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fourteen



xiv.
( hechizo glamour )




Nyxiara no sabía si Damon le arrancaría el brazo o no.

La había arrastrado por el pasillo y por las escaleras, sin emitir palabra de qué diablos quería o por qué la estaba tratando de aquella manera. La mejor idea que tuvo fue no protestar y dejarse llevar, esperando (aunque las posibilidades se hacían menores) que el tema que el pelinegro quiere tratar solo sea una idiotez y no la idea que cruza por su cabeza a la velocidad de la luz.

Estaba segura de que era eso de lo que quería hablar, su mirada turbulenta era obvia y fácil de leer.

— ¿Quieres calmarte? — le pregunto hastiada, dejando que el viento que va y viene en la azotea le revuelva el cabello y se lo alborote. Tenía cosas más importantes para preocuparse que su cabello enmarañado.

— Muéstrame tu brazo izquierdo...

— ¿Disculpa?

— No juegues conmigo — y si alguna vez se había dicho que Damon tenía de Lestrange lo que tenía de rubio, nada, era una vil mentira; ella conoce esa mirada, esa postura, ese tono amenazante. A diferencia de ellos, los Malfoy tienen la capacidad especial de verse arrogantes cuando actúan así, Damon se veía más aterrador que otra cosa, una serpiente serpenteando por su cuerpo a punto de insertar sus colmillos y veneno en tu cuello. — Sé quien eres, Nyxiara Vikram. Lo sé todo.

La respiración se le corta. Ella sabe que no miente, ella no es tonta y los ha observado lo suficiente para conocerlos bien. Si Damon la confrontaba era porque tenía pruebas. Tenía pruebas de todo lo malo que ella había hecho y le aterra la sola idea de que podría mostrárselo a alguien.

Mostrárselo a Harry.

— ¿Cómo? — intenta mantener la compostura y le cuesta más de lo que quiere admitir; hacía años que no se sentía tan expuesta como en ese momento.

— Mi madre es útil cuando quiere —esa sonrisita cruel que tiene le carcome el pecho, y no le es raro la sensación de cosquilleo, porque bajo la guardia cuando no debía y el solo recuerdo de su crianza se esfumó de su memoria ante la sola idea de que Harry se enterara de todo — ¿Sabes lo qué es tener a alguien en tu cabeza que en cualquier momento puede hacer que pierdas la capacidad de controlar tu cuerpo? ¿Tus emociones? ¿Sabes lo que se siente?

Y sí, lo sabe, por supuesto que lo hace. Pero la diferencia entre él y ella, es que ella simplemente se dejo guiar, ni siquiera intentó luchar contra ello, por mucho que tuviera la inquietante sensación de que hacía mal. Nyxiara conoce sus errores, cada uno de ellos, la atormentan en sus peores pesadillas incluso después de muerta. No necesita que se los recuerde.

— ¿Qué es lo que buscas?

— Solo quería advertirte — Damon frunce los labios, tal vez desconcertado ante su falta de emoción. Nyxiara ya tiene demasiado para pensar en reaccionar a la desesperada con algo como esto. — Si piensas vendernos a todos a Voldemort...

— Yo no haría eso — ella no cambia el tono, pero sí siente su corazón agitarse por la mención de tal barbaridad. Ella jamás lo dejaría ganar.

— ¿Por qué debería creerte?

— He tenido muchas oportunidades ya, Damon Lestrange — y no le gusta sonar tan ruda, sobretodo al ver el brillo plateado que destella en sus ojos naturalmente siempre cálidos a pesar del color mercurio azulado que predomina en ellos, Nyxiara detesta hacer esto, pero él no le deja otra opción — Y siguen aquí. Tal vez no me creas, pero ya no estoy de su parte. Entendí hace mucho lo mal que estaba actuando siendo parte de los mortifagos. — y reuniendo toda la fuerza de voluntad que posee; levanta la manga del jersey beige que utiliza, las muchas cicatrices que han borrado la marca tenebrosa dejándola hecha un simple contorno negro desteñido en su antebrazo izquierdo — Hice todo lo que estaba en mi alcance para borrarla, no pude. No puedo borrar lo que hice, solo tratar de enmendarlo. Si pierden está guerra no será por mi.

Será por el mismo que es su salvación quiere decir, pero se lo guarda para ella porque es lo que mejor sabe hacer.

Damon no le responde, solo asiente, aún mirándola con desconfianza. Ella intenta que no le importe aquello, pero falla estrepitosamente. Le importa, y le importa demasiado.

— Solo una cosa más — su tono baja a uno susurrante, como si compartiera uno de sus más oscuros secretos con ella — No sé qué planeas quedándote aquí, pero le gustas a Harry. Le gustas mucho. Y Harry es mi mejor amigo. Si le rompes el corazón, haré que mi madre se sienta orgullosa de mi con lo que te haré, seas una chica, una nigromante o un fósil.

Él se aleja de ella, mirándola por sobre su hombro con altivez. Nyxiara deja escapar el aire que ha retenido en sus pulmones, pero sus pensamientos la marean y su mundo da vuelta arriba, teniendo que buscar apoyo en la pared a su lado para no caer al suelo por sus piernas temblorosas. Respira varias veces, contando en su mente cada exhalación que daba. No es una niña ya, tiene que aceptarlo. Toda acción trae consecuencia y no podría evadir las suyas por mucho tiempo más.

Debe dejar de hacerse fantasías, él no se lo perdonará jamás. Nyxiara está segura de lo que escucho al llegar, la manera tan desesperada en que la nombró a ella, la manera en que sus ojos viajaron del lado a otro como si pudiera verla.

Inhala, exhala.

La puerta de la azotea (que ella no se dio cuenta ya se había cerrado) se abre con un golpe sordo, que llama su atención. Nyxiara es otra persona, una nueva máscara, cuando voltea a ver a Harry, sonriéndole tan tranquilizantemente como puede cuando él camina hacia ella y la rodea con sus brazos.

Por una vez, y sin que Harry sea realmente consciente de ello, Nyxiara recibe el consuelo que buscaba con tanta desesperación desde que era pequeña, y, por una vez, por primera vez, lo deja ser.

— No sé que te dijo Damon, pero...

— Nada, Harry — mintió, aún aparentando serenidad — Me mencionó lo que paso. ¿Estás bien? ¿Quieres hablar de eso?

Harry la mira con extrañeza.

— Mi mejor amigo estaba a poco de quitarte un brazo y ¿Tú quieres hablar de lo que me paso a mi? — Ella se encoge de hombros, no le importa verdaderamente. Ella solo quisiera asegurarse de que todo está bien, de que él está bien — Eres de lo que no hay.

Ambos sonríen.

Harry está aburrido en clase de Transformaciones.

Luego de que los medimagos declararan a su padre estable, Harry y los demás habían sido prácticamente obligados a volver a Hogwarts para seguir con su curso escolar lo más normal que pudieran, ignorando las miradas y preguntas sobre ellos al haber faltado casi tres semanas a la escuela y estar directamente involucrados con el ataque a Hogsmeade. Entonces allí estaba él, haciendo anotaciones y deslizando la pluma con monotonía, tratando de captar y resumir las palabras de McGonagall en su cerebro para poder estamparlas en el rollo abierto de pergamino sobre la mesa.

Escucha ruidos a lo lejos. El fantasma de una niña con ropa muggle de los 40, está tejiendo en una esquina del salon, pero nadie aparte de él parece notar su presencia allí. Harry está seguro de que ya la vio en algún lado diferente del castillo, por lo que no le sorprende que el resto de sus compañeros hayan decidido ignorar la presencia de la niña tejedora dentro de la clase.

— Alice Trevor — Harry mira sobre su hombro hacia atrás, y Draco se inclina en la mesa, con la intención de que solo Harry pudiera escucharlo — 1942, hija de muggles, Ravenclaw, tercer curso. Murió en Hogsmeade...

— No me digas — Harry rodo los ojos — ¿Seguidores de Grindelwald?

— ¿Te sientes Trelawney, Harry? — se burló el platinado — Hogwarts esconde muchos más secretos de lo que algunos creen. La cámara y el basilisco solo son un ejemplo.

Harry recordaba los huesos por los que tuvo que caminar en segundo curso para llegar a la entrada de la cámara. Hizo una mueca al pensar en la posibilidad de que fueran huesos humanos y no de animales, como creyó en un inicio. Genial ¿Desde cuándo la escuela era un maldito cementerio? Dejó de mirar a la niña y retomó el hilo de la explicación de McGonagall.

Hechizos glamour.

Ladeo la cabeza un poco al escuchar, por segunda vez en su vida, qué eran los hechizos glamour. Su padre, siendo un amante a morir de las transformaciones, ya le había hablado de ellos en algún momento de su infancia, cuando Harry, muy curioso, le preguntó por qué de pronto había llegado a casa con el color de cabello rubio pollo después del trabajo.

Tu cabeza parece la de un pollo — había dicho el pequeño Harry, sentado en el suelo y moviendo en el aire una estatuilla de metal. Su tío Atticus fue el primero en soltar la carcajada.

Que pollo tan feo — Sirius se burló, mientras su padre refunfuñaba ante tal insulto.

Cierra el hocico, Black — le dijo su padre, y Sirius le sacó la lengua con infantilidad y Harry se río — No es color pollo, Harry, solo es amarillo intenso...

¡Color pollo!

Harry sonrío por el recuerdo. Escuchó una risisita; luego una tos forzada, y cuando giro la cabeza vio a Nyx y Damon lanzarse miradas retadoras, como si los papeles hubieran sido intercambiados entre los primos Malfoy sin que él lo supiera y ahora quien no podía tolerar mucho la presencia de la rubia era Damon en vez de Draco. Frunce el ceño, notando que no es la primera vez que sucede luego de la conversación que ellos habían tenido en San Mungo.

— ¿Pasa algo? — murmura a Nyx, cuando Damon se ha girado otra vez y ha puesto su atención sobre la profesora tras ser regañado por ésta misma.

La rubia niega con la cabeza.

— Nada, Harry, ya te lo dije...

— Uy, sí, y te creí — Harry rueda los ojos, hastiado. Nyx suspira con pesar, y desliza su mano hacia la de él, entrelazando sus dedos y dándole un apretón. — ¿Por qué no quieres decirme?

— Yo...

Una bolita le pega en la cabeza, y Nyx tiene que girarse a ver a McGonagall para no llevarse un regaño ella también mientras Harry le lanza a Damon (quien tiro la bolita) una mala mirada y toma el pedazo de pergamino que ha caído sobre la mesa. La letra de Damon es muy clara: presta atención.

¿A quién?

— Hay una manera fácil de notar el hechizo glamour — dice McGonagall, paseándose entre las filas de pupitres con normalidad — Cuando el hechizo está mal hecho, o requiere más poder del que se emplea, hay una distorsión oculta a simple vista. Un borrón, como dirían algunos. Un pequeño punto que no concuerda con el resto.

Presta atención.

Lentamente, muy lentamente, como si una parte de su cuerpo luchara por quedarse donde estaba, y la otra lo hacía para seguir el camino que inconscientemente creaba. A su lado, Nyx cierra los ojos, y hay un pequeño brillo en sus facciones que Harry no ha notado antes, porque es la misma Nyx de siempre, aquella a la que Harry trajo de vuelta a la vida.

¿Pero todos la veían como él la veía?

Y entiende por qué la repentina desconfianza de Damon, entiende la conversación que tuvo con su hermana en San Mungo.

¿Estás seguro de que sabes quién es ella en realidad? — Le había dicho la pelirroja, logrando ponerlo a la defensiva.

¿Crees que no conozco a mi novia?

No me da buena espina, Harry. Es como si... como si incluso ella recelera de ti. No lo sé, todo es muy extraño.

Oh, Harry sí que sabe que todo es raro con Nyxiara. La diferencia es que a él le gusta que sea así, aunque a veces se exaspera, y mucho, con los secretos que trae consigo. Pero no todos la ven como él la ve a ella.

Harry comienza a entenderlo.

Harry llevó a Nyx a la Casa de los Gritos el viernes a media noche.

La guía por el pasadizo del sauce, parloteando de memoria acerca del mapa del merodeador y los siete pasadizos que llevaban fuera del castillo. Nyx se ve atenta a todo lo que él dice, aunque en realidad Harry solo está intentando mantener relajado el ambiente mientras caminan por el extenso túnel.

— ¿A dónde vamos exactamente?

— Ya verás — Harry sonríe con misterio, jalando la mano de la rubia para que se apresurara y quedara junto a él. Ella no dice nada, pero niega con la cabeza al oír su respuesta, para nada satisfecha — ¡Es una sorpresa! No seas amargada...

— Creo que no me gustan las sorpresas — admitió en voz baja.

— ¿Con qué clase de persona me metí? — Harry le frunce el ceño, y ella le saca la lengua; en una actitud infantil que Harry no le ha visto antes, pero no se queja, porque es divertido verla de esa manera — Guarda silencio, rubia, hablaremos cuando estemos ahí.

Para su sorpresa, ella hace caso y no dice nada más los pocos minutos que le faltan de recorrido, antes de llegar a la desgastada compuerta que da el paso a la Casa de los Gritos. Entra por ella y ayuda a Nyx a subir, deleitándose con la expresión de la rubia al ver la manta, las velas y una cesta de picnic en el suelo de madera. No es el mejor panorama, pero ella lo ama y el brillo de sus ojos la delata.

— ¿Me trajiste a una cena romántica?

— ¿Qué? No — Harry se siente enrojecer ante lo cursi que aquello sonó — Es un picnic...

— Un picnic a media noche.

— ¿Nunca fuiste a uno? Te pierdes de mucho, a media noche si podemos beber alcohol — Harry va a seguir dando razones de porque esto no era para nada una cena romántica, pero Nyx se alza en puntas de pie y deja un beso en su mejilla que lo calla de inmediato.

— Supongo que son los mejores, entonces — murmura, con una picardía muy propia de ella.

Harry sonríe de la misma manera.

Hablan de tonterías por horas, Harry ha perdido la noción del tiempo y no hay ningún rastro de sueño que les moleste la estadía en la casa de los gritos. Nyx conoce las fresas con chocolate por primera vez, y a Harry le da un ataque de risa al verla con la nariz manchada del líquido marrón cuando ella decidió que aquello era la mejor comida que alguna vez había probado y atragantarse con ellas era una buena forma de volver a morir.

— ¡No fue divertido! — Harry se queja al oírla reír, dejándose caer sobre la manta en busca de oxigeno — Enserio, te juro que pensé que estaba muerto cuando tuve al Colacuerno frente a mi.

— ¿Un dragón? ¿Realmente? Los del Ministerio están locos...

— Oh, y ni hablar de la segunda prueba. — Harry rodó los ojos — Damon estuvo reclamándome por días enteros el que se llevaron a Andy como la persona más valiosa para mi. Ya no sabía si lo hacía solo para molestarme o en verdad estaba indignado por eso.

— Sí, él es muy difícil de entender... — el murmuro apagado corta el buen ambiente, y Harry tiene que rememorar la situación para entender que ha pasado.

Se inclina hacia Nyx, que sigue acostada sobre la manta y no hace amague de querer levantarse por el momento. La respiraciones de ambos se hacen superficiales, intentando entenderse solo con sus miradas, a pesar de los miles de pensamientos de todo tipo que pasaban por sus cabezas en ese momento.

— ¿Qué es lo que ha pasado entre tú y Damon, Nyx? — ella cierra los ojos, y el destello que para él pasa desapercibido vuelve a aparecer. Es la misma de siempre, tiene que recordárselo. — Ya no confía en ti, y es mi mejor amigo, razones tiene pero no quiere decirme...

— Ni yo quiero hacerlo — murmura ella, sin abrir los parpados — Harry, solo... solo quiero sentirme normal ¿sí? Por una vez al menos. No quiero pensar en nada de toda esta situación y...

Y él la besa, de manera lenta y con algo de torpeza al principio, la mano izquierda sobre la cintura y la derecha sobre el cabello rubio desordenado. Nyx no opone resistencia, y sigue el beso de la misma manera, sin prisa, sin pensar en los problemas que cargan con ellos, disfrutando del sabor a chocolate en sus labios por las fresas que han comido sin parar.

— Entonces no pensemos en ello— Harry murmura sobre sus labios, acariciándolos con los propios — Olvidémoslo todo.

Y ambos solo se dejan llevar.















milagro; actualice, ahre. Mk, yo no me había dado cuenta de cuanto había pasado desde que subí la última vez; alaverga ya mátenme.
espero les guste, aunque lo siento como la verga <3









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