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XII

Oscar

Mark se llevó a los niños. Reclamó que era su deber como abuelo comprarles a los niños algo para molestar a sus padres antes de que se fuera a Australia nuevamente. Razonó que era justo que reclamara a Maximilian y a Luisinha como sus nietos si Lando iba a llamar a Arthur su hijo.

Era una extraña situación en la que nos habíamos involucrado, y todo empezó porque fui lo suficientemente loco como para secuestrar a los niños de alguien. ¿Quién lo iba a saber?

Merlín y yo estábamos caminando alrededor del vecindario cuando Liam corrió hasta alcanzarme.


-Ossie, ¿Puedo hablar contigo? - Asentí. 

-Claro. ¿Qué sucede?

-Se trata del delincuente que vive en tu casa - Explicó.


Sabía que esta iba a ser una conversación interesante, así que lo invité a entrar por algo de tomar. 


-¿Qué hizo ahora? - Pregunté, dándole un vaso con té helado.

-Oscar, te necesito para hacer que se mantenga alejado de mí - Estaba tan serio que daba miedo - No puedo soportarlo más, y si él sigue sacándome de quicio, no podré ser responsable de mis acciones - Se veía tan estresado - Eres mi vecino favorito. No quiero terminar haciendo algo que haga que me odies, pero él... - Se cortó.

-Liam, ¿De qué estás hablando? - Me estaba perdiendo algo. Él se quedó quieto por un momento antes de decidir sacar todo de su pecho. 

-Me lo voy a follar un día de estos, si sigue así - Fue en ese preciso momento que mi mandíbula golpeó la mesa. 

-¿Qué dijiste?

-Lo siento por ser tan contundente - Divagó - Es sólo que... cada vez que lo tengo con las esposas, quiero ponerlo sobre el capó de mi coche y...

-¡Lo tengo! - Dije, deteniéndolo frenéticamente. No necesitaba esa imagen mental de mi amigo y mi hermano. Liam soltó un suspiro rápido. 

-Lo siento.

-¿Qué es exactamente lo que quieres que haga, Li? 


Estaba tratando de tomar esto seriamente. El pobre hombre estaba a punto de tener un colapso mental, pero algo de esto era tan malditamente divertido para mí. Él rascó la parte de atrás de su cuello. 


-No lo sé. Nunca he tenido este tipo de problemas antes - Eso era comprensible, supongo.

-Uhm... - Tenía que decirle algo - Mira, él es mi hermano. No importa lo mucho que trate de negarlo, hay pruebas de ADN que lo demuestran, pero tú eres uno de mis mejores amigos. Sinceramente, estoy más preocupado por ti de lo que estoy que por él - Tomé su ancho hombro y le di una pequeña sacudida - Cálmate, hombre. Si Log descubre tu debilidad, te torturará hasta no tener fin.

-Está bien - Asintió y se puso de pie - Mejor me voy a trabajar. Nos veremos pronto - Me dio un abrazo rápido antes de irse.


El pobre chico no tenía oportunidad. De cualquier forma, no creo que fuera algo malo. Logan tenía una tendencia a alocarse y salirse de control, así que Liam podía ser la persona perfecta para ponerlo en balance. Para mantenerlo loco, pero fuera de rehabilitación. Me pregunté cuánto tiempo iba a soportarlo él.

Sin tener nada más qué hacer, decidí ir al gimnasio. Necesitaba mantenerme en forma para cuidar a tres niños, y no me mataría desarrollar algo de fuerza en mis brazos. Me imaginé que, si cargaba niños todos los días, ¿Qué tan malo podía ser un poco de peso de más?

...

Mátenme. Ahora. Mismo.

No había estado en el gimnasio ni una hora y mis pobres brazos se sentían como gelatina. El peso no era lo que me molestaba; eran las repeticiones. Levantar una pequeña y adorable mancuerna una vez no era problema. Levantarla repetidamente... ese era el problema.

Sin embargo, me encontré libre del peso extra cuando algún idiota se atrevió a tocar mi trasero mientras iba caminando. La mancuerna se deslizó de mi agarre y se clavó en la espalda del idiota. Problema solucionado.

Esperaba que me echaran del gimnasio después de mi pequeño desplante. El hombre irrumpió hacia la recepción, planeando claramente denunciarme, así que estaba sorprendido con lo que pasó a continuación. 


-¡Bueno, pero si es Oscar, bésame el trasero, Piastri! - Solo una persona me había llamado de esa manera durante toda mi vida. Principalmente porque todo el mundo creía que era la encarnación del emoji del hombre parado sin reacción, pero este sujeto creía una historia diferente. 

-¡Mick! - Me giré rápidamente hasta encontrarlo parado ahí en toda su gloria muscular - ¿Qué diablos estás haciendo aquí? - Pregunté mientras me acercaba para abrazarlo. Me levantó y prácticamente me sacó toda la vida en ese abrazo. 

-Trabajo aquí. Soy entrenador personal - Me bajó y enrolló su enorme mano alrededor de mi brazo - Parece que puedes necesitar mi ayuda - Le di un manotazo como mejor pude. 

-Cállate. No tengo tiempo para trabajar. Tengo niños en casa.

-¿Niños? - Preguntó - Lo último que escuché, era que tenías al súper genial Arthur.

-Adquirí otros dos - Me expliqué - Los secuestré un día en el supermercado de la ahora ex novia psicótica de su papá, y he estado pegado con toda la familia desde entonces. Son realmente unos chicos increíbles, así que no me importa.

-Secuestraste a los niños de un hombre, ¿Y aun así él deja que estés cerca de ellos? - Se rio. Puse mis manos en mis caderas. 

-Debes saber que su padre y yo tenemos una muy agradable y retorcida relación.

-Pensé que tú no eras alguien que disfrutara estar en relaciones - Recordó. Era algo que había dicho muchas veces en el pasado, principalmente porque quería centrarme en mis estudios, y luego porque mi vida se centró en que Arthur siempre fuera feliz.

-Créeme. No es una normal. Mi estatus en esta relación está como indefinido - Técnicamente, no estaba en una relación, pero tampoco me sentía soltero - ¿Y qué hay de ti? ¿Hay alguna dama o chico afortunado?

-Nope - Contestó - Sabes que soy demasiado hombre para una sola persona - Estornudé falsamente. 

-Oh, lo siento. Soy alérgico a las estupideces - Me empujó del brazo. 

-No eres divertido, Os - Sonrió.

-¿Cómo están los demás? - Pregunté. No había visto a su familia o a nuestra banda de preparatoria en años. Mick se sentó en una banca y golpeó el lugar junto a él, señalándome que me sentara a su lado. 

-Mis padres están redescubriéndose a sí mismos en las Bahamas. Robert sigue siendo demasiado genial como para salir con nosotros. Lance, Denis y Fred abrieron un restaurante italiano. Juro que ellos se creen como de la mafia o algo, y no sé qué ha sido de Fernando.


Continuamos charlando y poniéndonos al corriente con nuestras cosas. Me hizo hacer más repeticiones, para que así al menos pretendiera que estaba trabajando. Cuando estaba por irme, hicimos planes de reunirnos para cenar más tarde. Tomé una ducha rápida y me fui a casa.

El carro de Mark estaba estacionado afuera y había algunos ruidos viniendo del interior de la casa. Caminé para encontrar a Arthur golpeando algún tipo de batería en miniatura, Max con una guitarra pequeñita, y Luisa con un pequeño teclado. 


-¡Papá! - Grité. Él vino desde la esquina. 

-Hey, Ossie.

-Te voy a matar - Dije sencillamente. En eso sonó el timbre. 

-La pizza está aquí - Dijo Mark, pasándome rápidamente para atender la puerta. Afortunadamente, la mención de la pizza causó que el intento de música se detuviera.


Puse a los aspirantes a estrellas de rock en frente de la televisión, esperando distraerlos con una película mientras papá se me unía en la cocina. 


-¿Cuándo tienes que irte?

-Pronto - Contestó - Puedo arreglar otra visita en abril, alrededor del cuatro, si tú quieres.

-Suena perfecto - Sonreí.


Comimos rápidamente, a pesar de las risitas ocasionales que venían de la sala que rompían el silencio. 


-Bueno, será mejor que me ponga en marcha. Tengo un vuelo que tomar, gente que arrestar y peces que atrapar - Abrazó a todos los niños antes de que lo acompañara a la puerta - Lando parece ser un tipo bueno. Mantenlo cerca, ¿De acuerdo?

-Si no ha escapado todavía, no creo que lo haga en algún punto - Contesté - Adiós, papá - Lo besé en la mejilla.

-Adiós, Ossie - Caminó a su auto y se fue.


Cuando regresé adentro, vi que tenía un mensaje de texto de Mick.


"¿Cena a las 5? ¡Muero de hambre, Os!"


Sacudí mi cabeza y llamé a Logan.


-Construcciones Norris, le atiende Hunter. ¿Cómo puedo ayudarle?

-¿Puedes estar aquí a las cinco para cuidar a los niños? - Pregunté.

-¿Por qué? ¿Qué vas a hacer? - Entrometido. 

-Tengo una cena con un viejo amigo de la preparatoria. ¿Te acuerdas de Mick? - Lo escuché gimotear.

-¿El cabrón que me llamaba Águila Estúpida?

-Sip - Sonreí - Por favor, Log. No he pasado tiempo con él en años. Amarás quedarte con los niños. Mark les compró suficientes instrumentos como para empezar una banda.

-Bien. Te veré a las cinco.

-Gracias, Log - Colgué y me fui a arreglar.


Lando

-Hey, Jefe, necesito salir temprano. Oscar necesita que cuide a los niños - Dijo Logan, asomando su cabeza a mi oficina.

-¿Pasó algo malo? - Pregunté, inmediatamente preocupado. Él sacudió su cabeza. 

-No, él tiene una cita candente, así que necesita que esté ahí a las cinco.


Una cita. ¿Oscar tenía una cita? Diablos, no


-Uhm... seguro - Traté de componerme - Me quedaré un poco más tarde. Déjame darte algo de dinero para que compres algo de comida para llevar o algo.

-No se preocupe - Contestó - No meterme drogas ha mejorado realmente el estado de mi cuenta en el banco. Lo veré esta noche, Jefe - Me sonrió y cerró la puerta.


Oscar tenía una cita. Mi Oscar. Eso no iba a funcionar. Tomé el teléfono.


-Checo Pérez

-Papá, ¿Puedo tomar prestado tu auto? - Estaba formulando rápidamente un plan en mi mente.

-Seguro, hijo. -Amaba a ese hombre. Siempre estaba dispuesto a ayudar. 

-Gracias. Voy en camino - Les hice saber a Carlos y a Daniel que me iba antes de correr a la firma de abogados de papá.

-¿Quiero saber de qué se trata todo esto? - Me preguntó Checo cuando intercambiábamos llaves.

-¿Quieres arriesgarte a la ira de Oscar? - No quería arrastrarlo conmigo.

-Hablaremos más tarde, hijo - Me contestó con una sonrisa. Buena elección.


Manejé la ruta familiar hacia la casa de Oscar y me estacioné a una distancia segura. Entonces, esperé. Cinco minutos después, una camioneta desconocida se estacionó en la calzada. Miré mientras el tipo se bajaba y trotaba hacia la puerta de enfrente. Tenía un tamaño mayor al mío, pero si me las había arreglado contra Carlos, no iba a tener ningún problema con este idiota.

Oscar abrió la puerta, y el sujeto lo tiró hacia él. Vi rojo. ¿Quién diablos se cree como para poner sus patas en mi Oscar? Apreté mi agarre al volante. Ni siquiera le había abierto la puerta. Qué cabrón. Los seguí discretamente mientras manejaban fuera del vecindario. Probablemente iban demasiado ocupados riéndose y entretenidos como para notarme detrás de ellos, de todas formas.

Se detuvieron en un restaurante de comida japonesa al aire libre. Al menos iban a estar en una mesa con otras personas y no en una cena romántica para dos. Rodeé la manzana, dándoles tiempo para entrar antes de ir a la parte de atrás y estacionarme.

No había pensado esta parte. No podía simplemente entrar ahí.

¿Podía?

No.

Así que hice lo que cualquier acosador haría: los miré a través de la ventana. Si él hacía un movimiento en falso, estaba preparado para dejar caer su culo en la parrilla.

Estaba siendo demasiado. Aparentemente, este tipo era gracioso, porque cada vez que sus labios se movían, Oscar se reía. Necesitaba hacer algo pronto o iba a enloquecer. Él se levantó para ir al sanitario. El sanitario estaba cerca de una salida.

Moví el auto, dejándolo cerca de esa puerta. Entonces, rápidamente entré y esperé. Tan pronto como Oscar salió del baño, lo tomé. Su grito fue opacado por mi mano mientras la cargaba fuera del restaurante. Sus pies me daban unas buenas patadas en mis espinillas, pero ya me preocuparía de eso más tarde. Lo forcé a entrar al auto y arranqué.

Oscar no sonaba contenta mientras se retorcía para acomodarse. 


-Escucha, tú, bastardo psicó... ¿Lando? - Gimió. Estaba asustado de verlo - ¿Qué diablos estás haciendo?

-Para alguien que siempre está secuestrando personas, deberías haber reconocido las señales - Contesté.

-¿Secuestrando? - Comentó con un tono de voz agudo. Nunca era una buena señal cuando una persona hacía eso, mucho menos si era Oscar - ¿Por qué diablos me estás secuestrando?

-¿Por qué diablos estabas en una cita? - Le grité de vuelta.

-¿Qué? - Su rostro se tornó serio y gruñó. Extrañé que chillara. 

-Me escuchaste - Cállate, Lando - No tienes permiso para tener citas.

-¿Permiso? - Mierda - ¿Y quién diablos me va a detener? - Y, como soy un idiota, contesté. 

-Yo. Obviamente.

-Aparca. El. Maldito. Auto - Doble mierda.

-No puedo hacer eso - Contesté.

-¿Por qué? - Gruñó de nuevo. La honestidad es la mejor solución, sobre todo viendo lo molesto que estaba. Nunca lo había visto o escuchado así de furioso. 

-Estoy un poquito asustado de ti en este momento.

-¡APARCA EL AUTO!


Me estacioné. Oscar abrió la puerta muy enojado y salió. ¿Qué clase de secuestrador iba a ser si lo dejaba caminar a casa? Fui tras él.


-Osc, métete al auto. Estás siendo irracional. 


Otra vez, algo malo que decir. Él explotó. 


-¿Estoy siendo irracional? Tú, hijo de pu... - Su teléfono celular sonó, salvándome de una grosería - ¿Hola? - Joder, su voz estaba tensa - No, no me caí, imbécil. Fui secuestrado - Me echó un vistazo y siguió con la conversación - Bésame el trasero - Colgó.

-Oscar - Rogué.


Él estaba caminando hacia mí lentamente. Oscar, La Bestia, parecía ser un apodo bastante apropiado en este momento. 


-Explícate - Sentí un escalofrío. 

-Osc, lo siento - Él siguió avanzando - Cuando vi que estabas con ese tipo, simplemente... no quería que salieras con él - Sus ojos se entrecerraron. Joder, si no me sintiese tan mal estaría disfrutando el ver tantas reacciones y sentimientos en su rostro - No sé qué pasó. Yo... - Nada parecía estar funcionando - Maldita sea, Oscar, estaba celoso. No podía quedarme con la idea de que estuvieras con otro tipo que no fuera yo. Tú eres mi Oscar... o al menos, pensé que lo eras - Terminé tristemente.

-¿Ya terminaste? - Preguntó, sin decirme nada con su expresión. Asentí. 


Él tomó ambos lados de mi cara y procedió a besarme con fuerza. Me tomó alrededor de tres segundos recuperarme del asombro antes de tomarlo del trasero y levantarlo. Él enrolló esas perfectas piernas alrededor de mí, y nos giré, presionando su espalda contra el capó del auto.


-Sigues siendo un... zorro - Dijo entre besos. Una de mis manos hizo su recorrido por su pecho, y él gimió audiblemente en mi boca. Su cuerpo era perfecto; como si estuviera hecho para mí.


Un maldito carro tocó el claxon y nos trajo nuestros sentidos de vuelta. 


-¿Supongo que no necesitas ese aventón, Os? - El idiota del restaurante. Iba a matar a ese tipo. Él sonrió y me dio un asentimiento como saludo - Tú debes ser Lando - ¿Cómo lo sabía? Oscar se deslizó del capó y ajustó su camisa. 

-Mick, cabrón. Vete a casa - Él simplemente rio mientras Oscar se metía de vuelta al auto de Checo.


¿Mick? 


-Él es un problemático. Espero que sepas en lo que te estás metiendo, socio. Estoy seguro que te veré por ahí - Se despidió con la mano y manejó lejos de ahí. ¿Qué diablos?


Me metí al auto y nos puse de vuelta en el camino, sin tener idea de qué decir.


-No estaba en una cita - Dijo Oscar - Mick se acaba de mudar. Decidimos salir juntos a cenar para ponernos al corriente ya que no nos hemos visto en años. Te lo habría dicho amablemente, si te hubieras molestado en preguntar en vez de actuar como cavernícola conmigo - Bueno, me sentía como un estúpido. 

-Lo siento. Cuando Logan me dijo que tenías una cita candente, enloquecí.

-Logan - Gruñó. El sonido no era tan malo cuando estaba dirigido a alguien más - Él sabía que no estaba en una cita. Esa pequeña... - Sus ojos tomaron un brillo diabólico mientras empezaba a marcar un número en su móvil - Hola, ¿George? - De ninguna manera - Es Oscar. Odio tener que molestarte, pero, ¿Podrías hacerme un enorme favor? - Mordí mi labio para evitar reírme - Logan está solo en casa con mi hijo y sus amigos, y sé que él odia quedarse por su cuenta con ellos. ¿Podrías, tal vez, ir allá y esperar con él hasta que yo llegue? - Sonrió - Muchísimas gracias - Colgó y se giró hacia mí - ¿Quieres ir por algo de helado?


La noche se volvió muchísimo mejor de lo que había esperado. Oscar no había estado en una cita, y yo sobreviví a mi primer secuestro con mis bolas intactas. Cuando finalmente nos estacionamos en su casa, Logan jamás había estado más feliz y al mismo tiempo, irritado de vernos, Maximilian y Luisinha estaban listos para contarme su mañana con Mark "Pa" Webber.

Después de darle a Oscar el beso de las buenas noches, decidí sacar un tema importante a colación. 


-Así que ¿Lo eres? - Él me miró, confundido - ¿Mi Oscar? 


No pude evitar sonreír como un idiota cuando él dijo, "Oh, que demonios."

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