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Capítulo 10

Antes que nada quiero decirles GRACIAS, no sabía que tenía una grande y hermosa familia aquí en Wattpad, leí cada uno de sus mensajes y todos hicieron que mis lágrimas cayeran, por eso estoy aquí dándoles este obsequio que se lo merecen y diciéndoles que su autora está aquí y no se derrumbará.  Mi mamá era una mujer muy fuerte así que yo también lo seré; pueden contar conmigo para lo que necesiten, no nos vemos, ni nos conocemos pero ustedes, cada uno de ustedes tiene un espacio gigante en mí corazón. Los amo.



Horas antes del encuentro nocturno de Iuola...

Georgia se encontraba comiendo una ensalada de vegetales mientras llegaba el plato fuerte. Su mal genio aumentaba cada segundo ya que la duquesa de Hastings los había distribuido estratégicamente en diferentes mesas. Ésta se encontraba en una acompañada de una pareja y tres viudas; Aitasis se encontraba en una con jovencitas debutantes y por alguna razón ésta reían a su alrededor; sus hermanos estaban en compañía de otros caballeros y por ultimo Becky en compañía de una viuda y otros caballeros que por sus expresiones, estaban encantados con ella.

Georgia miró en dirección a Marsias y sonrió ante la expresión de desconcierto de su hermano.

—Mar tienes que dejar esos celos estúpidos—susurró para sí

—¿Dijo algo mi lady?—le preguntó una de las viudas

—No es nada—respondió ésta

—Gracias a Dios no me tocó en la misma mesa que aquellos colonos—comentó una

—Se ven peligrosos pero son muy apuestos—comentó otra

Georgia rodó los ojos y se limitó a comer su ensalada.

—¿Es amigo suyo mi lady? —le preguntaron—tuvo la gallardía de ayudarlo

Ésta dejó el tenedor en el plato y se pasó una servilleta por los labios.

—En realidad el señor Harris es amigo de Westhampton, por ende es amigo de toda la familia—les espetó ésta—Lo único que en lo que estoy agradecida es que el conde de Addington esté en otra mesa, una persona que maltrata a los animales si dicta de ser peligroso

Todos en la mesa guardaron silencio y ella se llevó un trozo de lechuga a la boca. Georgia miró en dirección a su hermano Marsias y vio como este se colocaba de pie mientras miraba en dirección a la mesa de Becky, notó como Uriel lo miraba diciéndole "No vayas a cometer una locura" y Marsias le devolvía una mirada de "¿Qué puedes hacer tú para evitarlo?" y este se encaminó a la mesa, Uriel decidió seguirlo.

Georgia suspiró y se puso de pie—Les pido un permiso—y al decir esto se dirigió hasta donde estaban sus hermanos.

Los tres llegaron a la mesa de Becky y ésta los miró.

—¿Sucede algo? —preguntó preocupada

—En realidad nada cariño—se aproximó a decir Uriel—Visualicé una mesa y nos preguntábamos si querías unirte a nosotros

Un caballero le sonrió a Uriel—Becky está de maravilla con nosotros milord ¿no es así?

Georgia alzó las cejas—¿"Becky"?

—Ella estará donde le corresponda estar—le espetó Marsias—¿Tiene algún problema?

Becky se puso de pie de inmediato <<Una mujer muy inteligente>> pensó Georgia.

—De todos modos les iba a pedir un permiso—les dijo Becky con una sonrisa forzada—Tengo que ir a ver a mí bebé, con permiso

Los hombres demostraron su desconcierto pero no se atrevieron a decir nada. Uriel y Georgia se dirigieron a la mesa que estaba vacía.

—Esos dos están discutiendo otra vez—le informó Uriel

—Marsias debe manejar esos celos estúpidos, la está agobiando—comentó Georgia

—A ningún hombre le gusta que su mujer esté rodeada de hombres—le dijo este le acomodaba la silla para que se sentara y él prosiguió a hacer lo mismo.

—Había otra dama allí Uriel, además no es que Becky se haya querido sentar allí en primer lugar, Lady Hastings nos colocó así

Ambos guardaron silencio mientras Marsias y Becky se sentaban con expresiones de disgusto.

Uriel hizo sonar su garganta—A Lady Hastings no le dará ni pizca de gracia que nos hayamos cambiado de mesa

—Me importa un bledo—le dijo Marsias

Becky lo miró echando chispas por los ojos—A ti todo te importa un bledo Marsias—ésta se puso de pie—Les pido un permiso

Este apretó los dientes—Tú no vas a ningún lado, siéntate

—Voy a ver cómo está mí bebé, enseguida regreso—y al decir esto se fue.

Georgia y Uriel se miraron y a continuación guardaron silencio; ninguno de ellos se involucraba en discusiones conyugales, al único que le gustaba meterse era a Wolfram.

En ese momento llegó Aitasis acompañada del señor Harris y del señor Shaw, Georgia ignoró los hombres y se concentró en su cuñada ya que ésta se veía muy pálida. Los tres se colocaron de pie.

Uriel se acercó a ella—¿Qué ocurrió hermosa?

—Nada—le susurró ésta—Sólo estoy fingiendo que me siento mal para poder cambiarme de mesa—Aitasis se llevó una mano al pecho—Oh Dios que mal me siento, ayúdenme a sentarme por favor

Uriel suspiró mientras la ayudaba—Eres un caso perdido hermosa

Georgia miró con la cabeza y miró a ambos hombres que contenían una sonrisa.

—Señor Harris—los saludó—Señor Shaw

—Buenas noches—lo saludó éste mientras sonreía y le lanzaba esa mirada habitual suya. A Georgia le dio un cosquilleo en la nuca.

—Buenas noches—saludó Shaw—La condesa aquí presente necesitaba ayuda y decidimos cooperar

—Y aparte que nos pareció divertido—le dijo el señor Harris sin dejar de mirarla

—Hombre gracias—comenzó a decir Uriel mientras estrechaba las manos de ambos hombres—lamento que se hayan envuelto en los planes macabros de mí mujer

Marsias miró a Aitasis—¿No te da vergüenza?

Aitasis rodó los ojos—Claro ustedes fueron a rescatar a Becky ya mí no

Marsias la ignoró y le estrechó la mano a ambos hombres—Soy el marqués de Westhampton, un gusto

—Ethan Shaw—le dijo este

—Robert Harris, un placer milord

—¿Gustan sentarse? —les preguntó Aitasis—Su mesa era bastante aburrida

—Por supuesto, muchas gracias—le dijo Robert mientras se sentaba sin dejar de mirar a Georgia.

<<¿Acaso no le importa que mis hermanos estén presente? No debería de mirarme así>> pensó Georgia.

—Escuché que tenía pensado traer locomotoras suyas acá en Inglaterra—comenzó a decir Marsias

—Así es milord—le respondió Robert—pero hasta ahora las cosas no han ido bien

—Ha escogido el escenario y el personal inadecuado; debe ir a ver al conde de Wessex en Bristol. Él es la persona idónea

Robert alzó las cejas—¿Cómo puedo localizarlo?

Aitasis se inclinó hacia Georgia para decirle algo en el oído—El otro es el de Iuo ¿Cierto?

—¿De qué hablan? —les preguntó Uriel a éstas

Georgia puso los ojos en blanco—Es increíble que ahora no podamos ni respirar

—Uriel avísame si vas a ponerte como Marsias—le espetó Aitasis

Este negó con la cabeza y entabló conversación con el señor Shaw.

—La verdad no está mal—le susurró Aitasis

Georgia suspiró—Wolfram lo convertiría en un témpano de hielo

—Wolf es manejable no te preocupes. Aunque primero eres tú

—¿De qué hablas?

—Georgie te vi hoy como lo miraste cuando pasó el incidente con Addington, sé que tienes otras preferencias pero tienes que aceptar que él tiene algo que te gusta.

Georgia miró a Robert conversar con su hermano—No sé de qué hablas

Aitasis rodó los ojos—Eres imposible

En ese instante llegó Becky y sonrió. El señor Harris y el señor Shaw se pusieron de pie.

—Harris le presento a mí mujer, la marquesa—le dijo Marsias

Robert asintió—Es un gusto verla mi lady

—Ya nos había presentado Georgia—le informó ésta a su marido

—Él es mi amigo y socio Ethan Shaw—le dijo Harris a ésta

—Es un gusto señor Shaw—le dijo Becky

—El placer es mío mi lady—le respondió este

Becky tomó asiento junto a su marido y miró a Robert—Admiré mucho lo que hizo usted hoy señor Harris, mi esposo ya se disponía a poner en su sitio al conde de Addington pero usted se adelantó

Este le sonrió—Creo que me gané el desagrado de la condesa

—No se preocupe señor Harris—le dijo Aitasis—Hay alrededor de doscientas setenta y seis serpientes amarillas dentro de ella, su amistad no le hará falta

En ese instante se acercaron los meseros a colocar el plato fuerte, en el centro de la mesa colocaron la cabeza de ternera y distribuyeron los platos dispuestos a servir.

Aitasis apretó fuertemente la mano de Georgia y ésta la miró.

—¿Qué suce...?—Georgia se detuvo al ver a Aitasis con lágrimas en los ojos y su mano cubría su boca.

—¡Alejen eso de mí! —gritó ésta haciendo que todos en la estancia pusieran su atención en ella

Uriel se puso de pie y se aproximó a ella; Becky le pidió al mesero que retirara el plato.

Su hermano colocó a Aitasis de pie—Nos iremos a la habitación

La duquesa se cruzó en su camino—¿Sucede algo?

—¿Cómo se le ocurre a usted servir un plato tan asqueroso? —le espetó Aitasis

La duquesa abrió los ojos como platos—¿Discúlpame? Aitasis no es la primera vez que vienes a la Hastings Summer Week y sabes de sobra que nunca nadie se había quejado de los platos que sirvo en mi velada, todo lo contrario.

Aitasis la miró echando chispas por los ojos—Puede meterse sus...

—Disculpe a mí esposa—la interrumpió Uriel mientras la sostenía con más fuerza—Su embarazo no ha sido fácil, le pido un permiso—y ambos se fueron

La duquesa los miró—No sabía que la condesa era muy sensible con las comidas ahora en este estado, hablaré con mi cocinera.

—Podría por favor decirle que cocine caldos y ensaladas de verduras para Aitasis. —le pidió Becky

—Con gusto lo haré, con permiso—y al decir esto se fue. Todos tomaron asiento.

—Se me ha quitado el apetito—comentó el señor Shaw mientras se colocaba de pie—les pido un permiso, tengo que... hacer algo.

—Más tarde estaremos en la sala de música—le informó Marsias

—Está bien milord—le dijo este—Allí estaré—y al decir esto el señor Shaw se marchó.

—A mí también se me quitó el apetito—informó Becky

Marsias se puso de pie y le ofreció el brazo a su esposa—Vayamos entonces a la sala de música amor mío

—Me gustaría pasar antes por la cocina ¿Te molestaría mucho mi amor? —le preguntó ésta—Le traje ropa que no usamos para la cocinera y sus hijos; ella es amiga de la cocinera de Westhampton por eso la conozco. Su hija tuvo un bebé y le traje ropa que a Erling ya no le queda, me gustaría entregársela

Marsias asintió—Está bien mi amor, te acompañaré—este miró a Georgia—¿Nos esperan en la sala de música?

—Necesito tomar un poco de aire—le dijo ésta—Luego iré a la sala de música

—Si quiere podemos dar un paseo por el jardín mi lady—le propuso Robert mientras le ofrecía el brazo

—La verdad sí, muchas gracias—le dijo ésta aceptándolo

Su hermano asintió mientras le lanzaba una mirada de advertencia—No tarden mucho, los estaremos esperando

Georgia salió al jardín junto con Robert. La brisa le acarició el rostro y cerró los ojos disfrutando de la sensación. En el salón hacía demasiado calor y sentía que se iba a ahogar en cualquier momento.

El jardín estaba desierto puesto que los invitados estaban adentro.

—Su cuñada la marquesa—comenzó a decir Robert—No parece de la aristocracia

Georgia no lo miró. Presentía que si lo hacía este podría descubrirlos orígenes de Becky.

—¿Por qué lo dice?

—Emite dulzura por los poros, no es muy común ver a una mujer aristócrata mostrar de esa forma sus emociones

Georgia sonrió—Mi cuñada posee una bondad infinita en su corazón, es una buena persona

—Eso pensé. La condesa es muy divertida y bastante peculiar por lo que veo

—Le encanta decir lo que piensa en todo momento

—Eso es bueno—este se detuvo y se colocó en frente de ella—Tengo curiosidad de cómo usted inició una relación amorosa con la condesa de Addington

Georgia le tiró una mirada asesina—¿Eso importa?

—Esta tarde le revelé un acontecimiento personal, es justo que también usted me revele algo suyo

Georgia rodó los ojos—Cuando estamos solos puedes hablarme de manera informal

Él le sonrió—Está bien

Ambos se sentaron en una banca y Georgia lo miró—Fue en mí cuarta presentación en sociedad

—¿Cuarta?

Ésta lo miró con cara de pocos amigos—Cállate

Él le sonrió—Está bien, continúa

—Para ese entonces supe que había cuatro clases de hombres: Los que me miraban con lascivia, los que me veían como su fuente de ingresos, los que me miraban como la hermana del suque de Westhampton y los que eran todo lo anterior. Me causaban repugnancia y no soportaba estar cerca de hombres

>>En esa misma temporada le dije a Westhampton que no quería ir más, quería estar soltera. Él lo aceptó y de cierta forma era feliz. Un día los duques de Hastings visitaron a Westhampton y allí estaba la condesa, nos dejaron hablando a las dos. Ella y yo nos habíamos visto pero no hablábamos mucho. Soy una mujer de tener pocas amigas y ella se convirtió en una.

>>Una vez estábamos en el jardín de Hastings House y me besó. Lo cierto es... me sentí bien. De cierta forma le diré que fui feliz, algún día le iba a decir a mí hermano que quería vivir sola y juntas íbamos a ir a otro país. Los duques no le iban a dar nada pero con mi dinero era suficiente—Georgia se acomodó un mechón de cabello—Hace un año anunció su compromiso con el conde

—¿Te lo dijo?

—No lo hizo, el compromiso lo anunciaron en el baile en honor a los conde de Westhampton. La duquesa era íntima amiga de la madre de mi cuñada y no toleró que la hija de ésta estuviese casada con mi hermano y la suya no.

—De igual forma Lady Addington tenía que hablar contigo

—Así es. El día que husmeaste en mi casa fue a verme para que le diera una oportunidad pero la rechacé

Robert suspiró—Muy difícil tú situación muñeca

A Georgia le palpitó el ojo—No me llames muñeca—él le sonrió y se acercó a ella—¿Qué haces?

—Tú condesa se acerca ¿La ponemos celosa?

Georgia abrió los ojos—¿Qué...?

Robert tomó la mano de Georgia y le dio un besamanos; de repente escuchó el sonido de una garganta.

—Buenas noches—saludó ésta—Mi madre manda a decir que desean pasar a disfrutar el postre

Robert y Georgia se miraron—Iremos en un momento mi lady, gracias—le dijo este

Ésta alzó la barbilla—¿Saben que sí los descubren en una situación comprometida tienen que casarse?

Georgia se llevó la mano a su boca—No puede ser ¿En serio? ¡Qué barbaridad!

—Quisiera ver qué opina el duque de Westhampton de esta... "amistad"

Georgia se puso de pie y alzó la barbilla—Lo habitual, se limitará a mirarme a través de su monóculo—Georgia sonrió—pero no quiero ni imaginar que le diría a usted, puesto que Westhampton no tolera los chismes

Ésta rodó los ojos y se marchó. Georgia miró a Robert—Te lo juro que ya no la soporto

Robert se puso de pie—Lo puedo notar, será mejor que volvamos al salón muñeca

Georgia lo miró exasperada—¡Que no me llames muñeca!

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