⊰⊹ฺ(39)⊰⊹ฺ
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Cuando tienes el alma rota, es difícil continuar,
si no tienes alguien que te ayude a reparar, a sanar.
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Yoongi estaba quedándose también en la nueva casa de SeokJin, en Naara. Su habitación estaba en la planta baja, al fondo, justo al lado de las escaleras. En la habitación contigua, estaría quedándose Jimin.
Si fuera el viejo Yoongi, estaría más que excitado por la noticia. Tener a un Omega tan ardiente como lo era Jimin, justo a su disposición. El viejo Yoongi, no habría perdido la oportunidad de entrar profundo en ese Omega y hacerlo gemir su nombre.
En cambio ahora, sus prioridades habían cambiado. Quizás su brújula de la realidad estaba algo torcida, o la brújula de la razón. Pero era él el que quería sentir a su jefe muy profundo, que lo haga morder las sábanas.
No se dio cuenta en qué momento ya estaba fantaseando con SeokJin, tendido en su cama. Los sonidos de besos de la pareja que estaba en la sala, no lo ayudaban en absoluto.
Aunque, sí lo ayudaban, a estar más duro que antes. Con las mejillas sonrojadas, tuvo la idea de intentar profanarse con sus dedos. Aunque pronto desechó la idea, él no lubricaba en esa región y no tenía el deseo de sentir un tipo de dolor. Además que había algo de orgullo de Alfa que debía proteger.
Así que sólo con la ayuda de su mano, más los gemidos y ronroneos que provenían de la sala. Fue lo que le bastó para manosearse y llegar lentamente a ese delicioso clímax. Imaginando que justo en ese momento los colmillos de su jefe le desgarraban la piel, reclamándolo como su Delta. Al tiempo que lo anudaba y le hacía ver las estrellas.
—Amo tener tan buena imaginación— pensó mientras jadeaba, dando unos últimos jalones a su miembro hasta descargar por completo toda su esencia sobre su vientre.
Con ayuda de unos pañuelos desechables, limpió su desastre. Se levantó a lanzarlos a la basura, pero, recordó que el cuarto de baño estaba justo al lado de su habitación.Tomó su toalla y se dirigió allí en un ágil movimiento.
Nadie había logrado verlo, aliviado por ello. Prendió la ducha, y se desvistió. Mirando su reflejo en el vidrio, no pudo controlar su imaginación. Una figura perfecta de SeokJin se materializó a sus espaldas.
—No puede ser, estoy tan jodido— sacudió su cabeza, ingresando al fin.
Con el agua pasando por su cuerpo, su imaginación volvió a sabotearlo. Al sentir cómo las gotas calientes rodaban por su sensible piel, no pudo evitar imaginar que era SeokJin el que hacía ese recorrido. Con sus manos, con su lengua.
En segundos, ya estaba duro nuevamente.
—Tiene que ser una jodida broma. No recuerdo estar en celo— gruñó por lo bajo, llevando su mano automáticamente a su miembro y aliviar su problema.
—Si esto va a pasarme seguido, será un infierno trabajar con él, o vivir cerca de él— furioso, frustrado. Le dedicó los mejores jalones de su miembro, al dueño de sus fantasías.
No supo cuántos minutos le tomó al fin estar listo para salir de la ducha, porque al parecer, su imaginación no estaba dándole descanso. Al dirigirse a su habitación, escuchó murmullos en la sala.
Gracias a su fina audición, pudo detectar que se trabaja de Jimin y el latoso de JungKook. Parecía que estaban pasándolo bien, porque escuchaba risas y quejas de Taehyung hacía Jimin de que no se comiera su mochi, porque él ya era uno y eso sería una aberración.
A Yoongi le pareció muy acertada esa comparación, que no pudo negar también le causó gracia. Sin ánimos de interrumpir con su presencia, pues ni siquiera lo habían buscado, prefirió regresar a su habitación y tratar de leer algo o simplemente dormir. Se sentía anímicamente casando.
Después de un par de horas, escuchó que en la habitación de al lado había movimientos. Asumió que Jimin estaba instalándose.
—Min, te dejo a cargo, por si Jimin necesita algo. Estoy subiendo a mi habitación y no quiero que me molesten hasta mañana— escuchó la firme orden de su jefe.
Yoongi respondió un “como ordene” y SeokJin se fue.
No pudo evitar sentirse irritado, ahora lo trataba igual o más formal que cuando había comenzado a trabajar para él. Lastimosamente todo era su culpa, después de todo lo había traicionado.
Aún estaba sorprendido de seguir con vida, quizás, después de todo SeokJin sí había llegado a tomarle aprecio, como a un amigo. Algo que Yoongi buscó por años, motivo por el cual se ponía celoso de JungKook, cuando veía que él también buscaba la atención del mayor. Aunque en su caso, la vida había sido tan cruel; que esa obstinación de querer ser notado como amigo, se había transformado en algo más.
—El eufemismo del año, sin duda— refunfuñó, pues llegó a pensar que quizás desde un principio sus sentimientos por SeokJin estuvieron allí, sólo que él los interpretó como “amistad”.
En ese momento, el sonido de su celular lo sacó de su nebulosa de pensamientos.
—¿Qué quieres?— contestó Yoongi de mala gana, al ver el identificador de llamadas y percatarse de que el mocoso era quien lo estaba llamando.
—¡Hijo de puta! ¡Da la cara!
Escuchó los gritos del menor, no sonaba al JungKook que conocía.
—¿Estás borracho? No quiero…
—¡Sé lo que hiciste, sucia rata traicionera! ¡Te veo en veinte minutos en la estación Misuho, o no respondo y te mato delante de todos en esa casa!— escupió JungKook totalmente colérico, con una voz más animal que humana.
Yoongi quiso responder, pero el menor ya había cortado la llamada.
—¿Pero qué carajos?— se sacudió el cabello, no había comprendido del todo sus palabras, por la velocidad en la que lo hizo.
En medio de estar buscando las llaves del auto, su mente pareció hacer click.
“Sé lo que hiciste”
“Rata traicionera”
Resonaron esas palabras en su cabeza, el pánico lo invadió.
“O te mato delante de todos”
—Así que lo sabe, quizás sea mejor morir a manos del mocoso, aunque no quiera. Después de todo, soy un traidor.
Salió de la casa, demasiado abatido como para notar cualquier cosa y subió al auto. Manejando en medio de esa espesa noche.
Yoongi no quería morir, mucho menos a mano de ese mocoso. Si lo haría, prefería ser bajo las garras de SeokJin. Sin embargo, ahí estaba, conduciendo a lo que literalmente era su sentencia de muerte.
De alguna manera quería limpiar su consciencia y quizás recibir unos golpes le ayudaría a calmar su espíritu atormentado.

—Dimos con la casa de Kim— informó uno de los centinelas del viejo Jung.
—Bien, vigila cada detalle, no quiero errores. Debemos aprender su rutina a la perfección— ordenó el viejo Jung.
—Entendido.
La comunicación terminó, el viejo Jung sonreía para sus adentros. La verdad era que tenía el impulso de ir en ese mismo momento y cobrar venganza de una vez por todas.
Pero no quería errores, primero tenía que aprender los movimientos del contrario y atacar en cuanto estén vulnerables.
Además que, físicamente, no se encontraba muy bien. Necesitaba del Omega.

—Mi amor… eres delicioso— Jin gruñía de placer al besar los labios de su Omega y degustarlos a su gusto.
Tae ronroneaba, complacido por sentir esos labios tan suaves, tomar los suyos y succionarlos.
Apenas habían entrado a la habitación, y sus cuerpos se unieron como dos imanes. Abrazándose y besándose desesperadamente, hasta caer en la cama y soltar risas llenas de felicidad.
Aunque Jin seguía sintiendo impotencia, frustración y dolor por no poder ver la belleza de su Omega. Por lo mismo, no se animó a encender las luces, tenía miedo que Tae descubriera su estado; no quería ponerlo en riesgo, apenas volviendo del hospital.
—Alfa…—Tae jadeaba en busca del preciado oxígeno, mientras sentía el peso de Jin sobre su cuerpo, al mismo tiempo que unas manos grandes y firmes comenzaron a levantar su camiseta.
Sentir el tacto de esa piel, lo transportó inevitablemente al tacto asqueroso del viejo Jung, a los recuerdos de cómo sintió el dolor de cada golpe que le dio a su sensible cuerpo.
Jin estaba nublado de placer, deleitando el sabor del cuello de Tae, embriagándose de su olor. Cuando sintió que éste comenzó a perder su dulzura, Tae comenzó a temblar más bajo su toque, lo que lo alarmó de inmediato.
—Bebé, ¿Qué tienes?— preguntó asustado, buscando acunar el rostro del menor.
—L-lo siento, Jinnie… aún… aún no me siento listo… no puedo evitar recordar cómo me lastimó…— Tae perdió la voz en medio del llanto que pronto lo invadió, sintiéndose tan sucio, indigno de ser tomado por su Alfa.
—Mi amor, tranquilo. No te obligaré a nada— Jin lo abrazó con ternura, maldiciendo por dentro al viejo Jung que destrozó a un ser tan angelical.
¡Lo mato, lo mato!
Lo haremos, pagará todo el dolor que causó a nuestro pequeño.
—P-perdón, Alfita… no soy digno, deberías dejarme— Tae rompió aún más en llanto, se sentía tan mal de no poder complacer a su Alfa, de no poder entregarse por completo.
—Tae, mi vida. No digas eso, nunca te dejaré y tampoco quiero que me dejes. Vamos a superar esto, juntos. No te miento al decirte que muero por marcarte, pero no soy alguien que ame forzar las cosas. Esperé tanto encontrarte, que no es nada esperar un poco más para reclamarte como mío— acercó más el cuerpo tembloroso de Tae en un abrazo protector, soltando feromonas que ayuden a calmar al Omega.
—P-pero… estoy sucio… ya no soy…
—Mi amor, tú eres perfecto para mí. No estás sucio y si así te sientes, acá estoy yo para limpiarte, sólo debes confiar en mí— Jin besó la coronilla de Tae, mientras acariciaba la espalda del Omega.
Tae se sintió tan protegido, tan amado, pese a que seguía sintiendo que no merecía a ese Alfa de ensueño.
Nuestro Alfa tiene razón, Tae debemos confiar en él. No debes temer.
Lo sé, lo sé… pero no puedo evitar sentir que le fallé, le falté como su Omega y dejé que otro me plantara su semilla. ¿Y si estoy embarazado de otro? No me lo perdonaré.
No digas eso, estuvimos en el hospital. Si hubiera pasado algo así, ya nos hubieran dicho. Además… ¿Crees que soy tan estúpido? ¿Por qué crees que cambié contigo en ese horrible momento?
No… lo sé, dijiste que para proteger mi mente, aunque aún siento que estoy roto.
Sí, lo hice por eso y estarías peor si no lo hubiera hecho. Pero también lo hice para rechazar su nudo, además de rechazar su semilla que de todas formas se las arregló para plantarlo en nosotros. No iba a permitir que nos preñara alguien tan repugnante.
¿En serio? ¿Puedes hacer eso?
Tae, somos únicos. Somos increíbles y debes entenderlo. Claro que podía hacer eso, somos de los más fuertes entre los Omegas. No debes temer, sólo deja que nuestro Alfa se haga cargo de cuidarnos.
Confía en él, como yo lo hago.
Lo haré, lucharé por dejar este trauma y hacer feliz a nuestro Alfa.
—T-te amo Jinnie, gracias por todo…
—Mi amor, yo te amo más, no tienes que agradecer nada. Soy feliz de tenerte conmigo.
—Pero… no te dejé marcarme, ni hacerme tuyo… ¿Aún así te hago feliz?— Tae salió de su escondite del hueco del cuello de Jin, buscando la mirada del mayor en medio de la oscuridad.
—Bebé, tu sola presencia me hace feliz, no necesito marcarte para ello. Tampoco necesito tomarte físicamente, para saber que ya eres mío, al igual que yo soy todo tuyo, mi vida— Jin escondió la cabeza en el hueco del cuello de Tae, no quería que lo vea porque de repente se sintió mal por no decirle la verdad de su condición.
Aunque lo hacía por el bien de su pequeño, ahora al notar que su alma seguía sufriendo, supo que esa decisión era la correcta. De ese modo no le daba más pesares.
—Jinnie— Tae quedó sin saber qué decir, no sabía cómo expresar lo bien que le hicieron sentir esas palabras.
Sólo se aferró más a ese fornido cuerpo, amando tener la suerte de que ese Alfa sea su destinado.
Se quedaron así, abrazados por un largo tiempo. Hasta que Tae se sintió más calmado.
—Jinnie, ¿podemos acurrucarnos bajó las sábanas? Me hace un poco de frío— pidió tímidamente.
—Claro bebé, lo siento— se disculpó por la torpeza de haber quedado abrazados tanto tiempo sobre la cama, sin lograr cubrirlos con las sábanas.
Ya que no habría acción esa noche, prefirieron alistarse para dormir plácidamente.
Tae encendió la luz, y se fue al closet para buscar un pijama. Jin lo siguió con ayuda de su lobo, para no tropezar en el intento.
Tae sacó un par de pijamas estilo yukatas que encontró en el closet, ambos eran azules y muy suaves.
Una vez listos, apagaron las luces, listos para dormir plácidamente.
—T-también… ¿Puedes seguir besándome? Me hace sentir bien— pidió Tae una vez ingresaron a la cama.
—Lo que pida mi cachorro— dijo Jin al atraer a Tae nuevamente a un abrazo, besando con ternura esos dulces labios.
Tae ronroneó de inmediato, feliz de sentirse protegido entre esos fuertes brazos y amado tan devotamente por esos esponjosos labios.
Sin duda era la mejor terapia para dejar sus miedos y traumas de lado. Después de todo, esos besos parecían realmente que estaban limpiando su alma.

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Holas pixelitos de mi corazón! 💜
Al fin les traigo un nuevo capítulo 🎉 🎉
Disculpen la demora, mi trabajo está muy cargado estos días 🙈
Espero les guste, cada vez quedan menos capítulos 🥺
Cuídense mucho, las amito 🥰
Bye 💜
Pdt. Disculpen los posibles errores, no logré hacer la segunda revisión 🙈
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