiago?

Yo tal vez, también tenga que ser sincera contigo.

Cuando te vi por primera vez...

Eres un muchacho muy atractivo Mateo. Pero yo no puedo estar contigo, aunque lo quisiera o algo por el estilo.

Eres el amigo de mí hijo.

Me mordí el labio y comencé a escribir.

Sé que no podemos estar juntos, Denisse.

De verdad, intenté evitarte. Mí cabeza sabía que no podría resistirme a ti. Y peleé con el sentimiento, pero fue inútil.

Esto no se repetirá, Mateo.

Lo siento.

No sé por qué eso me dolió. Lo sabía, en el fondo de mí cabeza. ¿Pero que esperaba? ¿Dejar a Emma y estar con Denisse?

Yo no estaría listo para una relación y menos con la madre de uno de los que habían sido mis amigos.

Cerré mí portátil y volví a acostarme.

Por lo menos uno de los problemas ya estaba resuelto.

No vería a la señora Denisse si estaba peleado con Santiago y no tenía ánimos de tener como amigo a un idiota como él.

Eso era la mejor...

Continuará...

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