
thirteen
xiii.
( san mungo )
La bruma roja comenzó a brotar de sus manos sin que él se diera cuenta.
Harry estaba respirando con mucha dificultad, tratando de mantener el control. Sus ojos llorosos no lo dejaban. Tenía los dedos sobre el pecho de su padre, podía sentir el latir del corazón, tan débil que paso desapercibido incluso para él y su madre. No, no, no. Él no alucinaba, solo se habían equivocado. Él y su madre. Su padre no estaba muerto.
Harry no está perdiendo a nadie más.
Harry no está perdiendo a su padre. No, porque él se lo prometió. Le prometió que siempre estaría ahí, cuando más lo necesitara. Y Harry lo necesitaba, joder que lo hacía.
— Estás vivo, estás vivo, estás vivo — murmuraba Harry, con la desesperación corriendo por sus venas como sangre.
La bruma roja comenzó a envolverlo, pero él no veía nada más que a su padre inmóvil en el suelo. Pero respiraba, no estaba muerto. Harry sentía el latir de su corazón, no eran alucinaciones suyas. James estaba vivo, solo necesita un empujón para abrir los ojos.
Harry lo vería abrir los ojos otra vez.
Las personas a su alrededor, que intentaban huir del desastre que comenzaba a formarse en Hogsmeade, o podían ver nada más que el humo rojo que comenzaba a envolver los cuerpos de Harry y James. Solo 3 de aquellas personas sabían lo que significaba, y solo una pensaba intervenir.
— ¿¡Qué piensas que haces!? — la exclamación de Atticus retumbó en la cabeza de Lyra, pero ella no bajo el brazo, no dejo de evitar que el pelirrojo avanzara, no dejo que la bruma negra que salía de las manos de su hermano intentara contrarrestar la de Harry.
Sus ojos estaban puestos en Harry, a quien podía ver perfectamente a pesar de la oscuridad roja, arrodillado junto a James, temblando al poner las manos sobre el pecho de su padre.
Lyra no está perdiendo a su familia otra vez.
— Confío en mi hijo.
Ella corre hacia Harry cuando ve la sangre que se desliza por su nariz, escuchando las palabras que susurra como mantra personal. Toma su mano, le hace ver que está ahí para él, que cree en lo que hace. Puede sentir el miedo que emana de él, estampado en sus ojos rojos al alzar la mirada. Y el verlo allí, tan asustado, sabe que cometieron un error al no haberle enseñado lo importante, al intentar reprimirlo en que la forma en que lo hicieron.
Y ella se odia a si misma porque su niño está sufriendo y aquello es culpa de sus propias decisiones.
— Harry, respira conmigo — no recuerda cuantas veces oyó a James decirle la misma frase, no recuerda cuantas veces entró en pánico por sus poderes en descontrol, porque todo lo que puede ver en su mente en ese momento es a una chica rubia diciéndole lo mismo a su hermano, cuando él, en toda su furia infantil, perdió el control de tal forma. — Vamos, cariño, deja tu mente en blanco.
Harry respira hondo, parpadeando varias veces para alejar las lágrimas de sus ojos. Las manos le tiemblan al entrelazarlas con las de su madre, pero comienza a sentirse tranquilo al ver su sonrisa confiada, su sonrisa amorosa, esa sonrisa que tanto le gustaba ver de ella, porque le transmitía paz. Y está bien, ella no se va a ir a ningún lado. Era una de sus tantas clases con su tío Atticus, no era la gran cosa.
Harry no está perdiendo a nadie más.
— Está respirando — tartamudea, porque si piensa en la posibilidad de que sean alucinaciones suyas perderá el control, más de lo que ya lo estaba perdiendo con la desesperación.
— Está respirando — repite Lyra, dándole un apretón a su agarre, no permitiendo que Harry vea hacia James, que note que su pecho no sube y baja, que a su nariz y pulmones no entra oxigeno alguno — Él está bien, cariño, está respirando, aún está con nosotros...
— Aún está con nosotros — Harry asiente, sus ojos cristalizados, su labio temblando, su pecho oprimido, su corazón agitado, su mente mareada, sus sentidos nublados. — ¡OYOC OVERATSÉ ETREUM, OYONEDRO A ATSÉAM LAE UQ AV LEUV A ETSE OPREUC, OYOC OVERÁTSE ETREUM!
Ni él mismo logra entender del todo lo que está diciendo, pero no lo necesita. No necesita saber que estaba reviviendo a James, no necesita saber que el corazón de su padre había dejado de latir hacia mucho. Él no necesitaba eso, porque su padre lo prometió. Y su padre cumplía sus promesas.
La bruma roja golpea el pecho de James, una y otra vez. La sangre comienza a deslizarse con más fuerza de la nariz de Harry, porque está rompiendo las barreras internas entorno a sus poderes que él mismo se impuso y esas son las consecuencias de hacerlo. No escucha los sollozos de su madre al notarlo, y no deja que afloje el agarre de sus manos. Porque nada que pueda distorsionar su realidad de la situación le entra en la cabeza, y su madre le está sonriendo, alentándolo, porque su padre no está muerto.
Harry no está perdiendo a nadie más.
Al final vuelve a él, el poder en descontrol vuelve a su cuerpo cuando Harry cierra los ojos. Siente su iris aún brillar en rojo, pero no se calma. Harry no acepta lo que pasaba, aún si ya está escuchando los sollozos de su madre, aún si de sus labios salen jadeos ahogados, en un pensamiento doloroso que Harry ya no puede retener.
— Lo prometiste — los sollozos se le escapan, y Harry no intenta reprimirlos, porque el dolor lo está consumiendo por dentro y no puede contenerlo más. Golpea el pecho de su padre con sus muñecas, la bruma roja de sus poderes creando una onda que recorría a James de pies a cabeza — PROMETISTE QUE SIEMPRE ESTARÍAS CONMIGO Y CON MAMÁ. ¡ME LO PROMETISTE, PAPÁ! ¡ME PROMETISTE QUE SIEMPRE VOLVERÍAS A NOSOTROS! ¡NO TE ATREVAS A ROMPER ESA PROMESA, ANCIANO! NO... no te atrevas a dejarnos...
Y se aferra a su madre, como si volviera a ser ese niño que temía a los noches tormentosas y corría hacia el cuarto de sus padres a que le leyeran su cuento favorito. Harry no sabe si las gotas que se deslizan por su cara son propias o son de Lyra, que ha comenzado a sollozar con mucha más fuerza, rompiéndose allí mismo por la cruda realidad que los invade a ambos.
Una última vez, e inconscientemente, la onda en forma de bruma roja escarlata que emanan las manos de Harry, mucho más brillante que las anteriores, mucho más poderosa e hipnotizadora, choca contra el cuerpo inerte de James; su corazón latiendo de nuevo con esa renovada descarga de poder.
Y él abre los ojos otra vez.
James salta en su lugar, sobresaltado, tratando de recordar que ha pasado. Su mirada avellana se centra en el amor de su vida, que lo ve con incredulidad. James no sabe que pensar, no tiene memorias de lo que sucedido. Entonces ve a su hijo, que con lentitud, se separa de su madre, como si con algún movimiento rápido él desaparecería de allí.
— ¿Ly? ¿Bambi? — murmura, con desconcierto — ¿Por qué están llorando?
Las ganas de lanzarle una piedra a la cabeza inundan a madre e hijo, pero no lo hacen, porque de inmediato se lanzan a él y lo abrazan con toda la fuerza que poseen, aún llorando a mares, pero ahora de alegría, de sentir su alma, llena de vida y vitalidad, danzar en su cuerpo, de escuchar el latir de su corazón contra su pecho, de dejarse inundar por su inconfundible aroma a menta y tarta de melaza que tanto adoran.
Porque no están perdiendo a nadie más, ninguno de ellos.
♤
San Mungo fue su primera parada luego del ataque.
Harry estaba sentado en el suelo del pasillo donde mantenían a su padre y su padrino, este último resultando bastante herido luego de que prácticamente le cayera una pared encima con la explosión. Harry estaba cansado, los ojos se le cerraban con frecuencia e intentaba, empleando las pocas fuerzas que le quedaban, no bostezar cada 3 segundos, la taza de chocolate caliente que Remus le había dado nada más llegar tambaleándose en su mano.
A su lado, Damon se dejo caer, soltando un suspiro derrotado al recibir la taza de chocolate que Harry le tendía. Se veía igual o peor que Harry, lo que era bastante preocupante, porque Harry había gastado la mayoría de su energía reviviendo a James, y en algo muy peligroso, aparte; pero no lograba entender qué era exactamente.
— Siento que voy a enloquecer — murmuró el pelinegro.
— Ya somos dos — Harry sonrió con desgana, relamiendo sus labios al sentirlos secos y agrietados de tanto morderlos por la preocupación — ¿Pero qué es la vida sin perder un poco la cordura?
Damon sonrío sarcásticamente.
— Dímelo a mi — el aire que envolvió a su mejor amigo hizo que el corazón de Harry se agitara, Damon jamás se muestra de esa manera. Normalmente, Harry es el pesimista de ellos dos y Damon el hombre de las bromas estúpidas cuando de animar a alguien se trataba. — La loca que me dio la vida salió de Azkaban solo para joderme...
Y Harry lo nota, porque Damon jamás le oculta las cosas. Porque son mejores amigos y entre ellos no había secretos.
— ¿Tú sabías de Holly, cierto?
Damon no parece capaz de mirarlo a los ojos, sigue con la vista fija en el suelo. Harry murmura una maldición cuando solo eso es necesario para confirmar lo que tanto temía.
— Ella me visita — susurra; como si con decirlo en voz alta lo hiciera real, como si quisiese que solo fuera un sueño de su parte. Harry sí que quería que fuera un sueño — Me dice cosas... cosas importantes. Al principio pensé que eran alucinaciones mías, pero luego... luego las cosas comenzaron a suceder de verdad. Todo lo que me decía, pasaba. Me vuelve loco, Harry. No quiero que ella... ella...
— ¿Qué es lo que quiere? — la rabia lo consume, porque conoce a Damon mejor de lo que se conoce a si mismo, y sabe que él ha estado luchando con esto durante meses y eso le hace mal.
— Creo que quiere hacer conmigo lo mismo que hizo con papá... — y Harry comienza a ver rojo de verdad, porque conoce la historia de su tío Atlas e incluso de Colagusano sobre la superficie y eso ya es suficiente para saber lo peligroso que podría ser para Damon terminar así. — Cuando me contó de Holly no quería creerle. ¿Cómo creerle? Todo lo que dice es para que me ponga de su parte. Cuando me negué, ella... comenzó a hacer esa cosa que hace y... es horrendo, Harry.
— ¿Ella te obligo a...? — la garganta se le seca, y vuelve a relamer sus labios, acariciando su nuca con nerviosismo.
— Me obligo a darle su ubicación.
Harry aún recordaba lo desesperados que habían estado cuando tuvo aquella extraña visión, durante su TIMO de Historia de la Magia, de Voldemort torturando a Sirius para atraerlo. Y si que había funcionado, porque Harry fue a parar directo al Ministerio de Magia cuando logró entender que la visión no era falsa; los mortifagos de verdad tenían a Sirius.
Jamás lograron enterarse quien delató la posición de su padrino. Y ahora, viendo a Damon tan asustado de lo que podría llegar a hacer por obra de su madre, no pudo enojarse, o siquiera pensar en la idea de enojarse con él, por no haber dicho nada. No tenía sentido hacerlo cuando podía notar lo mucho que le preocupaba toda ésta situación.
Con quien si estaba enojado era con aquella desquiciada mujer. ¿Ya no había hecho suficiente mal? ¿Quién se creía que era? Nadie se metía con su mejor amigo y salía ileso. Nadie.
— Damon...
— No sé como decirles, Harry. Se morirán de preocupación por mi y alterarlos...
— Vamos a hallar la manera — se escucha decidido, y pone toda su esperanza en esas palabras, quiere creer que son verdad, quiere hacerle creer a Damon que son verdad — Oclumencia, por muy horrenda que sea, o vudú para que se muera de una vez. Lo que sea. Ella no va a controlarte, amigo. Ellos no van a ganar.
Damon abre la boca, hay un brillo extraño en sus ojos que Harry no ha visto nunca antes. Pero el sonido de los pasos interrumpen lo que sea que va a decir, por lo que se gira, viendo a su tío Atlas; que luce cansado. Parece que está a punto de tirarse del décimo piso, pero logra sonreír al llegar a ellos, incluso cuando Damon corre hacia él y lo aborda con preguntas.
—¿Cómo está papá? — Harry nunca había escuchado a Damon decirle papá a Sirius, y aquello lo descoló un poco.
Atlas le sonríe.
— Ya ha despertado, pero no... — ya es tarde, Damon ha corrido hacia la habitación que ocupa su padrino. Harry muerde su labio inferior para no reír, aunque se le hace más difícil el trabajo al ver la expresión del hombre mayor — Tenía que ser.
— De tal palo tal astilla, como dicen los muggles — Harry se encoge de hombros, bastante divertido y olvidando por unos segundos el delicado tema que él y su mejor amigo estaban tratando a la mitad del pasillo. Carraspea al recordar la razón por la que están allí — ¿Mi papá...?
Atlas asiente con la cabeza, notando con facilidad los sentimientos encontrados que lo recorren. A Harry le molestaría ser tan fácil de leer si no fuera porque sabía que su tío Atlas era bastante bueno con el arte de fingir.
— Quieren hablar contigo, Harry.
Harry siente los pies de plomo mientras camina hacia la habitación.
No tarda en llegar a ella, lo que tampoco ayuda con sus nervios. El chocolate sigue intacto en su mano, Harry no se siente con la capacidad de hacer pasar el líquido por su garganta. Está de pie en el marco de la puerta, sin saber que hacer realmente. La única cama visible de la habitación es la que ocupa su padrino, y Harry traga saliva fuertemente cuando este lo mira.
Está vivo se repite constantemente, porque su conversación con Damon le trajo los horribles recuerdos que intentó mantener en el fondo de su memoria sobre Sirius siendo torturado y usado de carnada Ni una pared puede con el gran Sirius Black.
Sirius le sonríe.
— ¿Por qué esa cara, cachorro? — le pregunta, con su habitual timbre de humor en la voz a pesar de tener casi todos los huesos del cuerpo rotos — ¿El chocolate sabe a tierra?
— Solo deja que el tío Remus te oiga y es seguro que termina de romperte los huesos, papá — se burla Damon, y Harry intenta no sonreír al ver el brillo de sorpresa en los ojos de su padrino ante tal forma de ser llamado por su hijastro.
Damon le guiña un ojo, y Harry tiene que hacer de nervios de acero cuando toma camino hacia la camilla alejada al fondo de la habitación. La cortina es lo suficientemente gruesa para que la sombra de los cuerpos no se vea, pero no está insonorizada y Harry escucha la conversación que mantiene sus padres antes de que noten su presencia.
— Es hora de que confiemos en él — la voz de su madre es firme, como si no diera lugar a alguna replica de su padre.
— Confiamos en él...
— No lo suficiente, James, y ya me cansé de vivir con miedo de mi propio hijo.
La figura de Holly se hace nítida a su lado, pero no lo suficiente para que este en el plano de los vivos. Ella le sonríe, incitándolo a continuar, a no dejar que sus dudas lo carcoman y terminen de romper el ya frágil lazo que tiene con sus padres.
Harry se da ánimos internamente y abre la cortina.
La conversación se detiene de inmediato. Su madre se levanta de la silla y su padre se endereza en la camilla; Harry nota con facilidad que la discusión es mayor de lo que creyó en un principio. Harry jamás los escuchó discutir alguna vez.
El frío en su mano derecha hizo que desviara su atención hacia allí, viendo la de Holly atravesarla, dándole apoyo.
— Papá, mamá... — Lyra lo detiene antes de continuar, sus brazos le rodean el cuerpo y Harry se siente como un niño otra vez, buscando confort en su madre. Ella le acaricia el cabello, las mejillas, los brazos. Le sonríe con amor y besa su frente, sus ojos esmeraldas brillando por las lágrimas que retenía. — Lo siento.
— Nosotros lo sentimos — la voz rasposa de James llama la atención de Harry, que lo mira por sobre el hombro de su madre — No debí... no debí haberte levantado la mano. No debimos... no debimos ocultarte a Holly, Harry. Es solo que... creí — la aclaración lo hace fruncir el ceño, sobretodo al notar la mirada que ellos dos comparten — creí que sería lo mejor para ti.
— Tú mismo me enseñaste que guardar secretos de está magnitud...
— Perdí a mi hermana — es la primera vez que lo mira a los ojos, y Harry siente como si le escaneara el alma. Inconscientemente, sigue buscando apoyo en Holly, a pesar de que ella nada puede hacer aparte de sonreírle — Perdí a mi hija. Casi pierdo a tu madre. Llámame egoísta, pero no quería tener que decirte adiós a ti también, bambi...
Y todo vuelve a él, como una bomba que ya tiene el cronómetro en cero. Voldemort, la profecía, el elegido. Harry no está perdiendo a nadie más.
Sin pensarlo mucho corre hacia la camilla y se queda allí, abrazado a su padre, acurrucado junto a él. Y se siente seguro por primera vez, cuando su madre se acerca y Harry queda entre ellos dos, cuando vuelve a ser ese niño que solo se siente a salvo con ambos a su lado.
— ¿Me tienen miedo? ¿Por eso me perderían? — Harry sigue sin abrir los ojos, pero no se mueve de su lugar. Incluso sin ver nota lo tensos que se han puesto con su pregunta, y es fácil darse cuenta de que ocultan más de lo que Harry creía en un principio.
— Todo es mucho más complicado de lo que crees, Harry — su madre murmura, deslizando los dedos en las hebras del desordenado cabello de Harry, jugando con la argolla de matrimonio que su padre carga en la mano izquierda — Desde Holly hasta Voldemort...
— Uno es accidente, dos es coincidencia y tres es un patrón — dice James, quitando de la cara cansada de Lyra un mechón del cabello que ha caído rebeldemente por ella. — ¿Lo recuerdas, Harry?
— Tía Sam y Holly no murieron solo porque sí ¿verdad? — la pregunta de Harry parece ser hecha al aire, pero no es así, porque al abrir los ojos mantiene la mirada puesta sobre Holly y de ella no la separa. — No sobrevivimos al ataque por ayuda divina ¿cierto?
— Lo sentimos, cariño — murmura Lyra.
No vuelven a sacar el tema cuando Andromeda aparece, reclamando no haber sido llevada antes a San Mungo. Es un acuerdo mutuo y silencioso el que hacen no seguir hablando de ello, no al menos hasta que tengan la oportunidad de explicarle a la pequeña pelirroja todo el desastre que cargaban teniendo Potter de apellido.
♤
Harry solo sale de la habitación cuando Draco pasa por ella en busca de él y Damon.
A Harry le da un poco de gracia que Draco no sepa que decir alrededor de sus padres o Sirius, aunque no lo demuestre. Por eso, y por primera vez; deja que la compasión por el hurón le llegue al corazón y arrastra a Damon con él hacía la salida, donde Draco los espera.
— ¡Estaba a punto de conseguir que le suban 100 galeones a mi mesada! — se queja el pelinegro, indignado al notar que el rubio no hace más que levantar la ceja — Te odio.
— Lo sé.
— Ya cállense los dos — Harry les frunce el ceño y comienza a caminar por el pasillo con los primos Malfoy a cada lado, Draco a su izquierda y Damon a la derecha. — Pensé que te quedarías en Hogwarts, Draco.
— El tío Atlas decidió que yo no volvería allí al menos hasta que Dumbledore diera la cara — el platinado se burla un poco — porque, de verdad ¿Por qué siguen permitiendo los viajes a Hogsmeade?
— Ustedes querían ir... — comentó Harry, de la manera más casual que pudo a pesar de la burla en sus palabras.
— No empieces con tu "se los dije" — Damon rodó los ojos.
— Incluso aquí esa es tu frase favorita.
Harry se detiene de golpe, dándose la vuelta y quedando frente a frente con su hermana. Es la primera vez que escucha su voz, es suave, delicada y nostálgica, pero desde allí Harry es capaz de sentir el frío de la muerte que la envuelve, como una caricia a su mejilla con un mano echa de agua del lago.
Draco y Damon lo imitan, viendo con extrañeza hacia el vacío del pasillo blanco. ¿Por qué Harry tenía esa expresión?
— Harry ¿Qué...?
— Es ella — murmura Harry, sin mirarlos.
— ¿Hablas de... Holly? — Damon es el primero en entender, sintiendo su pecho oprimirse ante la idea. Él ha escuchado ya de Holly, muchas veces, porque a su madre le gusta recalcar el hecho de que los Potter guardan más secretos de los que aparentan. Damon la odia solo por ello — ¿Ella está aquí?
— ¿Acaso ves a un bebé? — pregunta Draco, retóricamente, y tiene sentido que lo haga, porque Holly murió de seguro a esa edad y ¿por qué tendría que verse mayor?
Si un fantasma es capaz de estremecerse, Holly sí que lo hizo al escuchar la voz de Draco. Se ve demasiado nerviosa para ser normal, y Harry se pregunta si la razón por la que evita darse a ver cuando está acompañado tiene que ver con el platinado.
— Tienes que confiar en ella — Holly deja de mirar a Draco, y centra su atención en Harry — No importa que te digan, no importa que haya hecho, tienes que confiar en ella, hermano.
— ¿Confiar en quién? — pero ya es tarde, ella ya se ha ido otra vez — ¿¡Confiar en quién, Holly!?
El caminar apresurado y que Harry no ha había notado se detiene de golpe al escuchar ese nombre salir de sus labios. Él vuelve a girar, y ve a Nyx a unos metros, frunciendo el entrecejo con confusión al notar las expresiones que cargaban los tres chicos.
— ¿Cómo llegaste hasta aquí?
— Lupin me trajo — ella se extraña al oír la pregunta de Damon, al notar el tono desconfiado con el que le habla; al menos no es la única, Draco y Harry ven al pelinegro de la misma manera — ¿Todo está bien?
— Sí, pero...
— Necesito hablar contigo — Damon interrumpe a Harry, viendo a la rubia con fiereza. Ella le frunce el ceño, porque ya ha visto esa mirada antes y Damon está consciente de ello.— Es importante.
— Damon ¿qué pasa? — Harry pregunta, aún sin entender del todo la situación, sin ser capaz de conectar los puntos que unen a su chica y su mejor amigo.
— Solo es una charla, Harry — se va antes de que pueda seguir preguntando, llevándose a Nyx con él.
El azabache quiere patear algo para aliviar un poco su frustración, pero a su lado tiene a Draco y una pared y patear al rubio no es buena idea, la pared se ve más tentadora.
— ¿Por qué siempre me entero a última hora de lo que está pasando? — pregunta el rubio en un murmuro, que Harry es capaz de oír.
Sonríe con desgana ante ello.
— Ya somos dos...
— ¡Harry! — Andromeda corre hacia él, luciendo agitada al llegar. Se recarga en Draco al tratar de controlar su respiración, pero antes de que Harry pueda ser capaz de procesar su confusión por el extraño vínculo que al parecer tenían su hermana menor y su amigo, ella se separa y lo mira con una seriedad que Harry solo había visto en ella cuando de algo referente a la Banshee se trataba — Tenemos que hablar.
*: Yo revoco esta muerte, yo ordeno a esta alma que vuelva a su cuerpo, yo revoco esta muerte
Vieron que ya se arreglaron que bonito todo skbfkdbff. A que no se veían venir lo de Damon MUAJAJAJJAJA
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