
Capítulo 41 Me quedo contigo
No voy a negar que el alma me dolía, lo hacía de un modo que no podía expresar en palabras. No quedaban lágrimas, tampoco sentía la rabia detonadora que normalmente era mi motivación para continuar y la tristeza inicial en medio de esa conversación se desvaneció.
Me quedaba la sensación latente del vacío, ahora debía de tomar una decisión, quizá la más difícil de mi vida. Le había dicho a London que íbamos a casarnos, que todo esto al fin terminaría y comenzaríamos una vida feliz juntos, pero ahora tenía que detenerme a pensarlo.
Mi razón para regresar fue en primera instancia mi madre, soñaba con recuperar el tiempo en el que había estado fuera, poder volver a escuchar el sonido de su risa y atesorar momentos que algún día serían motivo de sonreír.
Ella tenía el derecho de sentirse de ese modo, lastimada, pero el culpable de ese daño era yo y por supuesto que Dalton. Me dolía saber que la culpa mayor se la llevaba London, porque al final entre mi padre y mi madre con el paso del tiempo volvería a haber una cordialidad, yo siendo su hijo no podía ser castigado en su corazón para siempre, pero ella... Ella continuaría siendo en la mente de mi madre para siempre la mujer que le había arrebatado a su marido, que se burló en su rostro y luego continuó con su vida al lado de su hijo.
Tal vez desde su punto de vista esto era desgarrador y ella no dejaba de ser la villana, pero yo no podía dejar de amar a London, no podía dejar de amar a la antagonista de su historia.
Me senté en el jardín, quería creer que el aire fresco me ayudaría a tomar una decisión con respecto a la situación, pero tenía los pensamientos revueltos y las palabras de mi madre todavía me daban vueltas en la mente.
Tomé el celular, miré la pantalla y el fondo con las fotos que tenía en un collage que London había hecho. Una sonrisa amarga apareció sobre mis labios al ver las fotografías, cada una de ellas me llevaba a momentos felices de mi vida, los más felices que viví en mi vida.
Ver esas fotografías me hizo aclarar las ideas y las dudas que aparecieron por breves instantes se esfumaron, necesitaba a London en mi vida.
Marqué el número de London, sonó más de lo normal y eso me causó una sensación en mi pecho que me quejó nervioso. No me respondió, no entendí por qué no tomó mi llamada, pero no me quedaría allí a averiguarlo.
Tomé las llaves, vi que mi madre me estaba mirando desde una ventana y ahora mismo lo mejor era que dejáramos que las cosas se calmaran, luego habría tiempo para terminar la conversación que quedó inconclusa.
Conduje hasta el apartamento de London, no me tardé demasiado, sentí que llegué en unos minutos, aunque en realidad tardé lo habitual, tal vez fue por mis pensamientos que no me dejaban en paz.
Toqué el timbre, pensaba que había ocurrido algo, que no quería atenderme por alguna razón en particular. Pero al tocar tanto el timbre salió una de sus vecinas y me dijo que la había visto marcharse hacía un par de horas.
Me pasó por la mente que quizá había ido a ver a Sam, que era muy probable que ella quisiera hablarle antes de la boda y me apresuré en ir a buscarla. Le había dicho que le llamaría, pero al final me había quedado tan disperso luego de la conversación que me tomé mi tiempo para pensar las cosas y quizá eso le hizo pensar mal de mí.
Conduje hasta la casa de Sam, pensé que no la encontraría, pero atendió a la puerta con unos documentos entre las manos y me miró con un poco de sorpresa.
—¿Qué haces aquí? —se apresuró a preguntar.
—Estoy buscando a London, me dijo una de sus vecinas que salió y no responde a mis llamadas, dime que está contigo —le pedí en un tono de súplica.
Necesitaba que me dijera que estaba allí, porque ya estaba desesperado, si London no estaba allí no sabría en donde encontrarla, ella era la única amiga cercana y no tenía familia en la ciudad a excepción de su abuela, que sabía que no estaría con ella.
—Escucha Queen, ella decidió irse a ver a sus padres, al parecer al volver del viaje te siguió hasta la mansión y escuchó la conversación que tuviste con tu madre. No quiero estar en medio de lo que está ocurriendo, pero creo que London necesita un tiempo a solas y pensar bien la situación.
Me quedé paralizado, sabía lo duras que habían sido las palabras que dijo mi madre y lo mucho que aquello podría haber afectado a London. Desde el primer momento siempre le había dicho que mi madre y Eva son lo más importante para mí, que no quería que este plan las destruyera, pero que también quería ver a mi madre ser feliz.
No me importaba que Sam me estuviera diciendo que creía que debería darle su espacio, no podía hacerlo, no quería que esto le llevase a tomar decisiones estúpidas, porque nada de esto debería separarnos.
—Voy a ir a buscarla y voy a pedirte que no se lo digas. Necesito hablar con ella, sé que ahora mismo puede que pienses que no es el momento, pero tengo al menos que hacerle saber que yo elijo tenerla a ella en mi vida para siempre por encima de cualquier cosa.
—No voy a pedirte que no vayas, se nota cuanto quieres a London, solamente te diré que ella puede que ahora mismo no tenga las ideas en su sitio —murmuró soltando un suspiro—. Me dolió verla como lo hice, espero Queen que ambos encuentren el camino a la felicidad, no había visto a London con esa sonrisa hace mucho tiempo.
Asentí, sus palabras solamente reafirmaron mi pensamiento. Nosotros nos complementamos, hacemos la vida del otro un poco menos dura y no creo que haya razón suficiente para dejarnos ir.
Estaba atardeciendo y viajar por la noche no me parecía la mejor idea, así que decidí regresar a casa, pasar la noche allí, para a la mañana siguiente tomar mis cosas temprano e irme.
...
El ambiente en la mansión era tenso, en la cena todos estuvimos en silencio, excepto porque Dalton no estaba allí. Supe que se había marchado por una de las empleadas a la que le pidió que me informara que se marchó de forma definitiva.
Esa noche, después de la cena, Eva tocó la puerta de mi habitación, reconocí sus golpes suaves incluso antes de que abriera a la puerta. Entró sigilosa mientras yo la observaba desde mi cama, se lanzó sobre mis piernas y pude notar la preocupación en su rostro.
—¿Qué tienes? —le pregunté pasando mis dedos por las puntas de su cabello suelto.
—Papá se marchó y... —se detuvo, sus ojos estaban llenos de lágrimas.
Se sentó y se apresuró a arrastrarse hasta mi lado, entonces me acomodé sobre la cama para arrullarla entre mis brazos.
—No quiero que te vayas también Queen —me pidió con la mirada y habló en un hilo de voz—. Mamá siempre está muy ocupada, si ustedes se marchan estaré sola.
—Eva, nunca estás sola, porque sin importar si papá o yo no estamos viviendo aquí sabes que solamente basta con llamarnos y vendremos si lo necesitas —susurré.
Las lágrimas corrieron por su rostro. Me rompía escucharla de ese modo, que tuviera esos miedos, unos tan similares a los que me había tocado vivir a mí, pero aunque hiciera mi mejor intento no podía evitar que se sintiera de ese modo.
No tuve palabras de consuelo más que aquellas, le acaricié el cabello hasta que se quedó dormida, yo me quedé dormido poco después, con London en mis pensamientos sin saber qué sucedería cuando fuera a buscarla.
...
Me levanté con apenas los primeros rayos del sol, salí de la cama con cuidado, no quería despertar a Eva. Me di una ducha rápida, alisté un pequeño bolso y cuando estaba a punto de salir de la habitación, la vi sentada en la cama.
—¿A dónde vas Queen? —preguntó con su voz somnolienta.
—Voy a ver a London, viajó a la casa de sus padres, no te preocupes, voy a regresar —le aseguré aproximándome.
La volví a cubrir con la manta y le dejé un dulce beso sobre su frente, me daba pena marcharme en ese momento, quisiera haber hablado con más calma, pero para mí no había tiempo.
Me marché, puse música para que el tiempo transcurriera más de prisa y así fue. Transcurrió rápido, pero no fue por las canciones melancólicas que había escogido, sino por los pensamientos, que continuaban sin dejarme.
Cuando al fin llegué, que estuve al frente de la casa de London, ni siquiera sabía que iba a decir o como iba a hacerlo. Tenía la mente tan llena de cosas que quería decirle, que no sabía como expresarlo.
Bajé del coche, en cuanto lo hice vi al padre de London salir, no se veía nada contento, lo que me hizo suponer que muy probablemente ella había llegado destruida.
—¿¡Cómo te atreves a venir a mi casa!? —preguntó elevando el tono de su voz.
Vi a London salir corriendo de adentro de su casa, se veía en pánico, como si verme fuera el ver a un fantasma.
—Padre.—se apresuró a decir.
El hombre tenía la mirada de fuego, ni siquiera se paró a mirar a London, dio pasos largos en mi dirección. Quizá debí de retroceder y marcharme, pero yo sabía que cada acción tenía una consecuencia, lo sabía desde siempre.
London lo tomó del brazo, pero se zafó y ella cayó al suelo. Quería preguntarle si estaba bien, pero no tuve tiempo de hacer la pregunta cuando me dio un golpe en el rostro y me tomó por la camisa.
—¿Creías que nos ibas a engañar para siempre? Por una tonta venganza te involucraste con mi hija y tuviste la osadía de venir a mi casa, dormir bajo mi techo fingiendo querer a mi hija —me sacudió.
No fue hasta ese momento que entendí que London les había dicho la verdad, lo que conllevaba que yo ya no era bienvenido. Agradecía que lo hubiera hecho, porque ahora no quedaba nada que nos hiciera vivir con culpa este amor.
—Sé que está molesto, pero aunque no lo crea me he enamorado de su hija en medio de esta locura y esa es la razón por la cual estoy aquí —murmuré.
No sentía la mejilla, pero no me dolía, no tanto como ver a London con el rostro lleno de lágrimas y saber que yo era el único culpable de ello.
A la situación se añadió que salió la madre de London y junto con ella la hermana, que no dejaba de ver la situación con horror.
—Vamos, querido —dijo la madre de London con su voz suave poniendo la mano sobre el hombro del hombre—. Dejemos que se queden a solas, tienen un asunto importante del cual hablar.
No dijo nada, solamente sentí que aflojaba su agarre de mi camisa, tomó distancia sin despegar su mirada de la mía y se dio la vuelta para volver dentro.
London que se había levantado y se mantenía parada en silencio a una distancia prudente, se acercó un poco. No lo suficiente como hubiera querido, tampoco me miraba al rostro y eso me hizo sentir un fuerte dolor en el pecho.
—Vamos a dar un paseo —me pidió con un hilo de voz.
No pude negarme, le seguí por un sendero. Había hierva alta y al final terminamos por llegar hasta un campo repleto de flores amarillas, ella se sentó sobre una roca como si fuera el indicativo de que allí nos quedaríamos.
—Te llamé, quería hablar contigo de la conversación con mi madre y...
—Sé que me llamaste, no contesté porque realmente no sabía como decirte todo. No supe que decir, porque escuché la conversación y necesitaba tiempo para pensar en como enfrentar todo lo que estaba por venir.
—No tenías que enfrentar todo esto sola, sabes que me tienes a mí London —me incliné a su altura e intenté quitarle unos mechones de cabello del rostro, pero no me lo permitió—. Vine hasta aquí porque supe lo que pasó y no quería que creyeras que me había arrepentido de todo.
—Queen, no podemos seguir juntos.
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