Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

VIII

Oscar

La casa estaba demasiado tranquila. Arthur terminó pasando la noche entera con los padres de Lando, o como los llamaba ahora, Abuelo Checo y Abuelo Max. De hecho, Max me llamó y me informó de sus planes de mantener a mi hijo con Max y Luisinha hasta que pudiéramos reunirnos para almorzar al día siguiente. Eso me dejaba sentado en el sofá, recorriendo por los canales mientras Logan se preparaba para trabajar.


-Tú y el bombón parecían bastante cómodos en el pasto anoche. ¿No pudieron esperar hasta que llegaran a la casa? - Preguntó, agitando sus cejas. Quería arrancarle la perforación del labio.

-Hablando de anoche, ¿Por qué carajo estabas esposado... otra vez? - Era la segunda vez en tres días.

-Olvidé que me habías llevado al trabajo, así que necesitaba un aventón a casa. Carlos y Daniel se ofrecieron, pero ¿Qué había de divertido en eso? Llamé a la policía y les dije que había un perpetuador en Construcciones Norris - Sonrió - El Oficial Buenote estaba encabronado.


Sacudí mi cabeza. Pobre Liam. Mi hermano le iba a dar una úlcera o algo. 


-¿Cómo te vas a ir a la oficina hoy?

-Mi moto - Dijo, arrojando un juego de llaves y atrapándolas de nuevo - No he tenido sexo en un buen tiempo, así que necesito algo emocionante entre mis piernas.

-Vete a trabajar - Contesté.

-Te quiero - Cantó mientras iba camino a la puerta. 


Estaba a punto de relajarme y tratar de tener un momento para mí misma, pero alguna persona cruel tenía otras ideas. 


-Oscar, he estado esperando platicar contigo toda la semana. Tienes mucho que contarme. ¿Por qué no me dijiste que tenías a un chico tan encantador en tu vida? Lo habría entendido - ¿Qué hacia el jodido George Russell en mi casa?

-¿Cómo entraste aquí y a qué carajo te refieres con chico encantador en mi vida?

-Tu "compañero" me dejó entrar - Dijo, usando unas molestas comillas en el aire. Era oficial. Logan tenía que morir. 

-Ignóralo. Ese era mi hermano. Está recién salido de la granja para locos.

-Claro - Asintió y me guiñó el ojo como si estuviera involucrado en algún secretito escandaloso - Tu hermano - Esta perra de verdad creía que estaba con Logan - Así que, escucha, Alex y yo queremos que vengas a cenar un día de estos. ¿Esta noche está bien para ti? - Me guiñó el ojo otra vez. 


¡Diablos, no! ¿Qué clase de personas están viviendo en este vecindario? 


-Lo siento. Tengo una cena con los Pérez-Verstappen - Entonces sonreí - Pero veré si Logan puede llegar más tarde si tú quieres. Él es un poco alocado, pero en sí es buena compañía - Mi hermanito iba a aprender de la manera difícil a no meterse conmigo. George aceptó hablar con Alex sobre ello mientras lo acompañaba a la puerta. 

-De todas formas, nos encantaría que nos acompañaras algún día - Dijo George - Cuando quieras - Susurró. La perra lunática, de hecho, me acarició las nalgas antes de irse. ¡Iba a matar a Logan! Pero primero iba darme una ducha. Esa mierda me había hecho sentir sucio.


Tome mi tiempo preparándome para el día. Incluso puse un poco de empeño en arreglar mi cabello y acomodar los mechones que siempre formaban una pequeña onda en mi flequillo. Iba a reunirme con Max en un lujoso café, así que me puse una bonita camisa formal manga larga de color blanco y unos pantalones oscuros que se ajustaban bastante a mi cuerpo. Esperaba que Max supiera en qué se estaba metiendo al llevar a Arthur al café. Eso era simplemente pedir problemas.

Cuando llegué, dejé mi camioneta con el valet y entré. Max papá, (vaya lio con los nombres, Lando no le hacía la vida fácil a nadie), ya estaba ahí e hizo que me escoltaran a su mesa. Lo que vi me dejó sorprendido. Tuve que mirar dos veces para asegurarme de que de verdad era mi hijo. Estaba sentado junto a Max hijo, los dos vistiendo camisas de botones y corbatas de clip.


-Debo decir que el té es espléndido, Abuelo - Dijo mi Max con un horrible acento español mientras levantaba su taza de té con su meñique levantado.

-Espléndido, coincido - Añadió Leo con un acento italiano igual de terrible. Mis padrinos morirían de haberlo escuchado hablar así.


Luisa, quien vestía un adorable vestidito celeste, soltaba risitas mientras Max papá estaba tratando de mantener un rostro sereno mientras conversaba con los dos cabezas huecas. Cuando me vio, su sonrisa se hizo más amplia.


-Oscar - Los dos chicos inmediatamente se pusieron de pie de sus asientos como caballeritos decentes.

-¿Qué les hiciste a estos dos? - Le pregunté al Max adulto. Él sonrió y besó mi mejilla. Cuando me senté, lo hicieron también Arthur y Maxi. 

-Les dije que se comportaran como caballeros, y ellos lo llevaron al extremo - Explicó el otro adulto.

-Hola, Oscar - Sonrió Luisinha.

-Hola, Señorita Luisa -Contesté - ¿Te divertiste anoche?

-Sí, señor - Contestó - ¿Y tú? - Preguntó inocentemente. Max frunció el ceño 

-Yo también estoy curioso por esa respuesta - Sentí mis traicioneras mejillas arder

-Uhm...

-¿Están listos para ordenar? - ¡Salvado por la mesera!


Los chicos continuaron con su tonta charada de caballeros extranjeros mientras pedían sus órdenes. La mesera les siguió el juego y los trató como tales, en vez de hablarles como los lunáticos chicos que eran.


-Debes contarme tu versión de la historia - Dijo Max papá - Lando ya me contó la suya.

-¿Oh, lo hizo? - Contesté, preguntándome exactamente qué le había dicho para que me mirara de esa forma - ¿Y mencionó que me tacleó en la lluvia antes de entrar a mi casa? - Sus ojos se dilataron. 

-No lo hizo - Asentí. Sacudió su cabeza - Ese chico. No te preocupes, me encargaré de él por ti.

-Gracias, Max - Sonreí. Si iba a pasar más tiempo con Lando, era bueno tener a al menos uno de sus papás de mi lado - Mi hijo no te dio ningún problema, ¿O sí?

-Por supuesto que no - Contestó, guiñándole un ojo a Arthur, quien sonreía contento.

-Si tú lo dices - Respondí tranquilo. No le creí ni por un segundo, pero pensé que era realmente adorable cómo lo cubría. Sabía que mi chico no era un terror, pero tampoco era un angelito.


El almuerzo transcurrió tranquilamente. Max papá era, sin duda, uno de los hombres más amable de la existencia. Era imposible no amarlo. Estábamos compartiendo el postre cuando vi que sus ojos se entrecerraron. Tomó su servilleta de su regazo y la dejó en la mesa. 


-Oscar, ¿Podrías disculparme un momento? Lo siento muchísimo. Regreso en un minuto.

-Seguro. Tómate tu tiempo - No sabía qué había causado que él, de repente, cambiara su comportamiento, pero cuando miré a los chicos, Mi Max parecía molesto. 


Me giré ligeramente en mi asiento para ver qué diablos estaba pasando. Max estaba hablando con una mujer de cabello rubio que no reconocí. Ninguno de los dos lucía feliz.


-¿Quién es esa? - Susurró Luisa.

-Nadie - Contestó mi Max.


Su tono tan tosco me sorprendió, pero entonces todo coincidió. La mujer con la que Max estaba hablando era Margarida, la madre de Max y Luisinha, quien los había abandonado porque era infeliz con la manera en que su vida se había transformado. Luisinha era un bebé cuando los dejó, así que ella no podía recordarla. Pero Max podía hacerlo.


-Estoy lleno - Admití - ¿Están listos para irse, chicos?

-¿Podemos ir a la tienda de mascotas? - Preguntó Arthur.

-Seguro, pero no me vas a enredar a nada - Le advertí. Vi que sus hombros cayeron un poco, y solté una risita. Sabía que estaba tramando algo - Vamos. Esperaremos al abuelo Max afuera - Iba a pagar, pero fui informado que todo estaba arreglado. Malditos Pérez-Verstappen. Todos eran iguales.


Luisinha y Arthur caminaron delante de mí, mientras Max se quedó de mi lado. Puse mi brazo alrededor de él y lo jalé más cerca. Cuando Arthur vio eso bajó su velocidad y tomó la mano de Luisa. 


-Creo que hay un pez en esa fuente. ¿Podemos ir a ver? - Él siempre odiaba que la gente lo viera molesto, así que probablemente pensó que Max era de la misma forma. Asentí. Era un chico listo. 


Me senté en una banca cerca de ahí, así podría mantener un ojo en ellos. Max se sentó junto a mí, así que enrollé mis brazos alrededor de él. 


-Los extrañé esta mañana - Admití.

-¿Oscar? - Dijo quedito - Tú no nos vas a dejar, ¿Verdad? - Maldita mujer.

-Mírame - Esperé a que levantara la mirada. Sus ojos brillaban con lágrimas sin derramar - Te quiero, y quiero a Luisa, y ustedes están pegados a mí de ahora en adelante, les guste o no - Asintió y besé su mejilla - Ahora, ¿Me puedes hacer un favor? Creo que tu querido amigo Arthur está tratando de atraparle un pez a Luisinha. ¿Podrías decirle que, si tiene éxito, me llevaré el pez a casa y lo dejaré a él aquí?

-De acuerdo - Sonrió antes de correr hacia la fuente. Lo vi diciéndole algo a Arthur, quien se giró, sonriéndome tímidamente. Max papá vino en ese momento. Suspiró y se sentó junto a mí. 

-Lo siento. Supongo que te diste cuenta de quién era - Asentí - Dijo que estaba aquí por negocios. Y quizá le hice creer que Lando y tu estaban casados - Mis ojos se abrieron de golpe. 

-¡Max!

-¿Qué? - Contestó sin vergüenza - No mentí. Dije que eras mi nuevo hijo y probablemente lo creyó porque Lando salía con chicos antes de estar con ella - Golpeó mi pierna suavemente y se puso de pie - Tengo que irme ahora. Cuida de mis tres nietos y te veré esta noche - Se dio la vuelta para ir a su auto.

-¿Listos para irnos sin comprarme una mascota? - Preguntó Arthur, corriendo con Luisa y mi Max.

-Vamos a la camioneta - Despeiné su cabello y lo encaminé a ella.


No iba a comprarle una mascota. Había tenido suerte al haber mantenido a Arthur con vida tanto tiempo. No había manera de que me hiciera cargo de una mascota también. Tenía que mantener mi postura, sin importar cuántos pucheros hicieran.


-¡AH! - De pronto fui derribado y estaba siendo lamido por una enorme bestia blanca.

-¡Oh, mira, papá! ¡Le agradas! - Dijo Arthur, sonriéndome.

-Quítenmelo de encima - Contesté. Les costó a Arthur y a Max quitarme de encima al monstruo. Ahora estaba lamiendo a un risueño Arthur - Ni siquiera lo pienses, jovencito.

-Pero, papá - Gimoteó - Es el elegido.

-No lo es - Argumenté. Estaba lleno de mierda. El dueño de la tienda vino corriendo hacia acá poco después. 

-Lo siento tanto. Espero que no estén heridos - Se giró hacia el perro - Perro malo, Merlín.


Arthur jadeó y me miró con los ojos bien abiertos. ¡Demonios! Por supuesto que iba a reaccionar así al nombre del mago que acompañaba al rey Arturo.


-Nos llevamos este - Murmuré.

-¡Yay! - Los niños estaban brincando arriba y abajo mientras iba a llenar el papeleo.


Merlín terminó sentado junto a mí en el asiento del copiloto. Mi Max, de alguna manera, consiguió ponerle el cinturón de seguridad. Si no estuviera tan enojado conmigo mismo por adoptar al maldito perro, lo habría encontrado más entretenido. La parte de atrás de mi camioneta estaba llena de comida para perro, juguetes chillones, y cosas esenciales para quienes tenían un perro.

Cuando llegamos a la casa, los chicos corrieron al patio trasero, llevándose a la bestia con ellos. Resoplé y jalé mi teléfono celular.


-Construcciones Norris. Le atiende Hunter. ¿Cómo puedo ayudarle?

-Averigua si construyen casas para perro - No eran necesarios los saludos.

-¿Es esa tu manera de llamarme perra?

-Compré un perro, imbécil - Contesté - Podría construir la casa yo mismo, pero la última vez que construí algo, terminé con un clavo en mi muslo.

-Espera. Te pondré con tu bombón - Mierda. 

-¡Log! No te...

-Lando Norris

-... atrevas - Mierda.

-¿Oscar? - ¿Cómo diablos supo que era yo con una palabra? 

-Necesito una casa para perro, y no quiero construirla por mi cuenta.

-No sabía que tenías un perro.

-No lo tengo - Contesté - Es para cuando te quedes a pasar la noche - Soltó una risita.

-No tienes que pasar ningún problema por mí. Dormiré en tu cuarto - Sacudí mi cabeza y decidí cambiar el sujeto antes de que mi mente se fuera a lugares que no necesitaba ir. 

-Llevé a los chicos a una tienda de mascotas y regresé a casa con una bestia de perro. No hay manera de que esa cosa se quede en mi casa.

-De acuerdo. Iré más tarde y le echaré un vistazo a esta bestia, para que así pueda diseñarle algo lo suficientemente grande.

-Gracias - Contesté.

-Ya sabes que no hay de qué. Así que... ¿Qué estás vistiendo? - Idiota. 

-Adiós Norris - Sonreí y colgué. Miré por la ventana para ver a los niños ayudando a Luisa a montar a Merlín. Niños locos. 


Los dejé jugar hasta que fue hora de ir a casa de Daniel. Mientras se limpiaban, escribí una nota para Logan, modificando mi caligrafía y firmando con el nombre de George al final. Todo lo que mi hermano sabía, era que iba a recoger un paquete que habían dejado en su casa por error.

Cuando llegamos a casa de Daniel, Max papá nos hizo señas para que nos quedáramos callados y lo siguiéramos. Nos guio a través de la casa hacia el patio trasero. Pude ver por la ventana que los hombres estaban lanzando un balón de rugby.


-Cuando le dé la señal a Checo, Lando va a inclinarse. Él te tacleó, así que es justo que le hagas lo mismo - Abrió y cerró las persianas tres veces. Observé mientras Checo decía algo que hizo que los chicos se colocaran en posición. Max abrió la puerta quedito - Ve por él - Lo amaba.


Lando era mucho más alto que el papá malvado, así que cuando me arrojé sobre él, no se sintió exactamente placentero. De cualquier forma, cuando vi la expresión de asombro en su rostro, hizo que valiera completamente la pena. 


-La revancha es una perra, Norris.

-¡Muppet! - Rio Carlos - Fuiste tacleado por tu chico. - Traté de levantarme, pero sus brazos inmediatamente se enrollaron en mi cintura. 

-¿A dónde crees que vas? - Sonrió.  

-Ahórratelo para más tarde, semental. Tenemos algunos jugadores que entrenar - Daniel vino a mi rescate y me ayudó a levantarme - No te llaman Oscar, la Bestia, por nada, ¿Verdad?


Después de saludar a todos, me senté en un lado para verlos jugar. Lando estaba vistiendo una camiseta sin mangas que mostraba ligeramente los músculos que escondía debajo. Traté de concentrarme en algo más, pero mis malditos ojos estaban atorados. Estaba inclinado hacia abajo al lado de Arthur mostrándole la mejor manera de sostener el balón, cuando se dio cuenta de que lo estaba viendo. El bastardo me guiñó el ojo. Tenía que ir adentro.

Sostener a Heidi ayudó a mantener mi mente lejos de cualquier otra cosa. Ella era una cosita adorable. No pude evitar recordar cuando Arthur era así de pequeño. Estaba tan asustado de que pudiera arruinarlo de alguna manera. Al final había hecho un buen trabajo, si podía decirlo yo mismo.

Ya que los chicos iban a estar todos sudados, Jules decidió que era una agradable tarde como para comer afuera. Él puso a la pequeña Heidi en su cuna y trajo el monitor de bebé afuera con nosotros. No me importó comer afuera. Un Lando sudado era una cosa hermosa para observar. Los niños comieron rápidamente para que pudieran regresar a jugar. Por suerte, ellos estaban absortos cuando dos nuevos invitados se presentaron.


Oscar Jack Piastri, te voy a matar! - ¿Cómo supo dónde vivía Daniel?

-Log - Sonreí - ¿Cómo llegaste hasta aquí? - Liam caminó detrás de él. 

-Lo siento, Oscar, pero no quería perderme el espectáculo.

-Fui a casa de los Russell-Albon esta tarde para recoger el paquete. Me invitaron a entrar para cenar, y pensé '¿Qué diablos? Un chico tiene que comer.' - Oh, estaba encabronado - Así que me senté en la mesa, e imagina mi sorpresa cuando George empezó a masajear mis hombros y ronroneó sobre lo tenso que estaba - Estaba a punto de perder el control - Me extrañó un poco, así que les dije que solo necesitaba el paquete. Alex se paró, dijo 'oh, aquí tengo tu paquete', ¡Y se bajó los malditos pantalones! ¡¿Cómo pudiste engañarme para ir ahí?

-¡Fue tu culpa por decirle a George que eras mi amante! - Le grité de vuelta - Él me acarició el trasero, Logan. Me sentí tan sucio - Una ronda de risas desde la mesa nos hizo difícil que nos quedáramos enojados.

-Lo siento. No esperaba que fueras a ofrecerme con tus pervertidos vecinos - Contestó. Liam consideró ese un buen momento para intervenir. 

-Si no fueras un dolorcito en mi culo, te habría advertido cuando te vi ir hacia allá - Logan se dejó caer en una silla vacía. 

-No puedo creer que esté sobrio por toda esta mierda.

-Tenemos algo de pie de manzana - Dijo Checo, deslizando un plato delante de él - Liam toma asiento, hijo. Hay suficiente para todos.

-Esto es casi tan bueno como esos libros que hemos estado leyendo - Admitió Carlos.

-¿Qué libros? - Preguntó Liam. Tomé un trago de mi té.

-La serie de Mister MacFadyen - Contestó. Pobre Liam. Escupí todo el té dulce por toda su cara y empecé a toser. Lando me golpeó suavemente en la espalda. 

-Has leído esos libros, ¿Verdad? - Sonrió con travesura marcada en todo su rostro.

-¿Leerlos? - Logan sonrió diabólicamente. Oh, Dios, por favor no - Están viendo a la persona que los escribió - Juro que todos se congelaron.

-¿Tú eres Mister MacFadyen? - Dijo Charles, viéndome como todos los demás en la mesa.

-Así que eso es lo que haces - Rio Jules. Me paré.

-Sargeant - La sonrisa de Logan se desvaneció porque sabía que yo nunca lo llamaba por su último nombre a menos que estuviera en problemas serios - Corre - Él era rápido, pero yo estaba furioso. 

-¡Me doy! ¡Me doy! - Lo tenía contra el pasto con su brazo torcido de una forma dolorosa detrás de su espalda - Vamos, Oscar. Al menos ellos aprecian tu trabajo.

-No iría a dormir esta noche si fuera tú - Le gruñí cuando finalmente le liberé.

-Había olvidado lo atemorizante que puedes llegar a ser - Contestó, empujándose para levantarse y sobándose el brazo.


Después de soportar no sé cuántas insinuaciones sexuales de parte de todos, incluyendo los padres de Lando, decidí que ya había tenido suficiente. Dejé vendido a Logan con Liam, ya que él la había traído aquí en primer lugar. 

Iba siguiendo a Arthur hacia la puerta, cuando Lando me interceptó y me tomó la mano, enredando nuestros dedos. Lo miré y me di cuenta de que obviamente estaba tratando de no reírse. 


-Cállate, Norris - Sonrió. 

-No he dicho nada... Mister.

-¡Ugh! Tú, bast... - Me cortó presionando sus labios con los míos. 


Puse mis manos en su pecho para apartarlo. ¿Quién diablos se creía que era? ¿A quién trataba de engañar yo? Demonios, tenía buenos labios. Enrolló un brazo alrededor de mí, jalándome más cerca mientras empujaba su lengua dentro de mi boca. Solté un gemido que probablemente me avergonzaría más tarde, pero en ese momento, me importaba un carajo. Cuando rompió el beso, descansó su frente contra la mía. 


-Buenas noches, Oscar - Me besó rápidamente una vez más antes de darse vuelta y regresar a la casa - Te veré mañana chico - Desordenó el cabello de Arthur mientras se alejaba. 

-¿Voy a tener otro papá? - Arthur estaba parado atrás mía con su boca bien abierta.

-Ya te conseguí un perro. No presiones - Lo empujé. Él entró a la camioneta con una enorme sonrisa en el rostro. 

-¡Espera a que le cuente a Max mañana!

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro